Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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años de trabajo y con cons¬trucciones importantes”".
Fuerza es repetirlo: la denuncia de Oroño deja una parte de la trama de aquellas injusticias al descubierto. Aquí y allá, basándose en sus propias investigaciones, la especulación adquiría características extremas: una hora después de haber sido adjudicada una suerte de estancia era vendida en la misma puerta del ministerio. Pero ello no es todo. Un solo comprador se beneficia con 940 leguas cuadradas, poco menos de dos millones y medio de hectáreas. En 1908, en plena etapa de las exportacio¬nes de carne vacuna, Concepción Unzué de Casares posee varias estancias latifundistas y la de Huetel, una de las tantas, tiene 67.500 hectáreas, 60.000 carneros y 35.000 vacas. Su hermana, Unzué de Alvear, es propietaria de 63.500 hectáreas y Tomás Duggan de no menos de 60.000. Es que, según la mencionada investigación de Sergio Bagú, sus ingresos en muchos casos superaban los gastos de varios ministerios”.
Había sido esa realidad, sin duda, el resultado de la conquista del territorio y de una reforma en perjuicio de los menos pudientes. Un reparto que determina la característica de una sociedad con una estructura urba¬na de tipo industrial en momentos en que su economía se basa exclusivamente en las exportaciones agropecua¬rias. Es evidente que, llegados a este punto, la gran ma¬yoría de los trabajadores europeos en uno o en otro mo¬mento se establecen en Buenos Aires y dos o tres centros
a Informe del Director de Tierras, Inmigración y Agricultu¬ra a S.E. el señor Ministro del Interior sobre las denuncias del diario “La Prensa”, Buenos Aires, 1892. Algo menos de tres años preside Nicolás Otoño la Dirección de Tierras y Colonias; obligado por las presiones externas y por propia decisión lo exonera Luis Sáenz Peña.
Sobre diversos aspectos en relación al dominio de la tierra puede consultarse: Godofredo Daireaux, La estancia argentina, en Censo agropecuario nacional, Buenos Aires, 1908, t. III; Francisco Scardin, La estancia argentina, Buenos Aires, 1908; G. A. Henty, Dans les pompes, Paris, Didot, 1883.
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urbanos debido a la imposibilidad- de adquirir tierras. Obviamente, la época de mayor desarrollo urbano corresponde, sin duda alguna, a los períodos de mayor inmigración. Alrededor del cincuenta por ciento del crecimiento del área metropolitana se debe, entre 1869 y 1914, al número de residentes extranjeros, de manera especial a los procedentes de Europa. Por cierto, en el latifundio se encuentra la base de ese absurdo crecimiento desigual.
Teniendo en cuenta esa situación, no debe extrañar¬nos el interés de algunos sectores en desplazar a los agri¬cultores. “El estanciero actual —escribe Daireaux en 1908—, poseedor de algún latifundio como todavía lo hay, de veinte a cincuenta leguas cuadradas, en el fondo odia cordialmente al colono, al agricultor, a esa gente que pulula”". Y dos años más tarde, con motivo del viaje -que realiza a la Argentina, Jules Huret observa que en el país la ganadería “representa la antigua riqueza y la legendaria indolencia de los antiguos colonos españoles” y agrega que la agricultura es entonces una realidad debido al “esfuerzo vigoroso de los emigrantes italia¬nos”. De todas maneras se trata de un esfuerzo que en última instancia beneficia a los propietarios de la tierra donde trabajan los labradores y a los comisionistas y exportadores”.
Son mínimas en 1888 las inversiones correspondien¬tes a mejoras que hacen a la vida cotidiana de los propie¬tarios o a las técnicas de explotación. “Nuestros estan¬cieros han cuidado generalmente muy poco hasta hoy de la regularidad en la construcción de sus estancias, y dado prueba de poco gusto en sus disposiciones generales” escribe Lemée en 1908. Y agrega: “Muchas de esas po¬blaciones son antiguas, y se han ido añadiendo al edifi¬cio primitivo nuevas construcciones, sin plan determina-
a Godofredo Daireaux, La estancia argentina…, p. 15.
” Sobre algunos aspectos de la explotación de las casas co¬merciales a colonos cf.: James R. Scobie, Revolución en las pam¬pas. Historia social del trigo argentino, 1860-1910, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1968.
