PEDRO DE CIEZA DE LEON. PARTE IV DE LA CRÓNICA DEL PERÚ. TERCERO LIBRO DE LAS Guerras civiles del Perú, EL CUAL SE LLAMA LA GUERRA DE QUITO (Libro III).


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PEDRO DE CIEZA DE LEON. PARTE IV DE LA CRÓNICA DEL PERÚ. TERCERO LIBRO DE LAS Guerras cipiles del Perú, EL CUAL SE LLAMA LA GUERRA DE QUITO (Libro III).
Педро де Сьеса де Леон. ЧАСТЬ ЧЕТВЕРТАЯ ХРОНИКИ ПЕРУ. КНИГА ТРЕТЬЯ. Гражданская война в Кито.

TERCERO LIBRO

DÉ LAS

Guerras cipiles del Perú,

EL CUAL SE LLAMA

LA

GUERRA DE QUITO,

HECHO POR

PEDRO DE CIEZA DE LEÓN,

Coremsta di las cosas di las Indias,

Y PUBLICADO POR

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA.

TOMO I

MADRID

IMPRENTA DE M. G. HERNÁNDEZ

San Miguel, a3, bajo

1877

Tomo 11 dela BiblioUca Htspa%o-Ultramarina.

PRÓLOGO.

I.

La primera edición de LA GUERRA DE QUITO es algo

más que una modesta ofrenda a la literatura castellana,

es la reparación de una grande injusticia y una prueba

irrecusable de que las crónicas de Indias, y en especial

las más autorizadas y corrientes, necesitan de una crí-

tica severa, que tase la demasiada confianza con que se

aceptan y se siguen.

Yo confieso mi engaño: prendado de aquel narrar

vigoroso y sencillo, tan claro y tan expresivo de lo que

quiere decir, casi siempre sin embarazarse con retóri-

cas ni atildamientos de lenguaje; trasunto del habla

suelta y pintoresca y reflejo de la enérjica acción de los

que daban, al conquistar y ennoblecer un mundo, su

mejor argumento á nuestra historia, le creia eco; no

sólo de la verdad de los sucesos referidos, sino también

VI

Prólogo.

de la veracidad de quienes, por vocación ó por oficio,

debían consignarlos religiosamente en libros destinados

á guardar, como depósito sagrado, la vida y el alma en-

teras de los pueblos, sus vicios y virtudes, sus ale-

grías y dolores, sus realidades y sus sueños, sus es-

plendores y miserias; y que, con el trascurso de los tiem-

pos, tal vez, de puro humanos, llegan á ser divinos.

Las reflexiones y sentencias que pocas veces suspenden

el discurso, inspiradas en los principios de una moral

estrecha, supersticiosa, pero en el fondo sana; y la noble

franqueza con que sin ambajes ni disimulos se censu-

ran las faltas y se condenan los delitos (heroicos para

mí) que cometimos en,el calor de aquella obra gigan-

tesca, aumentaban mi fe en los autores de esos testimo-

nios de nuestra antigua gloria.

Hoy siento de otro modo de los que así escribían:

los hechos me persuaden á que algunos de ellos no

procedieron con la honradez escrupulosa, que parece

haber sido en todas épocas norte y divisa de los histo-

riadores castellanos.

"La Historia del Perú% de Agustín de Zarate, dice

Prescott, ocupa un lugar permanente entre las más

respetables autoridades para la historia de aquellos

tiempos;" (a) y el erudito don Enrique de Vedia: "no

(a) LA CONQUISTA DBL PBRÚ, Adición al libro último.

VII

vacilamos en decir que, después de ser uno de los mo-

numentos históricos más bellos (quizá el primero) de

nuestra lengua, es una autoridad respetable en alto

grado respecto á los sucesos de que trata/' (a) En

efecto, otro tanto dirá el menos avisado de los que la

leyeren, sobre todo parando su atención en la habilí-

sima dedicatoria al príncipe don Felipe, donde el autor

declara cómo y cuándo la ha escrito, y pone de relieve

con magistrales formas el aprecio en que debe tenérse-

la. Y sin embargo, Zarate no es el padre de su obra sino

á medias. Ya él manifiesta al fin de la "Declaración"

que va después de la dedicatoria, que "La principal

relación de su libro, en cuanto al descubrimiento de la

tierra, se tomó de Rodrigo Lozano, vecino de Trujillo,

que es en el Perú, y de otros que lo vieron;" pero no

declara que los libros 5.0, 6.w y 7.0 están tomados de

otra relación que no es suya, y que siguió—cosa que

no me explico—hasta en aquellos acontecimientos que

hubo de presenciar, no obstante los errores que con-

tiene, en alguno de los cuales es imposible que incur-

riera persona de su talento y perspicacia (1). La "respe-

table autoridad que en alto grado" comunica á su his-

toria la circunstancia de haber sido testigo de los suce-

(a) HISTORIADORES PRIMITIVOS DE INDIAS, t. x.°, XI; Bibl. de Au-

tores Esp., t. 26.0

VIII

Prólogo.

sos que comprende, queda también bastante quebran-

tada con la averiguación del tiempo que pudo residir

en el Perú. La cuenta es clara: Zarate entraba en ese

#. reino por Enero ó por Marzo de 1544 con el virey

Blasco Nuñez Vela, y salia de él á principios de Junio

de 1545 (a): luego sólo presenció los sucesos referidos

en el libro 5.0 hasta el capítulo xxi ó xxn inclusive. Y

hé aquí por qué don Antonio de Alsedo (b) le califica

con razón de historiador de gran mérito, pero de

poca exactitud, aunque sin aducir las pruebas que

yo aduzco.

