Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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o militar el 23 de julo de 1901, Buenos Aires, 1901.
* Carlos Olivera, opus cit., p. 525. En 1914 el general Uribu-ru, presidente de facto en 1930, opina que el ejército argentino no es una institución “militarista”, y menos un peligro para la democracia. “Efectivamente, (lo es) cuando es bárbaro e igno¬rante como en México, pero nunca cuando es ilustrado, disci¬plinado y civilizador como en Alemania” Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires, 1914, p. 270.
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reformistas se convierte en ley. Hay que decir, no obs¬tante, que ya muy lejos estaban la leva, el fortín y la frontera. Una empresa que había durado trescientos años.
Hasta aquí algunos de los cambios. Expuesto lo pre¬cedente, señalemos las actitudes de los distintos sectores frente a la acomodación de la economía ganadera a las situaciones cambiantes de la demanda externa.
II - ACTITUD ANTE LOS CAMBIOS
Los cambios, lo hemos ya señalado, en una primera etapa quedan relegados a los límites propios de las nue¬vas circunstancias económicas. Por otra parte, en deter¬minadas zonas de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos observamos algunos cambios en los es¬tilos de vida y en la economía e impuestos por los inmi¬grantes17. Descontadas las áreas propias de las colonias agrícolas, las zonas de más importancia son los partidos del oeste y norte de Buenos Aires: prácticamente desde el siglo XVII tuvieron un contacto permanente con el puerto bonaerense y de manera especial la estrecha fran¬ja á través de la cual cruza la Ruta Continental.
Las influencias entre inmigrantes y criollos son re¬cíprocas, pero de ninguna manera esa acomodación pre¬supone una asimilación total a los estilos de vida ajenos. El primero adopta, siempre que esté radicado en la cam¬paña en forma aislada, el peculiar vestuario del gaucho, tal vez las únicas prendas disponibles en la pulpería ve¬cina. Ropas, por cierto, que abandona cuando viaja a la
a M. Calver, Mission de. . . dans l’Amérique du Sud. Rapport au ministre du commerce et l’industrie avec atlas économique annexe. L’immigration européenne. Le commerce et l’agricultwe a La Plata, 1866-1888, Paiis, 1888. En uno de los capítulos Cal-vet estudia la “Influence de l’inmigration sur le développement du pays”. Por su parte, Gastón Lemay (A bord de La Junan… Buenos Aires, París, G. Charpentier, 1879) recuerde las relacio¬nes entre la sociedad tradicional bonaerense y los colonos ru¬sos-alemanes establecidos en 1878 en Azul.
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ciudad o hace fortuna”. Un inmigrante irlandés, John Brabazón, instalado en la estancia Arazá de Martínez de Hoz, recuerda muchos años después: “Me gustaba usar un lindo par de calzoncillos bordados y mi chiripá, cin-turón y poncho, y a veces también un puñal de acero”. Una identificación exclusivamente externa.
Por otra parte, donde los inmigrantes son mayoría y viven agrupados en colonias, con un nivel técnico y cul¬tural superior al contorno primitivo, donde sus hijos con¬curren a escuelas establecidas expresamente por la colec¬tividad (Baradero, San Pedro, Esperanza, San Carlos. . .) y sostienen de su pecunio templos para celebrar sus pro¬pios cultos, en todas esas regiones el influjo extraño al medio se impone. Los procesos de adaptación inducidos por los cambios, bien lo observa Peter Heintz, se llevan a cabo sin determinar el derrumbamiento del antiguo ordenc. La introducción de nuevas técnicas agrícolas o de cambios en el vestuario, no influyen obviamente en las instituciones de la sociedad. Estanislao Zeballos, en 1883, menciona algunas particularidades de ese influjo al referirse a lo que denomina “la región del trigo”. Lue¬go de aludir a determinadas características tradicionales de la provincia de Santa Fe, escribe:
“El elemento extranjero, que se internaba desde las orillas del Plata, descubrió los mayores atractivos en el Litoral y principalmente en el Rosario, que es una de las más halagadoras etapas del Río Paraná y este elemento, copiosamente aglomerado allí, servía de agente vigoroso a la reacción social, aumentando su eficacia por el nú¬mero y la riqueza y avasallaba al fin el espíritu criollo
a “Los vascos.. . es la nacionalidad que más fácilmente adop¬ta nuestras costumbres y trajes en lo más nacional de sus acepcio¬nes. El vasco está destinado a conservar el chiripá del que se des¬prenden ya hasta los gauchos más selváticos” (Guillermo Wilcken Las colonias. . . , p. 313).
* John Biabazón, Andanzas de un irlandés en el campo por¬teño (1845-1864). Buenos Aires, 1981, p. 28.
c Peter Heintz, Curso de sociología. Algunos sistemas de hi¬pótesis o teorías de alcance medio, Buenos Aires, EUDEBA, 1965, p. 85.
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obligándolo paulatinamente a refugiarse en las pampas, perseguido de cerca y tan de cerca acosado, que allí mis¬mo cayó rendido, cambiando el chiripá y el calzoncillo cribado de Santos Vega y de Galibar por la bombacha de Oriente, y el chambergo, cuyas alas, quebradas de di¬ferentes maneras, revelaban las tendencias de su carác¬ter, por la roja boyna de los vascos”".
El testigo alude a las “islas” del litoral. No obstante, hay que insistir que en las regiones fronterizas o en las áreas dedicadas a la cría del ganado bovino el problema es distinto y está determinado por las características de la explotación. Y este es el rasgo esencial.
Sabemos, por otra parte, que si bien en los campos la¬tifundistas las condiciones varían lentamente y el ele¬mento extranjero es escaso (así lo determinan los censos de población), es indudable que en aquellos dedica-dos a la explotación ovina los propietarios, en un pro¬ceso cuyos rasgos hemos señalado anteriormente en sus aspectos más generales, requieren mano de obra extran¬jera. Hacía ya tiempo que esos hechos veníanse dando así. Sostienen los estancieros que éstos rinden más que los criollos, esquilan mejor las ovejas, aceptan trabajar a destajo y se adaptan a las condiciones impuestas por una actividad que, si bien no desconocida, interfiere en las tradiciones de una sociedad que tiene como símbolo al vaquero. Permanentemente se solicitan extranjeros, y avi¬sos como el siguiente son comunes en el periodismo por¬teño posterior a 1860: “Carreros para la campaña. Se necesitan algunos que entiendan bien su oficio, no se tomarán sino contratados, prefiriéndolos vascos, ocurrir a la calle Artes 21″*.
No pocos advierten, temerosos, que los inmigrantes al poco tiempo y con sus primeros ahorros se establecen con pequeños negocios en las proximidades de las esta¬ciones ferroviarias o realizan por su cuenta tareas artesa-nales. En los últimos años del siglo adquieren maquinaria agrícola y siembran parcelas en los latifundios a cambio
a Estanislao S. Zeballos, Descripción de la República Argenti¬na, t° II, La región del trigo, Buenos Aires, Peuser, 1883, p. 19.
b La Tribuna, Buenos Aires, 19 de setiembre de 1871. 276
de un porcentaje (aparceros). Por lo demás, pocos pue¬den comprar tierras. Y si tenemos en cuenta los infor¬mes diplomáticos no podían ya hacerlo los menos pu¬dientes en la década del sesenta: sólo quienes disponen de quince mil libras esterlinas, cantidad, sin duda algu¬na, elevada para las posibilidades de los modestos inmi¬grantes irlandeses. Tal vez no tanto para los inversores del sur de Gran Bretaña.
Ahora bien, determinadas actitudes ante los cam¬bios que introducen las nuevas técnicas y métodos de trabajo señalan el grado de reacción de quienes se per¬judican, van postergados sus deseos o simplemente se oponen a ellos por otras razones. Dentro de ese contex¬to, en 1871 aluden a la oposición para que se construya el Ferrocarril Central a Córdoba. Una oposición liderada por un sector partidario de las tradiciones más arcaicas. Se dice entonces: “Cuando el Ferrocarril Central se cons¬truía, los frailes de Córdoba exhortaban a las mujeres a que no permitieran a sus maridos y sus hijos que fueran a trabajar a ese elemento que más tarde debía conducir masones”. Y se agrega: “Actualmente, la Exposición (Nacional) misma tiene que lucrar contra las maquina¬ciones sórdidas de los frailes de Córdoba, que se han de¬clarado enemigos implacables del progreso”".
Se vuelve, pues, al pasado. Por otra parte, no obstan¬te los beneficios que aportan al sistema las crecientes ex¬portaciones (el abastecimiento a economías de planta¬ción y un sector de la manufactura europea), los pobla¬dores y propietarios periféricos sostienen que sus intere¬ses se encuentran en peligro. La ideología más irracional fomenta el sociocentrismo desde los pulpitos y a través de la estructura de la sociedad. Curanderos y curan¬deras, peones de las tropas de carretas, propietarios de diligencias, troperos y gauchos sin trabajo, entre otros, observan con escasa simpatía los cambios y res-
6 Ibid., 4 de diciembre de 1871. Artículo titulado Religión y fanatismo. El mismo periódico un año más tarde (21 de no¬viembre de 1872) señalaba que en la ciudad de Córdoba “el viático sale siempre acompañado de soldados, prestados por la autoridad civil a la religiosa para obligar a los transeúntes, cre¬yentes o no, a doblar su rodilla ante aquella mani
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