Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...
| 699 views

al de Blacha, Saladeros y frigoríficos:
285

fredo Daireaux realiza apreciaciones que tres décadas antes hubiesen constituido simplemente un disparate. “En las regiones donde el cultivo del suelo ha llegado a ser intensivo —dice—, se considera la cría de la oveja co¬mo industria primitiva que sólo puede dar relativo re¬sultado en comarcas pobres, inutilizables todavía para cosa mejor”". Era la nueva realidad económica.
No vamos a entrar ahora aquí en el desarrollo de to¬dos esos hechos y de otros que hacen a la econó¬mica del país. Pero aún sin entrar en ése punto recorde¬mos que los primeros envíos de carne enfriada son masi¬vamente de ovinos, en parte por la escasa mestización del bovino (la aptitud para producir carne apta para la ex¬portación) y en parte por la acelerada liquidación de las majadas de ovejas: en 1888 se exportan 42 toneladas de carne vacuna y 18 de ovina. Y también, incluido en el mencionado proceso: de 815.43′8 hectáreas sembradas con trigo en 1888 se asciende a 2.049.683 en 1895, y a 5.759.987 en 1907 b.
Pero así como estos ejemplos, y otros que podría¬mos mencionar, demuestran la adecuación del sistema a la demanda europea, las actitudes de la política interna estaban lejos de indicar el mínimo viraje en el sistema tradicional que había definido la estructura de la propie¬dad agropecuaria. Efectivamente, el censo de 1869 registra 1.506 propietarios en la provincia de Buenos Aires sobre sus 317.320 pobladores. Pues bien dos dé¬cadas más tarde los hechos no varían. Sumadas ya al do¬minio privado las nuevas tierras, en 1887 poseen bienes inmoviliarios 4.158 de los 526.581 habitantes, un por¬centaje inferior al uno por mil. Es la anterior la realidad del área más productiva, y el hecho, por cierto, deter-
1880-1885, en Historiografía ríoplatense, I, Buenos Aires, 1978, pp. 57-73; Héctor Dieguez, y Australia: algunos aspec¬tos de su desarrollo económico comparado, en Desarrollo Eco¬nómico, Buenos Aires, 1969, v. 8, n° 32, pp. 543-563.
a Godofredo Daireaux, La cría del ganado en la estancia mo¬derna. . ., p. 32.
* Francisco Latzina, La considerada en su aspec¬to físico, en Censo agropecuario nacional. La agricultura y la ga¬nadería en 1908, t° III, Buenos Aires, 1909.
286

mina la estructura posterior del país: el fallido “proyec¬to del 80″ que en ningún momento financia su desarro¬llo económico, frustrándose como castillo de naipes cada vez que se interrumpe el cauce de cereales y carnes a los mercados ultramarinos. Y no olvidemos, en fin, que rei¬teradamente en la época se puso en duda aquella situa¬ción calificándola de absurda. En primer lugar, se dice, determina la emigración de la población a la capital, un proceso, según vimos, que se plantea por causas simila¬res ya a comienzos del siglo XIX. Confirmando lo ex¬puesto, en 1899 Francisco Latzina luego de definir al país de un “párvulo hidrocéfalo, con una cabeza gran¬de. . y un cuerpo raquítico, es decir despoblado”, sin clase media de campo, sostenía que esa realidad deter¬mina “la degradación de los pequeños propietarios al papel de arrendatarios o peones”0. Tal es, para algunos, la definición del “progreso argentino”.
En un proceso que en líneas generales sigue la ten¬dencia de la desmedida acumulación, los terratenien¬tes ganaderos enriquecidos con el incremento de sus ro¬deos adquieren los campos que eran hasta entonces pro¬piedad de pequeños productores, “Los terratenientes han adquirido —demuestra una investigación ordenada en 1898 por el Congreso Nacional— tierras de los caídos en la lucha, que han sido los más débiles, es decir, los pequeños propietarios, adicionando sus posesiones vas¬tas, con nuevos elementos, triunfando así la tendencia acaparadora, no sin dejar rastros del retroceso o estag¬nación que el proceso significa. . . Las leyes agrarias de la Provincia de Buenos Aires —se agrega— o han sido le¬yes de venta de tierra para llenar necesidades adminis¬trativas, o han sido hechas para favorecer los intereses de los mismos terratenientes”*. Es más, la propiedad no se
” Francisco Latzina, Virutas y astillas, Buenos Aires, 1899, p. 269. “En los siglos venideros se hablará de una bárbara edad en que el hombre era dueño de la tierra, como hoy hablamos de los bárbaros tiempos en que existía la esclavitud del hombre por el hombre. . . La propiedad de la tierra es el origen único y exclu¬sivo de las monstruosas desigualdades. . . del injusto orden social actual”.
” D. Francisco Seguí, Investigación parlamentaria sobre agri¬cultura, ganadería, industrias derivadas y colonización, Buenos Aires, Talles tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1898, p. 6.
287

