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Хосе де Акоста. Письма. José de Acosta. Cartas.


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pueblo, los indios han tomado tan de propósito el trabajar en ella, y
ayudar con sus personas y con lo que tienen, que ha puesto en admiración
su fervor y perseverancia en esto. Son los cimientos de más de cuatro
estados, y muy dificultosos de hacer, y en lo hondo de ellos se halló una
pared de edificios antiguos del Inga, de más de dieciséis pies de grueso,
toda de piedra grande que puso admiración; para estos cimientos han traído
de piedra antigua y labrada tanta cantidad, que aunque la iglesia fuera
doblada de lo que ha de ser sobrara la piedra. Traen esta piedra de
edificios antiguos, que en el Cuzco los había en tiempo de los Ingas muy
bravos, y son algunas piedras de extraña grandeza; júntanse por sus ayllos
o parentelas a traer la piedra a nuestra casa, y vestidos como de fiesta y
con sus plumajes y galas, vienen todos cantando por medio de la ciudad, y
diciendo cosas en su lengua que ponen devoción oillas: Vamos, hermanos, y
llevemos piedra para edificar la casa del Señor; aquella es nuestra casa y
allí nos hacen bien, allí nos enseñan la ley de nuestro Dios y Redentor;
vamos, trabajemos, que buen Dios tenemos, y buenos Padres son éstos; y a
este tono otras canciones, Los Ingas, que eran los principales señores
desta tierra, trabajan con más fervor en la obra, y los Cañaris, que son
otros indios que tienen la fortaleza, y se precian de haber sido siempre
leales a los españoles, van en competencia trayendo piedra, con sus
cantares y plumajes, etc., y aun hasta las mujeres se cargan de piedra, y
van también cantando a la obra. A una destas, que era india rica y
principal, viéndola uno ir cargada por la plaza, le dijo que de mezquina y
miserable se dejaba cargar, pudiendo pagar a un indio que llevase la
piedra; ella respondió, que hacienda tenía para mucho más, pero que el
merescimiento de trabajar en la obra de Dios no se lo daba a ella el que
trabajase por su dinero. Con este fervor han henchido un gran patio, donde
habrá dos o tres mil carretadas de piedra, y aun a algunos dellos, con
envidia de gente que no gusta de ver esto, les ha costado azotes y malos
tratamientos; y con todo esto no hay desvialles desta obra, aunque
comúnmente todo el pueblo se ha edificado, y echado mil bendiciones a los
indios, y dado muchas gracias a Dios por el fervor y devoción que en estos
indios ven.

Juli.-En Juli están al presente once de la Compañía, ocho sacerdotes
y tres hermanos. Los Padres todos saben la lengua de los indios,. si no es
uno que la va aprendiendo agora, y algunos dellos saben las dos lenguas,
quichua y almará y algunos también la puquina, que es otra lengua
dificultosa y muy usada en aquellas provincias. Tienen gran ejercicio de
la lengua, y cada día se juntan una o dos horas a conferir, haciendo
diversos ejercicios de componer, traducir, etc. Con esto tenemos ya
experiencia que en cuatro o cinco meses aprenden la lengua de los indios
los nuestros de suerte que pueden bien confesar y catequizar, y dentro de
un año pueden predicar; y así hay allí cinco de los nuestros que predican
con gran facilidad y abundancia, y en esto se pone diligencia, porque se
ve por experiencia que consiste en ello la conversión de los indios. Y no
se ocupan solamente en el pueblo de Juli los Padres, sino de allí salen a
misiones por todas aquellas provincias, que tienen suma necesidad, y han
cobrado gran opinión de los nuestros con lo que oyen decir de Juli; aunque
hasta ahora las misiones no se han usado tanto, por tener aquel pueblo
necesidad de acudir enteramente a él, y no haber habido tantos obreros
como el presente. En nuestra casa se vive con tanto recogimiento y
religión como en cualquier Colegio, y no sé yo que le haya en esta
Provincia, donde haya hallado más observancia de nuestro Instituto, y
ejercicio de mortificación y obediencia que allí, porque todos los que
están allí es gente probada en la Compañía, y así están con gran consuelo,
viendo el fruto notable que por la gracia del Señor se hace. En lo
temporal tiene más comodidad que antes, porque el señor Visorrey les
añadió a lo que tenían, de manera que pueden hacer limosnas.

