Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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alario minimo con un máximo de trabajo “.
Juan A. Alsina, 1905.
I - LOS CAMBIOS QUE INTRODUCEN LOS GANADEROS
Antes y después de 1872, año de la edición del poema de Hernández, varias voces suman sus análisis críticos pa¬ra condenar a la oligarquía ganadera represiva”. Repre¬sentantes todas ellas de intereses concretos, plantean la adecuación de la economía de la pampa húmeda a los requerimientos de la demanda externa y, los menos, un reparto equitativo de la tierra. De todas maneras, los
” Cf. la primera edición de Historia social del gaucho, Buenos Aires, Maru, 1968.
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planteos de reforma liberal fracasan y los cambios se producen en una línea determinada, los que hacen a los métodos nuevos de producción ganadera. A estos cam¬bios, los propios de los intereses generales, nos referimos seguidamente.
La estancia antigua concluyó se escribe en 1867.en los Anales de la Sociedad Rural en referencia a una ex¬plotación que abastece cueros a Europa y carne sala¬da a las economías esclavistas o de plantación. Advier¬ten entonces que “la tendencia de la época, para lo que con sobrada justicia se trabaja en el mundo civilizado, es abolir la esclavatura, y ese día no lejano el tasajo no val¬drá nada pues faltarán bocas desgraciadas a quien im¬ponérselo como alimento”. Por cierto, el proletariado de la industria europea, así lo demuestran las experiencias realizadas, rechaza como alimento la carne salada.
Así, pues, nuevas características se agregan a los esti¬los de vida tradicionales y otras se pierden a partir de la “merinización” de Buenos Aires y más tarde con la pro¬ducción de carnes rojas. El espacio disponible nos impide analizar con detención cuáles características persisten y cuáles perduran. De todas maneras, del análisis de los tes¬timonios conocidos deducimos que primero se abando¬nan las relaciones con el trabajo y las costumbres tradi¬cionales ya en desuso. En primer lugar, con la valoriza¬ción creciente del ganado vacuno y su mestización nadie podrá faenar los animales que necesite para su alimento con sólo la obligación de devolver su cuero, en determi¬nados momentos su único valor. Por otra parte, en un proceso lento pero siempre dentro de la rusticidad ca¬racterística, se modifican algunas de las prendas del vestuario de los peones debido a razones de trabajo (la bota de potro con espuela por la alpargata vasca)a o del influjo de las manufacturas europeas que se introdu-
a “El zapato vasco (alpargata) acabó también con la espuela nazarena, instrumento indispensable para los trabajos de antaño con novillos bravios de cinco o más años de edad.. . castrados después de cumplidos los tres años, para obtener los cueros gruesos, pagados en proporción de su peso por pieza, que cons¬tituían la parte más valiosa de la res. Era aún tacha contra la mestización: que los shorthorn o los herefords daban cueros muy delgados y livianos (Ezequiel Ramos Mexía, Mis memorias, 1853-1935, Buenos Aires, 1936, p. 39).
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cían masivamente. Los ponchos, por caso, dejan de ser un producto de la artesanía doméstica y casi masivamente lo serán importados: ingleses (de Birmingham y otros centros), alemanes e italianos”.
Ezcquiel Ramos Mexía, aludiendo a sus actividades rurales en los años previos a 1880, recuerda las transfor¬maciones ocurridas a partir de entonces. “Los jóvenes -dice- que salieron tan sólo veinte años más tarde, no pudieron hacerse a la idea de lo que era la vida de campo en el 60 y en el 80, que poco difería de la del ti¬rano Rozas””. Advertimos por entonces diferencias notorias entre las zonas marginales y los partidos del norte de la provincia de Buenos Aires o con las escasas “islas” donde prosperan las colonias de inmigrantes. Cuenta Godofredo Daireaux en Recuerdos de un hacen¬dado, un libro que nos da muchas claves para conocer un período de aparente transformación, el asombro de un gaucho (Liborio Peralta) nacido en el partido de Bra¬gado y ausente muchos años de su querencia al observar los cambios de su pago, ahora una región agrícola. Las dos décadas anteriores a 1880 habían transformado al pueblo: la agricultura suplanta allí a la ganadería, las máquinas a los aperos tradicionales, la casa de “ramos generales” a la pulpería criolla folk, y sus clientes “eran italianos con uno que otro español” que hablaban de trigo y campos arados (”En los estantes, había pocos ponchos y chiripaes, y al ver a los parroquianos que en¬traban en la casa, se comprendía fácilmente que debían ser estos artículos pasados de moda. . . Pocas caronas y
“Jean Yfernet, La République Argentine et ses colonies. Description physique et statique, Buenos Aires, “Courrier de la Plata”, 1885, t° I, p. 205 y ss.