había subdividido, predominando en la estructura gene¬ral una ganadería extensiva sobre toda la : la mencionada investigación registra veinticinco millones de hectáreas de tierras dedicadas al pastoreo y sólo un mi¬llón y medio que producen cereales. Era la tendencia ge¬neral del país, descontadas tal vez algunas pequeñas “is¬las” ubicadas en Santa Fe y Entre Ríos, una situación que podemos advertir si comparamos el incremento de¬mográfico entre 1869 y 1895 producido en ambas pro¬vincias.
Población Por
1869 1895 Absoluto ciento
Buenos Aires. .. 307.761 921.255 613.464 199%
SantaFe 89.117 397.285 308.347 246%
El latifundio sobre la base de un insólito aumento de las tierras libres fue, qué duda cabe, el modelo argentino de producción. Se diferencia del estadounidense o del danés, que creó un gran número de pequeños propieta¬rios capitalistas. Y también particularmente del austra¬liano, estudiado a comienzos del siglo XX por Ernesto Quesada en sus relaciones sociales y de producción. Con lucidez advertía, en sus clases de la Facultad de Filoso¬fía y Letras, que el tiempo habría de señalar el éxito de un sistema racional que permite la pequeña propiedad en Australia y el fracaso del latifundio extensivo ¿de la Ar¬gentina, tradicional e injusto0. En esa situación, pues, estriba la realidad de los trabajadores de la pampa húme¬da y semi-árida. O, si se prefiere, la condición de los habitantes insertos en aquellas concentraciones lati¬fundistas, la mano de obra de la formación agropecuaria .
En los años posteriores a 1880, horarios de trabajo, vivienda, relaciones con el propietario, comida y diver-
a Un análisis sobre la tenencia de la tierra y las relaciones de producción puede verse en Las revoluciones burguesas de E. J. Hobsbawn (v. II, Madrid, Guadarrama, 1974, pp. 265-299) y en Cambio económico y actitudes políticas de J. Fontana, ya mencionado.
288

siones siguen siendo, con muy pocas variantes, las de cien años atrás”. Por entonces la policía, un instrumento del estanciero, controla rígidamente las relaciones entre los peones y sus empleadores. Esos criterios autoritarios se estipulan en el extenso Código de policía rural y urbana de 1884*. Por uno de sus artículos se establece, y para seguridad del empleador, que todos los contratos de tra¬bajo deben ser registrados en el juzgado de paz corres¬pondiente al partido del establecimiento agropecuario ( 192). Por otra parte, en caso de enfermedad del peón, el estanciero debía entregarle alimentos y medici¬nas, pero si la situación se prolongase —no determinan el tiempo— “se tendrá entonces por rescindido el con¬trato”.
Pero no es todo. En el mencionado código puntuali-¬
zan las autoridades de la provincia de Buenos Aires el ho-¬
rario de una jornada de trabajo: “se limitará a las horas
del día, de sol a sol” ( 197). Veinte años más
tarde, en un informe oficial confeccionado por Bialet
Massé y al que luego nos referiremos, se confirma lo
establecido por la legislación. Se dice sobre el peón de
campo que: ~
“Trabaja de sol a sol con un descanso de una hora al medio día y dos intervalos para tomar mate; general¬mente tiene medio descanso dominical, raras veces no trabaja todos los domingos y días festivos, y más rara¬mente tiene descanso dominical completo”.
Fijémonos, por otra parte, que nada había variado en relación a las ordenanzas coloniales referentes al trabajo. Es interesante anotar que en otros ámbitos geográficos las condiciones de trabajo no llegan a grados tan extre¬mos. Precisemos más: en Buenos Aires si un peón debe
T En la relación de Etienne de Rancourt sobre su viaje a la campaña de Buenos Aires en 1899 (Fazendas et estancias. Notes de voyage sur de Brésil et la République Argentine, París, Pión, 1901) no advertimos mayores diferencias con la situación de veinte o treinta años antes.
b Digesto rural y agrario, t° I, Buenos Aires, Imprenta de Juan Alsina, 1892, p. 306.
289

abandonar sus obligaciones para atender a un hijo, es¬posa o padre enfermos, impedidos éstos de valerse por sus propios medios, el empleador puede descontarle, así lo establecen, “el salario que corresponde al día o dí

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70


  • No related posts

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap