Luis Capoche. RELACIÓN GENERAL DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ (1585). Луис Капоче. Общий доклад об Имперском Городе Потоси

Луис Капоче. Общий доклад об Имперском Городе Потоси (1585).
Luis Capoche. RELACIÓN GENERAL DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ (1585).

RELACIÓN
GENERAL
DE LA VILLA
IMPERIAL
DE POTOSÍ

OBRA CUSTODIADA POR EL
ARCHIVO Y BIBLIOTECA NACIONALES DE BOLIVIA

BIBLIOTECA
DE
AVTORES-5
ESPAÑOLES
DESDE LA FORMACIÓN
DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DlAS
(CONTINUACIÓN)

TOMO CXXII
RELACIONES HISTORICO-
LITERARIAS DE LA
AMERICA MERIDIONAL

MADRID

BIBLIOTECA
DE
AUTORES ESPAÑOLES
(CONTINUACIÓN)

TOMO CENTESIMOVIGESIMOSEGUNDO

Continuación de la
COLECCIÓN RIVADENEIRA
publicada con autorización de la
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

BIBLIOTECA
DE
AUTORES ESPAÑOLES
DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS
(CONTINUACIÓN)
Relaciones histórico-literarias de la América meridional
LUIS CAPOCHE
RELACIÓN GENERAL
DE
LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ
EDICIÓN Y ESTUDIO PRELIMINAR POR LEWIS HANKE
CONCOLORCORVü
EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES
ESTUDIO PRELIMINAR DE JOSÉ J. REAL DÍAZ
EDICIÓN DE JUAN PÉREZ DE TUDELA

MADRID
1959

Depósito Legal: M. 12.456-1969

Gráficas Yagües, S. L.—Plaza Conde Barajas, 3.—Madrid.

LUIS CAPOCHE

RELACIÓN GENERAL
DE
LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ
UN CAPITULO INÉDITO EN LA HISTORIA
DEL NUEVO MUNDO

PROLOGO Y NOTAS
DE
LEWIS HANKE

Esta obra ha sido preparada con la generosa ayuda de
la Sociedad Filosófica Americana, de Filadelfia, y el
Instituto de Investigación de la Universidad de Texas,

I

POTOSÍ: SUPREMA CIUDAD DEL AUGE (1)
Ninguna ciudad sobre la vasta haz de las Indias Occidentales ganada para el
rey de España—excepto México, acaso—ha tenido un curso más sugestivo o más
importante que Potosí, en el virreinato del Perú. La colorida historia de esta
ingente montaña de plata comienza cuando el inca Huayna Cápaj quiere excavarla,
casi un siglo antes que lleguen Jos españoles. Cuenta la leyenda que un ruido terrorí-
fico lo paralizó y que una voz misteriosa le ordenó en quechua: «No saquéis la
plat?. de este cerro, que está destinada para otros dueños» (2). Los conquistadores
no escucharon en 1545 un mandato isemejante, al tener noticias sobre el rico mi-
neral argentífero por unos indios que lo habían descubierto accidentalmente, y es
indudable que aun escuchándolo no habrían vacilado en reputarse dueños ¡abso-
lutos en derecho. Comenzaron, pues, a trabajar de inmediato al Potosí, que iba
a ser uno de los centros mineros más celebrados en la historia del mundo.
Buscadores de tesoros llovieron desde España y otras muchias partes, sobre
este yermo e inhóspito paraje peraltado isobre los Andes para extraer la plata de
el Cerro, montaña en forma de pan de azúcar, que se yergue1 majestuosamente a una
altura de 4.890 metros sobre el nivel del mar. El primer censo, hecho por el virrey
don Francisco de Toledo unos veinticinco años después que la nueva de la veta
relumbrara por vez primera en el mundo, sumó el monto increíble de 120.000
habitantes. Hacia 1650 la población había subido a 160.000 almas, se dice, y
Potosí era sin disputa la ciudad mayor en América del Sur. Cuando las colonias
de Virginia y Massachusetts Bay Coíony eran apenas unas criaturas balbuceantes,
insccniscientes de su medro futuro, Potosí había prodigado ya tal cantidad de plata,
que su solo nombre constituía un símbolo universal de riqueza inaudita, según
advierte Don Quijote a Sancho Panza (3). Lo decían los españoles: «Vale un
Potosí». La frase as rich as Potosí se hizo corriente en la literatura inglesa. Al
cabo de una generación después de su descubrimiento, las astronómicas cantidades
(1) Quiero testimoniar aquí mi sentimiento de viva gratitud al doctor Gunnar Mendoza L.,
de la Biblioteca y Archivo Nacional de Bolivia, y a mi colega, profesor Ramón Martínez-
López de la Universidad de Texas, por su valiosa ayuda en la preparación de este estudio.
Esta Introducción ha sido basada en un estudio con el mismo título publicado en 1954 por
la Universidad de San Francisco Xavier, en Sucre, Bolivia.
(2) Esta tradición consta en la Historia de la Villa Imperial de Potosí (siglo XVIII),
de BARTOLOMÉ ORSÚA Y VELA, de la que tan sólo se han publicado parte de los capítulos
iniciales. Mayor información sobre esta obra, iafra, notas 20 y 24. VICENTE G. QUESADA,
entre otros, utilizó el manuscrito y divulgó la tradición en sus Crónicas potosiaas. Costumbres
de la edad medieval hispano-americana, I (París, 1890), pág. 5.
(3; Ver FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, ed.: Cervantes ingenioso hidalgo Don Quitóte,
2.a ed., VIII, págs. 282, para el proverbio «Vale un Potosí». Potosí, como sinónimo de gran
riqueza puede encontrarse en obras manuales como Roget’s International Thesaurus of
Engliíh Words and Phrases (Nueva York, 1925), núm. 803.

10

LUIS CAPOCHE

de plata extraídas de allí eran conocidas por los enemigos de España y otros pueblos
en rincones alejados del mundo. Los portugueses, rivales siempre alerta de España,
marcaron pronto a Potosí en sus cartas geográficas, y hasta en el mapamundi
chino del padre Ricci figura en su posición correcta con el nombre de Monte
Pei-tu-hsi (4).
La prosperidad duró unos dos siglos. En su transcurso, la Villa Imperial—tal
el título que oficialmente le impuso el emperador Carlos V—fué habitada por una
sociedad tan rica y desordenada como el mundo apenas había visto antes. El vicio,
la piedad, el crimen, las fiestas de los potosinos, todo asumía allí proporciones
enormes. En 1556, por ejemplo, a los once años de su fundación, la villa celebró
la coronación de Felipe II con un festejo que duró veinticuatro días y costó ocho
millones de pesos. En 1577 se invirtieron tres millones de pesos en formidables
obra» hidráulicas, progreso que anunció una era de prosperidad aún mayor.
Hacia el fin del siglo xvi, los mineros ganosos de esparcimiento podían elegir entre
catorce escuelas de baile y treinta y seis casas de juego, y tenían un teatro cuyos
asientos costaban de cuarenta a cincuenta pesos (5). Poco después, celebrando un
acaecimiento eclesiástico, uno de los gobernadores organizó una «grandiosa fies-
ta4, en la que exhibió -un jardín hecho exprofeso, «encerrando en su clausura cuan-
tos animales fieros tuvo el arca de Noé […]. Hubo cañas que manaban vino,
chicha y agua a un tiempo» (6). El cronista agustino del siglo xvn, fray Antonio
de la Calancha, declara: «Predominan en Potosí […] los Signos de Libra i Venus,
i cas” son los mas que inclinan a los que allí abitan a ser codiciosos, amigos de
música i festines, i trabajadores por adquirir riquezas, i algo dados a gustos
venéreos.» (7) Las escasas noticias hoy a mano destacan en forma parecida los
placeres carnales que brindaba el rico asiento argentífero, así como los raros,
admirables y milagrosos sucesos de su tumultuosa historia. Puede decirse que
nuestro conocimiento sobre Potosí yace aún en el estadio folklórico
Por muchos años Potosí fué la suprema ciudad del auge y de la turbulencia.
La traición, el homicidio y la guerra civil florecieron como fruto natural del juego,
la intriga, la enemistad entre españoles peninsulares y criollos americanos y la
rivalidad por el favor de las mujeres. La riña cruenta llegó a ser un pasatiempo,
una actividad social reconocida. Hasta los cabildantes concurrían a los acuerdos
armados con espadas y pistoletas y protegidos con petos y cotas. El dominico fray
Rodrigo de Loaysa caracterizó «aquel maldito cerro de Potosí» como una zahúrda
de iniquidad (8), mas el virrey García Hurtado de Mendoza declaró por su parte
que el asiento era «el nervio principal de aquel reino» (9).
JNo muy entrado aún el siglo xvn había en la villa, a un tiempo, de setecientos
a ochocientos tahúres profesionales y ciento veinte célebres prostitutas, entre éstas
la temible cortesana Doña Clara, cuya belleza y riqueza fueron impares, según

(4> Lionel Giles menciona la ubicación de Potosí en esos mapas primitivos en su artículo
«Translations from the Chinese world map of Father Ricci», Geographical Journal, Lili
(Londres, 1919), pág. 27.
Los libros de LAVINO APOLONIO, De Peruviae Regiouis (Amberes, 1567) y GERÓNIMO CAR-
DAN, De Rerum Varielale (Basilea, 1557) muestran cuan rápidamente Europa sabía de Potosí.
(5) Muchos curiosos detalles sobre la vida fastuosa de los mineros se encontrarán en
la historia ms. de Orsúa y Vela citada, supra, nota 2.
(6) RAÚL MOCLIA, ed.: «Representación escénica en Potosí en 1663), Revista de Füosojía
Hispánica, V (Buenos Aires-Nueva York, abril-junio, 1943), núm 2, págs. 166-167. Cítase
aquí una rara «Relación de la grandiosa fiesta que el señor gobernador don Luis de Andrade
y Sotomayor, alcalde ordinario de la imperial villa de Potosí, hizo a la renovación del San-
tísimo Sacramento, a 4 de marzo de 1663».
(7) Coránica moralizada del orden de San Agustín en el Perú, I (Barcelona, 1638),
pág. 747.
(8) «Memorial de las cosas del Pirú tocantes a los Indios», Colección de documentos
inéditos relativos a la historia de España, XCIV (Madrid, 1889), págs. 550-556.
(9) Luis CABRERA DE CÓRDOBA: Felipe Se.gundo, Rey de España, IV (Madrid, 1877),
pág. 359.

