Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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as que el peón deje por tal causa de concurrir a su traba¬jo”0.
En todos los sectores rurales, es necesario advertirlo, la numerosa policía territorial controla el estricto cum¬plimiento de las normas establecidas. En primer lugar se impide que el peón pueda abandonar su trabajo antes de finalizar lo estipulado en su contrato, aunque sea por ra¬zones de fuerza mayor. Se trata, por cierto, de una ser¬vidumbre lindante con la esclavitud, que se agrava en las zonas marginales del sur poco antes incorporadas a la producción. En ese aspecto, al finalizar el siglo XIX el artículo 71 de la “ley de conchabos” de Tucumán de¬termina que los jornaleros están obligados bajo severas penas a concurrir a sus tareas. Precisando más: los que faltasen “sin licencia del patrón, o sin aviso por lo menos en caso de necesidad justificada, serán castigados con un día de arresto, o con una multa de un peso nacional, y entregados al patrón, cumplida la condena”.
El sistema de tenencia de la tierra y las relaciones au¬toritarias de trabajo permiten el despilfarro de la riqueza de latifundistas y propietarios de “los ganados y las mie-ses” cantadas por Lugones en 1910; el lujo de los menos y la miseria de los más. En ningún momento financian con los réditos de las exportaciones a Inglaterra, Fran¬cia, Alemania y Bélgica el desarrollo del país o la trans¬formación de sus establecimientos, descontados los sun¬tuosos edificios y parques versallescos que asombran a los viajeros6. Más tarde vendrán, en tiempo de crisis y
a Manuel Pérez, Las clases obreras. Medios prácticos para me¬jorar las condiciones de las mismas, Tucumán, 1892, p. 17.
” En la investigación parlamentaria del Congreso Nacional de 1898 sobre la ganadería, agricultura y colonización en la provin¬cia de Buenos Aires se alude al estancamiento de la estancia bo¬naerense: “Tales son las condiciones de la propiedad rural. . . , propiedad caía y mal aprovechada, inhabilitada en su forma actual para dar toda la riqueza que encierra a sus dueños y al país. . . pampa monótona, sin árboles y sin corrientes de árboles, seguirá dando de comer a los rebaños descuidados cuando haya
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decadencia, las quejas sobre un presunto imperialismo explotador, el mismo que colonizó a Australia, Canadá y Nueva Zelanda y que hoy los biznietos de los despil¬farradores se disputan como países para radicarse defi¬nitivamente. El dinero producido por las lanas, ganados y mieses, como tres siglos antes había ocurrido con la plata de Potosí y Zacatecas, se evadía de sus manos por los mil cauces que determinaban el juego, la dispendio-sidad, las apariencias externas, los suntuosos palacios y los viajes a Europa que les permite la riqueza y un do¬minio sin límite. Como ya se ha dicho, las crónicas de los años dorados de la belle époque, de la vida de los rasta¬cueros” establecidos en París, en ningún caso recuerdan la presencia de agricultores, ganaderos y criadores ca¬nadienses, selandeses y australianos. Son, en general, ar¬gentinos. Se dice entonces, en referencia de aquellos viajeros establecidos en Francia:
“El lujo argentino es ya célebre: una noche de la tem¬porada de Opera uno se cree, no en Persia, ni en París si¬quiera, sino ante una corte salomónica: orquídeas de brillantes, anémonas de brillantes, diademas de brillan¬tes. . . y sedas, capas y tapados femeninos, importados de Europa, de precios exorbitantes, regios, imperiales”13.
‘•* Y se agrega sobre la “juventud dorada” que viaja a Europa, un reflejo que en los relatos literarios encuentra su equivalente en Raucho de Güiraldes:
pastos, que cuando no lo haya morirán. . . llanuras admirable¬mente adecuadas para ser explotadas por el hombre, les falta mu¬cho para ser consideradas como poseedoras de una civilización regular”. Aludiendo a un proyecto de reparto liberal burgués de la tierra, la ley de Centros Agrícolas, observan que los lotes en¬tregados fueron nuevamente a parar a manos de los grandes pro¬pietarios: “El triunfo del conservatismo, de los latifundios, que¬daba una vez más sancionado”. …
a Cf.: Alberto del Solar, Rataquoére. ilusiones y desenga¬ños. Sudamericanos en París, Buenos Aires, Félix Lajouane, 1880.
