plata, ni nuestro ganado, ni nuestra ropa, ni quieren nada, sino
enseñarnos las cosas de Dios con buena voluntad, muy tristes están
nuestros corazones porque se van; y repetían estas cosas y otras llorando,
que apenas se podían los Padres despedir dellos, y así se iban en su
compañía llorando hasta otro pueblo y más adelante. En fin concluyeron su
misión conforme al orden que tenían de la obediencia; y después fueron
estos indios al Cuzco a pedir al Provincial que otra vez les enviase
aquellos Padres, diciendo el mucho bien que dellos habían recibido.
Este mismo año se hizo otra misión a Arequipa, porque sucediendo la
muerte de un ciudadano de allí muy rico, que había hecho donación de dos
mil pesos de renta para que se fundase un Colegio de la Compañía en
Arequipa, a persuasión de ciertas personas, al parecer no muy bien
afectas, añadió un codicilo en que declaraba que si dentro del presente
año no se fundase el Colegio, la manda que dejaba en su testamento para el
efecto, fuese ninguna. Por esta causa paresció convenir que un Padre y un
Hermano viniesen y tomasen cierta casa, que era muy a propósito si la
Compañía hubiese de fundar Colegio en Arequipa, para lo cual toda la
ciudad había ofrecido muchas mandas, con el deseo que ha tenido mucho ha,
de tener allí la Compañía. A cabo de algunos días fueron enviados otros
dos Padres y dos Hermanos que hiciesen en Arequipa los ministerios de la
Compañía, entre tanto que venía de V. P. confirmación, y del señor
Visorrey se alcanzaba licencia, que se le había enviado a pedir.
De los nuestros que estaban al presente en Arequipa, el superior se
embarcó la vuelta de Lima, el Padre Barzana con los dos Hermanos se
recogió al hospital, y no por eso aflojó el hacer los ministerios de la
Compañía, predicando en la plaza a los españoles un día de la semana, y
otro haciendo pláticas en la iglesia del hospital, y a los indios cuyo
ministerio él de todo corazón amaba les ha predicado en su lengua todos
los domingos y fiestas con gran fervor, y la doctrina cristiana se ha
proseguido siempre por las calles y plazas, así a los españoles como a los
indios. Desto ha redundado tanto fruto, que hace bien conocer aquella
verdad antigua, que con las persecuciones crecía el evangelio, porque la
devoción de los españoles, y especialmente de las principales señoras, se
ha mostrado bien en sus confesiones y comuniones ordinarias, y en el
cuidado de proveer de limosna a los nuestros con gran abundancia. Todas
estas señoras escribieron una carta con sus firmas al señor Visorey,
suplicándole les volviese la casa a los Padres de la Compañía, y el
cabildo de la ciudad hizo lo mesmo, aunque hasta agora se está la cosa de
la mesma manera. Mas el principal fruto se ha visto en los indios porque
las confesiones que han acudido y acuden siempre, son innumerables, y
muchas o las más dellas generales y de gente estragadísima, porque con el
buen temple y mucho regalo, es la ciudad de Arequipa sujeta en gran manera
a vicios. De ordinario también ha acudido el Padre a confesiones de indios
enfermos, que tienen extrema necesidad; y con esto se ha hecho grande
servicio a Dios Nuestro Señor.
Pero nada de esto ha sido parte para que el Vicario cesase de
perseguir los nuestros, y así se puso en quererlos hacer echar del
hospital donde están, diciendo que comen la hacienda de los pobres y son
gente perjudicial a la república; y últimamente viniendo yo a consolar y
visitar a los nuestros que estaban en Arequipa, y mostrándome toda la
ciudad mucho amor, como le tiene a la Compañía, y queriéndoles yo hacer
algunas pláticas en el hospital, pues en la iglesia mayor no nos dejaban
predicar, me requirió un sacerdote de parte del Vicario, que no predicase
ni hiciese pláticas, y aun dijo le mandaba no nos diese recaudo para decir
misa en el hospital; respondí que la licencia de predicar no la tenía yo
del señor Vicario, que de ahí en adelante yo predicaría cada día, y así lo
hice, acudiendo todo el pueblo con muy gran devoción. Con esto y con
alguna otra diligencia que se hizo, el Vicario se moderó, y comenzó a
tratar mejor a los nuestros, aunque después de salido yo de Arequipa tornó
a hacer molestia, y con efecto les cerró la iglesia y sacristía del
hospital, prohibiendo que no dijesen misa allí los nuestros. Mas la
devoción de los nuestros siempre va en aumento, y ultra de la fundación,
ya se han añadido más, y se entiende será una de las cosas mejores deste
reino y más útiles aquel Colegio.