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do, a medida de las necesidades, y colocadas al acaso”0. El análisis de los valores correspondientes a las mejores introducidas en los campos en relación al valor de la propiedad determina no sólo la presencia del latifundio, también la del arcaísmo. He aquí, en resumen, el cuadro del “valor de la propiedad mueble e inmueble” de Buenos Aires en 1888 en un momento que comienza la transición a la estancia que ha de abastecer al frigorífico:
Terreno 905.913.864
Cercos 31.620.853
Plantaciones 22.792.740
Casas y construcciones 60.057.391
Animales de trabajo 16.638.916
Animales de cría 176.847.507
Aves, colmenas, etc 1.855.679
Material de explotación 9.820.521
(Fuente: Censo agrícola-pecuario de la provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, El Censor, 1889).
En la provincia de Buenos Aires, de acuerdo al Censo, 400.152 peones trabajan en las 28.069 explotaciones registradas: 180.652 lo hacen en forma permanente (de éstos 99.102 son familiares de los propietarios) y 219.500 en determinadas épocas del año (cosecha, yerra, rodeos, etc.). Descontados los familiares, deter¬minamos un promedio de 3,2 por cada establecimiento. Y también una elevada cantidad de habitantes ocupados en labores temporarias, pobladores agregados en algún rincón del campo o establecidos en los míseros ranchos que se levantan en los alrededores de los pueblos de la campaña.
Si tomamos como caso específico un partido tipo con una explotación preponderantemente agrícola y otro dedicado a la ganadería bovina, es posible estable¬cer características que hacen a una situación que alude a la realidad social y económica. Entre los primeros
a Carlos Lemée, Cuno de agricultura, La Plata, 1902, t. II, pp. 59-60.
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elegimos a Chivilcoy, con 1.031 propietarios extran¬jeros y 311 nativos; de los segundos a Tuyú, con campos de cría, bajos tendidos y bañados, próximo a la costa del Río de la Plata, con sólo 24 propietarios nativos y dos extranjeros (españoles). En Chivilcoy, por otra parte, trabajan, incluidos 8.028 temporarios, 14.218 peones. En una posición opuesta a la de las explotaciones gana¬deras intensivas, el promedio general de cada estableci¬miento es algo superior a diez peones. Producen, nos re¬cuerda el francés Alejo Peyret, trigo y maíz”. Opuesta¬mente, en Tuyú los hechos son distintos. Como hemos señalado, la propiedad de la tierra se encuentra repar¬tida entre unos pocos estancieros que dan trabajo a ochenta trabajadores, los consabidos “mensuales” de las estancias bonaerenses. Un promedio de 3,07 por cada establecimiento ganadero. En contra de lo que sucede con los partidos productores de cereales, las sumas in¬vertidas en mejoras son de poca o ninguna importancia (carecen de alambrados y las construcciones son de adobe) y no difieren mayormente de las de un siglo an¬tes.
Tanto la nacionalidad como la procedencia interna de los trabajadores de cada uno de los dos partidos varía en forma acentuada. En primer lugar, en Chivilcoy el seten¬ta por ciento son extranjeros. Y en segundo, en Tuyú el ochenta y cinco por ciento de la población es nativa del país, Chile y Uruguay. Pero tal vez el nivel económico propio de cada uno de los dos sistemas de producción, revela aún más las diferencias. Pues bien, en Chivilcoy se abonan los sueldos más altos de toda la provincia de Buenos Aires ($ 25 mensuales con manutención) y en Tuyú, al igual que en las zonas ganaderas del sur donde predomina el latifundio, los más bajos ($ 17 mensuales con manutención).
Es la anterior una realidad que se multiplica en toda la provincia. Señalemos, resumiendo los informes dispo¬nibles, que las mujeres que se ocupan en trabajos domés¬ticos perciben salarios que oscilan en un cuarenta y cin-
a Alejo Peyret, Una visita a las colonias de la República Ar¬gentina, Buenos Aires, 1889, t. II, pp. 155-166.
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cuenta por ciento debajo del común en los hombres. Los índices menores figuran en los partidos alejados de la ciudad de Buenos Aires ($ 8 con manutención) y los más altos en los próximos ($14 mensuales). Un hecho que adquiere su justa realidad comparándolo con el de los trabajadores urbanos: en 1887, es decir al año si¬guiente, el promedio general de los mismos, sin casa y comida, es de cincuenta y cinco pesos.
Señalemos otros aspectos de los campos bonaeren¬ses en un momento de transición. Un punto tan funda¬mental como el anterior reside en las características de las viviendas y nos introduce nuevamente en la tradición. Por 1888 no había variado la realidad si la compara¬mos con la de los años precedentes: edificios de paja, barro y madera predominan en todas las áreas. El cua¬dro general del tipo de material empleado señala las siguientes cantidades de las que habría que separar las pertenecientes a los edificios de los pueblos rurales:
NUMERO Y CLASE DE LOS EDIFICIOS DE LA PROVINCIA
Material Madera y hierro Paja y’ barro Tota
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