que dejaron.
5.— Es menester que os esforcéis y tengáis ánimo para sufrir los trabajos que os están aparejados, que son hambre y sed y cansancio, y falta de mantenimientos, habéis de comer el pan duro y los tamales mohosos, y habéis de beber agua turbia y de mal sabor; habéis de llegar a ríos crecidos, que van impetuosos, con avenidas, y que hacen espantable ruido y que no se pueden vadear; por esta causa habréis de estar detenido algunos días, habréis de padecer hambre y sed.
6.— Mirad hijo, que no os desmayéis con estas cosas, ni volváis atrás del trabajo comenzado, porque no nos afrentéis a nosotros vuestros padres. Por este camino fueron los viejos antepasados, y pusieron sus vidas muchas veces a riesgo, y por ser animosos vinieron a ser valerosos, honrados, y ricos.
7.— Finalmente, pobrecito mancebo, si alguna buenaventura os ha de dar nuestro señor, si nuestro señor os tiene en algo, primero conviene que experimentéis trabajos y pobrezas, y sufráis fatigas intolerables, como se ofrecen a los que andan de pueblo en pueblo, que son grandes cansancios y grandes sudores, y grandes fríos y grandes calores; andaréis lleno de polvo, fatigaros ha el mecapal en la frente; iréis limpiando el sudor de la cara con las manos; aumentarse ha vuestro trabajo, en que seréis compelido a dormir al rincón y detrás de la puerta de casas ajenas, y allí estaréis cabizbajo y avergonzado, y tendréis la barriga pegada a las costillas de hambre, y andaréis de pueblo en pueblo discurriendo; y demás de esto, os afligirá la duda de la venta de vuestras mercaderías, que por ventura no se venderán, y de esto tendréis tristeza y lloro.
8.— Antes que alcancéis algún caudal o buenaventura, habéis de ser afligido y trabajado hasta lo último de potencia; y allende de esto muchas veces os será necesario dormir en alguna barranca, en alguna cueva, o debajo (de) alguna lapa, o cabe alguna piedra grande.
9.— Si por ventura nuestro señor os matare en alguno de estos lugares no sabemos, y quizá no volveréis más a vuestra tierra. ¿Y quién sabe esto? Por esos caminos conviene que devotamente vayáis llamando a dios y haciendo penitencia, y sirviendo humildemente a los mayores en cosas humildes, como es dar agua a manos y barrer, etcétera.
10.— Mirad que no desmayéis, mirad que no volváis atrás de lo comenzado, y mirad que no os acordéis de las cosas que acá dejáis; continuad y perseverad en vuestro camino, en sufrir los trabajos.
11.— Por ventura nuestro señor os hará merecedor que volváis con prosperidad, que os veamos vuestros padres y vuestros parientes; mirad que tengáis en lugar de mantenimientos estos avisos, que aquí os damos nosotros, que somos vuestros padres y vuestras madres, para que con ellos os esforcéis y animéis. Hijo muy amado, esforzaos y andad con dios; aquí os enviamos vuestros padres para que hagáis vuestro negocio, apartándoos de vuestros parientes, etcétera”.
12.— De esta manera los mercaderes viejos a los mancebos que nuevamente iban con otros mercaderes a tierras extrañas, a mercadear, los hablaban y esforzaban, y ponían delante los trabajos y dificultades en que se habían de ver, así en los poblados como en los desiertos, en la prosecución de su oficio de mercadear.
CAPÍTULO XVIII
DE OTRO RAZONAMIENTO QUE LOS MISMOS HACÍAN A LOS QUE YA OTRAS VECES HABÍAN IDO A MERCADEAR LEJOS
1.- TAMBIÉN los mercaderes viejos hacían algunas exhortaciones a los mancebos que iban a mercadear, que tenían ya experiencia de los caminos y trabajos; con brevedad les hablaban de las cosas que se siguen, diciéndoles:
2.— “Mancebo que aquí estáis presente, no sois niño, ya tenéis experiencia de los caminos y de los trabajos de caminar, y de los peligros que hay en este oficio de andar de pueblo en pueblo mercadeando; ya habéis andado los caminos y ya habéis andado por los pueblos donde ahora queréis otra vez ir.
3.— No sabemos lo que sucederá, ni sabemos si os veremos más. Por ventura allá se os acabará la vida en alguno de esos pueblos y de esos caminos: acordaos heis, en cualquiera que os acontezca, de los avisos y lágrimas de nosotros vuestros padres, que os amamos como a hijo (y) deseamos merecer gozar de vuestra vuelta y de veros acá, con salud y prosperidad.