Diego Fernández de Palencia escribe con origi-

nalidad, culta frase y riqueza de interesantes pormeno-

res la segunda parte de su Historia del Perú; mas la

primera—redactada después de la* segunda—la copia

letra á letra—salvo las correcciones necesarias en el

tiempo y persona de los verbos y trastornando los pe-

ríodos—de otra historia ó relación histórica que com-

puso, ú ordenó cuando menos, el licenciado Pedro de

La Gasea, valiéndose de las comunicaciones y cartas

de oficio que él mismo habia dirigido desde América,

durante su gobierno y jornada contra Gonzalo Pizarro,

al Emperador, á los Príncipes y al Consejo de las Indias.

(a) Véase el Apéndice núm. i.°

(b) BIBLIOTECA AMERICANA MS.

Prólogo.

IX

Entre los papeles que este político y clérigo sin tacha

legó al colegio de San Bartolomé de Cuenca, hállase

un trozo de la antedicha relación, el cual he sometido

á minuciosa compulsa con el texto de Fernandez; y no

hay dudar, el plagio es manifiesto y tan descarado, que

hasta puede marcarse en el último con toda exactitud

en el lib. 2.0, cap. 47.°, f.° 100 vuelto, col. 2.a, lín. 34,

la primera palabra del manuscrito de La Gasea: procu-

raríamos (2).

¿Cabe ya, desde hoy en adelante citar sin toda clase

de reservas un lugar, una frase de Zarate ó Fernández?

Quien falta á su conciencia, ¿no faltará mejor á la ver-

dad, ya que no por antojo, obligado de altísimos respe-

tos, ó bien por amistad, gratitud, ambición ó salario?

Ninguno de los» historiadores de Indias, sin em-

bargo, ha llegado donde Antonio de Herrera en esto

de apropiarse los trabajos ajenos. Siquiera * el Con-

tador y el Palentino tienen en su disculpa haber usado,

el primero, de un documento anónimo y acaso relegado

á los archivos cuando lo disfrutó; el segundo, de un

escrito que al cabo no era más que una memoria de los

insignes hechos de su autor, de sobra conocidos y en-

comiados por todo el mundo á la sazón de publicarlo.

Pero el Cronista de Castilla y mayor de las Indias, sobre

haber incurrido en otras comisiones semejantes (3), se

atrevió á sepultar en sus Décadas una crónica entera y

X

Prólogo.

modelo en su clase, y con ella el nombre de un soldado

valiente y pundonoroso, los afanes y desvelos de un

hombre honrado y de elevada inteligencia y una repu-

tación de historiador más grande y bien ganada que la

suya. Reputación que comenzó con un libro por ven-

tura sin par é inimitable (4), especie de itinerario geo-

gráfico, ó más bien animada y exacta pintura de la

tierra y del cielo, de las razas, costumbres, monumen-

tos y trajes del dilatado imperio de los incas y países

al Norte comarcanos, y de las poblaciones recien fun-

dadas por los españoles; fondo maravilloso del gran

cuadro de su conquista y de las sangrientas y encona-

das guerras de los conquistadores, cuyo relato, pre-

cedido de los anales de los reyes cuzqueños, daba fin

á la obra, bajo un plan que demuestra por sí solo el

ánimo, los brios y el talento de quien lo bosquejó

mancebo todavía.

La pintoresca descripción geográfica se imprimió con

el título de LA PRIMERA PARTE DE LA CRÓNICA DEL PE-

RÚ, en Sevilla y el año de 1553 (5); el resto es lo usur-

pado con tan buena maña ó tan buena suerte, que hasta

principios del presente siglo no supieron algún que

otro bibliófilo que existia realmente el libro que ahora

se publica por primera vez en esta BIBLIOTECA (a).

(a) Y sin embargo, el P. Pedro de Aguado, en su HISTORIA DE SANTA

Prólogo.

XI

Ya fe que no comprendo cómo la pluma, aunque

era vigorosa, del Tito Livio castellano, no vaciló al

borrar, para hacer suyas las páginas del soldado cronis-

ta, ciertas frases que debieran moverle á proceder con

más nobleza, ó al menos con caridad cristiana. 'INo creí,

cuando comencé á escrebir las cosas subcedidas en Perú,

que fuera proceso tan largo, porque ciertamente yo

rehuyera de mi trabajo tan excesivo; porque conocien-

do mi humildad y llaneza, como otras veces he referi-

do, no ignoro mi escambrosa pluma no era digna de

escrebir materias tan grandes... A Dios con toda humil-

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