PEDRO SIMON. NOTICIAS HISTORIALES. PRIMERA PARTE. Tomo 2.


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la Real Audiencia de Santo Domingo, enviando aviso particular, y en él á don Lope de

Moría, Tesorero que llegó pocos dias después del de este Reino. De todo dio cuenta el Con-

sejo de las Indias á su Majestad, y habiendo aprobado y confirmado los gastos que los

Presidentes y Audiencias mandaron hacer en esta defensa, y dándoles gracias por la dili-

gencia y cuidado que en ello pusieron, ordenó que todas las relaciones y avisos que se ha-

bían llevado de las Indias, se pasasen al Consejo de Estado y Guerra y que por lo que

tocaba á la contravención de las paces asentadas entre las dos coronas de Castilla é Ingla-

terra, lo viese el Fiscal y pidiese lo que conviniese, sobre lo cual hubo muchas juntas y

conferencias, de que resultó ordenar al Conde don Gomar, don Diego Sarmiento de Acuña,

Embajador ordinario del Rey en Londres, que pidiese al de Inglaterra enmienda y satisfac-

ción de la muerte del Gobernador Palomeque y de lo que de su caja y del común se ha-

(CAP. XXX.)

NOTICIAS HISTORIALES Ó CONQUISTAS DE TIERRAFIR1IE.

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bia robado. Esto se bizo el año de mil y seiscientos y diez y nueve, y el de mil y seiscien-

tos y veinte se trató con mucha demostración, y de ella resultó la prisión del dicho Gual-

tero, y ponerle muy á recado en el Castillo de Piernua, y secuestrarle sus bienes, donde por

términos jurídicos fué convencido y degollado públicamente. Díeese que el Gualtero fué

gran corsario, y que navegando antiguamente por las costas de tierra firme é islas de Barlo-

vento, halló una rica mina de oro en las riberas del rio Orinoco, de que llevó á Londres

algunas pipas de tierra (como dejamos tocado), de donde sacó algún oro, y la tuvo en-

cubierta más de treinta años, y en esta sazón dio noticia de ella, ofreciendo el irla á poblar.

y para este efecto se hizo la armada, con la cual contravino, haciendo lo que se ha dicho,

El indio Cristóbal Guayacundo, que llegó-con el corsario á Inglaterra, y se halló cerca de

él cuando lo degollaron, que parece lo llevó desde Guayana, solo para testigo de esto, des-

pués de varios sucesos que tuvo, pasó á Madrid, y de allí volvió á Cartagena, de donde

llegó á su tierra, el valle de Sogamoso, el año de mil y seiscientos y veinte y dos, donde

hoy está.

CAPÍTULO XXX.

I. Llega á la ciudad de Santo Thome el Gobernador don Fernando y halla atemorizados los vecinos,

por estar alzados los indios y haber muerto seis españoles.—II. Dase cuenta del suceso de una

facción que salió á hacer el Capitán Grados á las provincias de los Aruacas y Caribes, en que lo

prendieron ingleses.—III. Piden los enemigos rescates por el Capitán Grados, á lo que no quiere

acudir el Gobernador don Fernando.—IV. Breve relación del gran rio Orinoco.

EN el siguiente de mil y seiscientos y diez y nueve, á los once de Mayo, llegó á la misma

ciudad su Gobernador propietario, don Fernando de Berrío, con cuarenta y cuatro sol-

dados bien pertrechados de armas y municiones á su costa, en que gastó más de siete mil

pesos, á quien recibieron con muy gran gusto, por parecerles saldrían con su llegada de

los temores en que los tenían los naturales, que habían quedado alzados y rebeldes con la

estada y diligencias del enemigo, á quien no podían castigar ni reducir, por ser tan pocos los

soldados con que se hallaban. Y así solo se habia hecho antes que llegara el don Fernando

una salida al rio de Esquivo y Verius, principal morada de los Aruacas, que siempre habían

sido hasta entonces amigos nuestros, que los hallaron tan rebelados con la comunicación

del inglés, que no solo no les quisieron dar por sus rescates los mantenimientos que la ne-

cesidad les obligaba á hacer aquella salida á buscarlos, pero á la sombra de fingida paz

dieron sobre los nuestros, y matando seis de los vecinos de la ciudad, y entre ellos á Juan

de Trillo, su encomendero, los demás escaparon de milagro, pues vinieron por espesos mon-

