CARLOS R. CENTURION. HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS. Tomo 1


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De regreso a Córdoba, Manuel Antonio Talavera se hizo cargo de los negocios de su progenitor. Las actividades mercantiles lleváronle a Chile en el mes de enero de 1789. El 3 de mayo del mismo año, se matriculó en la Universidad de San Felipe, para seguir cursos de leyes. Alternaba esta labor con sus actividades de importador de yerba mate y de profesor de filosofía en un colegio particular que tenía abierto en las inmediaciones de la universidad. Casó en Chile con Agustina Garfias.

La revolución de La independencia lo encontró frente a sus próceres. Abrazó la causa del rey con infinita pasión. Su libro sobre las Revoluciones de Chile, "diario imparcial de los sucesos memorables acaecidos en Santiago", desde el 25 de mayo de 1810 hasta el 20 de noviembre de 1811, constituye una labor minuciosa, seria e ingente, realizada en aquella época de profundas inquietudes políticas continentales.

El voluminoso trabajo se halla redactado en prosa cuidada, rica en méritos literarios, y es una de las fuentes más fecundas de informaciones sobre el proceso de la emancipación chilena. Se observa en él, y es su más alto galardón, la imparcialidad de sus juicios.

El apasionado realismo de Talavera causó su exilio de Mendoza, en 1813. Regresó a Chile el año siguiente, en consecuencia del tratado de Lircay. La victoria de Rancagua, al llenarlo de alegría, acalló su corazón. Fue el 9 de octubre de 1814.

PEDRO VICENTE CAÑETE era oriundo de la Asunción. Nació, al parecer, en 1749, en el seno de una familia de abolengo. Era biznieto de Ruidíaz de Guzmán. Fueron sus padres, el mayor y regidor José Cañete, y Juana Cantalicia Domínguez de Escobar. Uno de sus hermanos llamábase Ignacio Cañete. Los estudios primarios los inició en su ciudad natal; cursos superiores hizo en la Universidad de Córdoba. El 9 de diciembre de 1771 , se inscribió en la de San Felipe de Santiago de Chile, con el propósito de dar término a los ciclos de teología y comenzar los de leyes.

La carrera de Cañete fue tan aprovechada como brillante, escribe Fulgencio R. Moreno. EL 13 de octubre de 1773 obtuvo el título de licenciado y de doctor en teología y tres años después, el 1º de octubre de 1776, graduóse de abogado "con la suficiencia que para ello daban sus diplomas de bachiller en cánones y leyes. El 2 de octubre del mismo año, en concurso de oposición, ganó la cátedra de artes en la misma Universidad de San Felipe. (96) Pocos meses después abandonó esta cátedra para iniciar su vida política desde el cargo de asesor general y auditor de guerra del primer virrey de Buenos Aires, Pedro de Cevallos.

"La obscuridad en que van envueltos para nosotros sus primeros años proyecta nueva sombra sobre este período de su vida. Apenas sí podemos vislumbrar entre esta penumbra la aparición de un folleto de cuatro páginas sobre sus grados, literatura y merecimientos, siéndonos completamente desconocidos los hechos y sucesos de su existencia oficial al lado de aquel virrey tan causado de avaricia por los historiadores rioplatenses." (97)

Reemplazado Pedro de Cevallos por Juan José de Vértiz y Salcedo, parece que Cañete abandonó la Audiencia de Buenos Aires.

El 7 de diciembre de 1781 tomó posesión del cargo de asesor del gobierno del Paraguay. (98) "Su rectitud, su versación en la ciencia jurídica, su talento que ejercita en diversas disciplinas, el decoro de su vida, le rodean del máximo respeto de sus coterráneos."

A mediados de 1783 solicitó una plaza togada en Buenos Aires, Charcas o Lima, solicitud que fue acompañada de un honrosísimo informe del gobierno de la provincia del Paraguay. "Habiendo Cañete despachado muchísimos y graves negocios - decía ese informe -, en que tenían parte algunos parientes suyos, ha prevalecido la justicia de los extraños, portándose con tanto ejemplo en su vida y costumbre, que con estar en su patria, nadie le ha recusado legítimamente, ni se han interpuesto más que seis recursos de los sentenciados con su parecer."