Las limosnas que se dan al pueblo, a pobres y enfermos, son muchas, y
es uno de los más ciertos medios para aprovechar a los indios en lo
espiritual, hacerles bien en lo temporal; y así se ve que con esto han
cobrado afición a los nuestros. El pueblo de Juli está repartido en tres
parroquias, la mayor que es la de Santo Tomás, tiene a cargo el Rector con
otros dos Padres, las otras dos, que son de Nuestra Señora y de San Juan
Bautista, tienen a cargo otros dos Padres con otros dos ayudantes, van
cada día a su parroquia, especialmente los días de la doctrina, que son
tres en la semana. Los domingos y fiestas dicen misa y predican por la
mañana cada uno en su parroquia, y por la tarde viniendo todas tres
parroquias, cada una por sí, en procesión a la iglesia mayor, cantando la
doctrina en su lengua, con tanto concierto, que pone devoción verlo;
después se les platica y declara la doctrina a cada parroquia por sí, y se
les pide cuenta y da premio de imágenes o rosarios, a los que mejor razón
dan de la doctrina; y con esto y con algunos cantarcicos devotos se
vuelven muy contentos; y en esto gastan las fiestas. Entre semana se
enseña el catecismo a los niños y viejos y gente ruda; todos los domingos
hay bautismos, y algunas veces de adultos.

Hízose con diligencia este año padrón de todo el pueblo: halláronse
catorce mil personas, sin las que estaban fuera en diversas partes; destos
eran diez mil de confesión. Habían confesado hasta entonces, que era
principio de diciembre, como siete mil y quinientos, quedaban los demás
para confesarse ahora; destas confesiones más de la mitad habrán sido
generales y de muchos años, y en esto se ha padecido hasta ahora gran
trabajo, porque estaban estos indios generalmente muy faltos de
conocimiento de Dios y de su Ley, y muy llenos de grandes idolatrías y
borracheras y deshonestidad; ya por la gracia del Señor hay tanta enmienda
que parescían otros hombres y es consuelo conversarlos y doctrinarlos.

Habránse bautizado en este año y el pasado trescientos adultos, bien
catequizados y preparados, y muchos de ellos de más de setenta y ochenta
años de infidelidad, otros que eran cristianos fingidos y se confesaban
fingidamente sin ser bautizados, a los cuales ha tocado Nuestro Señor para
que se convirtiesen a Él, y recibiesen el santo bautismo. Los que han
salido de amancebamientos y tomado el estado de matrimonio, pasan de
doscientos; de la embriaguez y borracheras, que es la mayor pestilencia
destos indios, hay ya tan poco que apenas se halla una, aunque den vueltas
a todo el puesto, porque se ha puesto en extirpar este vicio gran
diligencia por diversos medios, y el Señor con su gracia ayuda, que es lo
principal. Los indios hechiceros y confesores que, como otras veces, se ha
escrito a V. P., son los maestros de idolatría a quien acuden los demás a
confesar sus pecados y buscar [re]medios de sus necesidades con diversos
sacrificios y supersticiones, todavía hay algunos encubiertos, y éstos
destruyen al pueblo, pero con la gracia del Señor muchos destos se han
reducido y detestado en público y en secreto sus errores, y algunos dellos
viven ejemplarmente. El Señor por su bondad se digne llamar a los que
están todavía en su ceguedad, o los despache desta vida, para que cese tan
grande impedimento del evangelio.

Hay entre los indios una buena suma de gente que se da con más fervor
a las cosas de Dios y se confiesan a menudo con tanta luz y sentimiento,
como si fuesen religiosos; tienen su disciplina, que dura gran rato los
viernes, están muchas horas de rodillas delante del Santísimo Sacramento,
y algunos toda la noche. Es consuelo ver tanta gente que apenas ha
amanecido, cuando están a la puerta de la iglesia, y en abriendo entran
con mucha devoción a rezar, y puestos de rodillas derraman muchas
lágrimas, y oirles lo que hablan con Nuestro Señor con aquella
simplicidad, es particular gusto. A una india se puso a escuchar un Padre
y oíala estas razones: Señor, tú me hicistes india, y yo soy una tonta que
no tengo entendimiento, soy pobre, no tengo más que pan, dame corazón
bueno, sácame éste que tengo, mira que no soy señora de las de Castilla,
sino una india triste; dicen que tú, Señor, no aborreces los indios, sino
que los quieres salvar; pues, por qué no me abres mi corazón, que soy una
bestia y una piedra; hazme buena cristiana, que yo te serviré; y a este
modo otras cosas con gran compunción. Algunas son tan sencillas, que
llegan al altar mayor donde está el Santísimo Sacramento y dicen: Padre
mío que me engendraste, loado sea Jesucristo; aquí estás Señor, no me
olvides. Y cada vez que visitan el Santísimo Sacramento suelen decir al
Señor: Loado sea Jesucristo. Hanse visto en las confesiones muy notables
llamamientos de Dios, que parece se digna llamar a esta gente con
particular ayuda. Un indio se llegó a un Padre hincado de rodillas, con
una gran suma de quipos, que son unos memoriales que traen de sus pecados,

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