Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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festación exte¬rior del culto católico”.
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ponden a los mismos con las más variadas reacciones: el desprecio a lo nuevo y al inmigrante, chivos emisarios a quienes culpan de todos sus males. Se trataba de una compleja conciencia de grupo inducida por elementos identificados con la sociedad arcaica y con técnicas de carácter tradicionalista y conservador.
Los signos que se advertían por doquier no admiten duda: en Santa Fe, en enero de 1868, los amotinados contra el legítimo poder provincial de Nicasio Oróño lo hacen pregonando a viva voz el grito irracional, por cier¬to que no sólo retórico, de “Mueran los masones, afuera los extranjeros” (”Los frailes han tomado —se informa entonces desde el lugar de los hechos— una parte activa en todo este escándalo. . . proclamaban los fanáticos pa¬ra que hicieran todo el mal posible a los protestantes.. . apedreando sus vidrios, quemándoles las sementeras o largando bestias con latas a las colas de los caballos para que destrozaran los sembrados”)”.
Desde luego, estados de multitud donde el arraigo de las tradiciones cierra las conciencias a toda apreciación racional. Es este, pues, en resumen, como acabamos de exponerlo, el carácter peculiar de algunas de las reaccio¬nes inducidas. Y en lo referente a otros aspectos de las mismas, de los fenómenos propios de los intereses con¬jugados, debemos señalar el éxodo de no pocos inmigran¬tes europeos temerosos de los actos de salvajismo.
Lo recordaban los Anales de Agricultura y lo confir¬maba el periodismo, entre otros el diario La Prensa. Se decía que en el transcurso de los primeros tres meses de 1874 más de ocho mil inmigrantes habían adquirido ya sus pasajes de regreso. Y se aclaraba acerca de las causas: “a consecuencias de las últimas jaranas políticas y reli-
a La República, Buenos Aires, 8 de enero de 1868. El 14 de mayo del mismo año se observa en una carta enviada desde la ciudad de Rosario en relación a la rebelión de Santa Fe, la cau¬sa de los hechos: “El general Urquiza desde San José, el Dr. Eli-zalde desde Buenos Aires arrojándonos proyectos por medio de un órgano La Nación Argentina, el obispo de Paraná desde su silla curul, Cabal con sus billetes de banco y los frailes con sus escapularios e indulgencias habían hecho causa común para sub¬levar el fanatismo de las masas. . . y el sentimiento religioso de los indios del Sauce, llamados esta vez, ¡quien lo creyera!, a salvar las creencias de sus mayores”.
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glosas se van del país muchos de sus habitantes extran¬jeros y disminuye ya notablemente la inmigración, y es de temer que esta reacción dure algún tiempo”0. Más adelante señalaremos casos concretos ocurridos en la provincia de Buenos Aires.
El análisis histórico-económico de ese período nos permite, asimismo, determinar otros enfrentamientos que tienen como razón de ser el reparto de los ingresos producidos por la actividad ganadera. Teniendo en cuen¬ta los distintos sectores de la producción ganadera, una condición asociada a los pastos de cada región y a la dis¬tancia de los mercados (en esos momentos la hacienda se transporta a pie), observamos que no existen buenas relaciones entre los propietarios periféricos y los próxi¬mos a la ciudad de Buenos Aires, abastecedores que se benefician del consumo interno. Es más, la invernada de novillos y vacas adquiridos en los campos próximos a la frontera produce en algunos casos en seis meses una ga¬nancia del cien por ciento*. Una tropa de bovinos en¬viada de Tandil a la capital y a los saladeros cercanos al Riachuelo tarda no menos de un mes, y desde Dolores, siempre que las condiciones fuesen ideales, entre diez y quince días. A ello debemos sumar el desbaste y adelga¬zamiento de un viaje tan largo, con más razón en anima¬les criollos de naturaleza indócil y propicios a sufrir de stress. Lo expuesto determinaba dependencias y asimis¬mo envidias acentuadas. Por último, en conexión con es¬te hecho figura también la preferencia por los animales
a Anales de Agricultura, Buenos Aires, 15 de marzo de 1875; La Prensa, Buenos Aires, 4 de marzo de 1875.
* Se señala en una carta enviada por Adolfo Schickeriantz a Ernesto Olderdoff el 9 de febrero de 1874: “La hacienda vacuna para el matadero durante el invierno viene del Norte y del centro de la Provincia de Buenos Aires en su mayor parte; poco del Sud. Es en esta estación que tanto los especuladores o invernadores y los criadores de animales finos traen su fruto al mercado. En el verano, durante la abundancia de la hacienda vacuna los especu¬ladores compran con preferencia novillos, que consiguen por estar delgados a un precio acomodado, y los ponen en una in¬vernada de un campo bueno y alambrado y venden los mismos novillos muchas veces a los seis meses con una ganancia del 100 por ciento” (Anales de Agricultura, Buenos Aires, 15 de febrero de 1874).