RELACIÓN GENERAL

I
11

certifican los cronistas. Mujer la más fastuosa de Potosí, sabía adornar su man-
sión con el lujo de Oriente y de Europa, pues sus salones eran frecuentados por
los mineros más ricos, que competían ardorosamente por sus favores. Pululaban’-.
los vagabundos, y los oficiales reales informaban indignados que esta gente per-
dida no hacía otra cosa que vestir con lujo y comer y beber con exceso. Sus pre-
tensiones subieron tanto, que un Juan Fernández se atrevió, en 1583, a tramar una
conspiración, por medio de la cual esperaba proclamarse rey de Potosí. Planeó
apoderarse con sus hermanos de la viÜa y «aunque era casado Fernández había
elegido a una viuda, María Alvarez, para que compartiese el trono de su futuro
reino» (10). Sabedor de la trama, el Gobierno aprisionó a Fernández antes de que
pusitse sus designios en obra, pero no fué la última vez que la riqueza de Potosí
engendró una fiebre de ambición sin límite y un deseo devastador en los temerarios
ánimos atraídos al helado y ventoso asiento. Entre estos disturbios, que podrían
dar materia para compilar un grueso volumen, uno de los más notables e incóg-
nito* parece ser la conspiración de don Gonzalo Luis de Cabrera y el relator de
la Audiencia de La Plata, Juan Díaz Ortiz, quienes, entre otras cosas, pretendían
internar por el Río de la Platta a Charcas, en 1599, unos centenares de ingleses
para ayudarse con ellos en sus fines subversivos (11).
Al descubrirse otros minerales, particularmente después de 1640, la producción
comenzó a languidecer. La declinación prosiguió tenaz a lo largo del sigjo XVIII,
pese a los desesperados esfuerzos por mejorar los métodos de beneficio. Finalmente
la gloria se consumió. Un factor decisivo en la decadencia irremediable de Potosí
fué la guerra de Independencia. Durante este lapso pararon casi del todo los tra-
bajos del Cerro y la ribera, porque los indios ya no acudían y la provisión de
materiales se hizo muy difícil. Hasta 1816 Potosí estuvo por tres veces alternativa-
mente en manos realistas y patriotas. A partir de entonces, ocupado por un fuerte
ejército regular realista, el Alto Perú sólo pudo hacer la guerra de guerrillas, pero
Potosí no se restauró más. Cuando la llegada de Bolívar (5 octubre de 1825),’en la
villa no quedaban sino sombras de su antiguo esplendor. Celosa, empero, de sus
tradiciones, se sobrepujó a sí misma, con un recibimiento rimbombante, de los que
gustaban al Libertador. Miles de indios fueron reunidos con sus polícromos trajes,
para saludarlo en las goteras de la ciudad, hacia la cual avanzaba pasando bajo series
de arcos de triunfo junto a los que otros indios, .vistosamente emplumados, danzaban
una suerte de ballets. Cuando se aproximaba hacia el arco triunfal mayor, en el
centro de la ciudad, dos niños, que figuraban sendos ángeles, bajaron desde el
arco y cada uno lo saludó con un breve discurso.
Durante las siete semanas de su estancia en Potosí, Bolívar fué objeto de muchos
otros discursos. En un solo día correspondió con «contestaciones elocuentes y
adecuadas» en diecisiete ocasiones diferentes, y sus días y noches se llenaron de
corridas de toros, banquetes, bailes, fuegos de artificio, iluminaciones y «otros
mil signos de regocijo público». EJ 26 de octubre subió al Cerro, montaña llamadla
así por antonomasia, acompañado por el general Antonio José ¿e Sucre «y todas
las personas de distinción existentes en Potosí». Otro de sus acompañantes en la
ascensión por los desolados taludes del Cerro fué su viejo mentor, don Simón Ro-
dríguez, una de las figuras más peregrinas en la historia pedagógica de América
Latina. Ante el propio Rodríguez y en Ja cima de otro monte—el hoy lejano Monte

(10) GWENDOLIN BALLANTINE COBB: «Potosí and Huancavelica Economic Bases of Peni,
1545 to 1640». págs. 226-227. Deseo expresar mi gratitud a la doctora Cobb por permitirme
utilizar su valiosa tesis doctoral, inédita, presentada en la Universidad de California, Ber-
keley El capítulo intitulado «Potosí 1573-1640» (pags. 213-234) ha sido mi fuente para al-
gunas de las noticias sobre la sociedad de Potosí. La doctora Cobb ha publicado otros dos
artículos, citados injra, nota 15.
(11) ROBERTO LEVILLIER, ed.: Audiencia de Charcas. Corretpondencia de Presidentes y
Oidores, III (Madrid, 1922), pág. 451.

12

LUIS CAPOCHE

Sacro de Roma—, Bolívar había jurado solemnemente consagrar ‘su vida a la
liberación de su patria, hacía tres lustras.
Ahora, por fin, Potosí, uno de los últimos reductos del poder realista en Amé-
rica, había caído y el Libertador podía muy bien ver en este triunfo final el
cumplimiento del voto hecho años atrás en Roma. La simbólica ascensión se llevó
a cabo al terminar el invierno, culando vientos desapacibles azotan todavía la
cumbre de la montaña y reinan temperaturas glaciales; mas la ceremonia se desen-
volvió con pompa y elocuencia. Descrita por el general Miller, el pintoresco vete-
rano inglés de la Independencia peruana, que a la sazón era presidente, o prefecto,
de Potosí, el espectacular episodio incluyó una «especie de almuerzo en lo alto;
hubo varios brindis patrióticos» (12). Con las banderas de los países no ha mucho
liberados—Argentina, Colombia, Chile y Perú—flameando al viento, Bolívar de-
clamó: «Venimos venciendo desde las costas dej Atlántico, y en quince años de
una lucha de gigantes hemos derrocado el edificio de la tiranía, formado tranqui-
lamente en tres siglos de usurpación y de violencia. Las míseras reliquias de los
señoies de este mundo estaban destinadas a la más degradante esclavitud. ¡Cuánto
no debe ser nuestro gozo al ver tantos millones de hombres restituidos a sus derechos
por nuestra perseverancia y nuestro esfuerzo! En cuanto a mí, de pie sobre esta
mole de plata que se llama Potosí y cuyas venas riquísim’as fueron trescientos
años el erario de España, yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo
con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de Ja libertad desde las playas
ardientes del Orinoco para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es
el asombro y la envidia del universo.» (13)
Si bien estas frases tienen la grandilocuencia propia del Libertador, ¿quién
podría asegurar que el juicio formulado en la cima del Potosí fuese erróneo?

II
CARESTÍA DE HISTORIAS IMPRESAS SOBRE POTOSÍ
Pese al hecho generalmente reconocido de que tan largo y turbulento pasado
es un segmento significativo en el de toda América hispana, ninguna obra subs-
tancial fundada en los copiosos manuscritos a mano se ha publicado jamás sobre
la historia de Potosí. Pedro de Angelis lamentaba hace más de un siglo: «Potosí,
cuyas minas han enriquecido al mundo, no ha encontrado quien se encargara de
publicar su historia.» (14)
Nuestro conocimiento actual sobre la historia de Potosí no es mucho mayor,
no obstante el notable incremento cualitativo y cuantitativo en el campo de la
historia latinoamericana (15). Al parecer, sólo dos tesis doctorales existen sobre

(12) JOHN MILLER: Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú,
traducción del general Torrijos, II (Londres, 1829), pág. 275. Los capítulos 29 y 30 contienen
abundantes detalles sobre la visita de Bolívar y el estado coetáneo de Potosí.
(13) Proclamas y discursos del Libertador, ed. de Vicente Lecuna (Caracas, 1939), pág. 314.
Ver también GERHARD MASÜR, Simón Bolívar (Albuquerque, 1948), pág. 551, y Luis SUBIETA
SAGÁRNAGA, Bolívar en Potosí (Potosí, 1925), quien cita esta palabras del Libertador: «El
Potosí tiene para mí tres recuerdos: allí me quité el bigote y allí usé vestido de baile y allí
tuve un hijo» (pág. 97). Charles Arnade ofrece mucha información sobre Potosí durante la
gueira de independencia en su monografía titulada The Emergence of the Republic of Bolivia
(University of Florida Press, Gainesville, 1957).
(14) Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y mo^”raa de las
provincias del Río de la Plata, II (Buenos Aires, 1836), pág. 1
(15) Gwendolin Ballantine Cobb da una valiosa descripción bibliográfica de los prin-
cipales elementos impresos en su artículo «Potosí, a South American Mining Frontier»,

RELACIÓN GENERAL

13

Potosí, una en la Universidad de California y otra en la Universidad dé Madrid;
ninguna de ellas se ha impreso (16). En el registro bibliográfico más completo
que hay sobre la obra de España en América apenas unas cuantas entradas corres-
ponden a Potosí (17). Esta inopia resalta aún más junto a Ja próvida cosecha
histórica sobre la ciudad de México, tan profusa que sólo de sus cronista fea debido
compilarse una bibliografía especial (18), al paso que para la mina de azogue
de Huancavelica, estrechamente vinculada a Potosí, contamos con los provechosos
estudios de Guillermo Lohmann Villena y Arthur P. Whitaker (19).
Ninguna bibliografía ha recopilado los pocos artículos dispersos sobre Potosí,
bien que el espléndido libro de Eugenio Maffei y Ramón Rúa Figueroa sigue siendo
una eficaz ayuda paria todos los estudiosos de la historia mineralógica española (20).
Tampoco se han impreso colecciones de documentos que brinden una base de
hechos primordiales y apenas una pequeña parte de la grande e importante historia
escrita en el siglo XVIII por el leal potosino Bartolomé Orsúa y Vela se ha pu-
blicado (21).
Vientos mejores empiezan a soplar, empero, y varios casos recientes inducen
a esperanza, por una nueva consagración a la gran empresa de preparar unía his-
toria digna de Potosí. La Sociedad Geográfica y de Historia «Potosí», cuya oficina
y pknita editora ocupa Ja Casa de Moneda restaurada, ha editado hace poco, por
primera vez, la Guía histórica geográfica, física, política, civil y legal del gobierno
e intendencia de la provincia de Potosí (1787), por Pedro Vicente Cañete y Do-
mínguez, editada por Armando Alba (22). Gunnar Mendoza L., el ‘hábil director de
la Biblioteca Nlaeional y del Archivo ¡Nacional de Bolivia, acaba de completar un
estudio enjundioso sobre Cañete, el funcionario más notable quizá de Potosí en el
siglo XVIII (23). Otro substancioso estudio de Mendoza es su guía a la rica do-

