emo que no se podrá quitar si Dios no lo hace”.0
Por cierto, se trata de los primeros momentos de la sociedad arcaica pampeana que se desarrolla al margen de los centros productores del metal blanco. Caminos del contrabando definen Lucien Febvre, Fernando Braudel y Magalhaes Godinho a los que convergen a Buenos Aires en busca de su estación intermedia a Europa, los del inte¬rés del mercantilismo precapitalista por el numerario.* Por lo demás, arrinconados los pobladores del Río de la Plata en un ámbito del que sólo les importa la salida a las rutas atlánticas, todas las actividades económicas giran alrededor del nexo que hacen entre el Alto Perú y el ex¬terior. En Buenos Aires, descontada la preocupación de los comerciantes portugueses y los factores de los asen¬tistas de esclavos, pocos desean establecerse en la región. Es tan evidente esa realidad, que, una y otra vez, antes y después de la fundación de Buenos Aires, aconsejaban en Andalucía a los aspirantes a indianos a no trasladarse al Río de la Plata y Paraguay. Informábase, en 1575, a Felipe II sobre el desinterés y también sobre la opinión general del pueblo, y le decían que “tanta mala fama ha cobrado aquella tierra que en mentándola escupen”. Y más tarde, en 1600, clamaba el obispo de Córdoba de Tucumán en una carta enviada también al monarca de la
aCarta a S.M. del gobernador del Río de la Plata.. ., Buenos Aires, 25 de abril de 1611, en Archivo General de Indias, Sevilla, Charcas,lO.
*C.f.: Fernando Braudel, Une route clandestine de l’argent, en A travers les Amériques latines, Paris, 1949, págs. 154-158; Vitorino Magalhaes Godinho, Flutuacoes económicas a devir es-trutural do sécula XV ao sécula XVII, en Ensaios sobre Historia de Portugal, Lisboa, Sá da Costa, 1978, págs. 247-280.
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falta de clérigos, señalándole que “todos se huyen al Pe¬rú y no lo puedo remediar”". Es que allí, en las proximi¬dades del Cerro, se encontraba la plata y la fortuna.
Proseguimos. Como señalamos en otra oportunidad al estudiar las características del trabajo indígena en el área que se extiende entre Buenos Aires y Potosí, los prime¬ros pobladores distinguían “cualitativamente” a los na¬turales del Río de la Plata de los del Paraguay, y, más acentuadamente aún, de los indios de la montaña someti¬dos al “orden” y “policía””. Es decir, a los recolectores y cazadores del litoral bonaerense (”Todos los indios que por este río arriba hay que viven en la ribera del no son gente que siembren ni de ninguna policía, son de guardarse muchos de ellos”) de los agricultores primiti¬vos subtropicales (”todos son labradores y gente que siembra”). Pueblos sin policía unos, sin orden los otros. “Carecen de servicio —escribe en 1620 él gobernador de Buenos Aires informándole al rey— los pobladores por la grande falta de naturales, y ser para pocos, de costum¬bres bestiales, sin pulicía ni gobierno”. Un equivalente a los indios antillanos de las “islas inútiles” que esclavizan para llevar a las “útiles”, las del oro, perlas y plantaciones.
En menos de cuarenta años, a partir de los primeros encuentros entre dominados y dominadores, las etnias cazadoras de Buenos Aires transforman radicalmente sus características dando un salto en el tiempo con la adop¬ción del caballo. La domesticación, el adiestramiento, el empleo cotidiano del caballo determinan cambios esen¬ciales en sus costumbres, similares a las que ocurren en las praderas del Oeste de Estados Unidos de Norteaméri¬ca. Es poco lo que conocemos sobre el momento y las circunstancias en que se produce la adaptación de ese
” Ocultándose parte de la verdad, es decir el interés en eva¬dir la plata a Portugal y Holanda, se afirma en 1604: “la ciudad de la Trinidad e puerto de Buenos Aires se poblase para el trato y comercio desta gobernación con los reinos de España, Brasil, por estar la gente de esta tierra pobre”. Y poco antes, desde la ciudad de Córdoba (6 de diciembre de 1589) se recuerde “el servicio y el trabajo que se ha tenido en descubrir el camino des¬ta ciudad al Brasil”.
” Ricardo Rodríguez Molas, Los sometidos de la conquista (A editarse próximamente en Crítica, Grupo Editorial Grijalbo).
