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PEDRO SIMON. NOTICIAS HISTORIALES. PRIMERA PARTE. Tomo 2.

CAPÍTULO XXVII.

". Suben los Caribes de la isla Trinidad y Orinoco por los rios de Zarare y Apure á asaltar los natu-

rales de los Llanos—II. Modo que tienen en comerse los Caribes á los que vencen en los pue-

blos—III. Muchas castas que hay de abejas, y modos que tienen de hacer su miel—IV. La

abundancia de animales y pescado que hay en esta tierra.

MAS corta relación que de las pasadas nos ha de ser forzoso ^ar de las cosas de estas

Provincias de los Llanos, que hemos dicho pisaron nuestros españoles, por no haber

hecho ningunos hasta hoy asiento en ellas, y, por consiguiente, no haber tomado de pro-

pósito el saber por menudo sus cosas, si bien tienen en sus sabanas las crias de sus ganados

mayores y algunos otros aprovechamientos, por cercano á las ciudades de San Sebastian, la

Valencia, Bariquisimeto, Tocuyo, Guana-Guanare y Barinas, por lo más cercano de ellas

l osan los dos famosos rios (fuera de otros que no lo son tanto) Apure y Zarare, que tantas

veces hemos tocado, ambos caudalosos y que en los inviernos inundan grandes pedazos de

(CAP. XXII.)

NOTICIAS HISTORIALES Ó CONQUISTAS DE TIERRAFIRME.

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sus tierras convecinas, y según dicen, entran juntos en el rio Orinoco, cerca de sus bocas.

Por éstos suben desde ellas los Caribes que dijimos poblaban aquellas Provincias y otros de

la isla Trinidad, en sus piraguas y canoas hasta llegar á estos Llanos, y dejándolas escondi-

das salen del rio y los pasean en grandes tropas, asaltando los pueblos (pie, de miedo de esto,

los tienen todos cercados con tres órdenes de cercas de maderos de palma en cuadro, y tan

largas, que por cada lienzo corren arriba de trescientos pasos hasta quinientos y seiscioutos,

y no son pocos los pueblos que hay de esta suerte en algunas partes.

El modo que tienen en hacer estos palenques (que es lo que nos podia poner en al-

guna dificultad, por ser todos de palmas reales, algunas tan gruesas como dos y tres hom-

bres, y altas de cinco y seis estados y algunas de ocho, y no tener herramienta ninguna de

hacha, machete ni cuchillo, ni otro instrumento de metal, por no conocer ninguno de éstos

en aquellas tierras, ó porque no los hay, ó no los han hallado) es, que poniendo fuego al

pié de la palma, lo queman hasta que cae, y luego con unas piedras fuertes y agudas como

pedernales, encajadas en unos palos largos como cabo de hachas, les sirven de eso, y poco á

poco cortan las ramas y cogollo, y dejándolas hechas tronco, las amarran con muchos beju-

cos y arrastran hasta llevarlas al palenque, donde tampoco les falta modo para empañarías,

sin grúas ni poleas, y con ponerlas de la suerte que hemos dicho en tres órdenes para ma-

yor fortaleza. Aquí se meten con toda su chusma y mantenimientos en tiempo de verano,

que es en el que vienen los Caribes, y puestas á largos trechos centinelas, tienen de aviso

de dia con humadas y de noche con hachos encendidos, de la venida de los Caribes, con que

se ponen en arma, si bien nunca se descuidan, por si acaso lo estuvieren las centinelas, si

por fuerza de armas los rinden y se apoderan de los pueblos los Caribes. No tienen otras

granjerias más que comérselos, y así hacen asiento en ellos por los dias que les parece son

menester para comer los muertos y heridos, que por esta razón pelean con flechas sin yerba,

porque no quede inficionada la carne.

Comen la que.pueden fresca, antes que se vaya corrompiendo, que puede ser poca,

por ser la tierra muy caliente, y la demás van secando y tostando en barbacoas, de que

también llevan lo que sobra á las canoas. Un dia ó dos después de hecha la presa en ce-

lebración de la victoria, arman su borrachera, que es bailar toda la noche al son de los ins-

trumentos de flautas, fotutos y otros que tañen los maestros que saben de esto, habiendo

recogido primero todo el vino, mazato y bollos que han hallado en el saco (porque de esto

poco pueden llevar ellos, en especial si los pueblos están lejos de sus canoas) y habiendo

puesto á cocer grandes ollas de aquellos cuartos do carne humana, y hecho mazamorras del

maíz con la que tienen asada ó tostada en la barbacoa. Hincan un palo (ó muchas veces

sirve el que está hincado enmedio del bohío para su fábrica) y en éste cruzan otro de ma-

nera que queda hecha una cruz de la estatura de un hombre, donde amarran de pies y

manos (extendido en la cruz) al indio más principal ó más valiente, y andando en corro

bailando á la redonda de él, comiendo de aquella carne cocida y bebiendo cada uno por su

orden, le va cortando al vivo un pedacito de carne de donde le parece y se la come así

cruda: otros le dan una cuchillada con unos cuchillos de hoja de caña brava, ó piedras,

que tienen para esto, y de dientes de animales bravos ó pescados, en especial de uno que

llaman caribe, en un brazo ó pierna, y á la sangre que sale de la vena arriman la boca y

beben con tanto gusto como lo hicieran en tiempo de caniculares en un caño de agua fria.