Grealer America. Essays in honor of Herben Eugene Bollón (Berkeley y Los Angeles, 1943),
págs. 39-58. Sobre un aspeólo especial de la historia potosina, la doctora Cohb ha publicado
también «Supply and Transportation for the Potosí Mines, 1545-1640», Hispanic American
Histoncal Review, XXIX (1949), págs. 25-45.
(16) Sobre la tesis de la doctora Cobb ver supra, nota 10. La otra tesis es de Antonio
Artola y Guardiola, Notas para una historia de la imperial villa de Potosí (Madrid, 19Ó9),
187 nágs. Expreso mi reconocimiento al profesor Francia M. Rcgers, de la Universidad de
Harvard, por haber llamado mi atención «obre esta tesis española, y a Mr Frederick Crom-
jrelL del Servicio -de Información de Estado* Unidos en Sevilla, por un provechoso informe
•obre la obra. Parece que la tesis de Artola y Guardiola es breve y más bien general, basada
gutéidlésuittetbe&&>rl*&itsas manuales, aunque no dejó di consultar algunos manus-
critos ■ «B jflL > Archivo ^Sekaral áe Indias, inclusas las ordenanzas promulgadas por el virrey
don L^ d^Valascor
(17) BENITO SÁNCHEZ ALONSO: Fuentes de la historia española e liispaaa-ame’;mn,:
(Madrid, 1952), 3 vols. El resumen bibliográfico y descriptivo intitulado Contribuciones a ta
historia municipal de América (México, 1951) no contiene nada sobre Potosí.
(18) MANUEL ROMERO DE TERREROS: Bibliografías de cronistas de la ciudad de México
(México, 1926).
(19) ARTHUR P. WHITAKER: The Huancavelica Mercury Mina. (Cambridge, 1941); GUI-
LLERMO LOHMAN VILLENA: Las minas de Huancavelica en los siglos XVI y XVII (Sevilla, 1949).
(.20) Apuntes para una bibliografía española de libros, folletos y artículo;, impresos y
manuscritos relativos al conocimiento y explotación d< las riquezas minerales y a las ciencias auxiliares (Madrid, 1871-1872), 2 vols. (21) El manuscrito original, en la Biblioteca de Palacio (Madrid), en dos volúmenes: su título, Historia de la villa imperial de Potosí, riquezas incomparables de su famoso cerro, grandezas de su población, sus guerras civiles y casos memorables. Abarca el lapso 1545-1736. Su autor ha sido muy discutido en años recientes. Por mi parte, he seguido la relación del Archivo General de Indias, Lima, 644, según la describe FRANCISCO MATEOS, Historia de ta Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay, VIII, primeía parte, pág. 265. Gonzalo Gumucio cita otro informe del mismo Archivo, Charcas 563, de junio 27, 1756, del arzobispo Alfonso del Pozo y Silva al gobernador Ventura de Santelices, de Potosí, donde se da el mismo nombre para el autor. Ver infra, nota 40. (22) Potosí, 1952. (23) El doctor don Pedro Vicente. Cañete y su historia física y:política de Potosí (Su- cre, ]954). Este valioso estudio comprende 140 páginas, con referencias bibliográficas copio- sas y su edición ha sido patrocinada por la Universidad de San Francisco Xavier. 14 LUIS CAPOGHE aumentación ¡colegida, per él en el Archivo Nacional (Sucre) sobre aquel curioso disturbio, socioiógicjcnente revelador, de los años 1623-1626, conocido con el nombre dé guerrasientre vicuñas y vascongados (24). En Madrid, Gonzalo Gumucio ha iniciado, con él patrocinio del Instituto de Cultura Hispánica, la tremenda empresa'de sacar a luz la crónica de Orsúa y Vela, vasto acervo de información sobre ha fantásticos y emocionantes acontecimientos de los primreos dos siglos de 1P historia potosina (25). Orsúa y Vela basó su obra en algunas de las historias manuscritas y otros documentos manuscritos coetáneos y así pudo producir un gran testo, que sigue siendo la mayor fuente, única conocida, de informlación orgánica sobre Potosí. No incluye cuadros estadísticos exactos sobre la produc- ción metalífera, pero da muchas referencias sobre hechos, tales como las guerras de españoles contra indios, las de españoles entre sí, las luchas por las elecciones y el gobierno del cabildo, las plagas, sequías, inundaciones y temporales de frío glacial que Potosí sufrió frecuentemente. Quienes se interesen por el proceso de la minería en el Nuevo Mundo, encon- trarán también datos provechosos en esta historia, pues el autor describe maqui- narias, relata la introducción y etl uso del azogue en la amalgamación, así como el establecimiento y- las actividades del gremio de mineros. La tumultuosa y des- lumbrante civilización que floreció en Potosí descansaba sobre el trabajo de los indios; los repetidos esfuerzos, férvidamente apoyados por los religiosos, para supr'mir la mita (servicio forzado de los indios en el trabajo minero) se traen asimismo a cuento, no menos que las reiteradas y victoriosas acometidas de los mineros contra esos conatos de privarles del derecho de explotar a los indios. La crónica de Orsúa y Vela encierra también material de interés para la historia económica. Relata las luchas de los mercaderes para reducir las alca- balas asignadas a sus géneros, para combatir la plaga de la moneda envilecida y para introducir en la villa géneros prohibidos o restringidos por severas leyes reales. De cuando en cuando, dedica algún capítulo, o parte de él, a referir la vida y los padecimientos apostólicos de diversos religiosos, lo cual representa una valiosa contribución en el estudio de la historia eclesiástica (26). Registra, asi- mismo, la fundación de monasterios, iglesias e instituciones filantrópicas, por ricos mineros piadosos. Ni olvida manifestar las escandalosas contiendas eclesiás- ticas, que no trajeron bien para la cristiandad en la villa. Describe, por otra parte, la justicia que España bacía con los traidores, sodomitas y brujas. Ofrece, en fin, algunos pintoresco® bocados, como los capítulos sobre «la muerte de un avariento y el extraño testamento que hizo», «Intenta el capitán Francisco de la Rocha dar veneno al Presidente)) y «las grandes penitencias, rogativas y procesio- nes que se hicieron en esta Villa por las noticias de la ruina que hizo un terrible terremoto en la ciudad de los Reyes». Existen muchas otras historias y relatos sobre Potosí. Desde que se propagó la nueva de su descubrimiento, en 1545, españoles y extranjeros a porfía pugnaron (24) Guerra civil entre vascongados y otras naciones en Potosí. Documentos del Archivo Nacional de Bolivia 1622-1641, Cuadernos de la Colección de la Cultura Boliviana (Potosí, 1954). Publicado también en Sur, revista de la Sociedad Geográfica y de Historia (Potosí, 1954>. núm. 2. La extensa y fascinante documentación del repositorio boliviano ha sido cer-
teramente compendiada por Mendoza, que acompaña además un excelente y bien espito
estudio sobre este pugnante episodio como introducción al catálogo donde se describe cui
dañosamente cada documento.
(25) Unos pocos capítulos iniciales fueron publicados por Luis Subieta Sagárnaga en
1925 en Potosí, y en 1945 la Fundación Universitaria Simón I. Patino editó en Buenos
Aires un volumen, con prefacio de Gustavo Adolfo Otero, que también contiene una pequeña
parte de esta extensa crónica.
(26^ José de Mesa y Teresa Gisbert de Mesa han recopilado una buena parte de la in-
formación de Ors^a y Vela sobre el arte religioso, en su artículo «Noticias para la historia
del arte en Potosí», Anuario de Estudios Americanos, VII (Sevilla, 1951), págs 471-503.

RELACIÓN GENERAL

15

por llegar a esta remota ciudad, brotada en las desoladas altitudes andinas, mara-
villarse ante sus increíbles riquezas y escribir relaciones sobre ellas. Pocas de
esas historias se han impreso. El autor del estudio presente publica ahora la primera
historia conocida (27) de Potosí, escrita por el minero Luis Capoche en 1585, que
ha estado esperando un editor en el Archivo General de Indias (Sevilla), por casi
cuatrocientos años, y proyecta la edición de las leyes de minas elaboradas por
Pedro Vicente Cañete y Domínguez con el nombre de Código coralino (28).
Constituye otro motivo de estímulo el creciente interés de los historiadores
de arte (29) por los templos, cuadros, monumentos civiles y otras manifestaciones
artísticas que la riqueza de Potosí trajo al mundo. Mario Buschiazzo, Enrique Marco
Dorta, Pal Kelemen, José de Mesa y Teresa Gisbert de Mesa, Juan Giuria, Martín
Noel. Harold Wethey, Pedro Juan Vignale y otros, han publicados trabajos impor-
tantes, mientras otros, como Martín Soria, están en plena obra. En el campo de la
numismática, Humberto F. Burzio (30), de Buenos Aires, ha dado un gran primer
paso, y el joven estudioso boliviano, Gastón Bejarano, ha comenzado a investigar
y producir.

