Luis Capoche. RELACIÓN GENERAL DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ (1585). Луис Капоче. Общий доклад об Имперском Городе Потоси


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Луис Капоче. Общий доклад об Имперском Городе Потоси (1585).
Luis Capoche. RELACIÓN GENERAL DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ (1585).

RELACIÓN
GENERAL
DE LA VILLA
IMPERIAL
DE POTOSÍ

OBRA CUSTODIADA POR EL
ARCHIVO Y BIBLIOTECA NACIONALES DE BOLIVIA

BIBLIOTECA
DE
AVTORES-5
ESPAÑOLES
DESDE LA FORMACIÓN
DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DlAS
(CONTINUACIÓN)

TOMO CXXII
RELACIONES HISTORICO-
LITERARIAS DE LA
AMERICA MERIDIONAL

MADRID

BIBLIOTECA
DE
AUTORES ESPAÑOLES
(CONTINUACIÓN)

TOMO CENTESIMOVIGESIMOSEGUNDO

Continuación de la
COLECCIÓN RIVADENEIRA
publicada con autorización de la
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

BIBLIOTECA
DE
AUTORES ESPAÑOLES
DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS
(CONTINUACIÓN)
Relaciones histórico-literarias de la América meridional
LUIS CAPOCHE
RELACIÓN GENERAL
DE
LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ
EDICIÓN Y ESTUDIO PRELIMINAR POR LEWIS HANKE
CONCOLORCORVü
EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES
ESTUDIO PRELIMINAR DE JOSÉ J. REAL DÍAZ
EDICIÓN DE JUAN PÉREZ DE TUDELA

MADRID
1959

Depósito Legal: M. 12.456-1969

Gráficas Yagües, S. L.—Plaza Conde Barajas, 3.—Madrid.

LUIS CAPOCHE

RELACIÓN GENERAL
DE
LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ
UN CAPITULO INÉDITO EN LA HISTORIA
DEL NUEVO MUNDO

PROLOGO Y NOTAS
DE
LEWIS HANKE

Esta obra ha sido preparada con la generosa ayuda de
la Sociedad Filosófica Americana, de Filadelfia, y el
Instituto de Investigación de la Universidad de Texas,

I

POTOSÍ: SUPREMA CIUDAD DEL AUGE (1)
Ninguna ciudad sobre la vasta haz de las Indias Occidentales ganada para el
rey de España—excepto México, acaso—ha tenido un curso más sugestivo o más
importante que Potosí, en el virreinato del Perú. La colorida historia de esta
ingente montaña de plata comienza cuando el inca Huayna Cápaj quiere excavarla,
casi un siglo antes que lleguen Jos españoles. Cuenta la leyenda que un ruido terrorí-
fico lo paralizó y que una voz misteriosa le ordenó en quechua: «No saquéis la
plat?. de este cerro, que está destinada para otros dueños» (2). Los conquistadores
no escucharon en 1545 un mandato isemejante, al tener noticias sobre el rico mi-
neral argentífero por unos indios que lo habían descubierto accidentalmente, y es
indudable que aun escuchándolo no habrían vacilado en reputarse dueños ¡abso-
lutos en derecho. Comenzaron, pues, a trabajar de inmediato al Potosí, que iba
a ser uno de los centros mineros más celebrados en la historia del mundo.
Buscadores de tesoros llovieron desde España y otras muchias partes, sobre
este yermo e inhóspito paraje peraltado isobre los Andes para extraer la plata de
el Cerro, montaña en forma de pan de azúcar, que se yergue1 majestuosamente a una
altura de 4.890 metros sobre el nivel del mar. El primer censo, hecho por el virrey
don Francisco de Toledo unos veinticinco años después que la nueva de la veta
relumbrara por vez primera en el mundo, sumó el monto increíble de 120.000
habitantes. Hacia 1650 la población había subido a 160.000 almas, se dice, y
Potosí era sin disputa la ciudad mayor en América del Sur. Cuando las colonias
de Virginia y Massachusetts Bay Coíony eran apenas unas criaturas balbuceantes,
insccniscientes de su medro futuro, Potosí había prodigado ya tal cantidad de plata,
que su solo nombre constituía un símbolo universal de riqueza inaudita, según
advierte Don Quijote a Sancho Panza (3). Lo decían los españoles: «Vale un
Potosí». La frase as rich as Potosí se hizo corriente en la literatura inglesa. Al
cabo de una generación después de su descubrimiento, las astronómicas cantidades
(1) Quiero testimoniar aquí mi sentimiento de viva gratitud al doctor Gunnar Mendoza L.,
de la Biblioteca y Archivo Nacional de Bolivia, y a mi colega, profesor Ramón Martínez-
López de la Universidad de Texas, por su valiosa ayuda en la preparación de este estudio.
Esta Introducción ha sido basada en un estudio con el mismo título publicado en 1954 por
la Universidad de San Francisco Xavier, en Sucre, Bolivia.
(2) Esta tradición consta en la Historia de la Villa Imperial de Potosí (siglo XVIII),
de BARTOLOMÉ ORSÚA Y VELA, de la que tan sólo se han publicado parte de los capítulos
iniciales. Mayor información sobre esta obra, iafra, notas 20 y 24. VICENTE G. QUESADA,
entre otros, utilizó el manuscrito y divulgó la tradición en sus Crónicas potosiaas. Costumbres
de la edad medieval hispano-americana, I (París, 1890), pág. 5.
(3; Ver FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN, ed.: Cervantes ingenioso hidalgo Don Quitóte,
2.a ed., VIII, págs. 282, para el proverbio «Vale un Potosí». Potosí, como sinónimo de gran
riqueza puede encontrarse en obras manuales como Roget's International Thesaurus of
Engliíh Words and Phrases (Nueva York, 1925), núm. 803.