Félix Basterra, El crepúsculo de los gauchos. Estado actual de ¡a República Argentina, París, Juan Grave, 1903, p. 92.
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“La obstinación psicopática de la jeunesse, indecente toda ella, va lejos; el criollo viaja por Europa, no para estudiar, observar, charlar con los maestros, sino para obtener un favor de la Cleo de Merode o de la Cavallie-ri, tornando a la tribu a relatar mentiras estupendas so¬bre la Chimay o la bella Otero; y a estar a los francos derrochados, cualquiera creería en una supremacía ga¬lante de los argentinos sobre el resto del universo”0.
Hasta este punto, pues, la escena es de agudos con¬trastes y paradojas, las propias de las condiciones econó¬micas y sociales favorales. Sigamos ahora con el otro pla¬no de aquella escena, la del gaucho peón de estancia.
En Líneas generales, los salarios que reciben los tra¬bajadores rurales entre 1860 y 1895 crecen en un cien por ciento en los mejores de los casos. Con las condiciones económicas externas favorables, dentro del proceso de k demanda de Alemania, Francia y Bélgica, el precio de la lana aumenta en un trescientos por ciento. Porcentajes similares observamos en los cereales, cueros y en el gana¬do ovino y bovino. Pero no es todo. El valor de la tierra, lo señala Francisco Seguí en su investigación parlamen¬taria, debido a la constante especulación de los comisio¬nistas e inversores se eleva por encima de los índices de inflación mencionados, constituyendo un bien al que les es imposible acceder a los inmigrantes y trabajadores nativos. Por otra parte, son acentuadas las diferencias entre Buenos Aires y otras áreas ganaderas donde los jor¬naleros, los trabajadores de los obrajes y los campesi¬nos viven en condiciones deplorables. En 1905, según una investigación oficial, los peones de Buenos Aires re¬ciben un salario tres veces superior al de sus pares de Corrientes, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos*. Pero, de
” a Opus cit., p. 107. Sobre el lujo y el despilfarro refiere al¬gunos detalles Emilio Daireaux en Vida y costumbres en el Pla¬ta, La sociedad argentina, Buenos Aires, Félix Lajouane, 1888.
b Juan Bialet Massé en el valioso Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de ¡a República presentado al señor Ministro del Interior Dr. Joaquín V. González (Buenos Aires, 1904, t° I, p. 415) alude a la situación del peón de campo correntino y observa que está por debajo de la mitad del salario mínimo del país. Se queja de la mala condición de las viviendas,
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hecho, la pobreza es general en todos lados. Como es ló¬gico, las diferencias entre un partido y otro, entre las distintas estancias y tipos de trabajadores, hacen difícil un análisis detenido de los salarios y menos de sus valo¬res adquisitivos. Como siempre, un abismo separaba a ricos y pobres en el seno de una sociedad que se decía abierta a todas las posibilidades. Y si bien los salarios au¬mentan entre 1890 y 1895 un veinte por ciento, en el mismo período los productos de primera necesidad trepan un cien por ciento”. Una situación que se agrava en las zonas más alejadas al tener que adquirir los alimen¬tos en la proveeduría de los patronos. El siguiente cua¬dro nos determina, de acuerdo a las investigaciones de Adrián Patroni, la evolución de los salarios en la provin¬cia de Buenos Aires:
SALARIOS RURALES ENTRE 1860 y 1895
Cía se de trabajo
1860 186S 1870 1875 1880 1885 1890 1895
Peones al mes: 10,42 10,42 12,50 12,50 13,33 14,59 17,00 20,00
chacras y es-
tancias
Muchachos id. 5,00 5,00 6,25 6,25 7,00 8,33 9,00 10,00
para cuidar
ovejas
Peones al día 0,83 0,83 0,83 0,83 0,83 1,05 1.50 2.00
Cocineros al
mes para peo- 4,16 5,00 5,00 5,42 6,00 6,25 7,00 8,00
del analfabetismo y la deficiente alimentación. “Los niños des¬nudos, en la miseria más atroz, ¿y verlos comer?1 expone el in-vestigador oficial.
a D, Francisco Seguí, Investigación parlamentaria sobre agri¬cultura. . . , Asimismo W. J. Buchanan en La moneda y la vida en la República Argentina (Revista de Derecho, Historia y Letras, año I, t° II, Buenos Aires, 1898, pp. 197-215) estudia el costo de la vida en relación a los ingresos, pa
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