.tes caminando hasta ella cincuenta dias, sin comer más que ruines frutas de árboles, y éstas

muy tasadas, y algunos cogollos de bihao, con que quedaron todos tan atemorizados, que á

no llegar tan á buen tiempo el don Fernando con socorro, estaban bien á pique de desam-

parar la tierra y plaza, con ser de las más importantes y necesarias de que siempre tenga

presidio que haga frente al enemigo, como hemos visto que tiene el Rey en todas estas Indias,

por ser los naturales de unas y otras provincias tantos, que llegan á más de cien mil, ya ce-

bados con las dádivas y tratamiento de los herejes, que, como hemos dicho, solo les predican

la libertad de tributos y conciencia con que ellos viven y estos naturales apetecen. Despachó

luego que llegó el don Fernando (que fué á tres dias que hubo tomado desde aquella ciudad

la vuelta de la isla de la Trinidad) el don Juan de Yiloria al Capitán Gerónimo de Grados

con una buena escuadra de soldados, á castigar los Aruacas de lo que habían hecho ; y

para reforzar el presidio de la ciudad, despachó á hacer leva de cien soldados á las Gober-

naciones de Cumaná y la Margarita.

No era do tan pequeña importancia la facción que salió á hacer con los treinta*sol-

dados el Capitán Gerónimo de Grados, que no se pretendiese conseguir de ella no solo el

castigo y pacificación de los Aruacas, sino también el castigar con ellos los Caribes, gente

que lo es tanto, y tan perniciosa y mala, que no deja rincón en todas aquellas costas del

Norte, así de islas como de tierra firme, que no inquiete y tenga sobresaltado sin un punto

de seguro. Comenzó á tener en sus intentos buenos principios, con los sucesos que se desea-

ban, esta salida, pues en el rio de Baruma (que es el primero de estas provincias, donde

habita la nación Aruaca) sacó el Capitán Grados de paz todos los naturales que habia en él,

y dejando pagados los indios para la guerra de los Caribes, y todos los bastimentos necesa-

rios, y apercibidos para cuando se les avisase, pasó al rio de Esquivo, donde hizo lo propio,

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FRAY PEDRO SIMON.

(7.a NOTICIA.)

y de allí al do Verius, donde estaban los delincuentes que habían muerto al Juan de Trillo

con sus cinco compañeros, que sabiendo les entraban españoles, ya que iban se retiraron á

una casa fuerte que tenían hecha para el intento, donde esperaron á los nuestros y pelearon

valerosamente, pero al fin quedaron vencidos y bien castigados, aunque con pérdida de un

soldado que murió en la refriega, y heridos otros seis ú ocho. Tomó con esto el Capitán la

vuelta del rio de Esquivo, donde, como dijimos, tenia los bastimentos é indios de guerra

pagados, despachando cuatro soldados al de Baruma, para que tomando todo lo que también

estaba allí pagado de gente y matalotajes, á día señalado bajasen á la boca del rio, donde se

juntasen todos para hacer la entrada en los Caribes. Llegando el Gerónimo de Grados para

el intento con dos piraguas á la. boca del rio de Esquivo, halló seis navios de enemigos,

los cuatro más dentro, que estaban rescatando con los naturales, á quienes tenia ya otra vez

pervertidos de como los habia dejado el Capitán, á quien despacharon luego que le dieron

vista los enemigos, de los dos navios que estaban más á la boca del rio, dos lanchas con

cuarenta mosqueteros á reconocer las piraguas, que luego se apercibieron á la resistencia

mosqueteándose un rato con las lanchas que tomaron, huyendo la vuelta de sus navios, y

los nuestros se ranchearon en unos caneyes que estaban cerca y ya sin gente, habiéndolas

dejado el Capitán con mucha, por haberse ya alzado y aliado con los enemigos y concertado

todos de matar á los españoles.

No obstante esto y otras señales que halló de alzamiento en las casas, pudiendo re-

tirarse aquella noche á su salvo, se empeñó en más de lo que debiera, intentando hacer

algún daño en los enemigos y naturales, fiado en los treinta y seis soldados que llevaba, de

los mejores mosqueteros que habia en la ciudad y muchas municiones, y así se determinó

pasar adelante aquella noche á las casas de un indio principal, donde habia dejado mucho

cazabe y otras cosas de los soldados, pensando no estaría alzado, como lo estaba ; pues lle-

gando á ellas, las halló despobladas, y él se halló metido entre cuatro navios de enemigos en

un rio muy angosto, donde ni podia pasar adelante ni volver atrás. Conocida su perdición,

acordaron escribirle al enemigo pidiéndole pasaje, poniéndole delante las paces hechas

entre España é Inglaterra. Despacharon en respuesta de la carta un flamenco que saltando

en tierra, se trató que para el dia siguiente se viesen los dos Capitanes, Gerónimo de Grados

y el de los navios, en la mitad del rio, sin llevar cada uno más que un soldado que le acom-

pañase. Diéronse estas vistas y comenzándose á tratar sobre el caso, viendo el inglés estaba

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