III
MATERIAL MANUSCRITO ACCESIBLE
– En el frente archivístico, la cantidad y calidad de los tan dispersos manuscritos
accesibles representa una seria exigencia para el investigador. Los documentos de
Potosí, como su misma plata, se han desparramado por los repositorios de muchos
(27) Relación general del asiento y villa imperial de Potosí y de las cosa’ más impor-
tantes de su gobierno, dirigida al Excelentísimo señor Don Hernando de Torra y Portugal,
conde del Villar y Visorrey del Perú, Archivo General de Indias, Charcas 275. Se encontrara
olro ejemplar en dt mismo Archivo, Charcas 134. Poco se sabe de Capoche; su firma y un
juicio de minas en que fué implicado en 1592-1594 se hallarán en Archivo Nacional (Sucre),
Minaj núm. 18.
(28) Copias del manuscrito se hallarán en la Academia de la Historia (Mpdrid) y en el
Archivo General de Indias.
U9) El manual Guide to the Art of Latin American (Washington, 1948) de ROBERT
C. SMITH y ELIZABETH WILDER contiene algunas entradas (núms. 915-940) sobre Bolivia,
publicadas hasta 1942; ninguna j.uede decirse que constituya una contribución estimable
sobre Potosí. Desde entonces, la Academia Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires ha
editado dos bien ilustrados volúmenes en sus series «Documentos de Arte Colonial Sudame-
ricano»: I, La Villa Imperial de Potosí (1943), y III, Las iglesias de Potosí (1945). Para
un discernimiento cabal de nuestros conocimientos actuales, con referencias completas a la
literatura recienie, pueden verse loe artículos de HAROLD E. WETHEY, «Hisnanic colonial
archiie.cture in Perú», Gazette des Beaux-Arts (Nueva York, 1952), págs. 47 60, 193-208;
«Meslizo Architecture in Bolivia», The Art Quarterly (Nueva York, invierno 19-]), págs. 283
308, y su obra básica Colonial Architecture and Sculpture in Perú (Cambridge, 1949). Pro-
vechosa también, como comprensión general e información bibliográfica, es la obra de PAL
KELEMEN, Baroque and Rococó in Latin America (Nueva York, 1951). Eu pintura puede
citarse «Un pintor colonial boliviano: Melchor Pérez Holguín», por los jóvenes arquitectos
bolivianos JOSÉ DE MESA y TERESA GISBERT DE MESA, trabajo publicado por el Laboratorio
de Arte, Universidad de Sevilla, en Arle en América y Filipinas, II (Sevilla. 1952), cua-
derno 4, págs. 149-216. Reproducciones de pintura^ potosinas se encontrarán en la Exposición
de arle religioso retrospectivo, edición del Museo Histórico Provincial de Rosario, Argentina,
1941 Otras piezas a preciables son PIBHO JUAN VIGNALE, La casa real de moneda de Potosí
(Bueno» Aires, 1944); JUAN GIURIA, «Organización estructural de las iglesias coloniales de
La Paz, Sucre y; Potosí», Anale.s del Instituto de Arte Americano, e Investigaciones Estética-,
(Buenos Aires, 1949), núm. 2, págs. 97-103, y MARIO J. BUSCHIAZZO, «La arquitectura &~.
MóJKtó y Chiquitos», ibyi. (1952), núm. 5, págs. 23-40. En este último artículo se hace la
interesante sugerencia de que los extraños elementos decorativos animales y vegetales de las
iglesias de Potosí puedan proceder de Mojos y Chiquitos.
(30) La eeca de la Villa Imperial de Potosí y la moneda colonial (Buenos Aires, 1945).
Publicaciones del Instituto de Investigaciones Estéticas, núm. 88

16

LUIS CAPOCHE

países. Junto a otros doce centros menores, los depósitos principales son: el Archivo
General de Indias (Sevilla);, la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional de
Bolivia; el Archivo General de la Nación Argentina; el Museo Británico; la.
Biblioteca Nacional, la Academia de la Historia y otros centros de Madrid, y
Potosí mismo.
Aunque los manuscritos relativos al mineral salieron de Potosí en gran parte,
el doctor Domingo Flores, presidente de la Sociedad Geográfica, y el doctor
Armando Alba, hacen enérgicos esfuerzos por preservar y organizar cualesquiera
manuscritos aún existentes (31). Otro signo propicio es la creciente atención que
se consagra a catalogar documentos en Potosí, y particularmente en Sucre, donde
Gunnar Mendoza prepara una serie de cuidadosos índices, relativos a los manus-
critos bajo su jurisdicción (32). Estos y el monumental catálogo (33) compuesto
por el malogrado José Vázquez-Madhicado, sobre los materiales altopeTuanos en
el Archivo General de Indias, dotan de guías indispensables a los dos depósitos
más ricos en documentos manuscritos sobre Potosí. Infortunadamente, ninguna de
estas valiosas obras ha sido aún publicada.
Pese a los esfuerzos de algunas personas intrépidas, la gran masa de papeles
relativos a la historia de Potosí permanece incógnita, no catalogada y, por con-
siguiente, inaprovechada. Sólo en Buenos Aires, el Archivo General de la Nación
tiene unos doscientos cincuenta legajos manuscritos, con un cúmulo tan denso de
datos económicos que para dominarlo se requerirían varios estudiosos con la
energía y la experiencia sin límites de un Earl J. Hamilton, que devotamente dedicó
miles de horas a los papeles sobre el tesoro indiano y el alza de precios en Es-
paña (34). Aunque es accesible ya una nutrida documentación, perduran impor-

(31) ARMANDO ALBA: «Archivo de documentos de la Casa Real de Moneda. índice ana-
lítico. Parte primera: siglo XVII», Boletín de la Sociedad Geográfica y de Historia «Potosí»,
año 39 (Potosí, 1951), núm. 11, págs. 156-159. Fundado en 1913 este Boletín, ha ofrecido
diversos artículos sobre Potosí. Para los más bien escasos documentos del Archivo Municipal
de Potosí existe el «índice general del Archivo Municipal. Primera parte: ti Coloniaie»,
Boletín de Estadística Municipal de la ciudad de Potosí, II (Potosí, 1929).
(32) MENDOZA tiene ya colegida y compilada una valiosa guía mecanografiada, Archivo
Nacional de Bolivia. Audiencia de Charcas: Documentos de minas, 1561-1825 i Sucre, 1946),
que sobre la Villa de Potosí comprende unas 700 entradas correspondientes a las secciones
de «Minas e ingenios», «Azogue y otros materiales de laboreo’.. «Procedimientos de bene-
ficio», «Condiciones del trabajo», «Compraventa y envío del metal a España», «Casa de
Moneda», «Banco de Rescates», «Falsa amonedación», «Extravíos y defraudación de meta-
les». Dos artículos de valor general son: RUBÉN VARGAS UGARTE, S. J., «LOS archivos de la anti-
gua Chuquisaca, Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas., IV (Buenos Aires, 1929),
págs. 298-315, y JUAN DE ZENGOTITA, «The National Archive and the Nationa! Library of
Bolivia at Sucre», Hispanic American Historical Revi’w, XXIX (1949). págs 649-676. El
mejoi guía que para el Archivo Nacional, en Sucre, he encontrado es el señor Mendoza, que
siempre generosamente pone su conocimiento amplio y experto disposición de los inves-
tigadores.
(33) Catálogo descriptivo del material del Archivo de Indias referentes a ia historia de
Bolivia, Sevilla, 1933, 3 tomos. Mecanografiado, en poder de Humberto Vázquez-Machicado.
hermano del autor (Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia), qu: gentilmen.e
me permitió consultar esta preciosa guía, organizada como sigue: tomo I, Audiencia de
Charcas, 537 págs, 3,334 ítems; tomo II, Audiencia de Buenos Aive.s, 210 págs.,, 1,118 ítems;
tomo 111, Audiencia de Lima, 106 págs., 578 ítems. Un breve resumen descripiivo se acom-
paña para muchos de los documentos inscritos, de suerte que o\ substancioso conjunto dí
material sobre Potosí puede ser encontrado fácilmente. No se ‘xpresa el número de hojas
de cada documento.
(34) Sólo en la División Colonia, sección Contaduría, hay 121 legajos sobre Potisí que
cubren el período 1640-1810. Cada legajo incluye por lo común varios libros, con apartados
individuales intitulados: «Manual de diezmos», «Manual de caja», «Manual de alcabalas»
o «Manual de azogues». A partir del legajo núm. 25 figuran muchos «Manuales del Banco
de Rescates», «Manual de gastos y reglamento del Socabón del Cerro», «Diarios del Banco
de San Carlos» y «Manuales del Banco de San Carlos». En el libro 3 del legajo núm. 1 se
hallará una relación, en inglés, «Negro slaves sent to Perú, 1726»
El doctor Domingo Flores, de Potosí, me presentó generosamente un ejemplar de ia
elocuente «Carta a los intelectuales potosinos», escrita en mayo, j 950, en Buenos Aires, por

RELACIÓN GENERAL

17

Sanies y lamentables lagunlas. Los libros de acuerdos capitulares potosinos ante-
riores a 1585 se han perdido sin dejar ningún rastro (35); los juicios de resi-
dencia no parece que abundan tanto corno podría esperarse (36). La documenta-
•ción es además despareja. Mientras sabemos pormenorizadarnente sobre los vidrios
destrozados en la Casa de Moneda por una tormenta de granizo en 1795 (37), la
primera relación gubernativa formal sobre Potosí, ‘hecha en 1572, como parte
de un informe general sobre el Imperio, no ha sido aún localizada (38). Una
Jaguna muy importante en la documentación inédita potosina es la ausencia casi
■absoluta de protocolos notariales, desde que se establece e] asiento hasta el decenio
1560-1570. Se puede apreciar la riqueza de ese perdido material pensando que
en una época tan. formalista como la de la Colonia, en que todo se hacía mediante
contrato escrito, los documentos notariales debían contener profusa información
sobre mineros y beneficiadores, avío de materiales para el beneficio, nombres de
mina? y vetas, construcción de ingenios, fábrica de monumentos públicos, etc.
Con todo, aunque se constaten nuevas lagunas, el simple amontonamiento de
material conocido sobre Potosí es de suyo ¡impresionante. Una referencia histo-
riográíica ilustrará este punto. Los potosinos eran tan orgullosos como los téjanos
de hoy y muchas historias compusiéronse con el propósito de justificar su orgu-
llo (39). Nadie sabe cuántas fueron escritas, aunque un autor boliviano ha publi-
cado recientemente un artículo titulado «Las mil y una ‘historias de la Villa
Imperial de Potosí» (40). Por lo menos uno de estos libros era en verso, varios

el boliviano Carlos Morales Avila, incitando a sus compatriotas a interesarse en el rico
material manuscrito sobre la historia de Bolivia y especialmente de Potosí, en el Archivo
General de la Nación Argentina.
(35) Los libros subsistentes se encuentran en la Colección Riick, Biblioteca Nacional
(Sucie) y comienzan con el año 1585. Aún en los años posteriores se notan lagunas impor-
tantes, como en la época de las guerras entre vicuñas y vascongados, pero así y todo ios
grandes volúmenes contienen una montaña de material sobre la vida comunal en conjunto
Existen treinta de ellos, infolio, correspondientes a los años 1585 1611, 1614-1622, 1626-1628,
1634-1636, 1649-1651, 1658-1661, 1674-1681, 1719-1748, 1754-175:., 1762-1779, 1804-1819. El
señor Mendoza me informó que, pese a sus esfuerzos, no ha podido localizar los volúmenes
•que faltan, y que presume se hayan perdido.
(36) Tres residencias de fines del siglo XVII sobre los gobiernos de don Pedro Luis
Enríquez, don Juan Velarde Treviño y don Fernando de Noriega y Ribera existen en 1
Archivo General de Indias, Escribanía de Cámara, legajos 680, 865, 867; debe de haber
muchas más. Mi amigo Guillermo Lohman Villena me informó que en el Archivo Histórico
Nacional (Madrid) hay material complementario. Está registrado por Ángel González Palen-
cia en su Extracto del catálogo de los documentos del Consejo de ludias (Madrid, 1920).
(37) «Casa de Moneda de Potosí, 1795. Sobre reposición de los vidrios rotos por un
granizo», Archivo General de la Nación (Buenos Aires), Guerra y Marina, legajo 24, expe-
diente 30.
(38) MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA, ed.: Relaciones g”ográficas de Indias, II (Madrid.
1885), pág. 95.
(39) Jiménez de la Espada incluye varios documentos demostrativos de este interés,
íbid. II, págs. 88-136, 240.253, Apéndice III, págs. xxix-xxxvi, cxx-cxliv. El virrey Toledo,
manifestando un deseo especial por conocer la historia de Potosí, estimuló al clérigo Rodrigo
de la Fuente a esclarecer el descubrimiento del Cerro y pidió al florentino Nicolás del Benino
escribiese una relación atañedera. Jiménez de la Espada publicó embos documentos, así como
otras cartas e informes sobre el asunto.
(40) GONZALO GUMUCIO: «Las mil y una historias de la Villa Imperial», La Razón (L

