HISTORIA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA. История республики Колумбия.

История республики Колумбия.
HISTORIA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA.

HISTORIA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA

PARIS.
EN LA IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE J. PINARD,
1827.

PREFACIO…………………………………………………….. i
TERRITORIO COLOMBIARO. — Situación geográfica. — Tempe-
raturas . — Aspecto físico……………………………….. 9
División antigua.—División nueva……………………. i3
PRIMERA PARTE.
CAPÍTULO PRIMERO. — Descubrimiento y conquista de las
diferentes provincias de Colombia……………………… 17
CAP. II.—De la población que tenia Colombia al tiempo,
de su descubrimiento. — Primeros medios empleados
para hacer establecimientos allí……………………….. 34
CAP. III» — Régimen colonial. — Población nueva. — De
los Indios…………………………………………………. 48
SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO PRIMERO. — Causas y preludios de la.revolución.
— Situación de la España. — Insurrecciones en la Nueva
Granada. —Independencia de Venezuela………………. 68
CAP. II. — Temblor de tierra en Caracas. — Nueva ocu-
pación de Venezuela por los Españoles. — Bolívar……. 91
CAP. III. — Situación de la Nueva Granada. — Congreso
de Tunja. — Guerra civil. — Bolívar en Cartagena…… io3
CAP. IV. — Libertad de Venezuela conseguida por Bo-
lívar………………………………………………………. Ji3

