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Хосе де Акоста. Письма. José de Acosta. Cartas.


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consentir más en este pecado, que siendo solicitadas y aun de españoles,
los confunden diciendo que cómo siendo ellos cristianos se atreven a
decirlos cosa semejante. Finalmente me parece que estamos en el tiempo que
Jesucristo Nuestro Señor dijo: Messis quidem multa, operarii autem pauci,
y que si alcanzamos con nuestras oraciones de Dios Nuestro Señor, que
envíe obreros a esta gente, alcanzaremos mucho gozo de ver la mucha mies
que se coge, porque de lo que se vee, me parece que se verifica aquí
también lo que el mismo Señor dijo: Videte regiones, quoniam albae sunt
iam ad messen, y que de España y aun del otro cabo del mundo las habían de
venir a ver, y estoy muy confiado que todos los que vinieren darán por muy
bien empleado el trabajo de su venida, porque será el de sus ministerios
muy fructuoso para gloria de Dios Nuestro Señor y salud destas almas
redimidas por su sangre. Plega al Señor común de todos, que a estos pobres
suyos los disponga cada día mejor para que reciban el evangelio, y a
nosotros nos haga fieles ministros para ellos, porque desta manera gocemos
todos de los bienes que tiene prometidos a los que fielmente cumplen el
oficio que el mismo Señor les tiene encomendado.

Esta carta lea V.ª R.ª a todos mis carísimos Padres y Hermanos, para
que los que pudieren se animen a desear y pedir esta empresa, y los que no
pudieren tengan cuidado de ayudar en sus devotas oraciones a los que andan
en ella. Y a todos nos dé gracia Nuestro Señor que siempre hagamos su
santa voluntad. Deste Colegio del Cuzco, 18 de octubre, 1576.
11. Misiones varias.

De una del P. José de Acosta para los Padres y Hermanos de Lima.-Pax
Christi. En veintisiete del pasado recibí el pliego de cartas de ese
Colegio, y grande consuelo con saber el crecimiento de misericordias que
el Señor va dando a todos por su bondad; de los nuevamente ordenados, y
orden en los estudios, ejercicio de virtud y mortificación, doy gracias a
Nuestro Señor que notablemente va ayudando, y ayudará siempre según confío
a ese Colegio. Yo he escrito al P. Rector y a algunos otros Padres en
particular algunas cosas de acá, y agora me ha parecido escribir en común
a todas Vuestras Reverencias, porque pienso será el consuelo mayor.

Y comenzando de nuestro camino, lo que tengo que decir es, que mis
compañeros me edificaron y ayudaron mucho al ejercicio de caridad con los
indios, viendo su celo y el fruto tan manifiesto. El hermano Gonzalo, como
veníamos algo despacio, tuvo lugar de predicar en casi todos los pueblos
que hay en este camino, y acudían los indios con tanta devoción, que
aunque no fuese día de fiesta ni de doctrina, dejaban lo demás por oír el
sermón, y oían con tanto gusto y atención, que de verlos yo a ellos, y el
buen espíritu y fervor con que el Hermano les predicaba, no pedía de
verdad contener las lágrimas, dando gracias al Señor por el sentimiento y
devoción que en esta gente veía. El Padre Doctor Montoya en todo el camino
jamás dejó de acudir a las confesiones de indios que se ofrecían, las
cuales eran muchas y las más de ellas generales, no dejándolo algunas
veces hasta bien de noche. Decíame el buen Padre viendo la moción de los
indios con que venían a aprender la ley de Dios y a confesarse, aquello de
los Actos de los Apóstoles: Certi facti sumus quod vocavit nos Deus
evangelizare indis. El Hermano Contreras visitaba los enfermos, y veía si
tenía alguno necesidad de confesarse o de alguna otra cosa, con mucha
caridad. Yo por mi parte, aunque me halle de ordinario con pocas fuerzas,
las veces que se ofreció, ayudé con algunas confesiones y sermones como
pude. A todos dió Nuestro Señor salud, y casi en todos los pueblos topamos
quien con mucho amor nos regalase, que verdadera mente me maravillaba
algunas veces de ver el buen olor y estima que la Compañía tiene en todo
este reino. Sea el Señor alabado por todo. Amén.