La relación escrita en 1585 por Luis Capoche sobre el asiento argentífero alto-
peruano denominado Ja Villa Imperial de Potosí puede ser plenamente comprendida
si se la proyecta sobre el telón de íondo del apasionado interés que la historia del
Nuevo Mundo despertó entre los españoles. Colón inauguró la práctica de escribir
sobre América, y muchos siguieron su ejemplo. Á tal punto excitó la Conquista las
imaginaciones, que los españoles acabaron por considerarla como el acontecimiento
más grande desde la venida de Cristo. Al mismo tiempo de deambular por vastos
ámbitos de mar y tierra los conquistadores, y de acometer la conversión de millones
de indios los misioneros, fueron recolectando materiales historiográficos y compo-
niendo relaciones en una proporción monumental (1).
Muchos de estos documentos retratan el carácter de los españoles del siglo xvi.
El juvenil Diego de Ordaz, ansioso por saber que había bajo la ascendente estela
de un volcán mexicano, arrancó finalmente el consentimiento de su jefe Hernán
Cortés, quien de mal grado autorizó la azarosa empresa de ascender el cráter sólo
para que los indios vieran que nada era imposible a los españoles (2). Otra arrojada
hazaña fué consumada por la querida del gobernador Pedro de Valdivia cuando,
para atemorizar a los indios que habían sitiado a Santiago de Chile, por su propia
mano cercenó Jas cabezas de seis capitanes tomados como rehenes y las lanzó
rodando entre las filas de los atacantes. El fraile dominico Luis Cáncer hizo gala
de un coraje insólito cuando se lanzó, impertérrito, a convertir a los indios de
Florida, a pesar de la predicción, cumplida poco después, de que iba a ser destro-
zado por los naturales. Muchos pasajes semejantes de heroísmo, crueldad y caridad
van entrelazados en los miles de declaraciones que los españoles hicieron sobre sus
hazañas y que todavía esperan en los archivos a los investigadores, pues no obs-
tante, lo ganado en años recientes, la historiografía hispanoamericana es- todavía
un campo poco cultivado (3).