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mestizos (cruza entre los ganados criollos y las razas bri¬tánicas) para los envíos a Europa o para el abastecimien¬to interno, animales éstos escasos o desconocidos en los campos alejados.
Prosigamos. Ahora bien, dentro del mencionado pro¬ceso, tengamos en cuenta, además, la seguridad que disfrutan los estancieros establecidos en las cercanías de Buenos Aires, a buen resguardo de los malones, frente a las frecuentes incursiones que deben sufrir los ubica¬dos en la frontera. Sumemos a ello la periodicidad de las lluvias en las regiones próximas al litoral fluvial y las se¬quías que padece el sur en las dos décadas posteriores a 1850. Y por último no olvidemos según queda expre¬sado en páginas anteriores, los excelentes negocios que entre 1865 y 1870 (guerra contra el Paraguay) rea¬lizan los propietarios del norte y oeste de Buenos Aires vendiendo sus reses y fardos de alfalfa a los ejércitos alia¬dos. En determinadas zonas —Tandil entre otras— don¬de conviven unos pocos labradores y pastores extranjeros con hacendados latifundistas y peones, por lo general próximas a la frontera, las actitudes ante los cambios ad¬quieren formas violentas.
Pero no nos engañemos. No se trata bajo ningún pun¬to de vista de una actitud generalizada geográficamente y menos dirigida hacia todos los extanjeros. En primer lu¬gar, obviamente los inmigrantes difieren entre sí por su origen nacional, por su religión, por las actividades que desarrollan y por su idioma nativo. En segundo, no to¬dos dedican sus esfuerzos al cultivo de la tierra o a acti¬vidades que interfieren en el sistema tradicional, en los ‘Valores” económicos y sociales sacralizados. Por cierto, en el ámbito tradicional los vascos peones de estancia o los napolitanos mercachifles que usan chiripá y son cató¬licos no causan mayor escozor, tal vez más allá de algu¬nas pullas más o menos picantes (”es preciso —escribe Wilcken— no confundir al verdadero colono italiano, so¬bre todo si es lombardo o piamontés, con los inmigran¬tes que pululan en nuestras calles, dedicados al tráfico en la más pequeña escala. . . y que por lo regular son napo¬litanos”0). Distinta es la actitud, los hechos así lo seña¬lan, ante los agricultores daneses, alemanes, suizos y de
a Guillermo Wilcken, Las colonias. . . , p. 311. 280
otras nacionalidades, particularmente con los que prac¬tican cultos cristianos disidentes.
Y en relación al grado de integración a los estilos de vida tradicionales, un problema ya mencionado, es ex¬presivo y revelador el testimonio de Wilcken al estudiar las condiciones de los colonos en los años previos a 1870. Luego de indicar que muchos pertenecen a la “clase más ínfima, la que en Europa vivió en cierta esfera de escla¬vitud”, advierte que los mismos “en su ignorancia prin¬cipian por admirar el porte franco del criollo, su aire, sus maneras, su insolencia con la autoridad; y acaba por imi¬tar todo: desde la manera de ser hasta el chiripá”". Co¬mo es natural, se trata en esencia de una integración que al mismo tiempo acepta sin ponerlo en duda el sistema latifundista de la clase conservadora. Pero, tal es como son las cosas, todo esto pone en claro un hecho funda¬mental y al que nos hemos referido en el primer capítu¬lo: la incidencia y el éxito de los métodos de represión sublimada propia del modelo arcaico aplicados a un gru¬po que no pertenece al medio, y asimismo de una identi¬ficación a través de la cual tratan de evadir los rechazos. En relación a hechos similares que tienen como protago¬nista al gaucho, algunos analistas contemporáneos con¬firman lo ya expuesto. Hudson, en un ensayo que lee en 1872, llega a decir:
“El pobre paisano no ve que es su falta de ilustración y de libertad lo que le tiene atrasado. He aquí como el fanatismo hace fácil que se trueque el grito de mueran nuestros gobernantes que he oído con vehemencia, en mueran los gringos y masones que todos hemos oído resonar sobre la pampa, cual el sordo y aterrante rumor que precede a una tormenta, de sangre tal vez”6.
Esa rebelión proyectiva, el sociocentrismo inducido que plantea la creencia de que lo propio es mejor, lo único a tener en cuenta, adquiere en Buenos Aires al
” Opus cit., p. 307.
* El Arjentino, Buenos Aires, 8 de julio de 1872. Ensayo ti¬tulado “Una palabra a favor del gaucho” y leído por Hudson en la
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