Fray Pedro de Aguado. Recopilación historial. Primera parte. Libro décimotercero, Libro catorce, Libro quince, Libro diez y seis.


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Fray Pedro de Aguado. Recopilación historial. Primera parte. Libro décimotercero, Libro catorce, Libro quince, Libro diez y seis.
Монах Педро де Агуадо. Исторический сборник. История Колумбии, Венесуэлы.

Edición original: Bogota, Empresa Nacional de Publicaciones. 1956-1957

LIBRO DECIMOTERCERO | [1]

En el libro trece se escribe cómo los vecinos de Pamplona pidieron en la Audiencia que se poblase una villeta en el valle de Santiago, sufragana a Pamplona, para que más seguramente se pudiesen servir de los naturales que en aquel valle tenían encomendados. La Audiencia nombró para este efecto al capitán Maldonado, vecino de Pamplona, que juntando la gente que pudo se metió, descubriendo por algunas poblazones y valles comarcanos a Santiago, después de lo cual pobló la villa que llamó de San Cristóbal, en el propio valle de Santiago, no sufragana a Pamplona, mas libre. Hizo un fuerte de tapia donde la gente se... giese y estuviese segura de.... Descubrió otros valles y poblazones que... vecinos... Pamplona, donde tenía su mujer y casa. Por su ausencia y por otras muchas causas y... villa de... | [2] |.

Capítulo primero En el cual se escribe cómo los vecinos de Pamplona pidieron en la Audiencia que se les diese licencia para poblar una villa en el valle de Santiago, y cómo les fue dada y nombrado por capitán para el efecto por la Audiencia a Juan Maldonado, vecino de Pamplona.

Aunque Juan Rodríguez Juárez descubrió el valle de Santiago, que en lengua de sus propios naturales es llamado Çorca, y los adjudicó por términos de Mérida, ningún derecho adquirió con esto para que le quedase sufragáneo a su pueblo ni los indios en las personas a quien él los encomendó y señaló, porque como muchos años antes de esto el general Pedro de Orsúa, que pobló a Pamplona, llegase hasta las poblazones de Cúcuta y diese vista a la loma verde, que es lo que Juan Rodríguez llamó el pueblo de la guazabara y otro valle que por noticia tenían estar adelante, llamado antiguamente Çama, y demás de esto dio otras muchas poblazones y caseríos dende la loma verde adelante que entraban en las poblazones de este valle, de todo lo cual hizo cédulas de encomiendas a vecinos de Pamplona, que fueron confirmadas por el gobernador Miguel Díaz y después de él por la Audiencia Real; pues como este valle de Santiago estuviese apartado de Pamplona más de doce leguas, y los encomenderos no se atreviesen a entrar en él ni en sus poblazones a servirse y aprovecharse de los indios, por ser belicosos e indómitos, y que si no era con violencia no les hacían humillarse, concertaron que en este valle se poblase una villeta sufragana a su pueblo, que no tuviese más jurisdicción de la que el cabildo de Pamplona en ella pusiese, lo cual no se atrevieron a hacer de su autoridad, porque ya la Audiencia les había amenazado por la licencia que habían dado a Juan Rodríguez Juárez para ir a buscar minas con junta de gente, y les habían suspendido y anulado las comisiones que antiguamente tenían y puéstoles pena para que no consintiesen ni diesen licencia a que nadie saliese de Pamplona con junta de gente; y para evitar todos estos inconvenientes enviaron un procurador a la Audiencia con informaciones de la necesidad que había de que en aquel valle se poblase la villa en la forma dicha, demás de que era grandísimo el peligro y riesgo que los caminantes y pasajeros que habían de ir a Mérida corrían de ser muertos y flechados de los naturales de este valle y de otros que están comarcanos al camino porque forzosamente habían de pasar por este valle de Santiago, cuyos naturales podían hacer todo el daño que quisieran en los pasajeros, como no fueran en cantidad y bien armados.