< *) Traducido por Gunnar Mendoza. (1) El autor se complace en expresar su reconocimiento por la ayuda recibida para la preparación de este artículo a las siguientes instituciones y personas: Instituto de Investiga- ción de la Universidad de Texas; Sociedad Americana de Filosofía; Clara Penney, de la Soc'edad Hispánica de Nueva York; Vicenta Cortés y Victoria Hernández, del Archivo de Indias; Mlle. Marie Helmer; y, en particular, Gunnar Mendoza, de la Biblioteca y el Archivo Nacionales de Bolivia. (2) CASIANO GARCÍA: Vida del Comendador Diego de Ordaz, descubridor del Orinoco (Mé- xico, 1952), pág. 5. (3) Las declaraciones formuladas por individuos que procuraban obtener privilegios y re- compensas de la Corona, rotuladas generalmente como «Probanzas o informaciones de méritos y servicios», constituyen por sí solas unas enorme fuente de material biográfico. Son ejemplos de este tipo de documentación histórica sobre personas actuantes en los primeros años de Polosí, las probanzas de Martín García de Oñaz y Loyola y de Diego Centeno. Véase VÍCTOR M. 42 LUIS CAPOCHE A medida que la Conquista proseguía y que España estabilizaba su estructura gubernativa en el Nuevo Mundo, crecía la demanda de una historia adecuada para los hechos llevados a cabo por los españoles. Primero los sacerdotes sintieron la necesidad de una constancia de sus contribuciones, y después las disputas sobre la justicia del dominio español movieron'a los cabildantes de México a comisionar la formación de historias. Una época decisiva para la historiografía comenzó hacia 1570, cuando Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias, decidió que para el buen gobierno se necesitaba un archivo con información orgánica sobie las leyes dictadas y los hechos sucedidos, un mecanismo apropiado para la provisión de información permanente, y un historiador y cosmógrafo oficial. Se preparó un cuestionario detallado para que cada gobernador de América diese datos sobre la historia, población, productos, clima y geografía de su respectivo territorio. Iniciado como una breve encuesta en 1569, dicho cuestionario se acrecentó hasta cincuenta puntos, y finalmente devino un volumen impreso con 355 preguntas diferentes. El primer cosmógrafo e historiógrafo real fue nombrado en 1573 para que aprovechase el material recolectado por aquel medio, y después dispuso también de los docu- mentos remitidos a España por efecto de la orden de 25 de junio de 1578, que instruía a las principales autoridades reales de América para hacer buscar en sus archivos documentos históricos y enviar los originales o copias auténticas de ellos al Consejo de Indias, de suerte que una verdadera y general historia de eátos dominios pudiera escribirse (4). A más de esta documentación oficial, de las crónicas religiosas y de los relatos de las grandes hazañas cumplidas, otro tipo de historia se producía a medida que algunas personas se daban a considerar la Conquista y se dedicaban a contar la historia de aspectos, hechos y territorios particulares. La clásica Verdadera historia de la conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, la pugnaz Historia de las Indias, de Bartolomé de las Casas, y Ja descripción del Perú, por el joven soldado Pedro de Cieza de León, representan bien conocidos ejemplares de tales trabajos. A excepción del hecho trascendental del descubrimiento mismo, y de las con- quistas dramáticas de Cortés y Pizarro, pocos asuntos han despertado tan constan- temente la admiración y el interés de generaciones sucesivas como la fabulosa his- toria de Potosí. Durante casi cuatrocientos años, los leales potosinos, y otros también, compusieron poemas, novelas, dramas e historias sobre el tumultuario v MAURTUA, Juicio de límites entre el Peiú y BoLivia (12 vols., Barcelona, 1906), VIL 3-70: VIII, 1-35. El primer estudio serio, todavía útil, es el de FREDERICK WEBER: Beitrage zur Charakteristik der alteren Geschichtsschreiber über Spanisch-Amerika, eine biographisch-bibliographische Skizze (Leipzig, 1911). Una obra más reciente, pero muy lejos de ser satisfactoria, es la de RÓMULO D. CAHBIA: La crónica oficial de las Indias Occidentales (La Plata, 1934). El interés ha ido creciendo, como puede apreciarse por las diversas publicaciones historiográficas de la Comisión de Historia del Instituto Pan Americano de Geografía e Historia; véanse también los Estudios de historiografía americana, editados por Silvio Zavala (México, 1948), y los Estudios de his- torijgrafia de la Nueva España, editados por Ramón Iglesias (México, 1945). La contribución más reciente es del historiador sueco SVERKER ARNOLDSSON: LOS momentos históricos de Amé- rica (Madrid, 1956). (4) MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA, ed.: Relaciones geográficas de ludias (4 vols., Madrid, 1885), I, xvii-lxxvii, ofrece una historia documentada de los esfuerzos de la Corona para reunir material historiográfico. Un decreto del 25 de junio de 1578 establece: «Para que pueda pro- seguir la historia general de las Indias con el fundamento de verdad, y noticia universal de los casos, y sucesos dignos de memoria, se manda a los Virreyes, Audiencias y Gobernadores que hagan ver y reconocer los Archivos y papeles que tuvieren por personas inteligentes; y los que tocaren a historia, así en materias de gobierno como de guerra, descubrimientos y cosas señaladas, que en sus distritos hubieren sucedido, nos envíen originales o copias auténticas, dirigidas al Consejo de Indias.» Recopilación de Leyes de. los reynos d° las Indias (4 vols., Madrid, 1681), libro III, título XIV, ley 30. Los sacerdotes también fueron instruidos para enviar papeles útiles para los historiógrafos, JIMÉNEZ DE LA ESPADA: Relaciones geográficas de Indias, II, 174-175. RELACIÓN GENERAL 43 romancesco pasado de esta montaña de plata peraltada en los Andes, en uno de los más desolados y remotos rincones de Sudamérica. Los primeros años de Potosí, desde su descubrimiento en 1545, se consumieron en una explotación tan frenética de los generosos y superficiales depósitos, que no hubo tiempo para un florecimiento historiográfico (5). Sólo a partir del gobierno del virrey don Francisco de Toledo (1569-1572) la vida del bullente asiento mineio se asentó lo suficiente como para que sus habitantes pudieran interesarse por el pasado. Cuando Toledo llegó en visita de gobierno a Potosí, en diciembre de 1572, un indio presentó una petición para que se le remunerase por ser hijo del descu- bridor del Cerro, cuyas minas desde entonces fueron el factor más importante en la economía del virreinato. El metódico virrey instruyó a Rodrigo de la Fuente para que averiguase el asunto y certificase los hechos. El informe de la Fuente forma parte de la larga y contradictoria literatura sobre la manera como los indios vi- nieron a dar con el ingente yacimiento argentífero y lo dieron a conocer luego a sus conquistadores (6). Toledo estimuló también al florentino Nicolás de Benino —vastago de la familia de los Médicis, que abandonó su ciudad natal por razones políticas hacia 1550 e inició una accidentada carrera en Potosí como dueño de minas—a componer en 1573 una valiosa descripción geológica del Cerro (7). Otro veterano minero, Diego Rodríguez Enríguez de Figueroa, informaba al virrey don Martín Enríquez, en 1582, que venía escribiendo, a manera de descanso en sus otros trabajos, una relación de la cultura de los Incas, así como una historia de los primeros españoles del Perú, incluyendo a Potosí, y que para ilustrar esta obra había pintado un cuadro de todas las minas y socavones del Cerro; perse- guía además un propósito definido, pues anunciaba a Toledo que a menos de resti- tuírsele los doce indios que se le habían quitado en la mina, se vería arruinado (8). Muchas de las relaciones que actualmente forman parte apreciable de la historio- grafía de Potosí iban enderezadas a influir en las decisiones de la corte vicerreal en Lima o de la corte real en España; pero muy pocos de ellas o de las historias más formales, asimismo abundantes, se han publicado. Entre los españoles que delinearon largos informes con el propósito de orientar los actos de las autoridades, se cuenta Luis Capoche, dueño de un ingenio en Potosí, quien elaboró una historia del descubrimiento del Cerro y su enorme desa rrüllo, así como una descripción de la vida económica y social de aquel asiento hasta 1585. El 10 de agosto de dicho año completó su manuscrito, lo dedicó al virrey entrante, don Hernando de Torres y Portugal, conde del Villar, y lo remitió a Lima de suerte que el conde pudiese conocerlo tan pronto como asumiese el mando El manuscrito original se ha perdido, al parecer, así como el «retrato», o dibujo, (5) From Panamá to Perú. The Conquest of Perú by the Pitorros, the Rebellion oj Gon- zalo Pizarra, and the Pacijication by La Gasea (Londres, 1935), págs. 247, 499, 508, 512, 541-542. (6) Manuel Ballesteros Gaibrois ha recopilado acertadamente muchas de esas historias en su Descubrimiento y fundación del Potosí (Zaragoza, 1950). La petición presentada ante Toledo ha sido publicada con el nombre de «Interesante documento histórico de Potosí. Memorial de Gualpa, hijo de don Diego Gualpa, primer descubridor del cerro de Potosí», Boletín de la Sociedad Geográfica de Potosí, año II (1914), núm. 3, págs. 109-110. Por último, una real orden, fechada el 4 de mayo de 1578, mandó que Juan Guallpa y sus hermanos reci- biesen algún premio de la Audiencia de Charcas, Archivo de Indias, Charcas 415, lib. I, fs. 15-15 v. (7) Relación muy particular del cerro y minas de Potosí y su calidad y labores, por Ni- colás del Benino, dirigida a don Francisco de Toledo, virrey del Perú.» Fechada en La Plata, el 9 de octubre de 1573, y publicada por JIMÉNEZ DE LA ESPADA: Relaciones geográficas de Indias, II, 97.112. José Toribio Medina incluyó algunas noticias sobre la vida de este impor- tante potosino, en su reproducción facsimilar, antecedida de un estudio preliminar, de un escrito raro de Benino sobre la historia temprana del Perú: Verdadera relación délo sucedido en/.)s Reynos e provincias del Perú desde (a y da a ellos del Virey Blasco Nuñes Vela hasta el desbarato y muerte de Gonqalo Picarro (Sevilla, 1549) (París, 1930). (8) JIMÉNEZ DE LA ESPADA: Relaciones geográficas de Indias, II, Apéndice núm. III, pá- ginas xxix-xxxiv. 44 LUIS CAPOCHE que iba adjunto para dar una idea del aspecto de Potosí; pero en el Archivo de Indias existe una buena copia coetánea de esta «Relación general del asiento y Villa Imperial de Potosí y de las cosas más importantes a su gobierno» (9). Esta obra tuvo alguna circulación, en códices, y se la menciona ocasionalmente, desde- el tiempo en que fué escrita, pero no se la ha estudiado seriamente ni en sí misma, ni en relación con otros documentos de los primeros cuarenta años críticos de Po- tosí Este ensayo pretende reunir todo lo que se sabe del autor y explicar el valor de *u obra para la comprensión de Potosí y para la historia de Hispanoamérica. I El nombre de Capoche aparece muy rara vez en los manuscritos sobre Potosí, y ninguna en la voluminosa correspondencia impresa de la Audiencia de La Plata con los virreyes y la Corona (10). Nació, probablemente, en Sevilla: cuenta que allí, siendo muchacho, contemplaba y se preguntaba qué podía significar una ex- traña insignia grabada en los muros de la casa de Juan de Marroquí, que había amasado una fortuna en el Cerro y había adoptado la guaira, u horno incásico de fundición, como escudo de armas (11). Este fué el primer contacto de Capoche con la minería potosina, aunque por entonces Sevilla ya debía de mostrar muchas tra?as de la riqueza traída desde el Nuevo Mundo: uno de sus orgullosos histo- riadores afirma, hacia el tiempo en que Capoche escribía, que de América habían llegado a Sevilla tesoros bastantes para empedrar sus calles con oro y plata (12). Capoche observa también que la madera transportada a Potosí para levantar los ingenios atravesaba largas distancias cargada sobre los hombros de los indios «como los alhameles de 'Sevilla» (13). Pareciera pues, que él fué sevillano, perte- neciente acaso a alguna de las muchas familias de mercaderes italianos, o de sus descendientes, que tanta influencia tuvieron en los puertos de la España meridional a partir del siglo xin (14). Capoche conoció Castilla y quizá sirvió en los tercios españoles fuera de la (9) Las dos versiones del manuscrito se encuentran en un legajo intitulado «Documento! respectivos al descubrimeinto del cerro y minas de Potosí: población de su Villa Imperial } ordenanzas dadas por el Virrey Luis de Velasco, año de 1599», Archivo de Indias, Charcas 134 El Apéndice I de la presente edición provee descripciones detalladas de dichos manuscritos Todas las referencias de este artículo son relativas a la primera versión que se menciona el adelante como «Relación». El cerro suscitó interés desde el comienzo, y muchos funcionarios y viajeros trataron di reproducir gráficamente sus contornos. El anciano segundo virrey del Perú, don Antonio di Mendoza, envió a su hijo Francisco a Potosí para que informase sobre sus asuntos. El mapi y los planos que Francisco dibujó fueron llevados a España en 1552, pero, al parecer, no & conservan. Pudieron encontrarse entre los documentos dejados por el cosmógrafo real Alonsí de Santa Cruz y entregados al presidente del Consejo de Indias, Juan de Ovando, cuya list incluye este ítem: «Otro papel en que está descrito el cerro de Potosí, y dentro un rollo d papel con letras de indios.» JIMÉNEZ DE LA ESPADA: Relaciones geográficas de Indias, II, xxxft (10) ROBERTO LEVILLIER, ed.: Audiencia de Charcas. Correspondencia de presidentes ■ oidores (3 vols., Marid, 1918-1922). Los primeros dos volúmenes cubren el período de la «R< lación» de Capoche. Tampoco pude hallar ninguna referencia, a Capoche entr? las diversa cédulas reales dirigidas al conde del Villar, Archivo de Indias, Lima 570, tomos 14-15, ni e: los documentos de ese período, íbid., Lima, 580. 111) «Relación», f. 30. (12) ALONSO MORGADO: Historia de Sevilla, 1587 (Sevilla, 1887), pág. 169. Véanse asimism las sugestivas observaciones de FRANJOIS CHEVALIER, «En lisant les 'novelas': la vie á Sevill au siécle d'or», Annales: Sociétés, Economies, Civilisations, II (1947), 349-353. (13) «Relación», f. 32 v. (14) ANTONIO BALLESTEROS BERETTA: Sevilla en ei siglo XIII (Madrid, 1913), pág. 43 y CHARLES VERLINDEN: «Italian Influences in Iberian Colonization», Hispanic American Hi torical Revietv, XXXIII (1935), 199-211. Un «iCapeche, oriundo de Ñapóles» figura en la lisl de Julio de Atienza, Nobiliario español (Madrid, 1948), pág. 539. RELACIÓN GENERAL 45 Periínsula3 pues dice que en Potosí hacía más frío aún que en Flandes (15). Se refiere a África y a Tierra Firme como si hubiera visitado esas regiones (16). Antes •de establecerse en Potosí, mozo aún, había estado evidentemente en otras partes ■del Perú. Sus observaciones sobre la firmeza que los encomenderos conferían a una comunidad edificando buenas casas, trayendo a sus mujeres para fundar familias y distinguiéndose por el vestido y el porte, muestra que posiblemente viv ó por algún tiempo en Lima (17). También es posible que pasase por México: comenta que su gobierno no era tan difícil como el del Perú, «tierra mucho más complicada» (18). En Potosí se hizo dueño de minas e ingenios quizá poco antes de la visita de Toledo en 1572, que recuerda, y al tiempo que escribía su relación en 1585 poseía don ingenios y era hombre de alguna sustancia (.19). Un juicio seguido contra él en 1593 para el pago de cierta suma que estaba debiendo, pinta el alza y la baja connatural a la vida económica de los potosinos, pues este antes próspero dueño de ingenios, no podía ahora pagar sus deudas; el proceso revela también su notable tenacidad, pues salió al paso a su acreedor a lo largo de todas las instancias (20). El 25 de enero de 1596 el capitán Alonso Vázquez Dávila Arze (15) «Relación», f. 1. (16) Ibid., f. 89. (17) Ibid., f. 2. (18) Ibid., f. 70. (19) Ibid., i. 34 v. Es curioso que Capoche no se inscriba a sí mismo como dueño de minas en 1585. Positivamente las poseía en 1592-1593 o por lo menos tenía dinero invertido en ellas, según el documento (fs. 5-6) citado infra, nota 20. (20) «Audiencia de Charcas: Juan Nicolás del Corro, cesionario de Diego Núñez Bazán, sobre los pesos que Luis Capoche está debiendo por los avíos recibidos para sus ingenios sitos en la ribera de Potosí y valle de Tarapaya.» Archivo Nacional (Bolivia). Minas, núm. 18. 42 fs. Gunnar Mendoza L. extracta así este documento: 1. Recurso de Capoche ante la Audiencia de La Plata contra la sentencia pronunciada por la justicia de Potosí en este pleito; La Plata, 1593. 28.IX. Autógrafo (f. 1). a) Poder para pleitos otorgados por Luis Capoche, vecino de Potosí, a Gaspar Ruiz, re- gidor perpetuo de dicha villa, a Alonso Pérez de Valer, y a Gaspar Rodríguez, procurador de La Plata; Potosí, 1593.22.IX (fs. 2). 2. Testimonio de los autos obrados en Potosí. Contiene: a) Carta de obligación otorgada por Luis Capoche en favor de Diego Núñez Bazán, ambos vecinos de Potosí, por 5.996 pesos ensayados, de ellos 3.9.17 pesos prestados en diferentes partidas y ocasiones, y el resto por libranzas de Capoche para diversas personas y para el pago de jornales de indios y avío de los ingenios y las minos de Capoche; deuda que en su toialidad deberá ser cancelada al fin de marzo de 1593, obligando a ello sus bienes y per- sona, etc.; Potosí, 1592.6.V (fs. 5-6). 