4. Residencia de Panamá. Segunda visita a la Provincia.
Panamá.-En Panamá han estado el año pasado y están al presente dos de
la Compañía, un Padre y un Hermano, que fueron enviados con la gente que
salió deste Pirú contra los luteranos habrá ya cerca de dos años. Han
hecho fruto en ayudar y confesar a estos soldados el tiempo que estuvieron
en las montañas de Ballano, donde pasaron grande trabajo, y los luteranos
y ingleses que fueron presos, fué Nuestro Señor servido que por las
pláticas y comunicación del Padre, se redujesen a nuestra santa fée
católica, y cuando los justiciaron después en Panamá, murieron bien con
muestras de verdaderos católicos y de compunción de sus pecados. Otros
cuatro, los principales, se trajeron a la Inquisición. del Pirú. En la
ciudad de Panamá han también hecho grande fruto con los sermones y
confesiones y doctrina cristiana, y la Audiencia real, y el señor Obispo y
toda la ciudad les ha mostrado mucha afición, y así no les han dejado
volver al Pirú, dando para la Compañía unas casas principales, y
ofreciendo lo demás necesario para que la Compañía tenga allí residencia,
o a lo menos sea aquella casa para misiones, y para comodidad de los
nuestros que vienen de Europa a estas partes, o van del Pirú. Acá se juzga
por cosa bien importante que la Compañía tenga residencia en Panamá, por
la gran contratación de aquella ciudad, y concurso de las flotas que
vienen de España, y por otras algunas razones, especialmente después que
el Rey ha mandado poner casa de contratación de la China en Panamá, y
quiere que desde allí se despachen las armadas que van a la China, como al
presente se está ajustando una; de manera que Panamá será el paso, no solo
para este reino y India Occidental, sino también para la China y India
Oriental. Una señora ha dado allí, a los nuestros unas casas que le
costaron tres mil pesos, haciendo libre donación para que la Compañía
hiciese dellas lo que quisiese. Allí están agora dos de los nuestros, y
tienen su oratorio, y prosiguen con mucho consuelo y edificación del
pueblo sus ministerios.
Últimamente diré a V. P. de mi misión por toda esta Provincia. En dos
de agosto salí del Colegio de Lima, por orden del P. Visitador, para el
Cuzco. En medio del camino se me quedó enfermo un compañero a la entrada
de la sierra, y el otro también fué indispuesto y con algún temor, que no
dejó de ser algún trabajo. Llegué a dos de setiembre al Cuzco, donde el
Padre Doctor Plaza con la asistencia de los Padres consultores, resumieron
las cosas desta Provincia, dejando orden de todo lo que ocurría muy
acertado, como V. P. podrá ver. Del Cuzco salí en veinte de octubre para
la casa de Juli, donde me consolé grandemente en ver el crecimiento de la
fée y devoción de aquellos indios, el buen orden y modo de los nuestros,
como tengo escrito. A cabo de catorce o quince días salí de allí para
Potosí, por la causa que arriba he escrito, pasando de camino por la
ciudad de La Paz, tratando con nuestro fundador de algunas cosas útiles.
En veintiocho de diciembre llegamos a Potosí, donde sucedió la probación
que he contado, y por esta causa con las demás, a cabo de un mes di la
vuelta, tornando a ver los Padres de Juli; y de allí a Arequipa, donde
entré en veintisiete de enero, habiendo pasado en estos caminos de la
sierra algunos trabajos, especialmente de rayos que a vista mía habían
caído muchos y muerto algunas personas. En Arequipa me detuve quince días,
o poco más, esperando un navío que había de ir a Lima. y estando ya
fletado y con harta priesa de embarcarme, llegó la nueva tan triste de la
entrada de los luteranos en esta Mar del Sur. Vinieron por el estrecho de
Magallanes con atrevimiento inaudito, no se sabe de cierto cuántos
galeones de ingleses luteranos, al presente se tiene noticia de cuatro. El
primero destos, después de haber hecho el daño que pudo en el reino de
Chile, y tomando un navío y el que en él traían llegó al puerto de Arica,
que es el primero del Pirú por aquella banda, y allí quemó otro navío, y
robó alguna plata, y vino al puerto de Chule que es el de Arequipa, donde
estaba mi navío, y también le tomó, y si la prisa que yo daba a embarcarme















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