De esta suerte.se comen tres ó cuatro cada noche de los que en el saco reservan para

el efecto. El paciente en este tormento jamás da voces, ni se le oye una palabra, porque

su modo de quejarse y dar muestras de sentimiento, solo es torcer el cuerpo lo que le dan

lugar las ataduras, y llenando los carrillos de aire snplar fuertemente. Este género de

muerte dan también á los cristianos, cuando los han á las manos, por ser gente valiente y

principal. Cuando no tienen hartos iudios de estas calidades con quienes hacer esto, usan

con los demás de otro modo de muerte, que lo tienen por más vil, diciendo que no merecen

que se les dé aquélla, y es, que oradándoles la barba por debajo la lengua, les meten un

bejuco ó cabuya, y trayéndolos así, como del cabestro, bailaudo, hasta que caen do cansados,

los hacen luego pedazos, y los comen como á los demás. Conclusa esta fiesta, á los que les

ha parecido dejan vivos llevan á sus canoas y piraguas, donde los amarran fuertemente, y

se los van comiendo, hasta llegar de vuelta á sus tierras. No se van siempre riendo estos

Caribes de los asaltos, pues los de los Llanos son tan valientes como ellos, tan corpulentos y

dispuestos, aunque no tan doblados; pelean también con arcos y flechas, y con pabeses de

un palo liviano y muy trabado, á modo de una tabla larga con su manija, que les cubre

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FRAY PEDRO SIMON.

(4.a NOTICIA.)

desde la cabeza á la rodilla, pero de modo que no les estorba al enarcar y disparar la flecba,

que es de macana ; y como los unos y los otros están desnudos, no dejan muchas veces de

pagar el escote de la fiesta. Usan de yerba en las flechas los unos y los otros cuando no

tienen intentos de comer la carne, ó se ven en mayores conflictos de la guerra ; con todo

eso temen los indios de estos Llanos á los Caribes, por el modo con que los matan en la3

borracheras.

Poco ó nada he podido saber de las costumbres, ritos é idolatrías de estos indios, y

así paso á decir algunas cosas de la tierra y animales que cria. Hay en ella mucha miel de

abejas, de cuatro ó cinco castas, que crian la miel con diferentes modos, unas en huecos

de árboles y no hacen panales como en Europa, sino que van formando una corteza de

cera, tan grande y gruesa como un huevo, y dentro todo lleno de miel líquida y muy

sabrosa, y de éstos juntan muchos de unos á otros, de suerte que se hallan racimos de

veinte y treinta huevos, y más, pegados todos, llenos de muy linda y clara miel, y la cera

es harto buena. Córtase el palo, que suele estar muchas veces lleno de estos huevos, y así

la sacan, y se sirven de todo, en especial de la miel, gastándola en sus mazatos y brebajes

que hacen, echándola también en la chicha, que ayuda á acedarse y darle buen gusto.

Otras abejas hay que hacen estos huevos más pequeños ; otras que no los hacen mayores

que avellanas, y algunas menores; y todas éstas de ordinario son pequeñas de cuerpo y

mansas. Otras crian debajo la tierra, más ó menos hondo, según hallan la comodidad,

porque unas están á una cuarta de hondo, otras á una vara, y á dos, y á tres, y de éstas,

unas crian la miel en cañutillos largos de cera, otras en redondos mal formados ; de éstas,

unas son mansas, y que no pican ; otras que llaman abejones grandes, que son bravas y

defienden bien sus trabajos, como lo hacen también otras que van formando un panal

redondo, como una naranja, con los cañutillos á la redonda llenos de miel, al modo de

nuestros panales, colgado á la rama de un árbol, y van ensartando uno encima de otro ; á

éstas llaman los indios mateecas ; suelen algunas tener tan grandes racimos, como bulto

de un cántaro, colgados de rama3 gruesas; las que son pequeñas, cuelgan de ramas delga-

das ; á éstas llegan los monos y se las comen, aunque bien á su costa á las veces, porque

salen bien picados, para cuya defensa dicen que les han visto que otros monos de los que .

se juntan para esto, visten á uno de paja, y la fijan en él como pueden, y este va, y de

prisa corta la rama, donde está la mateeca, y la trae arrastrando, hasta que del todo la

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