CAPÍTULO V.— Alistamiento de (os esclavos y nuera ocupa-
ción de Venezuela por los Españoles. — Sacrificio bizarro
del joven Ricante. — Bolívar en la Nueva Granada…… ia3
CAP. VI. —Vuelta del rey Fernando á España. — Expe-
dición confiada á Morillo. —Situación en que se encon-
^traba el jufcblo colombiano. —Las Guerrillas……….. 157
^flfp.* VR. Vpu^isioj de la Margarita r^aJ las costas
de Venezuela. — Sitio de^artaffeuaVV^ueVa^dcupa-
cion de la Nuera-Granada por los Españoles. — Sacri-
ficio generoso de la joven Salararieta.~….< ».......14^ CAP. VU1.—Insurrecciones de Venezuela. — Primera expe- dición naval de los independientes. — Acciones en la Margarita, Ocumara, Barcelona, etc. — Conquista de La Guayana por los republicanos............................ 161 CAP. IX. —Rebelión del mulato Piar.— Campaña de 1818. — Situación política............................................ 176 CAP. X. — Congreso de Angostura; ideas constitucionales de Bolívar. — Libertad de la Nueva Granada y su unión con Venezuela.— Ley fundamental. — Sucesos militares en 1819 y 1820................................................... 191 CAP. XI. — Restauración de la Constitución en España en i8ao. — Negociaciones ; armisticio.— Entrevista en Santa Ana........................................................ 217 CAP. XII.— Nuevas reuniones de territorios á la República. — Rompimiento del armisticio. — Batalla de Carabobo, decisiva en favor de la independencia de Venezuela. — Deliberaciones del Congreso 5 publicación del Acta constitucional...................................................... 2 4o CAP. XHI. — Situación general................................. *63 ACTA DE «DEPENDENCIA DE VENEZUELA........................... »8e ACTA DIPLOMÁTICA.................................................... a83 CONSTITUCIÓN DF LA REPÚBLICA DE COLOMBIA.................... a85 HISTORIA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA. PREFACIO. PUEDE decirse que en la historia general de las colonias se encuentran señalados los dife- rentes caracteres de la cultura humana. En ella puede verse al Egypto llevando sus artes y sus luces á varios pueblos todavía sal- va ge s, uniéndose en familia con ellos para pro- tegerlos y fundar así unidos el mas celebrado imperio. La Grecia, menos prudente, pero mas brillante, cubre muy luego el mundo con sus emigraciones y lo agita con sus rivalidades; pero entonces mismo ese gran número de ciu- dades zelosas, á quienes ella habia dado el nom- bre de hermanas ó de hijas suyas, parece que soló disputaban á sus metrópolis el derecho de inmortalizar la familia. a HISTORIA Menos noble se presenta la ambición que distinguió el poder de Cartago : la avaricia era el obgeto principal de sus establecimien- tos; su comercio era de monopolio; su po- lítica hacia esclavos : epi dejaba en seco los manantiales de felicidad en las costas que so- juzgó , y puso á si$ propios hijos en la necesi- dad eje invocar quien destruyese aquel poder pajf^jeoj^^uir^ ellq^su libert&d-Q En fin Roma se apo&er% delN^operio del mundo: quiere aliados en los países que adop- ta como suyos y exige de ellos que entren á la parte de sus virtudes y de su gloria. La orgullosa ciudad cae á su vez. abandonada de todos, pero dejando m todas partes su nombre : mientras existió, se sobrellevaba coa paciencia su tiranía; cuando ya no exister se tiene por grande honor el haber estado aso- ciado á sin grandeza» Los pueblos modernos herederos de la anti-r güedad pero émulos suyos mas interesados que heroicos, sin inventar nada de nuevo, escogiendo entre estos ejemplos se decidieron por dar las leyes púnicas á sus colojúas. No es pues de admirar que tantas provincias con- quistadas sacudan una después de otra la opre- sión del vepcedor, avergonzadas de sus an- tiguos recuerdos y aun mostrándose ingratas DE LA COLOMBIA. 3 á los beneficios siempre que estos sirven de testimonio de una larga injuria. Así es como la América del sur abre hoy la era de su li- bertad. Los inevitables progresos del talento htir mano se encuentran no menos confirmados en medio de una revolución, que descubre ta existencia de ánimos elevados en el seno de nná poblacipn humillada durante muchos si- glos : ¡ Cuadro consolador digno sin duda de las meditaciones de la historia ! Es verdad que algunos hechos contemporáneos pueden sen juzgados de muy diversos modos : las pa- siones y los intereses, tan ingeniosos en des- figurar las causas como en exagerar los re- saltados, suelen frecuentemente usurpar una opinión general que fito merecen, ó piden á lo menos que el tiempo sancioné los juicios que se han formado. ¿ Pero esta sanción no está bien adquirida en todos aquellos pun- tos donde la prosperidad dé la independen- cia nacional ha ¿accedido á las miserias de la esclavitud política ? Si la historia no debe ser ya un. ampie registro de los actos del po- derysmo que dxrbe servir á un mismo tiem- po de experiencia para los pueblos y de ins- trucción para los reyes, nunca será demasiado pronto para admitir en ella aquellas naciones 4 HISTORIA donde la sujeción y el despotismo han dejado lecciones las mas terribles. Una nación en cuyos códigos se consagra- ban los derechos y libertades del pueblo ^que frecuentemente amedrentaba á la Europa en- tera con la gloria de sus armas; que brillaba á un tiempo por su famosa literatura y su esplendor caballeresco; esta nación dichosa, después de haber coronado sus trofeos con la conquista de un hemisferio desconocido, parece que debia proclamar en él los recientes triunfos qué las ciencias y las artes conseguían renaciendo en el antiguo continente. Mas la España lejos de corresponder á este noble des- tino, obró cerno si se la hubiera.encargado de abrir un refugio inmenso á las tinieblas arrojadas de Europa. Declaró guerra á todo lo que tenia facultad de pensar, tomó pose- sión únicamente de lo que podia producir, y cuando por estos medios hubo reducido el nuevo mundo á los males de la ignorancia y á las humillaciones de la tiranía, ella misma se sometió igualmente á los unos y á las otras, como si se la hubiera desheredado de las luces adquiridas por la especie humana. Su grandeza y sus riquezas nunca admirarán tanto como su abatimiento y su ruina; fruto de una ciega sumisión á ese poder que se apo- DE LA COLOMBIA. 5 dera del entendimiento para extraviar la di- rección del valor. Eternamente deberá servir la España de egemplo para que los pueblos se preserven del despotismo religioso. No era esta la única plaga que afligía á los castellanos de ultramar, pues la metrópoli, cual ¿madrastra envidiosa, los había colocado fuera "de la política, del comercio y de la indus- tria de sus contemporáneos. Tres siglos se han pasado, durante los cuales la Europa no ha hecho mas que divisar á lo lejos las colo- nias españolas; de modo que ^independen- cia de estas ha reproducido el interés que excitó su descubrimientonfoy por fin se puede conocer y estudiar aquella tierra, donde se en- cuentran reunidas todas las variedades morales cuya causa puede atribuirse á la diversidad de los climas. Con efecto, las nieves del polo y los calores del medio dia, la aridez de los desiertos afri- canos y la fertilidad del Yemen , el cielo puro de las Azores y el aire pestífero de Java, el terror de los volcanes y la seguridad de las lla- nuras; en suma, todo lo que constituye la riqueza ó la desolación deunpais, todo cuanto puede infundir languidezó turbulencia en sus habitantes, condenarlos á la vida salvage ó proteger su instinto hacia la sociabilidad; todas 6 HISTORIA estas causas físicas se manifiestan en lasregiones equinocciales del nuevo mundo. La civilización hubiera modificado los efectos de tales causas; pero era mui propio de la política de una sola nación el restituir casi intacta, en el siglo diez y nueve, la conquista hecha por sus ar- mas en el siglo quinze. Sin embargo, ya no son unas bandas de antropófagos, uñas tribus estúpidas, ni unos estrangeros imperiosos, los que hoy se presen- tan á nuestra observación; sino unos pueblos nuevos formados de diversas razas, y cuyo ori- gen participa tanto de la barbarie de los abo- rígenes, como del estado social dé la Europa á la época del descubrimiento. Ellos habian padecido los vicios de la escla- vitud, la hipocresía de |a sumisión monacal, la ruina que llevan consigo los proconsulados. Sus , intereses los ponían en oposición con la metró- poli, sin tener con ella otro punto de semejanza que la igualdad de adhesión alas supersticiones. Habíanse quedado sin lazos nacionales y aun sin patria , porque la universalidad del dogma parecía indicarles una patria común en todos los países católicos romanos; y acaso solo la diferencia de comunión los ha salvado de la dominación inglesa. De repente estos mismos pueblos impelidos DE LA COLOMBIA. 7 por una de aquellas inspiraciones á que. no puede dar dirección contraria la autoridad mas suspicaz se deshacen de una tutela de quien se encuentran ofendidos, para reclamar un puesto en el número de las naciones libres; presen- tando por títulos trescientos añoí de cautive- rio , la afrenta de sus cadenas, y el ardimiento y la firme voluntad de ser libres. Han dicho á sus antiguos dueños t a Si éramos de vuestra familia, debíais vosotros < darnos parte en las prerogativas que la madre patria concede á to- dos sus hijossi éramos vencidos ó esclavos, conservábamos el derecho de romper nuestros grillos. No hay contrato ninguno entre noso- tros. Vuestra autoridad era una usurpación ; el recobro de nuestra libertad es tan deber.» En vano la metrópoli ha pretendido por medio de una sangrienta locha, bolverlos á poner bajo su yugo; su insensato empeño ha consu- mado aquella gloriosa independencia. Todavía están hoy esos pueblos en la edad del heroísmo; pero los grandes resultados que su emancipación promete respecto del comer- cio, de la industria y de las ciencias, y acaso también de la moral elevada, llaman acia ellos la expectación de la Europa estudiosa; y pues que ya uno de esos pueblos añade á lo ilustre de sus armas lo prudente de sus miras políti- 8 HISTORIA cas, y puede estar ufano de haber producido un héroe digno de que se lo envidien las na- ciones ya de antiguo formadas, ese pueblo es sin duda por.el que deben comenzar sus anales. Bolívar en el hecho de haber elevado su patria al primer puesto entre las repúblicas nuevas, ha merecido también para ella la supremacía con que se la distingue en Panamá. La historia de Colombia se divide natural- mente en dos épocas, á saber, el régimen co- lonial y la revolución. La primera aunque muy larga en años, no presentaría el menor interés, sí se huvíese de tener, cuenta con el número de los delegados del poder que la dominaba. Nosotros subire- mos hasta la descubierta de ese país, no menos fecunda en prodigios del arte de navegar que en dichosas temeridades; recordaremos el es- tado de los naturales antes y después de los desastres de la conquista, y veremos por fin como se formó la nueva población. El 2°. periodo no comprendería ciertamente sino un corto espacio de tiempo; pero la varia fortuna de una libertad joven da á su historia una cierta agitación y brillo, que se engrandece ademas con la vista de todas las causas que han proporcionado la ruina del despotismo. Una de estas, y muy principal, fufe sin disputa la DE LA COLOMBIA. 9 libertad de la América inglesa, proclamada el año de 1776; y sí en la Francia misma data de esa época el renocimiento de sus ideas constitu- cionales, la América española debe referir con mayor razón á ese tiempo la era de su indepen- dencia. Bastaría esta breve explicación de nuestro trabajo, si el régimen colonial, que es una es- pecie de secuestro ó embargo, no hubiera mantenido casi desconocidos los territorios en que egercía su opresión. Pero indiquemos ahora :1a situación-y riquezas de ese mismo territorio que la libertad ha puesto en fran- quía para todos. TERRITORIO COLOMBIANO. Situación geográfica. — Temperaturas. — Aspecto físico. EL inmenso espacio de tierra que se honra hoy con el nombre de Colombia, es el primero que reveló el secreto de la existencia de un continente en el Nuevo-Mundo. Comprende el extremo septentrional de la América del sur entre el 7* de latitud S. y el i3a dte latitud N. y entre el 60o y 84° de longitud O. siendo su ex- tensión de 475 leguas del sur al norte, y de 600 io HISTORIA del este al oeste. Sus costas, que son de mil leguas, están bañadas por los dos oqceanos; al MEw el Atlántico, al N. el mar de las Antillas y al O. el llamado mar del sur. Sus límites son al NO. Goatemala; al S. el Perú y el Brasil; al E. la Cuayana inglesa. La cadena de los Andes que abraza sin interrupción los dos extremos sur y norte del nuevo esmisfiério, atraviesa toda la parte occidental de Colombia, y dirige dos de siis ramales á cubrir las provincia* del norte. Todqs las variedades de clima se encuentran en estas regiones en mui pequeñas distancias; y se puede en un mismo dia pasar desde el sol del África á los hielos de la Siberia, y detenerse alternativamente á gozar de los sitios mas ame- nos , ó huir de .la vista de lo mas hórrido de la naturaleza. La gigantesca Cordillera presenta como en escalones muy marcados todos los tem- ples ; las tierras calientes están al pie de los Andes , y hasta la altura de í\oo toesas; desde 600 á 900 toesas son las tierras templadas ; las frías se encuentran de mil á J4OO toesas de al- tura; mas arriba siguen los páramos, y en fin los nevados coronan las cimas, entre las cuales la mas alta, que es la del Chimborazo , sube hasta 335o toesas sobre el nivel dei mar. De modo que á la vista del viagero en Colombia se presentan las regiones mas ricas y pobladas DE LA COLOMBIA. n como suspendidas entre la tierra y el cielo. Tan prodigiosa variedad, permite cultivar allí con el mejor éxito todas lap producciones del mundo, alimentar y criar todas las especies conocidas de animales. Las regiones equinocciales tienen comun- mente seis meses de humedad y seis de sequía, bien que distribuidos de diferente modo en cada una. En las provincias de la Cordillera, rara ves cesan las lluvias un solo día en todo abril, mayo, y junio, octubre, noviembre y diciembre, al paso que en las hermosas campiñas de Venezuela, Caracas y Cumaná, donde hay lluvias desde abril hasta noviembre, disfrutan de un cielo muy despejado el resta del año. . En upas partes, luego que las lluvias han refrescado y fecundado la tierra, toma esta todo su ornato, y la atmósfera así purificada anuncia el clima brillante de los trópicos. Pero en otras partes, inmensos territorios se ven transformados en pantanos que exhalan un aire infecto, y hasta qu* vuelve la estación de esta especie de diluvio continuado, per- manecen aquellos testimonios de la salida de madre de los rios. Tales son esos llanos ó sábanas que mas ó menos asoladas se extienden tierra adentro de Colombia hasta las orillas la HISTORIA el Rio-Negro y de las Amazonas. Algunas tribus errantes,indómitas, andan por esos terrenos llamándolos su patria. Bosques inmensos obstruidos por la espe- sura de sus plantas medicinales y maderas de tinte y de construcción; rios multiplicados y susceptibles de abrir por ellos salidas muy útiles á los frutos del país, y otros aun mas considerables, qual es el Orinoco, que corre el espacio de 5oo leguas, y su anchura media es de 3oo toesas : y rocas empinadas hasta las nubes, y que se abaten luego como para formar puentes bajo las bóbedas de la Cordillera, ó para presentar una rampa al que* quisiese ensayarse á atravesar precipicios; lagos de grande extensión, y que cual si quisiesen acreditar la previsión de lá naturaleza, tienen sus manantiales en los parages que quedarían de otro modo en seco por el calor del ecuador; salinas inagotables, cuyo beneficio puede dar utilidades suficientes á competir con el de los metales; minas siempre fecundas, muchas de ellas todavía vírgenes, unas de hierro y cobre, de plata y oro, y otras presentando en sus aberturas piedras preciosas; en fin vastos desiertos abandonados á las bestias feroces; en seguida ciudades esparcidas de trecho en trecho, donde los insectos malignos parten DE LA COLOMBIA. i3 la mQrada. del hombre disputándole hasta el aire que. respira; ea un punto' brillantes' prodigios y objetos de terror; en otro mara- villas admirables, y miserias que acongojan; y por todas partes una magestad salvage que demuestra un territorio joven, dotado de todo género de riquezas, ansioso de cultivo, dis- puesto á presentar su. fertilitad en todas es- pecies , pero todavía desconocido para las ciencias industriales que modifican, hacen salubres, aproximan y llegan á poblar hasta los áridos desiertos : he aqui el aspecto físico que presenta Colombia.después de tres siglos de haber estado dominada por la España. División antigua. — División nueva. Durante el régimen colonial estaba dividido este territorio en dos principales secciones : i° Capitanía general de Caracas, creada en 1731 , con las provincias que se extienden desde las bocas del Orinoco en el Atlántico, hasta el golfo de Venezuela en el mar de las Antillas, y son á saber : Cumaná, Caracas, Trujillo , Maracaibo , Varinas, Guayana y la isla Margarita que está enfrente de Cu- maná. La capital era Caracas y allí estaba la Real Audiencia. Esta capitanía general, que de 14 HISTORIA pendía del virey de la Nueva Granada v com- prendía 48,000 legues cuadradas y un millot* de habitantes no contando las tribus indepen- dientes. ( Blancos 3oo,ooo; mulatos y mestizos 5ao,ooo;. negros 60,000; indios 120,000.) a° Reino de Nueva Granada, erigido tal en 1718 (r): su capital era Santa Fe de Bogotá, si- tuada en el centro. Este reino cortiprendia todos los territorios que cruaa la Cordillera desde la punta de Gallinas hasta los límites del Perú," como también los llanos que van desde el pie de los Andes hasta las fuentes del Orinoco, y las brutas de las Amazonas. Estaba subdividido en veinte provincias, á saber: Rio Hacha, Santa Marta, Cartagena, Pa- namá y Veraguas (el ísthmo), Choco, Antio- quía, Pamplona, Socorro, Tunja, Mariquita, Santa Fe, Neiva, Popayan, Quito, Guayaquil, Cuenca, Lo ja y Jáen, Quixos y Macas; y S. Juan de los Llanos. Había dos audiencias, una en Quito y otra en Santa Fe. El mando del vi- rey abrazaba mas de 65,ooo leguas cuadradas, cuya población no pasaba de dos millones (i) Hasta entonces todas las provincias de Colombia se gobernaban por oficiales particulares y dependían del virei- nato del Perú. DE I«A COLOMBIA. i5 de individuos (blancos 35o,ooo; mulatos y mestizos i,o5o,ooo; negros 100,000; indios 5oo,ooo y Hoy Colombia está distribuida en doce de» parlamentos, á saber: Del Orinoco;—capital, CumanéL De Venezuela; — capital, Caracas. Del Apuré; -r- capital, Fariñas. De Boy acá;— capital, Tanja. De Cundinamarca;— capital, Santa Fe de fiogotá^rmdemcfa del ^ob^erno 4lP^a repú- Del Cauca; — capital, Popayan. De la Magdalena; — capital, Cartagena. Del Isthmo; — capital, Panamá. De Quito; — capital, Quito. Del Asuay; — capital, Cuenca. De Guayaquil; — capital, Guayaquil. Todos estos territorios unidos forman una superficie de mas de 113,ooo leguas cuadradas de 2 5 al grado. Se podrá formar idea de esta extensión considerando que la Francia no tiene sino 26,000 leguas cuadradas, y para formar en Europa una superficie igual á la de Colom- bia , seria menester unir en un mapa la Tur- quía Europea, la Italia, España, Portugal, In- glaterra y Escocía, Alemania y la Francia. Es cierto que estos estados juntos presentan una i6 HISTORIA DE LA COLOMBIA. fuerza que da muy poca importancia á las di- mensiones geométricas;, pues encierran 46 veces mas individuos que toda Colombia, que es inhabitable tbdavia en algunos puntos, y' que apenas cuenta 3 millones y 400,000 ha- bitantes. Pero en toda su extensión el ter- reno no pide sino paz é industria; y con ellas promete felices destinos á una pobla- ción numerosa y libre. PRIMERA PARTE- CAPITULO PRIMERO. y* Descubrimiento y conquista «de las diferentes provincias de Colombia.. _ - _ 7 „ . . EA España, bajo el gobierno de Doña Isabel y Fernando, acababa de sacudir la. domina* cion de los Moros que había durado 800 años, y se hallaba en el principio de su pros- peridad. A esta sazón un estrangero, Cristo- bal Colon (x) se presenta para accelerar el progreso de esta prosperidad, anunciando imperios nuevos á la corona de Castilla. Des- (1) Es sabido que un error de este grande hombre hixo llamar Indios á los naturales de America : expresión impropria , pero que pues se halla consagrada por el uso, la adoptaremos tam- bién. i8 HISTORIA pues de haber sufrida todos los desprecios de la desconfianza, y todas las dilaciones pro- pias de la incertidumbre, se le permitió al fin dar principio á esa revolución geográfica que habia de influir tanto en el comercio, en las ciencias y en la política delaS sociedades & civiles antiguas. \ Este ilustre navegante desplegó mui luego (en 1492)9 Ia vandera española en Haití: con lo cual la corte de Madrid empezó á proteger con mayor eficacia estas lejanas ex- pediciones. Varios pilotos hábiles, émulos ó com^a^rbs^^^ol^^^^^éntab^iimpa- cientes á partir su gloria,*ó% ad^u¿jirla mayor, y algunos ciudadanos ricos fomenta- ban igualmente su ambición. Al mismo tiem- po lá Europa entera se mostraba zelosa del triunfo de los Castellanos, así como poco anr tes habia envidiado la fortuna de otros explo- radores : los Portugueses con sus \ i ages y sus buenos éucesos en los mares del Asia y del África, ya iban señalando desde medio siglo antes el renacimiento de los estudios geo- gráficos. En una palabra todos los conatos y todos los pensamientos del antiguo mun- do no tepiají ya otro obgéto sino la con- quista del nuevo. No obstante Cristóbal Colon tuvo la buena DE LA COLOMBIA. 19 suerte de que nadie se le adelantara en el mas importante de todos los descubrimientos. Ha- ciendo su tercer viage en 1498, después de ha- ber dado nombre á la isla de la Trinidad, tocó por primera yezen tierra del ^continente c este parage fue Paria, al S. E. de las Antillas, al embocadero del Orinoco. El ciertamente igno- raba lo ventajoso de esta posición; y asi costeó Cumaná, limitándose á visitar la isla que en este punto forma un canal de ocho leguas, y á la cual llamó Margarita. Su tripulación se sor- prendió principalmente de ver á aquellos isle* ños adornados de gran-cantidad de perlas. Sin pasar mas. adelante se volvió Colon á Santo Do* mingo; ya por el mal estado de sus buques, ya por algunos fenómenos que no acertaba á ex- plicar, y ya aun mas que todo, por su respeto á algunos falsos conocimientos que él habia tomado del Génesis ó de la geografía antigua. Pero inmediatamente envió la relaciott de su viage áEspaña. Ojeda luego que tuvo cono- cimiento de ella la di ó todo su valor: esté era un oficial instruido, valiente, y uno de lofe primeros compañerosdeCristoval, y le fue fácil lograr que muchas personas tomasen ínteres en el proyecto que formó de una expedición. Américo Vespücci, florentino rico é ilustrado, suplió los gastos del armamento¿ Juan de la ao HISTORIA Gossa , uno de los mas célebres pilotos , se encargó de la conducción del navio, y Ojeda se reservó eí mando. Partieron en mayo de 1499 , y su navegación fue tan feliz que dentro del mismo año dieron cabo á su empresa; siendo su resultado el extender el descubri- miento de Colon hasta el cabo de la Vela. An- tes de doblar la punta de Gallinas se detuvie- ron en el golfo que ha conservado el nombre, que le dio Ojeda, de Venezuela ó sea Venecia pequeña : las cabanas indias que cubrían aque- llos sitios aunque toscamente construidas sobre pilotage, le recordaron sin embargo, aquella entonces insigne capital. Americo que por sus luces no menos que por su orgullo se hallaba á la cabeza de sus so- cios, publicó en su nombre una pomposa re- lación de este viage, en medio de que por él solo resultaban conocidas doscientas leguas mas de costa: y asi es como usurpó á Colon el honor de dejar su nombre al nuevo mundo. Mas ahora, después de tres siglos, una república naciente reparará en parte esa injusticia de las pasadas generaciones. En 15o 1, Rodrigo de Bastidas, comerciante Español rico, quiso también dar su confianza al piloto Juan de la Cossa : continuaron el mis- mo camino y fueron todavía mas felices. Har 0 DE LÁ COLOMBIA. 21 biendo dado vuelta á la costa hasta la punta de Zamba , penetraron en una ancha bahía que los Indios llamaban Caramari. Encantado de lo bello de esta situación marítima que compa- raba con el mejor puerto de su patria, la dio Rodrigo el nombre de Cartagena. Desde allí se extiende acia el O. entre el mar de las Antillas y el grande Occéano, por espa- cio de cosa de cien leguas á lo largo y con solo de 18 á 60 leguas de ancho, aqueHstmo donde el navegante genovés se retiró por decirlo asi, á la vista de la gloria, en su anterior expedi- ción. Pero en suquarto viage, en i5o3, descu- brió las costas septentrionales del istmo, el rio dé Belén, Portobelo, Bastimentos y varios otros puntos, á que fue dando nombres. Asi Cristovai habia ya recorrido el Darien, Panamá y Veraguas, y los naturales del páis le daban ademas noticias sumamente preciosas; pero arrastrado de su idea dominante de que estaba á pocas jornadas de la China, persistía en bus- car las Molucas. Se hubiera podido decir que admirado de la elevación de sus propios pen- samientos, se la reprendía á si mismo en consi- deración á su siglo. Este error, que efectiva- mente era propio del estado de las ciencias entonces, hubiera podido conducirle contra su propósito á algún otro descubrimiento impor^ % a* HISTORIA tájate; pero contrariado su viage por notables desgracias, no tuvo la fortuna de algún ha- IWzgQ feliz. Con este viag* acabó Colon su glo- riosa carrera, y murió en Yalladolid el año de i5o6. De él se dijo con bastante razón, que no habia previsto, sino encpntead¿> casualmente
un nuevo mundo.
El tráfico del oro y de los hombres detenia
entonce* á los exploradores sin pasar les lí-
optes, de Venezuela. Fernando quiso? por fin
sacar partido de las costas últimamente descí*?
biertas pqr Colon y de la situación marítima
que tanto habia ponderado Bastidas. A este
fin dividió estos territorios en dos gobiernos,
Upo con el nombre de Nueva Andalucía, que
opmprendia dqsde el cabo déla VeU hasta el
Darien; y otro apellidado Castilla de oso, que
partía desde este río acia el O. hasta el cabo
Gracias á Dios* El primero se con fió á Oj$da el
antiguo compañero de Colon y de Americo.El
segundo se dio á un, tal Nicuesa oficial de la
corte que lo solicitó con ansia jurando por su
espada que sugetariay haría florecer lgs tiernas
dependientes de su mando. Una y otr$ expe-
dición, amba,s bastante numerosas, dejáronla
España en, 1509. , . , r
Ya no existia entonces la generosa Isabel; y
asi las instrucciones del gabinete de Madrid 110