6) Poder en causa propia otorgado por Diego Núñez Bazán a Juan Nicolás del Corro, vecinos de Potosí, para cobrar a Luis Capoche el monto de la obligación antecedente; Potosí, 1592.6.V (fs. 6-7). el Ejecución solicitada por Corro, como concesionario de Núñez Bazán, por la cuantía de esta obligación, contra Capoche; Potosí, 1593.20.VIII (fs. 7 v-8). d) Requerimiento hecho por Juan Gutiérrez Pina, teniente de alguacil mayor de Potosí, a Capoche, para el pago de la obligación. No teniendo los pesos, Capoche nombra para la ejecución dos ingenios de agua que tiene, uno en Tarapaya, junto al de Regodon Calderón, y otro en la ribera de Potosí junto al de Diego de León Garavito, ingenios en los cuales se hace la ejecución sin perjuicio del privilegio; Potosí, 1593.21.VII (fs. 8v-9v). e) Oposición de Capoche contra el remate de sus ingenios por ser bienes especialmente rservados, según la ordenanza del virrey Toledo; Potosí, 1593.27.VIII (fs. 10v-ll). /) Réplica de Corro para que, sin embargo de la oposición, sean rematados los ingenios, tanto por lo general de derecho como porque el dinero recibido por Capoche fué precisamente para reedificar, aderezar y aviar dichos ingenios y pagar jornales de indios, de suerte que están prácticamente hipotecados; además, Capoche tiene hacienda con que pagar la deuda y dejar sus ingenios libres para sustentarse; Potosí, 1593.6.IX (fs. llv-13). g) Sentencia pronunciada por el contador Diego Bravo, teniente de corregidor, ordenando el remate de los ingenios, sin embargo de la oposición; Potosí, 1593.13.IX (fs. 13v-14). h) Remate del ingenio que está en la ribera de Potosí en Luis Ramón de Lizárraga, único postor, en la suma de 5.996 pesos de plata ensayada; Potosí, 1593.14.IX (fs. 15 v-16 v). i) Traspaso del remate del ingenio y los indios que le están repartidos, por Lizárraga a Corro; Potosí, 1593.14.IX (fs. 16v-17). /') Oposición de Capoche a la posesión y uso de Corro en el ingenio rematado. Protesta 46 LUIS CAPOCHE visitó el ingenio de Capoche en Potosí e informó que molía y beneficiaba mucha cantidad de mineral; su otro ingenio, en Tarapaya, se encontraba en repara- ción (21). Capoche tenía treinta y ocho años de edad (22) cuando escribía la Relación en J585 y, de acuerdo con las evidencias documentales, pudo vivir hasta 1613 (23). recurrir ante la Audiencia de La Plata. Trascribe las ordenanzas 6 y 7 del virrey Toledo. Asimismo una provisión de éste, fecha en el valle de Yucay, 1572.22.V, sobre que para el fomento de las minas de Potosí, Porco, Berenguela y otras de esta provincia, las ejecuciones por deudas de los dueños de minas no puedan trabarse en ellas, los ingenios, ni esclavos o útiles afectados al trabajo minero, sino solamente en los frutos, etc.; Potosí, 1593.20.IX (fs. 17v-24). k) Réplica de Corro para que se le confirme la posesión, una vez que las disposiciones del virrey Toledo son para que no cese el trabajo minero y Capoche «ny trae labor de mynas ny tiene en- sus yngenios molienda ny aprobechamyento alguno antes agora de presente el que tiene en tarapaya esta parado y no muele tres años a y el que tiene en esta rribera no a molido en las aguas pasadas seys mili quintales y en las otras ninguna cosa de manera que las dichas haziendas siempre las a tenido desiertas»; Potosí, 1593.20.IX (fs. 24v-25v). /) Mandamiento del teniente de corregidor para que se dé posesión a Corro en el ingenio de Capoche en esta villa, con sus pertrechos, canal, rueda, chiscón, eje, mazos, morteros, almadanetas, casas de vivienda, buitrones, tinas, cancha, galpones, indios de repartimiento, etcétera; Potosí, 1593.14.IX (fs. 25 v-28 v). Acto de posesión, 1593.15.IX (fs. 28v-29v). m) Apelación de Capoche para ante la Audiencia de La Plata; Potosí, 1593.16.IX (fs. 29v-34). A. Auto de la Audiencia de La Plata confirmatorio de la sentencia pronunciada en este pleito en Potosí; 1593.30.IX (fs. 35). 4. Suplicación de Luis Capoche contra el auto antecedente. Reitera que deben aplicarse las ordenanzas del virrey Toledo «por que los hombres que an gastado sus haziendas en "om- prar minas y idificar yngenios para el bien común de la rrepublica y para aumento de vuestt»? rreales quintos y por desgrasio [sic] como es ordinario le acuden un año o dos mai los metales y por esta causa se empeñan no es justo que luego sean desposeídos» etc. Observa que el ingenio fué rematado por muy menos de su valor que es de más de 20.000 pesos «por ser uno de los mejores de la rriuera» quedando así defraudados otros acreedores; La Plata. 1593.6 X (fs. 36-36 v). 5. Petición de Luis Capoche a esta Audiencia para que siendo esta la época de reparación de ingenios en Potosí, se nombre administrador que saque los indios y haga los reparos debidos en el ingenio materia de esta causa, a fin de que se encuentre en estado de moler en las próximas aguas; La Plata, 1593.7.X. Nombróse administrador a Pedro de Astudillo (f. 37). 6. Respuesta de Corro: Las disposiciones restrictivas del virrey Toledo obedecieron a que en su tiempo «solo auia en la uilla de Potossi ocho o dies yngenios y esos de magos de pie que todos ellos eran de tan poco efecto que no molian lo que agora muele un yngenio de agua mas agora que ay tantos yngenios y en tanta abundancia los beneficios de moles metales como es notorio y a vuestra alteza le consta cessa la razón en que se fundo la dicha ordenanga». A Capoche le queda el ingenio de Tarapaya para pagar con los frutos a sus otros acreedores que por lo demás son fingidos; Potosí, 1593.8.X (fs. 38-38 v). 7. Capoche pide que, habiéndosele suscitado otros pleitos de acreedores en Potosí, teme que se le vendan sus minas y el otro ingenio y pide que se le señale por cárcel la villa de Potosí, el cerro, Tarapaya y Tabaconuño y no se le vendan sus bienes. La Audiencia provee nuevo auto, sometienda la causa a prueba con término de - veinte días. Capoche solicita am- pliación a los cincuenta días de ordenanza para Potosí y se le concede; La Plata, 1593.11.X- 12.X (fs. 37-41). (21) «Visita que hizo el capitán Alonso Vázquez Dávila Arze...» Bibliothéque Nationale (París). Ms. Esp. núm. 175, fs. 220-220 v. Otras referencias a los ingenios de Capoche a fs. 232v-233, 246. (22) «Traslado de los autos que el corregidor de Potosí hizo con los oficiales sobre el tanteo de cuentas y llaves que quitó de las cajas a Martín de Mardones, teniente de tesorero, y la información hecha por el licenciado Lupidana, por comisión de la Audiencia de La Plata, contra el corregidor de Potosí, don Alonso de Leyba.» Los Reyes, 9 de julio, 1586. Archivo de Indias, Charcas 35, núm. 70. La declaración de Capoche es del 27 de noviembre de 1585 y consta a fs. 182-197 v, y al final de su declaración indica que su edad es de 38 años. (23) Los dos últimos documentos conocidos sobre Capoche fueron descubiertos y extratados por Gunnar Mendoza L.: 1613: Poder otorgado por el arzobispo de La Plata al padre Nicolás Duran, de la Compañía de Jesús, para la ejecución de la última voluntad de Luis Capoche, en lo que le toca. La Plata, mayo 6 de 1613. (ANB. Escrituras públicas, Gaspar Núñez, año 1613, f. 216 v). Don Alonso de Peralta, arzobispo de La Plata, dice que habiendo muerto en la villa de Potosí Luis Capoche, vecino que fué de ella, en su testamento dejó por heredera a su alma, para que del remanente de sus bienes se distribuya en obras pías, lo cual, conforme a derecho, RELACIÓN GENERAL 47 Prefirió, al parecer, una vida tranquila, si la ausencia relativa de documentación fuera una prueba de ello; no desempeñó oficios comunales ni reales, pagó cumpli- damente las gabelas que le correspondían (24), y participó muy poco en las quere- llas gubernativas y legalistas del tiempo (25). Una vez, atestiguó contra cierto codi- corresponde al otorgante. No pudiendo ir personalmente a Potosí a procurar que se cobre dicha herencia y se distribuya, y porque al tiempo que el secretario Juan Bautista Rocafort, que fué tenedor de dichos bienes y dio cuenta de ellos ante la Audiencia de esta ciudad, donde se litigó la causa, se mandó que en lo tocante al legado de referencia, ocurriesen ante el arzobispo, éste otorga poder al padre Nicolás Duran, de la Compañía de Jesús y rector del colegio de esta ciudad, para que vaya a Potosí y tanto en ella como en La Plata y cualesquiera otras partes, haga todos los autos y diligencias que convenga, pida cuentas a los tenedores de los bienes, hasta que se aclare lo que queda para el ánima del difunto, y lo cobre. 1613: Donación hecha por el arzobispo de La Plata, en favor del Colegio de la Compañía de Jesús de dicha ciudad, de los bienes que Luis Capoche legó a su alma.—La Plata, junio 4 de 1613. (ANB. Escrituras públicas, Gaspar Núñez, año 1613, f. 245.) Don Alonso de Peralta, arzobispo de La Plata, dice que por cuanto Luis Capoche, vecino que fué de la villa de Potosí, dejó por sus bienes un ingenio de agua para moler metales y unas minas en el cerro rico de dicha villa, y en su testamento instituyó por heredera a su ánima después de pagadas sus deudas; y habiéndose seguido pleito en la Audiencia de La Plata sobre los bienes de Capoche y sobre las cuentas que de su aprovechamiento dijo el secretario Juan Bautista de Rocafort que fué administrador del ingenio y las minas, se proveyó un auto para que el arzobispo, por el ecónomo del alma de Capoche, pidiese lo conveniente en dichas cuentas y dichos bienes; y como quiera que el prelado, por sus notorias ocupaciones en el gobierno del arzobispado, no puede llevar adelante este asunto, ni encomen- dándolo a personas que no tengan verdadero interés podrá obtenerse nada, ahora, para que el ánima de Capoche comience a gozar de algunos sufragios, hace donación del derecho que aquélla puede tener a estos bienes, al colegio de la Compañía de Jesús de esta ciudad, en el ingenio, minas y demás bienes que quedaron de Capoche, para que todo ello lo tenga dicho Colegio para ayuda en la obra de la iglesia que ahora comienza a hacerse y edificarse. La cual donación la hace en la persona del padre Nicolás Duran, que al presente es rector del Colegio, y en los demás padres y rectores que ahora son y serán, con cargo que los religiosos de dicho colegio encomienden a Dios el ánima de Capoche y hagan bien por ella. Y con esto declara haber cumplido con la distribución de esta obra pía, pues hace la donación para un efecto tan santo como es la obra de la iglesia del Colegio de que ha de resultar tanto provecho a los moradores de esta ciudad y provincia y la mayor gloria y honra de Dios y descargo del ánima de Capoche. Y así da poder al Colegio para que puedan tomar y continuar la pose. sión del ingenio y las minas y demás bienes dejados pop Capoche, para aprovecharse de ellos o venderlos y aplicar los frutos a la obra de la iglesia. En agosto 12 de este mismo año comparece el padre Nicolás Duran, rector de la Compañía de esta ciudad, y dice que teniendo noticia de esta donación, la acepta en nombre del Colegio y se obliga a todo lo que le corresponde, y que todos los religiosos del Colegio harán bien por e! ánima de Luis Capoche. (24) BNB. Acuerdos del cabildo de Potosí. Tomo I, f. 171 v. Capoche está empadronado, en 24 de julio de 1601, como uno de los «vecinos y moradores», con la obligación de pagar «diez pesos de alcabala». (25) Vista la escasez de datos biográficos sobre Capoche, será útil registrar la infor- mación hasta aquí descubierta. Marie Helmer encontró en el Archivo Histórico de Potosí (Sección IV, Escrituras Públicas) los documentos siguientes: 1588: residente en Potosí, se obliga a moler 4.000 quintales de metal, cernirlos desde el primer día que comenzare a moler el ingenio, de forma que den 4.000 quintales de harina, por razón para cada quintal de 20 tomines, legajo 13, escribano Pedro Ochoa, f. 2.400. 1589: vecino se Potosí, se obliga a pagar a Alonso González de la Pana, residente en Potosí, 1.097 pesos de plata ensayada, por razón de 2.194 libras de hierro Librado en 28 almadanelas, legajo 3, f. 205. 1594: vecino de Potosí, se obliga a moler y cernir a Martín de Bertendona en su ingenio de agua en la Ribera 20.000 quintales de metal de plata a 4 tomines el quintal. Dará para la saca del metal 32 indios de cédulas (28 canas y «asychuquicotas», 4 arapas), hasta las aguas venideras de 1595. legajo 143, f. 1.551. 1603: Carta de pago otorgada por Jorge de Paz, como concesionario de Luis Capoche para cobrar de Gonzalo del Campo 1.720 pesos ensayados del arrendamiento que hizo de un ingenio de agua de diez mazos en la Ribera, por escritura otorgada ante Nicolás de Guevara, escribano público y de cabildo, su fecha 12 de agosto 1592. 13 de marzo 1603. legajo 35, f. 742. El testamento de Capoche no se encuentra en este Archivo, según se infiere de la prolija búoqueda hecha por Mlle. Helmer en un profuso material, de 1603 en adelante, sin hallar nada. Otra breve referencia a Capoche existe en la Sección L del ¿¡Apuntamiento de los indios que el Licenciado Esteban Marañón y don Pedro Zores de Ulloa y Diego Bravo señalan para las minas y para los ingenios y beneficios, y los que van reservados a su excelencia van a la 48 LUIS CAPOCHE ciosp corregidor que oprimía a los indios y era dado dado al juego (26). Muy parva información sobre la vida de Capoche ha salido a luz, y dependemos casi ente- ramente de la Relación para saber qué clase de hombre era y por que compiló su curioso y notable informe sobre Potosí. ¿Cuál la razón de la obra? No por escribir «curiosidades» ni por ninguna pretensión literaria, exclama enfáticamente (27). En la dedicatoria al virrey ex- plica que su intención principal fué facilitar la comprensión de los asuntos de! Cerro y sus dificultades. Considera que los problemas de Potosí eran los más complejos y laberínticos que el virrey tendría que afrontar y que no se podía contemplarlos bajo la luz adecuada, a menos que una persona con experiencia los presentase. La Relación está, pues, compuesta para información del conde del Villar, que a la sazón estaba naciendo la larga y ardua travesía de España al Perú. El anciano y achacoso virrey debió luchar durante su gobierno (1585- 1589) contra los corsarios ingleses, ávidos de hacer presa en las ricas flotas es- pañolas del Pacífico, y contra los infieles chiriguanos, las viruelas, los terremotos y la corrupción de eclesiásticos y de seglares, pero Potosí fué, sin duda, uno de sus señalados y constantes desvelos (28). El virrey había sido advertido sobre las arremolinadas condiciones sociales y económicas de Potosí antes aún de salir de España y, consiguientemente, había comisionado a su leal amigo y deudo don Pedro ele Córdova Mesía para que averiguase los pormenores de la materia, de suerte que al llegar al Perú él pu- diese disponer de un informe de primera mano. Córdova Mesía fué a Potosí, co- noció a Capoche, obtuvo, al parecer, el acceso de éste a los documentos oficiales, y no solamente lo estimuló a escribir la Relación,- sino que le urgió a incluir un capítulo sobre las tasas de indios (29). Posteriormente, Córdova Mesía fué co- postre>‘. Potosí, Nov. 15, 1591. Archivo de Indias, Lima. 272. Aquí se indica que se le con-
cedieron 30 indios para su ingenio de Tarapaya.
(26) Gunnar Mendoza sintetiza el carácter de Capoche en esta forma: «Se han revisado
los libros del cabildo de Potosí de 1585 a 1610 y los papeles de la audiencia de Charcas (co-
rrespondencia con autoridades de Potosí, Lima y España; libros de acuerdos; expedientes) de
1570 a 1610, y, en vista del pequeñísimo fruto recogido parece lícito concluir en que
CaDOche fué un hombre modesto y pertinazmente retraído; en Potosí no fué miembro del
cabildo, ni candidato a tal, ni funcionario de la administración minera (alcalde mayor de
minas veedor del cerro, etc.), a pesar de sus grandes conocimientos en la materia. Una
ausencia tan cerrada no parece casual: es que el hombre no gustaba de estas cosas: hurtaba
deliberadamente su persona a ellas, cuidaba su independencia. El dato perfila mejor su silueta
en el ambiente coetáneo.»
(27) «Relación», f. 77 v.
(28) ROBERTO LEVILUER, ed.: Gobernantes del Perú (14 vols., Madrid, 1921-1926),
provee mucha información sobre el conde del Villar, 1584-1591, en los volúmenes X-XI.
(29) «Relación)’, fs. 91 v, 95. Córdova y Mesía servía por entonces el oficio de Alguacil
Mayor en la Audiencia de Lima. LEVILUER, Goberiumteí del Perú-, X, 141. Gunnar Mendoza
hace un agudo análisis de este punto en carta al autor, de Sucre, 4 de abril de 1957:
Hay algunos hechos significativos: o) La Relación no solamente está dedicada sino dirigida
al virrey, según se ha hecho notar, constituyendo un documento elaborado ex profeso para la
oportunidad de la llegada del nuevo virrey; la dedicatoria y el texto rebosan de indicios
al respecto: «para que … tenga vuestra excelencia noticia de todo» (f. 77v), etc. b) Por la
misma Relación (y se confirma esto en la correspondencia citada del conde del Villar al rey)
se deja entender que con motivo de dicha llegada, Potosí estaba enviando procuradores a
gestionar varias cosas, c) En diversos apartes, la Relación anuncia su disconformidad con los
planteamienots de esos procuradores, v. gr.: «es de considerar que la primera cosa que han
de decir los procuradores a vuestra excelencia es que está esta villa perdida ) sus vecinos
pobres, y que si no les bajan el azogue y el jornal de los indios no se podrán sustentar.
Y por esta relación verá vuestra excelencia cómo los quintos cada año han ido aumentando
y que la caja se entera en los tributos como las demás del reino y que es grande el consumo
de azogue y coca»; la Relación llega hasta ironizar al respector: «Cosas que [el lujo, la
abundancia, los juegos, las limosnas, etc., en Potosí] que ponen admiración, y por otra parte
ver cuan arruinado está el cerro y los metales sin ley, y todos con gran querella y miseria.
La concordancia de estas cosas remito a los procuradores, que tienen obligación de dar
razón de todo», d) El carácter ex profeso de la Relación se podría concretar, pues, hasta el
punto de decir que no sólo pretendía informar al virrey, sino salir al paso a los procuradores