* Ezequiel Ramos Mexía, Mis memorias. . ., p. 30.
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pocos estribos pedían al mozo, pero sí bolsas a milla¬res, y arados, y máquinas agrícolas, y más palas de pun¬tear vendía el pulpero que cuchillos y facones”)0.
En “Vuelta al Pago”, otro relato que Daireaux in¬cluye en su libro, refiere el regreso del gaucho Antonio Mesquita luego de quince años de ausencia a un partido que seguía manteniendo sus características ganaderas. La realidad, la pobreza de los menos, no había variado. “Sa-bía —señala sobre sus hermanos y hermanas que lo aguar¬daban- que ninguno había hecho fortuna, pero si pocos eran los que tenían hacienda, todos, por lo menos, te¬nían hijos y bastantes”. El marco y el paisaje habían cambiado poco, tanto más cuanto que la ganadería y el latifundio seguían predominando. Eran, por cierto, cir¬cunstancias similares y transformaciones que hacían ex¬clusivamente a los sistemas de producción. He aquí parte de su relato:
“Algunos cambios, asimismo, pudo notar el viajero; las majadas que, cuando se fue, eran todas merinas, se habían vuelto Lincoln; en muchas partes, se ordeñaban vacas por centenares; en las lomas, había mucha tierra arada y por todas partes, parvas grandes de alfalfa. Se cruzó, en el camino, con unos gauchos que arreaban una tropilla y, junto con ellos, pasó un puente; ¡un puente, qué lujo! y fijándose en los gauchos aquellos, notó que a pesar de llevar el lazo en el anca, no tenían ya el garbo peculiar de ¡a raza; algo, en la facha, como de gringo te¬nían, y más bien que jinetes, eran hombres a caballo. ¡Y cómo no! si ya no lidia más esa gente que con hacienda mansa^.
Dos circunstancias y una sola realidad: pasado y pre¬sente, entretejiéndose.
¿Qué significado debemos atribuir a los textos alu¬didos? ¿Cuáles fueron las influencias determinantes de los cambios que señala en sus relatos un testigo de los mismos? En primer lugar, un rápido análisis, el más apa¬rente y real bajo cierto punto de vista, nos determina a
a Godofredo Daireaux, Recuerdos de un hacendado, Buenos Aires, La Nación, 1916, p. 296.
6 Opus cit.,p. 276. 264
señalar los siguientes elementos que se incorporan en un período que se extiende entre 1850 y 1890 para facilitar la producción ganadera, o complementarla: a) la cons¬trucción de líneas ferroviarias; b) la implantación de nue¬vas técnicas ganaderas (mestizaje con razas británicas, sanidad); c) los nucleamientos urbanos que se forman junto a las estaciones ferroviarias; d) la extensión de nue¬vas líneas de diligencias para unir las zonas alejadas con las terminales del ferrocarril; e) el incremento de la po¬blación extranjera en algunos sectores de la campaña; f) las migraciones de pobladores del Interior o de la ciu¬dad de Buenos Aires y que se movilizan anualmente con motivo de la esquila o la cosecha de cereales; g) la apari¬ción en toda la región de oficios hasta aquel momento desconocidos o casi desconocidos (alambradores, herre¬ros, albañiles, carpinteros, mecánicos…); h) el paulati¬no cercado de los campos con alambres; i) la instalación de almacenes de ramos generales con manufacturas y alimentos; j) el establecimiento en la década de 1880 de un nuevo sistema judicial y de policía (el 8 de noviembre de 1881, se prohibe el empleo del cepo); k) la instala¬ción de ferias ganaderas en las ciudades cabeceras de los partidos provinciales; 1) el transporte cada día más cre¬ciente de la hacienda vacuna por medio del ferrocarril.
Son los anteriores algunos de los hechos determinan¬tes. Otros hacen a la organización de la estancia, una pre¬ocupación que entre 1880 y 1910 determina la edición de una decena o más de libros para instruir a los latifun¬distas y entre éstos el dado a conocer en 1882 por José Hernández. Pues bien, dentro del mencionado proceso, en las estancias que modernizan sus métodos difícilmen¬te se autoriza a los puesteros (peones instalados con vi¬vienda en un rincón del campo, lejos del “casco” o casa principal) a que acepten huéspedes o agregados —una costumbre de la estancia tradicional— y menos que ten¬gan animales de su propiedad, aunque estén destinados al consumo familiar. Si bien esa tendencia se generaliza, en las zonas alejadas y marginales (aludimos a los años pre¬vios a 1880) el control no es tan estricto. Se aconseja, entre tantas otras cosas, que no se permita a los peones
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hacer botas de potro, tener tropilla propia y realizar
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