Con algún poco de rodeo venimos por las minas de Guancavelica, donde
se hizo servicio al Señor con algunos sermones y confesiones a españoles y
indios. Procuré entender las cosas de aquellas minas que para tratar las
conciencias de muchos en este reino, me pareció importante, y de lo que
pude entender escribí a Su Excelencia mi parecer. Vi las minas de azogue,
y las fundiciones, y todo lo demás con alguna curiosidad, y maravilleme
mucho la labor antiquísima de los indios, que para sólo sacar su limpi con
que ellos se embijaban o pintaban, hay muchas minas labradas de extraña
profundidad con increíble artificio, porque me decían los españoles que
para poder atinar a salir los que entran en aquellos socavones, llevan
unas guascas o cordeles, por las cuales se guían al salir, como lo que
cuentan del laberinto de Creta. Los desechos y granzas digamos de aquel
limpe, que es el azogue, que sacan hoy de los que llaman lavaderos, que
los indios no conocían que era azogue. En aquel asiento vi dos fuentes
grandes de agua, que como va manando se va convirtiendo en una peña no muy
dura, de la cual cortan para hacer sus casas los indios que allí habitan.
El temple me pareció por extremo desabrido, pero la codicia de tanto
azogue como allí se saca, le hace a muchos sabroso. El trabajo y peligro
de los indios me pareció no ser tanto con grandes partes, como allá lo
encarecían; la falta de doctrina y no muy buena paga se me hizo cosa de
mucho escrúpulo, como lo escribí al Virrey.

Llegamos al Cuzco en tres de octubre, víspera del glorioso San
Francisco, donde el Padre Visitador y los otros Padres me esperaban, y así
nos recibieron con un particular gozo de todos. Viendo que las más cosas
de esta Provincia estaban detenidas hasta la Congregación Provincial, me
pareció comenzarla luego la semana siguiente, y en ella, aunque no fuimos
muchos, fué mucho lo que el Señor nos consoló por su bondad. Ofreciéronse
misas y disciplinas y oraciones por la elección del Procurador que ha de
ir destas Indias a nuestro Padre General, en la cual se deseó mucho
acertar, por ser de tanta importancia en la coyuntura que es, para el
asiento de las cosas de estos indios, y así estoy cierto que por los
sacrificios y oraciones de allá, juntos con los de acá, fué el Señor
servido que con mucha conformidad y sinceridad, de la primera vez saliese
por Procurador el Padre Maestro Piñas, rector de ese Colegio. Y porque
pudiese dar a nuestro Padre General cumplida noticia de esta Providencia y
de las cosas de este reino, pareció a todos los Padres importante el venir
por acá, y dar una vuelta por este Colegio, y por lo demás donde la
Compañía puede hacer asiento en estas partes, pues con el favor divino
terná tiempo de volver para cuando se haya de embarcar para Tierra Firme.
Lo demás de la Congregación se gastó en algunas cosas que de nuevo se
ofrecieron, sobre las que se trataron en Lima, a las cuales rogamos al
Padre Visitador se hallase presente. En todo nos consoló Dios Nuestro
Señor.

Acabada la Congregación sucedió el repartir los Padres a diferentes
Misiones, que no han dado pequeño cuidado, ofreciéndose tanto a que
acudir, y tan pocos que lo puedan hacer. La primera misión fué a Juli,
pueblo de la provincia de Chucuito, donde nos pareció al Padre Visitador y
a mí se comenzase a hacer la prueba y experiencia, de tomar la Compañía
doctrinas, hasta ver cómo sucede esto, y cuál sea la voluntad de Dios en
esta parte. Hanos parecido gran comodidad la de allí: lo primero porque
habiendo su Excelencia señalándonos doctrina en aquella provincia, por ser
de Su Majestad, el Presidente y Audiencia y Cabildo eclesiástico de la
ciudad de La Plata, gustaron mucho que fuese el pueblo de Juli, y así se
lo pidieron al Padre Maestro Luis López sin tratarlo él, y lo que yo
estimo en mucho, los mismos sacerdotes de la provincia y su Vicario, han
mostrado particular contento de que los de la Compañía estén allí. Lo
segundo por ser aquel pueblo, el que está más en medio y el mayor de
aquella provincia, de suerte que con facilidad, dándonos el Señor copia de
obreros, se podrá por vía de misión acudir a toda aquella provincia, y a
la de Omasuyo que está de la otra parte de la Laguna, y aun a gran parte
del Collao. Lo tercero, de iglesia y casa hay allí la mejor comodidad de
aquella provincia, para poder tener recogimiento, y vivir casi como en
colegio de la Compañía. Hanse enviado siete de los nuestros, cuatro de
ellos sacerdotes y profesos, de quien yo tengo mucha confianza en el
Señor. Por rector fué el Padre Bracamonte.

La ida del Padre Barzana allá, sintieron en tanto extremo los indios
del Cuzco que es cosa de admiración, porque en sabiéndolo vinieron a este
colegio, y en toda una tarde no cesaron de llorar y dar gritos, y el otro
día a la mañana ya estaba la casa e iglesia llena, y por todo el camino
por espacio de una legua, saliendo yo a acompañar a los Padres, vi los
indios y indias de diez en diez, y de quince en quince, estarnos
esperando, y con unas lágrimas vivas decían cosas que enternecieran las

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