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LUIS CAPOCHE

de plata extraídas de allí eran conocidas por los enemigos de España y otros pueblos
en rincones alejados del mundo. Los portugueses, rivales siempre alerta de España,
marcaron pronto a Potosí en sus cartas geográficas, y hasta en el mapamundi
chino del padre Ricci figura en su posición correcta con el nombre de Monte
Pei-tu-hsi (4).
La prosperidad duró unos dos siglos. En su transcurso, la Villa Imperial—tal
el título que oficialmente le impuso el emperador Carlos V—fué habitada por una
sociedad tan rica y desordenada como el mundo apenas había visto antes. El vicio,
la piedad, el crimen, las fiestas de los potosinos, todo asumía allí proporciones
enormes. En 1556, por ejemplo, a los once años de su fundación, la villa celebró
la coronación de Felipe II con un festejo que duró veinticuatro días y costó ocho
millones de pesos. En 1577 se invirtieron tres millones de pesos en formidables
obra» hidráulicas, progreso que anunció una era de prosperidad aún mayor.
Hacia el fin del siglo xvi, los mineros ganosos de esparcimiento podían elegir entre
catorce escuelas de baile y treinta y seis casas de juego, y tenían un teatro cuyos
asientos costaban de cuarenta a cincuenta pesos (5). Poco después, celebrando un
acaecimiento eclesiástico, uno de los gobernadores organizó una «grandiosa fies-
ta4, en la que exhibió -un jardín hecho exprofeso, «encerrando en su clausura cuan-
tos animales fieros tuvo el arca de Noé [...]. Hubo cañas que manaban vino,
chicha y agua a un tiempo» (6). El cronista agustino del siglo xvn, fray Antonio
de la Calancha, declara: «Predominan en Potosí [...] los Signos de Libra i Venus,
i cas" son los mas que inclinan a los que allí abitan a ser codiciosos, amigos de
música i festines, i trabajadores por adquirir riquezas, i algo dados a gustos
venéreos.» (7) Las escasas noticias hoy a mano destacan en forma parecida los
placeres carnales que brindaba el rico asiento argentífero, así como los raros,
admirables y milagrosos sucesos de su tumultuosa historia. Puede decirse que
nuestro conocimiento sobre Potosí yace aún en el estadio folklórico
Por muchos años Potosí fué la suprema ciudad del auge y de la turbulencia.
La traición, el homicidio y la guerra civil florecieron como fruto natural del juego,
la intriga, la enemistad entre españoles peninsulares y criollos americanos y la
rivalidad por el favor de las mujeres. La riña cruenta llegó a ser un pasatiempo,
una actividad social reconocida. Hasta los cabildantes concurrían a los acuerdos
armados con espadas y pistoletas y protegidos con petos y cotas. El dominico fray
Rodrigo de Loaysa caracterizó «aquel maldito cerro de Potosí» como una zahúrda
de iniquidad (8), mas el virrey García Hurtado de Mendoza declaró por su parte
que el asiento era «el nervio principal de aquel reino» (9).
JNo muy entrado aún el siglo xvn había en la villa, a un tiempo, de setecientos
a ochocientos tahúres profesionales y ciento veinte célebres prostitutas, entre éstas
la temible cortesana Doña Clara, cuya belleza y riqueza fueron impares, según

(4> Lionel Giles menciona la ubicación de Potosí en esos mapas primitivos en su artículo
«Translations from the Chinese world map of Father Ricci», Geographical Journal, Lili
(Londres, 1919), pág. 27.
Los libros de LAVINO APOLONIO, De Peruviae Regiouis (Amberes, 1567) y GERÓNIMO CAR-
DAN, De Rerum Varielale (Basilea, 1557) muestran cuan rápidamente Europa sabía de Potosí.
(5) Muchos curiosos detalles sobre la vida fastuosa de los mineros se encontrarán en
la historia ms. de Orsúa y Vela citada, supra, nota 2.
(6) RAÚL MOCLIA, ed.: «Representación escénica en Potosí en 1663), Revista de Füosojía
Hispánica, V (Buenos Aires-Nueva York, abril-junio, 1943), núm 2, págs. 166-167. Cítase

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