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nuevo elemento. Es posible que el proceso se hubiese ini¬ciado a través de los indios sometidos a esclavitud por Mendoza y sus acompañantes en los tiempos de la prime¬ra “ciudad” de Buenos Aires (1536-1541). De todas ma¬neras, lo cierto es que los padrillos y yeguas que el ade¬lantado y luego sus hombres abandonan en las fértiles llanuras se multiplican sin mayores problemas, disponién¬dose de abundantes tropillas para abastecerse. Es un pro¬ceso similar al del vacuno. Pues bien, ya en 1599 un go¬bernador del Río de la Plata nos relata algunas de las particularidades de la aculturación de los pampas o que-randíes, a la transformación de los mismos en un horse-complex de guerreros, aludiendo a sus armas y prácticas de caza. Y en 1629 escriben que los indios andan “vagan¬do por los campos, sustentándose de raíces, carne y san¬gre de caballo a medio asar, de venados, avestruces y otras cazas y de pesquería; si los aprietan (oprimen) se levan¬tan y están mal seguros los caminos”". Pero también, se¬gún se agrega, el temor a que los serranos se aliaran a los posibles invasores holandeses de la Compañía de Indias Occidentales6. Nos cuentan, por caso, que
“los indios serranos que confinan con el estrecho de Magallanes (sic) por la banda del sur y bajaron a esta pro¬vincia más de quinientos de ellos diciendo que se querían reducir, descubriéndose que su ánimo no fue sino ver si el enemigo había tomado la tierra y si los españoles esta¬ban retirados fuera della haciendo junta con los demás y con los holandeses y dar sobre nosotros, que si fueran amigos verdaderos alguna defensa tuviera porque los más son grandes hombres de a caballo y están prevenidos de
a Carta al rey del gobernador del Río de la Plata Diego Ro¬dríguez Valdez y de la Banda, Buenos Aires, 20 de mayo de 1599. Publicada en una edición anotada por Francisco de Apa¬ricio (Anuario de la Sociedad de Historia, t. III, Buenos Aires, 1941, pp. 507-519).
En 1599 el gobernador mencionado antes observa que los indios podrían entregarles a los ingleses que merodean por el lito¬ral, a cambio de zarcillos y armas blancas, “un caballo a cada uno, porque como señores de la campaña lo son de dos millones (síc) de yeguas y caballos que andan en ella de los cuales comen y se sirven.”
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armas de cuero de buey para sus personas y caballos. Usan lanzas, arcos, flechas, bolas y hondas y a su modo hacen los escuadrones en forma de media luna y los in¬fantes sin parar en un lugar. Para su castigo conviene mu¬cho que una cédula que Vuestra Majestad despachó para el Paraguay y río Bermejo en que manda sean cautivos y señalados en el rostro con calidad que se pueda disponer de ellos. Ha de ser más amplia según y como la del Reino de Chile para que el mayor castigo que se les puede ha¬cer para enfrenar su furia es venderlos y es tanta verdad esto que teme más un indio que lo embarquen desterrán¬dolo al Brasil que si lo sentenciaran a muerte”2.
Por cierto, en toda el área rioplatense predominan las etnias de recolectores y cazadores, protoculturas que rechazan el “orden” y “policía” impuesto por los españoles, y más aún los sincretismos inducidos por in-. termedio del control social y la ideología religiosa que predominan en todas las áreas mineras del Alto y Bajo Perú. Debemos advertir que, de acuerdo con los testimo¬nios disponibles, asimismo en Santa Fe y en zonas ale¬dañas las dificultades son similares. Allí, en 1577, los vecinos observan que sólo han podido someter a conta¬dos indios, encontrándose los más alzados “contra el servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad”.
Pero, aceptado lo anterior, no es menos cierto que advertidos en Buenos Aires de todos los fracasos en los intentos de dominarlos, poco o ningún interés ponen en su conversión y adoctrinamiento. Los vecinos, con-cientes de esa realidad, buscan la mano de obra que les es indispensable en otras regiones. Una y otra vez se menciona en los documentos a grupos de indios guara-
fl Carta del gobernador del Río de la Plata Francisco de Cés¬pedes a S.M., Buenos Aires, 15 de julio de 1629, e C.G.G.V., n° 4835. Permanentemente se alude en los documentos holan¬deses a la necesidad de ofrecer la libertad a los indios oprimidos para lograrse la conquista, con la alianza de éstos, de los territo¬rios de España. Cf. Desengaño a los pueblos de Brasil y demás partes de ¡as Indias Occidentales. . . Amsterdan MDCXXXII, pp. 363-367 en Biblioteca Nacional de Madrid, mss. 2364. Otros aspectos en C.R. Boxer, The Dutch

















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