DE LA COLOMBIA. *3

llevaban la marca de aquella política dulce y
bien calculada que tanto se Había recomen-
dado al iftismdColdn. Al contrario sé encangaba
á los gobernadores que desplegasen la fuerza
para hacerse obedecer. Los indios aunque nue-
vos eri el’lériguage de nuestras Convenciones,
comprendieron sin embargo mui eñ breve qué
se les daban violentamente nuevos dioses y
nuevos1 dueños; y sus respuestas fueron ar-
matae con súsíléchas por lo cómun envene-
nadas. Muchos de eltos perecieron por las ar-
mas de niego europeas; pero los delegados del
rey no podían hacer reclutas en las montañas,.
ni buscar retiradas en fel fondo dé los bosques.
Perseguidos siempre, precisados á pelear siA
descansó, recorrían los límites que se les ha-
bían marcado en un mapa, dando aquí y allí
el nombre de ciudad á algunas chozas que in-
mediatamente eran incendiadas por los sal-
vagés, consumiendo sus víveres y sus hombrea,
viéndose forzados á abandonar sus buques al
furor deias tempestades, y sin poder invocar
en su slocbrro sino la divina providencia. Las
tentativas arriesgadas, y él heroísmo constante
dé los españoles de aquella época podrían ha-
cer creíbles’ los cuentos de los tiempos mara-
villosos. Ojeda mttri\ Coa la fama de haber
sido el mas esforzado y d menos dichoso de

24 HISTORIA

todos los exploradores. Por lo que hace á Ni-
cuesa, víctima de sus ridiculas y ambiciosas
pretensiones, pereció abandonado de sus mis-
mos compatriotas.
Hallábase, aunque sin empleo, entre los
compañeros de Ojeda un hombre de un mérito
superior, Nuñez de Balboa, que cuando era
todavía joven, habia tenido parte en los
peligros y en las observaciones de Bastidas
sobre las costas de Cartagena. Este salvó las
reliquias de ambas expediciones, y reunió los
dos gobiernos bajo uno solo. A él se debe
la fundación de Santa María la Antigua, en el
Darien, que fue la primera ciudad que se
construyó en el continente americano en 15io,
y no subsistió sino hasta la fundación de
Panamá. Las riquezas que Balboa hizo pasar
á España le proporcionaron algunos auxilios
y refuerzos.
Sus empresas atrevidas le habían hecho
dueño de todas las costas al norte del istmo;,
pero no era de aquel lado por donde se
aproximaba al descurbimiento que le dio ser
celebridad. Un día se excitaron ciertas dis-
putas sobre el repartimiento de una contri*.
bucion que traía un hijo de un cacique: y
sorprendido este joven de que se diese tanta
importancia á un poco mas ó menos de oro,

DE LA COLOMBIA. a5

echó por tierra la balanza en que se pesaba
el qué habia traído, y añadió: « Puesto que asi
reñis por tan poca cosa, y que el ansia de
ese metal os ha hecho abandonar vuestra
patria, correr tantos peligros, y turbar la
paz de tantos pueblos, quiero señalaros un
terreno que llenará vuestra ambición!……»
Immediatamente Balboa, transportado de
gozo, y mas confiado que lo habia sido
Colon en tales relaciones, toma consigo dos-
cientos hombres, y marcha en busca de esos
sitios desconocidos. Alejóse asi hasta unas
treinta leguas ; pero ademas de lo incierto
y dificultoso de su marcha, se veia á cada paso
obligado á someter caciques, ó á formar
alianzas con ellos para asegurar su buelta. Al,
fin después de un mes de esfuerzos se halló á’
la vista de aquella parte del mar del gran4
Occeano llamada Mar del Sur, en el cual se
entró con, el agua hasta la cintura y su es-
pada desnuda en k mano, para tomar pose-
sión de él en nombre del rey de España.
Sucedió esto el dia a3 de septiembre de i5i3,
fiesta de S. Miguel, y por eso dio este nombre
á la bahía donde se detuvo, sita en la costa
oriental del golfo de Panamá.
La noticia de este importante descubrí-
miente llegó á España con bastante tiempo

a6 HISTORIA

para la gloria de Balboa , pero demasiado
tarde para que $e le hifciese le justicia que le
era debida; ya la envidia le habia perdonado
sus primeros ilustres sucesos, mas no el haber
obtenido de sus iguales el honor del mando.
La Nueva Andalucía y la Castilla de oro,
conservadas bajo un soler gobierno con el
nombre de Tierra Firme, se habían confiado
ya al mando de don Pedro Arias Dávila; y
este personage acababa de salir con encargo
de fortnar proceso al héroe republicano, al
frente de unft expedición considerable. Sü
ftota se* componía de iS’ navios y llevaba
provisiones abundantes, db£ mil soldados,
varios caballeros, algunos sacerdotes, y ere*
cido númerd de emigrados; Abordó á Santa
María del Darien en julio ^de i5f 4* y Balboa
á»quien inmediamente sfe puso en prisión,
ftie decapitado áfines del mismo año, cuándo
su relación y sus proyectos, que4 habían -Hel-
gado á Madrid, le habían hecho recobrar la
confianza del monarca.
Balboa hábia creado inmensos recursos en
aquél: paiá á( esfuerzo de su taraba jó y sü
talento rdon Pedro los hffco estériles; sus-‘*
pendió los descubrimientos y fue ¿no de los
primeros que hicieron odioso $1* nombre es-
pañol. En I5I8 dio orden de construir b

DE LA COLOMBIA. *7

ciudad de Panamá ; pero hasta el año de
(5*4* OQ permitió que Pizarro se lanzase
desde aquel puerto á la conquista del Perú.
Mas al fin pudo entonces hacerse constar la
existencia y la extensión de las oostas de
aquel continente en di mar del sor.
– A esta misma época se formaban varios
establecimientos á la parte del nérte, pero
con harta dificultad y sin otro lustre que el
de la asolación. El mar de las Antillas solo
tenia dosi puertos, á saber, Cumaná y Santa
Marta; nada de Lo interior habia sido visitado.
Solo después de sometidos los Incas obtuvieron
las armas españolas fortuna constante en ka
tierras da Colombia; pero desde entonces se
aseguró la conquista desde el norte al sur,
casi simultáneamente.
En *536 partió de Santa Marta una expe-
dición de setecientos hombres al mando de
Quesada, oficial intrépido y experimentada.
Emprendió remontar el rio de la Magdalena
de . corriente rápida, erizado de peñascos é
infestado de animales feroces ó venenosos.
Grmtdefr peligros tuvieron Quesada y su tropa
en esta, navegación que aun hay dia presenta
muchos riesgos, pero fue no menor su gloria.
A \5o leguas de Santa Marta descubrieron
3«ien&$ llanuras abrigadas entre dos ramalea

28 HISTORIA’

de la Cordillera.: eran las de Cundinamarca,
reino asi llamado por los naturales, y en
donde se advertía cierta especie de cultura.
Sus habitantes pelearon con tanto encarniza-
miento como los otros Indios, pero con mas
orden y constancia ; mas con todo fueron
batidos y dispersados por la artillería > y Que-
sada entró triunfante en Bogotá, capital de
este imperio.
Ya que era soldado feliz pudo dar honor
á su victoria f pero la manchó con la carni-
cería y la destrucción : y solo un acaso ines-
perado le salvó de la desesperación de los
indígenas. Benalcazar, general español, de
familia morisca, habü y afortunado compa-
ñero de Pizarro en el Perú, marchaba á ese
mismo tiempo en busca de nuevos descubri-
mientos. Después de haber dejado el imperio
dé los Incas en una latitud opuesta á la de
Santa Marta, habia atravesado y sojuzgado el
territorio de Cuenca, Quito, Pasco y Popayan^
sus buenos sucesos le condugeron k Cundi-
namarca, y allí vinieron felizmente á reunirse
los dos egércitos españoles: decidióse entonces
la conquista de las provincias mediterráneas
de la Cordillera : y Benalcazar las dio él nom-
bre de Nueva Granada en honor de su patria.
Quesada fundó en 1538 á Santa Fé de Bogotá

DE LA COLOMBIA. ag

sobre las ruinas de la antigua capital de Cun-
dinamarca.
El resultado de estas diferentes expedí*
ciones era conocerse acia el norte desde el
Paria hasta mas allá de Veraguas, mas de
600 leguas de costas contándolas en linea
recta; hacerse la navegación acia el oeste por
espacio de trece grados, por las orillas del mar
del sur, desde Panamá al golfo de Guayaquil;
y últimamente haberse internado por la Cor-
dillera desde 100 á a5o leguas. Pero se ha-
bia adelantado poco en lo interior propia-
mente dicho , esto es en los llanos que toda-
vía son inaccesibles en muchos parages á causa
de las inundaciones, y que entonces defendían
los indígenas como sus últimos refugios. Que-
dó una multitud de tribus que nunca han sido
visitadas, y aun las sometidas no lo han
sido por las armas: son ios misioneros los
que en cierto modo han acabado su con-
quista.
Alarmados estos religiosos por la despobla-
ción de los Indios, obtuvieron desde el año de
i5ia que los dejasen sin soldados; y mar-
chaban ellos en corto numero, con la cruz en
la mano, precedidos del espanto que inspiraba
la vista de un Europeo, y afrontando mil pe-
ligros : nada resfriraba su zelo, ni los ultrages

3o HISTORIA

con que eran recibidas sus muestras de alecto,
ni la muerte misma que al principio pade-
cieron muchos. De manera que algunos hom-
bres despreciadores de su vida, separados á
veces mas de cien leguas de todo estableci-
miento español, conquistaban para la moral
evangélica varios salvages que hubieran sido
invencibles á fuerza de armas. El corazón mas
tibio en materias de~fé debe admirar estos
conquistadores pacíficos; porque sus trabajos
y su gloria son comunes á todas las creen*
cias. Tal es el origen de las misiones, esto es,
de unas pequeñas aldeas quemas adelante
formaron una república de frailes, sin conser-
var á su favor aquel interés y aquella gloria
que parece debía haberles asegurado el he-
roísmo de su principio.
Volviendo á nuestros navegantes, la historia
nos presenta en los territorios de Paria, O*»
maná, Caracas*;* la Coriana, que se compren-
dían entonces bajo el nombre de Venezuela,
el teatro de’ los .crimines mas odiosos que
se cometieron durante La conquista. Los ió*-
digenas que se mostraron movidos de curiosi-:
dad y dóciles á la llegada de los Colon, Qjedá
y Bastidas, y confiados con los negociantes
que habían venido á trocar sus bagatelas con
el oro y las perlas, se presentaron feroces y

DE LA COLOMBIA. 3i

crueles con los muchos, aventureros, que no
les Llevaban sino el saqueo y la muerte. La
isla de Santo Domingo que se habia cometido
la imprudencia de poblar con los presidiarios
de Europa, habia enviado á aquellas costas
gavillas de hombres mas bárbaros que los
misipos salvages á quienes iban á combatir.
Durante un inérvalo de ¿al carnicería,, ai»
gunos ministros de la -religión consiguieron
establecerse entre los indios, instruirlos y
ser de eüo$ repp^fados. Pero se presentan
nvjevo^ soldados españoles, y se renuevan los
excesos* Entonces los, naturales, recobrando
3u fpraz independencia, acusan de seducción
á sus predicadores y los asesinan. La falta
de Quería fe qu^ ocasionó kt muerte de estos
religiosos fue vengada con nuevos asesinatos.
J¡jia ^pedición q^evino de Santo Domingo
p$9¿ó y cubrió de sangre todas aquellas copar»
5*9
fjUfidó la ciqdad.de Coro cuya importancia duró
solamente hasta la fundación estable de Ca-
racas.

;
\

God

3a HISTORIA

Esta colonia iba tomando consistencia, ¿han-
do le vino de Europa una calamidad. Casias Y
habia contraído fuertes empeños con los Ye.
brers, mercaderes ricos de Ausburgo, y por
ellos les cedió enteramente el territorio de
Venezuela, con la carga de acabar sn con-
quista, fundar y mantener nuevas colonias en
ella, dejando á su fjteccion el nombramiento de
todos los empleos administrativos. Los Vebrers
negociaran su$ defechos*con unos aventureros
alemanes que asolaron aquel territorio; su co-
dicia insaciable costó la vida á millones de In-
dios, y los colonos españoles gimieron también
bajo el yugo de una tiranía insuportable. Poco
faltaba para que aquellas costas, tantas veces
asoladas, solo presentasen una immensa sole-
dad, cuando por fin Carlos anuló su vergon-
zoso contrato con los Vebrers en 155o. Ello
es que el primer territorio visitado en aquel
continente fue el último á someterse á la au-
toridad de la Corona.
Cristo val Colon, Ojeda y Americo, Rodrigo
de Bastidas, Balboa, Benalcazar y Quesada nos
han hecho recorrer todas las comarcas de Co-
lombia: en su descubrimiento y su conquista
se señalaron talentos, heroísmo y crueldad.
Ahora veremos extyiguirse la grandeza y fuer-
za de alma , y dirigirse los medios de estable-

DE Lá COLOMBIA. 13

cimiento en el pais solo á impulso de una
codicia cobarde á ignorante, al paso que la
situación de los vencidos debia tener satisfecha
la mayor ambición, inspirar afecciones gene*
rosas y atraer imperiosamente el interés de la
ciencia acia su conocimiento y observación.
__^sn*—– —

34

HISTORIA

CAPITULO II.
De la población que tenia Colombia al tiempo de su descubri-
miento. ■— Primeros mrelios empinados para hacir «tableen

MUCHOS territorios de ia América han reci-
bido nombres europeos; unas veces se trata-
ba con ellos de proclamar el poder del prín-
cipe que se decía ser su dueño; otras de
perpetuar la memoria del explorador, ó tribu-
tar honor á un santo; á veces también esas
denominaciones nacían de la operación del
entendimiento que somete las cosas nuevas á
la comparación con las ya conocidas. Así la
idea de Venecia dio nombre á Venezuela, y
ya hemos dicho porqué.
Por este estilo se ha querido buscar puntos
de semejanza entre los habitantes de aquel
hemisferio y los del nuestro. Algunos obser-
vadores pretendieron hallar Europeos en las
costas septentrionales visitadas por los Escan-
dinavos quinientos años antes de Colon.

DE LA COLOMBIA. 35

Otros han cfeido ver Chinos y Malagueses en
los extremos del oeste > y como al parecer es
ana misma raza la que pobló lo interior, no
dudaron en suponer venidos del Asia los pri-
meros habitantes de toda la América. Citaban
en prueba de ello la analogía que observaban
en algunos de sus usos y hábitos, y varias
palabras pertenecientes á los dialectos del an-
tiguo oriente; y sobre todo se .fundaban en
ciertas facciones de la familia mongolesa que
se encuentran con bastante generalidad en la
fisionomía de los naturales americanos. Pero sí
se apura la comparación, se ve caer las teorías
ingeniosas, y presentarse diferencias positivas
para destruir toda idea de parentesco. Tales
controversias deben quedar para esa parte de
la historia del mundo físico que será todavía
por mucho tiempo fecunda en questiones que
no tienen solución. Fuera de que por que razón
no habiendo dejado la naturaleza sin herencia
á ninguna parte del globo, habría necesitado
para poblar esta del socorro de las demás ?
A la época del descubrimiento encerraba
Colombia una multitud de pueblas enemigas
entre sí, y que se diferenciaban en costumbres
y en idioma; pero, si se exceptúan los Caribes,
todas se asemejaban en su físico, y habia
ciertos rasgos de fisionomía comunes á todos

36 HISTORIA

los indígenas. Cabeza gruesa; cara redonda
mas ancha que larga y. algo convexa ; frente
aplastada y cráneo poco levantado; ojos obli-
cuos, medianamente grandes, y sin.expresión;
nariz afilada, labios gruesos, dientes fuertes
y boca mui rasgada; juanetes abultados ; pelo
negro encrespado y largo y que no encanece
sino en edad mui avanzada; barba rala y
tardía, poco ó nada de vello; la piel de color
de cobre en las montañas y bronceada en los
llanos; cuerpo ancho, piernas pequeñas y ar-
queadas. El habitante de las costas mostraba
una energía feroz que no tenia el de tierra
adentro, y en general su fuerza y estatura
eran medianas. Si los españoles los pintaron
al principio como flojos y débiles, fue para
justificar la despoblación que ellos causaban
con el rigor y el trabajo á que condenaban
aquella raza de hombres por esencia pere-
zosos y melancólicos.
Por lo que hace, á esas vandadas antropó-
fagas que se llamaban los calibis ó caribes,
eran de una estatura alta y bien dispuesta,
tenían las facciones muy marcadas pero fe-
roces, y acababa de darles un aspe. es-
pantador el color de un rojo fuego que da-
ban á su piel frotándose el cuerpo con ciertas
plantas que los defendían de las picaduras de

DE LA COLOMBIA. ‘ 3}

los insectos. Como estaban dotados de una
fuerza superior á la de los demás indíge-
nas , no hablaban de estos sino con sumo
desprecio, y se consideraban así mismos como
una raza privilegiada ; y en efecto tenían la
frente menos estrecha y mas redondeada, y
el género de su valor anunciaba mayor vigor
en sus resoluciones. 5e encontraron muchos
de ellos capitaneando algunas tribus pacíficas
que habían sojuzgado. Su idioma, convinado
con bastante unión, ha dejado rastros en las
orillas donde dominaban, que eran la Guaya-
na, Paria y Cumaná. En lo derñas no mani-
festaban mas adelantamientos en su indus-
tria que las otras tribus marítimas.
Tales eran las dos razas distintas que ha-
bitaban Colombia. La segunda era menor en
número : juntas podían componer una pobla-
ción de i5 millones de individuos.
Su situación moral presentaba mas variedad.
En todas las costas eran tribus aguerridas y crue. *
les; en los llanos y centro de los bosques habia
pueblas agrestes y tímidas, observándose algu-
na industria en la caída de los Andes y princi-
pios /saciedad entre ellos. Se han descrito ya
muchas veces las costumbres de los salvages;
pero siempre sehaHa complacencia en bolver á
tomar este primer anillo de la cadena intelectual

38 HISTORIA

Las vandadas marítimas tenían por límites
de sus territorios un peñasco ó el emboca-
dero de un Rio. Se hacian unas á otra¿ guerra
á muerte; la mayor parte de ellas comian los
prisioneros que hacian, y otras poseían el
funesto secreto de envenenar sus flechas.
Todos estos salvages hacian una especie de
trenzas ó lias de miembres, encorvábanlos
árboles, y aguzaban los pedernales para pro-
porcionarse algunos instrumentos útiles, y
medios de destrucción. Vivían de la caza y
de la pesca , de raices y de frutas. Unos se
retiraban por la noche á sus madrigueras,
otros dormían en los huecos de los árboles:
unos iban descazos; otros llevaban un cinto x
de hojas, ó se cubrían con la piel de alguna
fiera que habían muerto. No desconocían el
deseo de parecer bien, y por eso pintarragea-
bau su cuerpo con dibujos raros formados
con yerbas corrosivas : adornaban su caheza
con plumas de aves, y sus orejas con los dien-
tes del tigre que habían vencido; y aun sa-
bían arrollar el oro para formar unos anillos
toscos con los que se desgarraban las ternillas
de la nariz. Tenían fiestas y regocijos públi-
cos, gritos para proclamar sus victorias, y
para celebrar su culto, si puede decirse que
lenian alguno.

DE LA COLOMBIA. 3g

Entre todos los barberos se ha encontrado
cierta idea de un poder superior, Jtóro $ol#
como una consecuencia del terror y de la
seguridad. Un salv&ge explica la cóler* de los
dioses por las tempestades y furia de Los ele-
mentos* y sú clemencia por la serenidad del
cíalo; el peñasco donde etwwtró abrigo se
convierte para él en un’lugar sagrado; ye *na
voluntad en la planta que le mata y en la que
le alimenta; y tributa igual hooienage á lo
que le parece ser el bien ó él mal\ esperando
ponfcrloé á uno y otro á su favor. El tiempo
va modificando estas primeras idease y he
aquí el origen de todas * las mitologías.
A este punto habían llegado los naturales
de Colombia, En un principio los astros y
después algunas plantas y piedras fueron
los objetos de temor y de veneración $n tp-
das las tribus y á estas divinidades sacrifi-
caban pródigamente víctimas humana^ : por
lo común eran jóvenes los sacfificados; otras
veces lo eran los prisioneros. El instinto de
s$ propia conservación había también puesto
cada Iribú bajo la autoridad de un gefe cuyfts
ÍTOCÍQ^S: estaba^ limitadas á dar la señal y
el fgawplo <1q1 combate contra sus vecinos; y
e^te arriesgado honor, que $e disputaba como
un trono, no se concedía sino d^fcpues de mu-

4o HISTORIA

chas pruebas que acreditasen el valor y la
fuerza del pretendiente.
Las tribus errantes eran muchas en numera
en los llanos, Condenadas á una vida sin do-
micilia ya por las inundaciones ya por los
calores abrasadores del equinoccio, andaban
buscando un terreno propicio, sin que jamas
variase Su gusto por el estado salvage; antes
bien huían como un peligro de las tribus
sedentarias que empezaban á tener algún
principio de civilidad. Estas últimas se ejer-
citaban en • alguna industria, y cultivaban
desde mucho tiempo antes el maiz, la yuca
y también el algodón, del cual formaban al-
gunos tegidos groseros. Unas y otras se re-
fugiaron á la llegada de los Españoles
mas adentro de los llanos y de los bosques,
en donde todavía después de trescientos años
se encuentran algunos restos de ellas con los
mismos nombres y en el mismo estado que
en el siglo XVI.
Últimamente en la Cordillera de los Andes
estaba oculto cierto asomo de sociedad ci-
vil. Estaban gobernadas por príncipes á que
daban el nombre de Zippas, y su reunión
política formaba el imperio de Cundinamarca;
territorio entenso, rico y poblado, que reco-
nocía por soberano al mas poderoso de es-

DE LA COLOMBIA. ¿i

tos Zippas : era una especie de gobierno feu-
dal. Su gefe supremo tenia una corte menos
brillante que la de los Incas, pero que.no
obstante presentaba cierto esplendor. La ca-
pital tenia bastantes habitantes y tráfico, era
espaciosa y de edificios medianamente orde-
nados; se la daba el nombre del rey, Bogotá.
Habia otras ciudades igualmente notables como
la antigua Tunja; pero la codicia de los pri-
meros conquistadores ha dado mas celebridad
al templo de Sogamoso que por todas partes
brillaba en metales y piedras preciosas, y es-
taba . dedicado al sol. Por. lo demás todas
aquellas ciudades fueron saqueadas y destrui-
das, antes de que se huhiese podido formar.
cabal idea de sus costumbres de su industria
y de sus monumentos.
Entre las naciones sometidas al gobierno del
rey Bogotá la mas numerosa y la mas ilustrada
era la de los Moscas. En ella se dejaba ver
la infancia de las artes, y varias columnas
levantadas en diversos parages y en que se
veian meridianas informes, atestiguan por lo
menos que allí sabían calcular el tiempo. Una
especie de calendario trazado sobre la piedra
y algunos otros objetos que se han encon-
trado después, prueban también que su ima-
ginación percibía los elementos de la escritura.

4/ HISTORIA

Fabricaban algunas piezas de platería. La
agricultura era muy honrada entre ellos, y
formaba entre sus pueblas los lazos de interés
eomnn. Las habitaciones eran cómodas: el ves-
tido coman del pueblo era decente y mas rico
el de los magistrados.
Estos indígenas tan dignos de observación,
tenían varias leyes orales que se trasmitían y se
respetaban de familia en familia. Adoraban
también los astros, pero representados por una
grande divinidad llamada bochiea, la cual tenia
templos y sacerdote». La suavidad de sus cos-
tumbres les habia hecho tomar horror á los
sacrificios humanos, y sus sacerdotes para con-
ciliar esta justa repugnancia con el rigor del
culto, habían siquiera discurrido una engañifa
verdaderamente filosófica; enseñaban á ciertos
pájaros á que repitiesen algunas palabras de la
lengua del país, y después los destinaban al sa-
crificio de los altares; con esto los Moscas se
persuadían de que sus divinidades los acepta-
ban como víctimas humanas.
Los Muzos f otra nación de Cuandinainarca,
estaban en continua guerra con los Moscas, y se
diferenciaban de estosen un solo punto; esto es
que no tenían ni dioses ni culto. Su única tra-
dición era la de que un ser lht»ado Ari, habi-
tante de una de las orillas de la Magdelena, se

DE LA COLOMBIA. 43

había divertido en formar varias figuras huma-
nas de madera, y que habiéndolas echado en el
rio, habían salido de él convertidas en .hom-
bres ó mugeres con Ubre albedrio, y que de
allí habia venido la población del pais. Entre
los Muzos era donde habia el estraño uso, cuyo
origen no explicaban, s$gun el cual estaba la
rauger obligada á dar de golpes á su marido
durante la primera luna de su unión.
Siguiendo los Andes acia el sur, y hasta pa-
sada la linea, se dejaba ver el origen de las luces
que penetraban en estos países : venían del
Perú, caminando acia el cual se advertía una
civilización, interrumpida muchas veces por
algui»os territorios todavía desiertos, pero que
iba en aumento á cada paso que se las iba en-
contrando. Por lo demás estos pueblo* estaban
en guerra coq los Incas que ya eran dueños de
Quito» y al parecer Gundinamarca hubiera caí-
do bajo la dominación peruana, de la cqal ha-
blaremos mas particularmente en otro lugar,
puesto que esta dominación se habia bscbo
allí tan. formidable, que ni pero esta nación habia llegado á ser rica v y
habia visto apagarse su industria no menos
que la intrepidez de su valor. En tal estado
la Europa comerciante suministró la provisión
de sus colonias, haciéndolo por mucho tiempo
bajo bandera española por respeto á la ley
prohibitiva, la qual hubo al fin de ceder á la
voluntad de la política. Así los tratados de
fines del siglo anterior entregaban alternativa-
• > mente el comercio de la América á la Francia,
á la Holanda y principalmente á la Inglaterra.
La corona dé Castilla habia perdido los te-
• soros del nuevo mundo, y la continuación de
este estado de flogedad y de despilfarro era
preciso que con el tiempo la quitase su sobe-
ranía en éL Mas solo la madurez de laxazon
consiguiente á la injusticia sufrida, podia rom-
per los lazos morales que afianzaban la paeí-
‘ fica y larga posesión de la metrópoli. Su política
‘ oscura pero de grande previsión, habia dado
á aquella población enteramente nueva hábitos
‘ y maneras acomodadas á los dos despotismos
sacerdotal y aristocrático. El tribunal de la in-
quisición se había establecido bajo los aus-

54 HISTORIA –

picios del devoto y cruel Felipe segundo;
desde entonces una autoridad desconfiada
vigilaba igualmente sobre el alcalde y la real
audiencia, sobre el encomendero y el Virrey:
el clero predicaba y mantenía la sumisión, la
ignorancia y la credulidad; y los delegados
de la corona se esmeraban en tener divididos
los intereses y las clases.
No habiéndose pensado en la legislación
civil, la arbitrariedad arreglaba muchas veces*
las herencias, así como prodigaba los privile-
gios : y de ahí provenia la lentitud con que se
verificaba la emigración de simples ciudada*
nos españoles para las provincias de Colombia.
Los impuestos fundados sobre bases muy aifc-
plias, dejaban poco beneficio á las propie-
dades medianas cuyo principal producto se
quedaba en la iglesia : una administración
malversadora absorbía la parte del estado* y
este buscaba siempre nuevos recursos aumen-
tando los derechos de las aduanas.
A la cabeza de la población se ponían los
chapetones9 esto es, los españoles qui iban
llegando succesivamente de Europa bajo la
protección de la metrópoli. En sus manos
estaban los primeros empleos y las gracias;
aspiraban á que los respetaran las otras clases
y comunmente se ganaban solamente su odio,

DE LA COLOMBIA. 55

del cual se vengaban con injusticias. Las ma-
gistraturas civiles y eclesiásticas de segundo
orden eran desempeñadas por criollos, esto es?
los nacidos en América,, pero de padres es-
pañoles. Al orgullo que los chapetones ma-
nifestaban por el crédito ó distinciones que
sus familias gozaban en Madrid, los criollos
oponian dos géneros de aristocracia : unos,
hijos de otros chapetones mas antigups, cita-
ban con orgullo los que entre sus antepasados
habian egercido grandes cargos en la colonia;
otros se honraban diciéndose descendientes de
de los primeros conquistadores.
Hubiera pqdido esperarse que los criollos,
uniendo la inteligencia europea á la ventaja
que les daba el haber nacido allí, hubiesen
llegado á ser la clase ilustrada é industriosa :
.pero lejos de eso pasaban su vida entregados
á la molicie de los placeres, y á las supersti-
ciones del culto. Es verdad que la mayor parte
de ellos eran ricos. Fuera de que la lectura
que se les permitía era de libros místicos, y se
miraba con mucho menos escándalo una ohra
obscena que un tratado de política ó de filoso:
fía. El gusto de las letras y de las ciencias se
conservaba, por decirlo así, secretamente en el
seno de algunas familias que enviaban sus hijos
á estudiar á Europa; pero cuando bolvian á las

56 HISTORIA
colonias con conocimientos de los que estaban
prohibidos, no los comunicaban sino á sus
iguales, á egemplo del clero que solo dentro
de los claustros permitía dar algún pábulo á
las producciones del entendimiento.
La tercera clase era la mas numerosa, y com-
prendía los hombres llamados de color, asilos
mestizos, esto es, los nacidos de español é iridia,
como los mulatos, que son los hijos de español
y negra. Favorecidos por la naturaleza con
una buena constitución física, activos, hábiles
para las artes mecánicas, se dedicaban al cui-
dado de los negocios, al comercio y á las ma-
nufacturas. Por medio de estos es como se
forma la naturalización de la raza europea en
aquellos parages: su primera generación – era
tratada como india ó como negra; pero como
la marca de su origen se desvanecía i la ter-
cera generación en los mestizos y á la quinta
en los mulatos, se confundían entonces con
los criollos, y tomaban sus costumbres y su
clase. El color blanco es la nobleza de las co-
lonias, y así el nieto de un hombre de color
no evitaba el desprecio de los blancos puros
sino ocultando con. todo euidado el secreto de
su nacimiento.
Los negros ^ que eran timcho menos nume-
rosos en . estas provincias que en las demás

DE LA COLOMBIA. 57

posesiones españolas, formaban la coarta
clase. Su condición ó estado era diverso; lfcs
destinados al servicio doméstico, alas labores
de la tierra, al laborío de las minas, se veiaa
todavía con demasiada frequencia asimilados
á las bestias de carga; pero los reglamentos y la
generosidad de los colonos proporcionaban á
muchos su libertad. Todo esclavo tenia de*
rechoá rescatarse por trescientos pesos fuertes,
aunque hubiese costado á su dueño el triple;
y esta manera de obtener la libertad aún era
menos frequente que las cohcessionés á título
gratuito, ya por testamento ya por via de-
recompensa de una conducta laboriosa. Por
una especie de moda habia algunos negros mas
predilectos: acariciados y festejado** por sus
señores, eran como monos domesticados, y
aun gozaban de aquellas libertades que al-
gunos reyes permitían tomar á los bufones
de sus palacios. Sin embargo qualquiera que
fuese la suerte del negro, conservaba su puesto
en la aristocracia* de los colores-, y miraba
con desprecio á los hombres de color de
cobre. ; ( . . , .
Estos que- eran los primeros poseedores de
aquel terreno , quedaban colocados en- la úl-
tima clase. Condenados á la muerte ó á la mas
vil esclavitud en los tiempos de la conquista,

56 HISTORIA

habían obtenido algún alivio en su suerte con
la ordenanza de i54* dada por Carlos Y, y
por la cual se les declaraba hombres libres,
bien que sugetos á la religión del estado y á
varios reglamentos que conciliaban sus incli-
naciones y su aptitud con los derechos é in-
tereses de la corona.
Los Indios vivían esparcidos ya en las ha-
ciendas de los colonos, ya en las tierras pro-
pias del estado. Los unos , divididos por dis-
tritos llamados encomiendas, permanecieron
ocupados por sus señores por cierto tiempo
y mediante un salario. £1 colono pagaba un
derecho proporcional al número de naturales
que habia en su encomienda, y no podía exigir
de ellos sino un trabajo moderadopero toda la
sabiduría délos reglamentos era por lo común
bien débil para competir contra la codicia. .
Al fin se dio una especie de régimen mu-
nicipal á los indios vasallos de la corona. Se
les permitió escoger entre ellos y nombrar
por si mismos sus caciques, los cuales estaban
bajo la inspección de magistrados españoles.
De este modo formaron muchos lugares que
recordaban hasta cierto punto el estado pri-
mitivo de aquellos indígenas, los cuales se
juzgaban felices encontrando así la tradición
de algunos de sus usos, y la autoridad inme-

DE LA COLOMBIA. 5g

díala de uno de sus compatriotas; y hacian
hereditario este poder después de haberle
confiado con toda preferencia al descendiente
de algún antiguo cacique. Exigíase de ellos
una contribución anual impuesta sobre los
hombres de 18 a 5o años, la cual los ponía
en la necesidad de vencer su repugnancia al
trabajo. Cultivaban las tierras y llevaban los
comestibles á las ciudades.
Los indios que preferían habitar en las
ciudades, estaban sujetos en ellas á las mis-
mas leyes que los Españoles; egercian oficios
mecánicos pero libres. Solo se les prohibia
andar á caballo y tener armas en su poder.
Si cometían algunos delitos, eran castigados
con mas rigor que los blancos, pero en los
pleitos civiles tenían el privilegio de los me-
nores de edad, de modo que un español per-
día casi siempre sus demandas contra un na-
tural. Se les habia declarado exentos. de?
tribunal de la inquisición, y no podían ser áaf
cerdotes. Últimamente si eran llamados par¿
testigos, el testimonio de seis indios se contab*
por uno solo de blancos.
Tales disposiciones parecían una declaración
solemne de la debilidad é incapacidad de es*
raza de hombres digna de compasión por la£
desgracias que la habían anonadado, pero que

6o HISTORIA

inspiraba poca confianza al considerarla como
una sección de la sociedad Es menester confe”
sar que los indios han dado visos de justicia á
muchas privaciones bochornosas: porque han
sido siempre perezosos, descuidados > vacíos
de ideas, y sin cálculo sino para mentir. La
distancia á que están de la civilización se ex-
plica bien con la queja que la mayor parte
de ellos presentan todavía contra los Euro-
peos echándoles en cara como una.insopor-
table tiranía la obligación de tener una resi-
dencia fija é ir vestidos.
Con todo eso este régimen político ha sido
mas favorable á los indios que el de las
misiones, las cuales se multiplicaran princi-
palmente en la Guayana y en lo interior de
Cumaná. La misión se reduce á una centena
de casas construidas bajo un mismo modelo
y reunidas al rededor de una iglesia; algu-
nos frailes para la instrucción y los oficios
divinos; indios que van por reglamento á
anisa y después labran’ la tierra para las ne-
cesidades de la comunidad; y un alcalde es-
cogido entre los naturales para arbitrar en
Isus altercados, sobre intereses, el cual está
bajo la inspección de un fraile que depende
del prelado de su orden. Hemos visto, ha-
blando del descubrimiento de este país, el

