Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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Young Man’s Christian Association de Buenos Aires.
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igual que en Santa Fe formas violentas. Las evidencias históricas así lo demuestran. Y lo confirma el periódico católico El Arjentino, editado por José Manuel Estrada, al señalar que la guerra contra los masones y extranjeros se inducía desde los pulpitos de las iglesias”. Noticias similares llegan de Tandil, Azul, 25 de Mayo, Chivilcoy, Olavarría, Baradero. . . , registrándolas los diarios. La Pampa, el 21 de diciembre de 1872, en un suelto titula¬do La división social de Chivilcoy, dice que en la campa¬ña el “gringo era el reprobo para nuestras masas. . . el masón era el pretexto para perseguir al extranjero”.
Ciertos hechos ocurridos en Tandil el 1° de enero de 1872 plantean y aclaran algunos de los problemas ex¬puestos. Nos recuerda un agricultor danés, testigo de la situación que relata, que los ganaderos latifundistas “opinaban que la inmigración y el cultivo de la tierra era una desgracia para el país, una usurpación a los derechos de los terratenientes”*. Como es sabido, en las primeras horas del mencionado día de 1872, una banda de gau¬chos organizados por un curandero-santón al que cono¬cen como “Tata-Dios” asalta el entonces pequeño pue¬blo de Tandil y da muerte a no menos de cuarenta y cinco pobladores, la mayor parte de ellos extranjeros. Lo hacen exclamando a viva voz ” ¡Viva el coronel Ma¬chado y el juez Figueroa, y mueran los masones, los grin¬gos!”, de acuerdo con lo afirmado por todos los testigos. Usan como emblema cintillos rojos, llevan banderolas blancas y rojas y con frecuencia agregan vivas a la santa federación0. Recordemos que el coronel Machado —es¬trechamente unido a un sector de hacendados latifun-
“El Arjentino, Buenos Aires, 7 de enero de 1872.
b Juan Fugl, Abriendo surcos, 1811-1900, Buenos Aires, Edición Altamira, 1959, p. 147.
- La situación de Tandil, en La República, 18 de febrero de 1872. Detalladamente informe sobre esos hechos el diario ita¬liano L’Italiano en sus números de enero y febrero de 1872. En La Tribuna del 7 de enero de 1872 el vecino de Tandil Teodoro Lezina, testigo de los hechos, escribe: “De treinta a cincuenta paisanos a caballo se habían reunido en la plaza del pueblo de donde se dirigían al juzgado enarbolando una bandera punzó y blanca gritando: Viva Machado y Figueroa y mueran los maso¬nes, los gringos!!”. Tal vez el análisis más importante de los he-
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distas que abastecen reses vacunas al ejército y raciones a los indios y practica escandalosos fraudes en combina¬ción con sus jefes— y el juez de paz Figueroa nada tuvie¬ron o tienen que ver con Juan Manuel de Rosas; más aún han sido opositores a su política. Efectivamente, Benito Machado comienza su carrera militar como cabo de Garibaldi y su padre, fusilado por orden de Juan Ma¬nuel de Rosas, había participado en la rebelión unita¬ria de Dolores. En aquellos momentos interviene activa¬mente en la campaña política de los candidatos mitris-tas bonaerenses. Algunos años antes, desde su jefatura en la Frontera Sur, le comunicaba a Bartolomé Mitre el odio que sentía hacia los extranjeros, particularmente a los colonos que trabajaban la tierra. A decir verdad, el acentuado sociocentrismo no se basa en su caso particu¬lar en una “resistencia al cambio”, es, qué duda cabe, una lucha en defensa de los intereses en peligro4. Pro¬bablemente tengamos aquí la clave de muchas actitudes, las propias y las de sus pares.
La mayor parte de los testimonios son coincidentes en sus relatos sobre los crímenes de Tandil. El periódico francés Le Courríer de la Plata, en un detenido análisis sobre los motivos que desencadenaron los hechos, acusa a los estancieros latifundistas y al irracionalismo de al¬gunos sectores tradicionales temerosos de perder su do¬minio secular. No es por cierto casual que denominen Ku-Klux-Klan a las bandas armadas de Tandil, identifi¬cándolas con las actividades de la reaccionaria organiza¬ción racista estadounidense establecida en 1866*.
Se insiste en recordar que Solané, estrechamente alia-
chos sea el del periódico La República, dirigido por Manuel Bil¬bao portavoz del sector liberal de izquierda.