Estas y otras causas muy urgentes tenían los vecinos de Pamplona y su procurador para que esta licencia se les concediese por la Audiencia Real, las cuales, como he dicho, presentaron con bastante averiguación de testigos ante el presidente y oidores que en aquella sazón eran los licenciados Grajeda, Artiaga, Angulo y Villafañe, por los cuales, vista la necesidad que había de que en el valle de Santiago se poblase una villa, dieron la licencia, como de parte de Pamplona les era pedida; y para que la poblase y repartiese los naturales que a ella habían de ser sufraganos, nombraron al capitán Juan Maldonado, vecino de Pamplona, como a persona que ya tenía bastante experiencia de semejantes negocios, y le dieron poderes y provisiones e instrucción de lo que debía y había de hacer, y aun de parte de los propios vecinos se pidió que se cometiese a él el negocio, porque entre ellos era persona principal y tenida en mucha reputación y estimación, así por el valor y reputación de su persona, que era mucho y digno de no ser menospreciado, como por ser tenido por caballero y de linaje ilustre y descendiente de una cepa tan principal y a quien no sola España, pero todas las universidades del mundo donde la ciencia se profesa y enseña tanto debe, como fue el maeso Antonio de Lebrija, luz y esplendor de la gramática y latinidad.

Este Maldonado, hombre de buen juicio y de agudos dichos y muy graciosos, de los cuales se precia él mucho, aunque por ello y hablar libremente es algo aborrecido de gentes de robusta condición y que no querían ver a otros que supiesen hablar; pero como es hombre que tiene lo necesario sin haber de acudir ni respetar a otro, menosprecia las quejas de semejantes, y muchas veces dice que por decir un buen dicho que él quiere perder un amigo; y como en esta parte es ya conocido de todos, antes se llegan a oírle hablar, aunque los lastime y muerda agudamente, que perder su buena conversación, y sobre todo se ha preciado mucho de la jineta, en la cual tiene entre quien le conocen fama y loa de muy buen jinete y que graciosamente se pone sobre un caballo y lo manda y gobierna. Ha sido hombre venturoso entre indios, porque con haber seguido la guerra de ellos más de veinte y cinco años y haberse hallado en muchas guazabaras, jamas le han herido ni lastimado, y demás de esto, doquiera que ha capitaneado, siempre ha evitado y aborrecido la severidad y crueldad contra los indios, y así continuo antes que otro ninguno los traía de paz y a su amistad.

Aceptó Maldonado con pesadumbre la comisión que la Audiencia le enviaba, y no quisiera usar de ella porque temía la misma persecución que contra Juan Rodríguez Juárez había venido casi por su propia mano; porque en semejantes poblazones y descubrimientos no se excusan algunas muertes de indios, que locamente se meten por las puntas de las lanzas y espadas, o que con necia obstinación se hacen fuertes en sus pajizas casas, donde por mano de severos soldados reciben la pena que les quieren dar. Llueven después casi todas estas cosas sobre el propio capitán, y siempre quien las acusa las glosa y hace más feas de lo que son, y ponen a un hombre que porque ellos tengan de comer ha gastado su hacienda en detrimento de perder la honra y vida, porque nunca falta un juez apasionado que dé oído a los tales y mande que se haga lo que desean, y sin tener atención, como sería justo que se tuviese, a lo que el capitán ha servido al rey, lo maltratan y persiguen hasta dejarlo en el hospital, y a veces en lugar más afrentoso.

Capítulo segundo En el cual se escribe cómo Maldonado salió de Pamplona con gente, y pasando por el valle de Cúcuta fue a Cania, poblazón de antigua fama, y de allí, enviando primero a descubrir, se pasó al valle de Quenemari, y le salieron los indios de paz.

El capitán Maldonado comenzó luégo a usar de su comisión juntando gente y soldados para el efecto de su jornada, en la cual no sólo había de poblar, pero descubrir y pacificar los indios que en círculo del valle de Santiago había; a la cual jornada fueron promovidos a ir muchos vecinos de Pamplona y encomenderos de indios, pareciéndoles que como la villa, según ellos lo pretendían, había de ser sufragana a Pamplona, que podrían tener indios en entrambos pueblos y aprovecharse de todos, pero estos sus designios fueron frustrados, según adelante se dirá.

Juntáronse entre soldados extravagantes y vecinos de Pamplona hasta treinta y cinco hombres, con los cuales el capitán salió de Pamplona y atravesando por Cúcuta y la loma verde de la guazabara, fue a ver y descubrir el valle de Canía, llamado así de sus propios naturales, el cual por la antigua y gran noticia que de él se tenía, creyeron los españoles que fuese alguna gran poblazón y de muchos naturales, lo cual pareció al contrario, porque como Maldonado y los demás soldados entrasen en él, vieron manifiestamente el engaño en que antes habían estado, pero con todo esto fueron bien hospedados de los naturales, que les salieron de paz y con mucha comida al camino, de pescado, yuca, maíz, batatas, auyamas y frisoles, de lo cual tenían en abundancia, porque aunque el valle es de pocos naturales es muy fértil y abundoso de todas comidas, y tierra muy templada.

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