DE LA COLOMBIA. 61

admirable origen de este vasto imperio teo-
crático , cuyos subditos se conocen coa el
nombra de pueblos de doctrina: f ero la ins-
trucción y el tiempo no han hecho estos es-
tablecimientos dignos de su fundación. Los
frailes tienen la indolencia y las costumbres
de los antiguos criólos; y no exigen de sus
ovejas sino la exactitud en las prácticas re»
Kgiosas, abandonándolos en todo lo demás
á sí mismos. La intemperancia y la hipocre-
sía son las faltas comunes de los indios de
las doctrinas; en su culto no hai otra idea
que la del hábito de practicarlo; se divier-
ten con sus ceremonias, mas están del todo
á obscuras de sn moral. Su población se- ha
aumentado, pero la esfera dé sus ideas se ha
limitado todavia mas con la pérdida de la li-
bertad de su estado primitivo.
Como en las observaciones sobre los indios
se ha mezclado siempre cierto interés .gene-
roso, no han faltado defensores suyos que
buscaban causas particulares para excusar la
dificultad de sus percepciones, ó sea el en-
torpecimiento de sus facultades intelectuales.
Pretendían que el haberles querido infundir
por fuerza los conocimientos del mundo an-
tiguo, habia sufocado el germen de sus pro«-
pías luces; que estaban destinados para otra

62 HISTORIA

especie de organización social demasiado dis-
tinta de la nuestra para que podamos valo-
rarla competentemente; en fin, que eran plan-
tas tiernas que perecían dándoles un cultivo
exótico-. Pudieran acaso aplicarse estas aser-
ciones á los indios que estaban medio ci-
vilizados al tiempo del descubrimiento, y
cuya especie de industria ba quedado efec-
tivamente estacionaria; pero los indígenas
no sojuzgados ¿que progresos, han hecho por
su propio instinto ?
Las tribus sedentarias ó errantes, refugia-
das ó no vencidas, que viven en sociedad
ó aislados unos de otros, se encuentran en
unos mismos sitios, y muestran las unas igual
pasión por la vida salva ge, las otras se de-
dican á los mismos cultivos ó conservan to-
davía la ferocidad de los primeros tiempos.
Un solo beneficio han aceptado de los Eu-
ropeos que es el mantenimiento de los ga-
nados que cubren sus ■ llanuras. Una de es-
tas tribus ha llegado á ser obgeto digno de
la historiales á saber, la de los Goagiros
que ocupa unas cincuenta leguas en el Rio
Hacha al E. de Santa Marta.
– Los Goagiros no han sido nunca vencidos
por la fuerza de las armas. Algunos misio-
neros lograron reducirlos; pero en 1766, una

DE LA COLOMBIA. 63

ligera ocurrencia los restituyó á su indepen-
dencia antigua. Uno de ellos acusado de
amancebamiento, habia sido dado de palos
por orden de un religioso, y estando cubier-
to de sangre gritó apellidando venganza. Le-
vántase la tribu entera; asesina a los estran-
geros y puesta sobre las ruinas de las habi-
taciones de estos incendiadas, jura bolver á
su libertad y defenderla. Desde entonces nin-
gún español ha entrado en territorio de los
Goagiros^ sin pagar su imprudencia con la
vida. Pero sé ha continuado traficando con
ellos y aun se han extendido sus relaciones
hasta los escritorios de la Jamaica. No obs-
tante los ingleses no se han atrevido á in>-
tentar hacer establecimiento ninguno en su
puerto; las transacciones se hacen á bordo de
los navios y estos se retiran lo mas pronto
que pueden. Todo buque que naufraga en la
costa de estos indios queda presa suya. Son
em todo unos treinta mil bien armados. ‘
Los naturales que han permanecido inde-
pendientes son muchos, y provincias mui
principales, como Cartagena y Maracaíbo, to-
leran sin inquietud la vecindad de varias tribus
aguerridas. Supóngase que se uniesen muchas
de estas comunidades bárbaras en intereses ó
para resistir el ataque de otra nación envidiosa,

64 HISTORIA

y resultaría un pueblo de piratas qije acaso for-
zaría c^u el tiempo á la porción civilizada del
género humano aprestarles uqa especie de opqer
nage, al modo que la Europa le presta todavía á
esas bandas que infestan las costas de África-
– Así sucede que después de tres siglos, ó se
encuentran los indios como ql tiempo de sn des-
cubrimiento, ó se les mira sin el interés que
inspiraban durante ¡a conquista; porque han
ce&do deser desgraciados, y po prpmeten mida
a los progresos de la cultura humana. Si la falta
de monumentos impide que se vea en ellos 19$
despojos de un gran naufragio ¿habremos de
seguir á algunos observadores buscando allí los
primeros elementos de nnevas generaciones?
Habríamos de.decir entonces que los indios
eran bien jóvenes en el mundo. Fuera de esto
el origen de los pueblos del mundo antiguo »p
es mas claro: siempre tropezamps con estran-
geros venidos de Jos extremos del globo, que
echan mas allá á los originarios, que lps suge~
tan y forman imperios* La población primitiva
de Colombia se extinguirá confundida en la
mezcla de las razas, é indudablemente llegará
el día en que no se vea allí sino la nación origi-
naria de Europa.
Este cruzamiento de castas había producido
dos convinaconies felices, los mestizos y los

DE LA COLOMBIA. 65

Buniatos, pero ha dado también otra que es 1*
de los zambos, finito de la unión de negros con
indias ó vice versa. £1 color del zambo es me?
dio entre el negro y el mulato; tiene los miem-
bros nervudos y bien formados; es de robusta
constitución. Bajo todos aspectos se presenta
superior al indio y al negro; pero sus faculta-*
das intelectuales son inferiores á las del mulato
y del mestizo, y toda* sus inclinaciones son al
mal: de modo qué el nombre de zambo ha lle-
gado á ser sinónimo de vicioso, de ladrón, dease?
sino, y está observado que de cada diez críme*
nes, lo* ocho son cometidos por individuos 4*
esta especie, que por fortuna no es muimulti-r
pücada. Estaba prohibida la unión de negros ¿
indios, pero aun mas que á esta causa, debe
atribuirse el corto número de «ambos á la
antipatía que hai entre aquellas dos captas.
Los zambos aumentan el número de aque*
Has bandas que se distinguen por allí como nuer
vas: tribus de Árabes, Compónense de hombres
de dolor, de negros cimarrones ú horros, á
quienes el influjo y el temple seductor del
dint han hecho abandonar sus profesiones
para danse auna vida sin cuidados y errapte.
Varios indios que huyen de las obligaciones
que impone 1* saciedad * ó de la enseñanza de
.las misiones, acuden á tomar parte en Ia
5

66 HISTORIA
mayor felicidad que ellos conocen, que es la
de andar desnudos. Todos estos vagamundos
están armados para la caza; llevan consigo al-
gunos ganados, sus mugeres é hijos, y andan
así errantes sin mas protección que la genero-
sidad de aquel terreno: se emborrachan al pie
de un coco, cuyo fruto les da una bebida ina-
gotable , y no conocen otros enemigos que las
fieras con quienes combaten y á quienes ven-
cen con suma destreza. No deben confundirse
estas bandas con los llaneros, mezcla de hom-
bres provenientes de las mismas castas, pero
labradores pacíficos que no salen de “Sus cam-
pos sino para defenderlos.
Estas diferentes especies de pobladores, no
comprendiendo las tribus errantes, no com-
ponían arriba de tres millones de individuos,
á saber : 65o,ooo blancos, 3oo,ooo mulatos,
670,000 mestizos, 160,000 negros, y 620,000
indios.
A pesar de la diversidad de tales elementos,
formaban juntos un todo homogéneo. Sí el
desprecio aristocrático era mas fuerte, al paso
que descendía de clase en clase, la creencia re-
ligiosa llevada hasta la ceguedad, aproximaba
todas las condiciones; la voz de un clérigo cal-
maba los odios como podía excitarlos; mas no
se conocían hereges en las colonias españolas.

DE LA COLOMBIA. 67

El hábito á la sumisión, ciertas costumbres sen-
cillas y una grande ignorancia suplian la falta
de toda otra especie de bienestar. La larga in-
fancia de esta población bastarda es la que ha
motivado la inmobilidad de la política de la
metrópoli; sin que haya habido la menor al-
teración de tal estado en los siglos que ha du-
rado él régimen colonial.

SEGUNDA PARTE.

CAPITULO PRIMERO.

Causas y preludios de la revolución. —Situation de la España.
— Insurrecciones en la Nuera Granada. — Independencia de
Venesuela.

TRES causas principales prepararon la eman-
cipación de las colonias españolas, á saber :
la política de la Inglaterra constatemente de-
dicada á hacer titubear la dominación española
en el nuevo mundo; la independencia de los
Estados-Unidos que enseñó á los americanos
del sur á sospechar que existia una dignidad
nacional; en fin la revolución francesa. Pero
todos los pueblos necesitan algunas conmo-
ciones interiores para justificar á sus propios
ojos la autoridad de los egemplos, y aquellas
debían nacer allí por rechazo de los desastres
de la metrópoli y de su mala política.

HISTORIA DE LA COLOMBIA. 69
No hubieran bastado todavía estos móbiles
para conseguir la unión de todos los esfuerzos
en apoyo de la emancipación. Iya multitud no
conocía los caminos que conducen á la gloria;
porque no tenia que defender ni parientes,
ni recue