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Хосе де Акоста. Письма. José de Acosta. Cartas.


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admitiendo ellas cura y remedio en sí mismas, pegan la propia inficción a
las otras. Pensar que en una Congregación por santa y bien instituida que
sea han de faltar hombres inútiles, perniciosos, estragados en sí y
estragadores de los otros, es por demás. Neque enim melior est domus mea,
decía San Augustino de sus regulares, collegio Christi, domo David, arca
Noe, Paradisi conditione, coelesti habitatione, etcétera; y sin que lo
diga el Santo, lo dice la perpetua experiencia. Pues que estos tales no
puedan ser purgados y expelidos ¿qué ha de seguirse, sino intolerable
carga a los superiores y continuo escándalo de los iguales y nuevos? De
donde a lo que me persuado, se ven tan grandes trabajos en comunidades con
hombres inquietos, desedificativos, revolvedores, contumaces,
incorregibles; y si alguna cosa, el tiempo que ha esta mínima Compañía, la
tiene en unión y buena concordia, y espero en Dios la terná adelante, es
esta puerta que abre para los que pueden impedir este bien. Y si no me
engaño, lo mismo a la letra ha de notar y encarecer San Augustino en su
Institución; y San Basilio en la suya. Agravio ninguno se les hace, pues
cuando son admitidos, saben que a esta condición le son; y jamás se usa de
este rigor, si no está el negocio justificado todo lo posible. Ni es así
lo que algunos dicen que por antojársele al Superior, alto a despedir, y
no hay más. De diez partes que tienen nuestras Constituciones, la una de
ellas entera se gasta en tratar de lo que a esto toca; y ello va tan
mirado, que haciéndose lo que cumple el bien común, juntamente se tiene
atención al bien y honor del particular. Y si todo esto no basta ni
satisface, sino que por ser esto particular de esta religión y no de
otras, todavía se hace recio, debe siquiera satisfacer el autoridad de la
Iglesia, pues esto aprueban los Romanos Pontífices en sus bulas; y el
Santo Concilio de Trento lo primero y principal que aprueba y confirma de
la Compañía de Jesús, es ese Instituto cerca del profesar; y en lo que
cuatro o seis Pontífices y un Concilio universal han puesto su decreto y
aprobación, no sé yo qué licencia queda para improballo y no sentir bien
de ello.

12. Dijo el Arzobispo entonces: Ya he dicho a vuestra reverencia que
yo no siento mal ni repruebo lo que la Iglesia aprueba. Pero como en la
Orden de San Francisco habrá algunas cosas que a vuestra reverencia no le
contenten, así también en la suya las puede haber que no me contenten a
mí. Dije entonces: Ora señor, yo he de recibir de mano de Vuestra Señoría
ilustrísima esta merced; que cuando se ofreciere tratar de esta religión,
de lo que a Vuestra Señoría no le pareciere bien, no eche la culpa al
Instituto o regla nuestra, sino a los particulares, si ha visto cosa que
no convenga. Que la religión de San Francisco no es lo que un fraile
desmandado o un guardián inconsiderado hace; si no lo que la regla del
bienaventurado Padre manda; ésa es su religión. Lo que Vuestra Señoría
nota de nosotros, si algo de eso hay, yo suplico a Vuestra Señoría no
culpe nuestro Instituto, sino a nosotros que no hacemos el deber.

Eso (dijo el Arzobispo) no podré yo en buena fe hacer; porque los
señores que de esta Orden he conocido, son muy honrados y principales, y
no puedo yo decir cosa que no convenga de ellos. Y algunos han sido muy
amigos míos. Bustamente, ¿qué se ha hecho de él? que fué muy amigo mío.
Señor, ya murió (dije), Dios le tenga en la gloria como yo creo lo está.
¿En dónde murió? (me preguntó). Respondí: En Trigueros, que es un pueblo
del Duque de Medinasidonia, de un dolor de costado que lo dió. Mas, señor,
si los particulares son los que Vuestra Señoría dice, ¿cómo se persuade
que profesan regla de la cobdicia y regalo? Neque enim colligunt de spinis
uvas. Y pues no quiere Vuestra Señoría culpar a los supuestos, que dice,
de esta religión, menos será junto la culpe a ella. Dígnese Vuestra
Señoría leer nuestras Constitugiones y podrá ver lo que profesamos. En
esto recebiré muy gran merced, que sea servido ver nuestras bulas y
Instituto. Díjome a esto: No me mande ahora, Padre, entender en eso; que
ya he visto y leído muchas cosas de Reglas. Dije yo entonces sonriéndome:
Mire Vuestra Señoría que las tenemos de molde aquí, que no será mucho el
trabajo. Y como con el rostro hiciese señal de que apretaba yo ya
demasiado, añadí: Ora, pues, Vuestra Señoría no es servido hacerme esta
merced, al menos recebirla he en que me tenga por muy verdadero hijo y
siervo suyo. Dijo el Arzobispo entonces: Por cierto, Padre, yo holgaré de
hacer placer a vuestra reverencia en todo lo que se ofreciere. Vuestra
reverencia predique mucho en hora buena, que yo huelgo de ello. Denos
Vuestra Señoría (dije) su bendición; y así me despedí por aquella vez.