RELACIÓN GENERAL

49

rregidor de Potosí, y por todas las referencias documentales disponibles fué un
gobernante capaz y experimentado que por mucho tiempo gozó de la confianza
de ministros muy principales del rey (29a).
Los vecinos de Potosí, por su parte, preparaban para el nuevo virrey un in-
forme por intermedio de sus procuradores, y Capoche sabía que éstos iban a pin-
tar un sombrío cuadro sobre el ruinoso estado de la minería, como argumento
para obtener precios menores para el azogue y asignaciones mayores de indios.
Lo cual induce a Capoche a comentar irónicamente que dichos procuradores ten
drian que explicar la conexión entre su lamentable pintura de los pobres potosinos
y ios hechos verdaderos, ya que, según dice, las reales rentas «han ido en au-
mento de año en año, el consumo de coca y azogue es grande, se ostenta mucho
lujo, hay gran abundancia de géneros, fiestas numerosas y liberales donaciones
para la caridad y las iglesias» (30).

que Potosí enviaba a Lima con motivo de la llegada del nuevo virrey, para hacerles oposición
en diversos puntos, más bien que para acompañarlos o respaldarles, dentro del juego de inte-
reses que era rutinario en un centro como Potosí, e) Siguiendo por esta línea, sería importante
esclarecer cuáles fueron las relaciones de Capoche con don Pedro de Córdova y Mesía, citado
en la Relación en dos parles con un tono obsecuente de protegido o valido: «El muy iluslrí-
simo señor don Pedro de Córdova Mesía» (í. 91 v, 95). /) Capoche llega a decir, en el capítulo
de las tasas, que acometió el trabajo de escribir sobre Potosí porque se lo pidió o mandó
Có’dova y Mesía, quien—detalle importante—había venido ya a Potosí con el fin deliberado
de recoger impresiones para transmitirlas al nuevo virrey: «Conozco que era menester otro
ingenio que el mío para tratarlo, y si a esto hubiera de tener consideración mil causas había
para dejarlo hacer por mi rudeza. Y excúsame el haberme hacho merced yu? ¡.uv.ua