4.— Ahora, hijo, esforzaos e id enhorabuena, bien sabemos que en vuestro camino no os han de faltar trabajos, que el camino de suyo es trabajoso y fatigoso; tened cuidado de los que van con vos, no los dejéis ni desamparéis ni apartéis de su compañía; tenedlos y tratadlos como a hermanos menores, avisadlos en lo que han de hacer cuando llegáredes a los descansaderos para que cojan heno, y hagan asentaderos para que se asienten los más viejos.
5.— Ya hemos avisado a esos vuestros compañeros, que no han ido otra vez a mercadear, y andar esos caminos a que ahora vais, etcétera, y por eso no es menester alargarnos en palabras. Esto, hijo mío, os hemos dicho con brevedad, idos en paz, haced vuestro oficio y esforzaos.”
6.— En habiendo acabado de hablar los viejos, el mancebo respondía brevemente diciendo: “En merced tengo, señores, la consolación que se me ha dado sin ser yo digno de ella; habéis hecho como padres y madres, como si fuera salido de vuestras entrañas; os habéis desentrañado conmigo, habéisme dicho palabras sacadas del tesoro que tenéis guardado en vuestro corazón, que son preciosas como oro y piedras preciosas y plumas ricas, y por tales las recibo y estimo; no me olvidaré de estas palabras tan preciosas, en mi corazón y en mis entrañas yo las llevaré atesoradas.
7.— Lo que os ruego es que en mi ausencia no haga falta en mi casa de quien barra y haga fuego, en ella queda mi padre o madre, o mi hermana o mi tía; ruégoos que tengáis cargo de favorecerlos para que nadie les haga algún agravio, y si nuestro señor tuviese por bien de acabar mi vida en este camino, lo dicho, y con esto voy consolado, cualquiera cosa que acontezca”.
8.— Acabadas estas palabras todos los que estaban presentes comenzaban a llorar así hombres como mujeres, despidiéndose el que partía, y después comían y bebían todos.
CAPÍTULO XIX
DE LAS CEREMONIAS QUE HACÍAN LOS QUE QUEDARAN POR EL QUE IBA, SI VIVÍA, Y OTRAS CUANDO OÍAN QUE YA ERA MUERTO.
1.- HABIÉNDOSE partido el mercader que se había despedido de sus parientes y de su casa, el padre o madre o mujer, o los hijos, todo aquel tiempo que estaba ausente no se lavaban la cabeza, ni la cara, sino de ochenta a ochenta días: en esto daban a entender que hacían penitencia por su hijo, o por su marido, o por su padre que estaba ausente; bien se lavaban el cuerpo en este tiempo, pero no la cabeza, hasta la venida de aquel que esperaban.
2.—Y si por ventura moría allá, primero lo sabían los mercaderes viejos, y ellos lo iban a decir a la casa del muerto, para que llorasen y para que le hiciesen sus obsequias y honras, como ellos acostumbraban; y entonces iban todos los parientes del muerto a visitar, y a consolar a la mujer, o padre o madre del muerto; y después de cuatro días, hechas las obsequias lavaban la cara y jabonaban la cabeza, decían que quitaban la tristeza.
3.—Y si por ventura aquel mercader le habían muerto sus enemigos, en sabiéndolo los de su casa hacían su estatua de teas atadas unas con otras, y aderezábanla con los atavíos del muerto, con que le habían de aderezar a él si muriera en su casa, que eran diversa manera de papeles con que acostumbraban a aderezar a los muertos, y ofrecíanle delante otros papeles, y llevaban la estatua así compuesta al calpulco, que era la iglesia de aquel barrio, y allí estaba un día.
4.— Delante de la estatua lloraban al muerto, y a la media noche llevaban la estatua al patio del cu, y allí la quemaban en un lugar del patio que llamaban Quauhxicalco o Tzompantitlan.
5.—Y si el tal mercader moría de su enfermedad, hacíanle la estatua como ya está dicho, pero su estatua quemábanla en el patio de su casa, a la puesta del sol.
6.— También decían que era este signo próspero para partirse para la guerra los soldados. Decían que los que nacían en este signo tendrían buena fortuna, y serían ricos si hiciesen penitencia por reverencia de su signo; y si fuesen descuidados en hacer penitencia perderían la ventura que habían de haber; y el que nacía en este signo no le bautizaban luego, sino al tercer día que era la casa de ei mázatl, y entonces la ponían el nombre, porque como está dicho (que) todas las terceras casas de los signos son
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