** “El carácter altanero -escribe Machado en carta enviada a Mitre el 14 de febrero de 1863- e indocilidad del extranjero, es sin duda alguna la más seria traba que siempre se encontraría para llevar a cabo la formación de las colonias, ejemplos de estos tenemos por desgracia en nuestro país, y el resultado que ellas ofrecen”. Cf.: Salvador Romero, Machado en el Sur, Tres Arro¬yos, Artes Gráficas Miralles, 1935. Recordemos que en 1866 lo reemplazará en la jefatura de la Frontera Sur su crítico adversa¬rio Alvaro Barros.
* Le Courríer de la Plata, Buenos Aires, 5 de enero de 1872.
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do a los ganaderos latifundistas, predicaba a sus hombres “que para salvar al pueblo era preciso matar todo lo que fuese masón o gringo”. Y también: “De estos crímenes hemos tenido su aparición en las colonias de Santa Fe, hace algún tiempo, por el asentimiento del poder civil a la prédica de los curas contra los masones y protestan¬tes”0. La verdad es que se utilizaba el arcaísmo del pueblo desposeído proyectándolo, así se escribe, con el fin de “dar una lección a los extranjeros”. Extranjeros que en el caso particular de Tandil integran las comisio¬nes municipales y tienen indudable peso político y eco¬nómico. En La superstición religiosa, los crímenes de Tandil, el periódico La Tribuna expondrá con justeza una parte la más aparente, de aquella realidad. He aquí algunas de sus palabras:
“Allí el clero (en la campaña) se ha apoderado de to¬das las conciencias. Indignos sacerdotes de una religión que cuenta tan augustos mártires, han propagado desde la cátedra espiritual las más groseras supersticiones. . . El cura de campaña es casi siempre la autoridad absoluta e infalible del distrito. Se sabe que en Santa Fe ha habido un cura católico que impulsaba a su rebaño a hostilizar de todos modos a la población protestante. . . En vista de tales ejemplos no es posible desconocer la influencia de esa propaganda funesta, ni dejar de explicarse los he¬chos tan monstruosos del Tandil como un fruto maldito de la ignorancia y de la superstición. ¿Qué podría lanzar a esos gauchos desterrados de los beneficios de la educa¬ción en quienes la inteligencia está oscurecida. . . a em¬prender una campaña contra los masones y extranje¬ros. ..?”
Toda la sociedad es la culpable expresa el periódico de los Várela. Dejando, pues, aparte las formas más ex-
£ Artículo publicado en La Tribuna del 7 de enero de 1872 titulado Los asesinatos en el Tandil. Se refiere que el instigador de los hechos se alojaba en la estancia del más importante fun¬cionario local, predicando allí a sus prosélitos. Les ordenaba: “Ha llegado el momento de matar a los masones, de acabar con las autoridades y de abrir la cárcel que nos dará un buen contin¬gente de amigos. Que todo extranjero concluya sus días en vues¬tras manos”.
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tremas de la reacción, recordemos que nos encontramos en un momento de transición que se extiende hasta fi¬nes del siglo XIX, momento en que el poblador de la so¬ciedad arcaica se transforma en peón de campo. De ello hablaremos seguidamente.
III - EL GAUCHO, PEÓN DE CAMPO
Las reformas liberales, se ha visto, no van más allá de la superficie y fracasan en todo lo que hace a mejorar la condición de los desposeídos. En la Instrucción del estanciero, editada en 1882, el propio Hernández y a pe¬sar de sostener que “Ningún pueblo es rico si no se pre-ocupa de la suerte de sus pobres”, propone en los esta¬blecimientos ganaderos una relación de tipo militar en¬tre los capataces y los peones (”Aquel precepto de la or¬denanza militar que dice ’subordinación y respeto hasta en los actos más familiares’ lo conocen todos. . . tiene una útil aplicación para quien vive en el campo a cargo de intereses ajenos”; “haciéndose respetar. . . como un oficial con sus soldados, para que le obedezcan”).
Producida la ocupación del “desierto”, los estancieros que hasta entonces tenían sus bienes en las tierras “de adentro” desplazan sus haciendas y construyen vivien¬das en los campos adquiridos al estado. Como se ha indi¬cado, esos hechos venían dados por un vasto proceso económico. En primer lugar, la lenta agonía de los sala¬deros paralela a la disolución de la esclavitud en Brasil y Cuba: entre los años 1882 y 1884 disminuye en un 80 por ciento la exportación de carnes saladas (de 27 mi¬llones de kilogramos en 1882 a poco más de cinco mi¬llones en 1884). En segundo lugar, el desplazamiento de la cría de ovinos a las tierras marginales del sur, una si¬tuación que esta asociada a la competencia de Nueva Ze¬landa y Australia en los mercados europeos, y la ocupa¬ción de ese espacio por explotaciones ganaderas bovinas y agrícolas”. En los primeros años del siglo XX, Godo-
a Cf.: Noemí Girb
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