En el mismo año 1783, Pedro Vicente Cañete fue designado como teniente letrado y asesor del gobierno e intendencia de Potosí. El año siguiente, "al alejarse de su tierra natal, lo hace lleno de nobles esperanzas". "Una dilatada experiencia de abogado en el Reino de Chile - escribe de sí mismo -, y en la capital de Buenos Aires; la práctica continúa de Asesor en el Virreinato del Río de la Plata y en la Capitanía General del Paraguay, por muchos años; el manejo reflexivo de toda clase de negocios, los más graves, y el conocimiento de las materia del Reino, principalmente sobre los indios - que es el asunto más frecuente del Paraguay -; me han persuadido, cuando entré a servir la Intendencia del Gobierno de Potosí, que apenas llegaría a adquirir cuanto necesitase saber para el cabal desempeño de mi oficio."

Al abandonar el suelo natal, comenzó la vida agitada, turbulenta, de incesante batallar que caracterizó la actividad pública de Pedro Vicente Cañete.

Potosí constituía, en el tiempo en que el ilustre escritor paraguayo llegaba a su intendencia y asesoría de gobierno, "una sociedad arrogante, cerrada, orgullosa de sus blasones y de sus riquezas". Era una entidad llena de preconceptos contra lo extranjero, por no llamarla xenófoba. Cañete enfrentóse con ella. Poseía el paraguayo un carácter acerado, un temperamento inquieto de luchador altivo. Tenía, además, un talento de brillo extraordinario y conocimientos profundos de las ciencias de su especialidad. Con estas armas bajó a las arenas caldeadas por las pasiones. Se trabó sobre ellas en una lucha resonante para restablecer el imperio de la ley. Humilló a los poderosos infatuados y amparó el derecho de los débiles. Fue un adalid de la justicia.

"De cabellos negros, brunos y rizados; el semblante siempre pálido, donde estaban impresas las huellas de la meditación; facciones marcadamente guaraníticas y por tanto de líneas poco pronunciadas; ojos penetrantes, de extraordinaria viveza; pulcro en el vestir; la voz lenta y pausada, pero que también sabe ser imperiosa y sonora, sin perder nunca su peculiar acento paraguayo: así le presentan sus contemporáneos. A la serpiente le comparan sus enemigos a causa de la finura y sutileza de su índole; en tanto que sus admiradores ponderan su incomparable cortesía y sus maneras encantadoras. Todos, no obstante, coinciden en que este ceremonioso caballero se yergue y desafía arrogante cuando es preciso combatir, y en que descarga sus diestros golpes, frío, orgulloso, con un aire de desdén luciferiano." (99)

Y es el mismo Cañete quien dice "que no es virtud de prudencia en el hombre público el doblarse al viento, como las cañas flacas, para no ser arrastrados, porque antes de todo ha de doblarse bajo el peso de la pública autoridad y ha de buscarse la paz en los deberes de la misma obligación".

Cañete logró entrar dignamente en la cerrada ciudad de Potosí. Casó con una dama de alto linaje. Se impusieron su probidad y su talento. El matrimonio procreó dos hijas. Una de éstas contrajo nupcias con un funcionario español; la otra, casi centenaria, murió soltera en la ciudad de Sucre.

De Potosí, Cañete se trasladó a Chuquisaca. Fue asesor primeramente y, luego, secretario confidencial del gobernador. En esta ciudad volvió a la lucha. Esta vez contra "clérigos voluntariosos y oidores prepotentes". "La pluma de mi asesor - asienta el gobernador Pizarro - domina la de los doctores de Chuquisaca desde la flecha de la torre metropolitana."

En 1802 hallándose Cañete ausente de Chuquisaca, la Audiencia dictó contra él una orden de extrañamiento. Cañete recogió el guante y ganó del virrey Liniers una carta de inocencia, y con ella regresó victorioso a la citada ciudad.

La revolución de la independencia le sorprende desarraigado de la patria, en pugna ardorosa contra americanos hostiles y rodeado de españoles amigos. (100) No vaciló, en esa circunstancia, para unirse a José Manuel de Goyeneche, el más siniestro caudillo realista del Río de la Plata.

La presidencia de la Academia Carolina de Chuquisaca, ejercida por Pedro Vicente Cañete, en 1814, es el último signo visible de su vida de luchador infatigable y de hombre representativo de la cultura colonial.

El odio protervo, la venganza airada, la maldad taimada y corrosiva, validos del triunfo de la causa americana, sepultaron su nombre en las sombras infinitas del olvido.

Medio siglo de silenciosa indiferencia cubrió su ignota sepultura. Al cabo de él, pasada la tormenta de las pasiones, la historia comenzó a hurgar en su recuerdo. Ella ha podido comprobar que Pedro Vicente Cañete fue un escritor de vigorosa pluma, y una inteligencia de potentes luces. Poseyó vasta y sólida cultura y recio temperamento de combate.

CARLOS R. CENTURION. HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS. Tomo 1
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