- IV -
Carta Anua de 1576, al P. Everardo Mercuriano, Prepósito General de la
Compañía de Jesús (Lima, 15 de febrero de 1577)

Estado general de la Compañía de Jesús en el Perú el año 1576
1. Resumen general. Colegio de Lima.

Jhs. Muy Rdo. Padre nuestro en Cristo: Gratia et pax
Christi.-Habiéndose tanto alargado Dios Nuestro Señor en las misericordias
queste año ha hecho a la Compañía, y por su medio a muchos en esta
Provincia, también yo me habré de alargar algo en dar cuenta a V.ª
Paternidad; y para darla con mayor satisfacción diré primero lo general
desta Provincia, después lo que en particular toca a los Colegios, y
últimamente las Misiones que se han hecho, ques lo principal desta mies; y
porque los mismos Padres que han ido a ellas han escrito el suceso y
fruto, con mejor espíritu y palabras de lo que yo sabré, porné las copias
de sus cartas, de donde V.ª Pd. entenderá la buena disposición destos
naturales para recibir el evangelio, y la mucha gracia que el Señor les va
comunicando por medio de los padres de la Compañía.

Viniendo a lo primero, en esta Provincia hay al presente dos
colegios, que son el de Lima y del Cuzco, y tres residencias, una en
Santiago, otra en Juli y la otra en Potosí. Somo por todos setenta y
siete, sacerdotes son treinta y dos, con los que se han ordenado hogaño,
que son cinco; profesos de cuatro votos siete con el P. Barzana, al cual,
por orden de V. P. di la profesión en esta ciudad de Los Reyes, y
juntamente votos de coadjutor espiritual al P. Pedro Mexía, hallándose
presente el señor Visorrey y el Audiencia y los Perlados y gente grave
deste reino, y como eran personas tan conocidas y de tan buena opinión en
este reino, edificó mucho su profesión, y no menos el ejercicio de su
recogimiento, y pedir limosna los tres días inclusives, que por acá todo
es nuevo y parece bien.

Salud ha tenido toda esta provincia gracias al Señor, que apenas ha
habido enfermedad que haya dado cuidado, sino fué la de Padre Juan de
Zúñiga, que había venido por Rector deste Colegio pocos días había, y fué
Nuestro Señor servido llevarle para sí, dejando gran dolor y sentimiento,
no sólo en los nuestros, sino en toda esta ciudad, y aun en todo el reino.
Murió de una penosa y molesta enfermedad que de los continuos trabajos se
le recreció, y dió muestras de tanta paciencia y devoción, que a todos
causó nuevo deseo de servir al Señor que tal fin da a los suyos. También
al Padre Cristóbal Sánchez fué el Señor servido de llevarle para sí,
estando en la misión de los Chachapoyas, ocupado en cierto pueblo de
indios en confesalles y ayudalles, de donde se le causó el mal de que
murió, dejando gran edificación con su muerte, como por la carta de
aquella misión más particularmente verá V.ª Pd. en una de las copias que
van abajo.

En alguna recompensa de los que nos han faltado, se ha recibido
cuatro hermanos bien probados y de buenas partes. En la obediencia y
devoción y celo de las almas, se han visto y ven grandes y copiosas ayudas
del Señor, de suerte que mirallo y considerallo causa un singular consuelo
y confianza en nuestro Dios, que con tanta suavidad visita la Compañía.
Casi en todos se siente un nuevo fervor, con el cual así en
mortificaciones y penitencias, como en recogimiento y ejercicios de
devoción ha habido no poco acrecentamiento. La causa deste
aprovechamiento, después de la voluntad y gracia del Señor, parece haber
sido el atender les Superiores con especial cuidado a su oficio, y a
tratar en particular los que están a su cargo, y el ejemplo quellos y los
Padres más antiguos han dado, y la visita y presencia del Padre Doctor
Plaza en esta provincia. También ha sido de mucho efecto el haberse
juntado este año dos veces los padres profesos y más expertos deste reino
a conferir y tratar así a lo que toca a lo interior de la Compañía, como
al uso y aprovechamiento de nuestros ministerios, mayormente para
fructificar en los naturales. Destas veces que nos juntamos, la primera

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