José Toribio Medina. Historia de la literatura colonial de Chile. Tomo segundo.


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José Toribio Medina. Historia de la literatura colonial de Chile. Tomo segundo.

Índice

*

Historia de la literatura colonial de Chile

Tomo II
o

Segunda parte

Prosa (1541-1810)
+

Capítulo I

Historia General
#

- I -
+

Capítulo II

Teología
#

- I -

Obispos escritores
+

Capítulo III

Historia general
#

- II -
+

Capítulo IV

Descripción de Chile
#

- I -
+

Capítulo V

Teología
#

- II -
+

Capítulo VI
+

Capítulo VII

Historia general
#

- III -

Diego de Rosales
+

Capítulo VI

Biografía
+

Capítulo IX

Jurisprudencia
+

Capítulo X

Costumbres indígenas. Novela.
+

Capítulo XI

Relaciones de sucesos particulares
+

Capítulo XII

Lengua araucana
+

Capítulo XIII

Mística. -Teología.
+

Capítulo XIV

Historia general
+

Capítulo XV

Oratoria
+

Capítulo XVI

Explicación del territorio chileno
#

- II -
+

Capítulo XVII

Historia eclesiástica
+

Capítulo XVIII

Historia general
#

- V -
+

Capítulo XIX
+

Capítulo XX

Ciencias

(Memoria premiada por la facultad de Filosofía y Humanidades)

La littérature telle que nous l' étudions
est, tour à tour, un objet d' art et un
monument historique.
Villemain, Tableau de la littérature
au moyen âge, t. 2.º, pag. 191.

ArribaAbajo
Segunda parte

Prosa (1541-1810)

...Ce sont des curieux monuments pour
l' histoire, et non des spectacles pour
l' imagination.
Villemain, Littérature au moyen âge.

Fray Gaspar de Villarroel

[7]
ArribaAbajo
Capítulo I

Historia General

ArribaAbajo
- I -

Cristóbal de Molina. -Pedro de Valdivia. -Góngora Marmolejo. -Mariño de Lovera. -Obras de las cuales se duda: -Juan Ruiz de León. -Ugarte de la Hermosa. -Sotelo Romay.

En la hueste que el adelantado don Diego de Almagro condujo al valle de Chile en 1535 al través de las heladas crestas de los Andes venía un clérigo nombrado Cristóbal de Molina, si maduro de años, no menos apacible de carácter. Don Cristóbal, que según se deja entender, era de los españoles que de los primeros arribaron al rico y recién descubierto Perú (1), se quejaba ya de vejez en 1539 (2) y aseguraba al rey que en un servicio había perdido la salud y los bienes, después de haber arriesgado la vida «millones de veces». Testigo de muchos de los sucesos que en rapidez vertiginosa se sucedían en las comarcas españolas entonces apenas exploradas; testigo de los descubrimientos maravillosos de una tierra virgen habitada por una raza de hombres desconocidos, mas entonces turbada ya por las pasiones de unos aventureros sin ley, [8] pero de sorprendente coraje y de ilimitada ambición y codicia; testigo de lances tan variados como, nuevos, decimos, aquel sacerdote ilustrado creyó dar provechosa ocupación a los días de una edad trabajada, dedicándolos a repetir por escrito esos hechos que tan de cerca le tocara presenciar y fue de esta manera como Cristóbal de Molina legó a la posteridad su Conquista y población del Perú, documento importante que aventajados historiadores han explotado más tarde (3).

Molina es, ante todo, un narrador agradable que sabe interesar al referir lo que ha visto u oído a sus contemporáneos, con arte tal que atrae sin esfuerzo. La Conquista y Población del Perú en que se registra, aunque de ligero, la primera excursión que los españoles realizaron bajando al sur del despoblado de Atacama, es uno de los trabajos más acabados por su estilo que se conserven de una época en que tan desaliñados se escribieron; y en cuanto a las noticias que encierra, si no es todo lo que puede decirse, es un testimonio respetable que debe consultarse al estudiar la historia de los hechos que comprende. Mirando los acontecimientos sin pasión, sin dejarse arrastrar de las tendencias de ninguno de los bandos que entonces desangraron miserablemente las nuevas conquistas, invocando aún su estado de sacerdote, Molina lleva su escrupulosidad al extremo de que cuando en su relación le cumple dar cuenta de las luchas civiles de los Pizarros y Almagros, suelta la pluma y exclama que no puede hablar de tan fatales sucesos ocurridos entre hermanos en el servicio de la causa real (4).

Figurábase achacoso nuestro historiador en 1539, decíamos, y sin embargo, ¡restábanle aún por vivir cuarenta años, la vida de un hombre! Nombrado sochantre de la catedral de los Charca, [9] volvió segunda vez a Chile con don García Hurtado de Mendoza; «sirvió en la guerra contra los araucanos, desempeñó el cargo de vicario del obispado en Santiago en 1563, teniendo que sostener ruidosos altercados con un padre dominico llamado Gil González de San Nicolás que predicaba proposiciones heréticas, y con la autoridad civil que apoyaba a ese religioso (5); hizo un viaje a Lima a fines de ese año, y vivía todavía en Santiago, aunque en estado de completa demencia, en 1578» (6). «Cristóbal de Molina, decís al rey en una carta de esa fecha el obispo Medellín, ha muchos años que no dice misa por su mucha edad y es como niño que afín el oficio divino no reza. Ha sido siempre muy buen eclesiástico y dado muy buen ejemplo» (7).

Después de los aventureros de Almagro (8), cuyo salvaje trato para con los naturales de esta tierra ha contado con rasgos tan verídicos como aterrantes el clérigo Molina, llegaron a establecerse al valle del Mapocho los soldados de don Pedro de Valdivia, y ¡cosa remarcable! este hombre de voluntad incontrastable, de una actividad y constancia asombrosas en las fatigas, soldado valiente y militar de experiencia, ha sido al mismo tiempo el narrador de los inciertos pasos de los primeros pobladores del territorio chileno. Su afición ardiente por el suelo a quien diera un nombre y que elevara al rango de nación, y que en parte le ha pagado su deuda consagrando en el mármol su figura, que de lo alto [10] de las rocas del Huelen aún parece contemplar su obra, le dan pleno derecho de ciudadanía, como se expresa el señor Vicuña Mackenna con acierto feliz en una de sus amenas Narraciones; y sus Cartas al monarca español, que se ha comparado a las de Cortés, como éstas a las de César, lugar distinguido en la historia de los que cultivaron las letras por un motivo o por otro en la época en que nuestro país salía apenas en los pañales tejidos con la sangre e ímproba labor de nuestros antepasados.

José Toribio Medina. Historia de la literatura colonial de Chile. Tomo segundo.
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