Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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proponer la expansión de la frontera”.
Es que los ganaderos porteños y algunos sectores del litoral habían perfeccionado su monopolio socio-político bajo otras formas, estableciendo un sistema adecuado a las nuevas circunstancias. Disponen de un estado dispuesto a propiciar sus menores deseos, y con más razón cuando presionan sobre él sociedades, clubes y corporaciones ganaderas que obtienen la san¬ción de leyes indispensables para concretar todos sus intereses. Factores, es sabido, que representan una fuerza tan poderosa como el mismo estado. Entre ellos la Sociedad Rural de Buenos Aires (fundada en 1866), corporación que reúne a los estancieros por¬teños de mayor poder acaudillados por Eduardo Olive¬ra, Ricardo Newton, Benjamín Martínez de Hoz, Leo¬nardo Pereyra, Mariano Casares. . . Sus miembros, agru-pados bajo el lema “cultivar el suelo es servir a la pa¬tria” (en realidad son ganaderos), forman parte de la legislatura provincial y nacional. Ocupan cargos directivos en ministerios, secretarías, sociedades de beneficencia y revistan en la guardia nacional en los grados más altos del escalafón militar. Integrados dentro de un sistema que sufre variantes (los enfrentamientos entre Buenos Aires y el litoral o entre diversos sectores
a Adolfo Alsina, Memoria especial presentada al Congreso Nacional por el ministro. . . , Buenos Aires, 1877, p. 17.
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de la producción, por caso), los ganaderos no disponen de poder sobre los precios de los productos que expor¬tan. Dominan en cambio, como siempre lo habían hecho, los costos internos y la distribución de sus bienes en los mercados, tabladas, saladeros, graserias y barracas. Una realidad prevista por Sarmiento en la carta enviada el 22 de setiembre de 1866 desde Estados Unidos a la recién fundada Sociedad Rural de Buenos Aires. Les advierte, con su habitual perspicacia para ob¬servar los hechos, los problemas posibles de los produc¬tores agropecuarios en un futuro próximo: “su precio (el de los productos del campo) —escribe— no lo reglamos nosotros por falta de consumidores sobre el terreno mismo, nos lo imponen los mercados extranjeros según la demanda”. Y agrega que la situación de Estados Uni¬dos es distinta a causa de una demanda activa y una producción diversificada. Es bien claro: “Seremos ricos a veces, pobrísimos otras, sin saber por qué y sin poder echar la culpa al gobierno. . . Esto es serio y mere¬ce considerarse.” Esa circunstancia y la incapacidad para invertir racionalmente la renta recibida determinan la Argentina de los años siguientes y aún la de hoy.
II - LA CONSTANTE: LA APROPIACIÓN DE
LA RIQUEZA POR LOS MENOS Y LA POBREZA
DE LOS MAS
En primer lugar, el reparto de las tierras fiscales”. Entre otras, la ley del 16 de octubre de 1857 autoriza el arrendamiento por ocho años de las tierras públicas en enfiteusis y, lo que es más importante, la venta pos-
” Una visión total de las leyes de tierras fiscales es dada a conocer en el siglo pasado por G. de la Fuente, titulándola: Tierras, colonias y agricultura. Recopilación de leyes, decre¬tos y otras disposiciones nacionales ordenada por el Director general del ramo Dr. . . , Buenos Aires, Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional, 1898; Jacinto Oddone, La burguesía terrateniente argentina, Buenos Aires, Ediciones Populares Ar¬gentinas, 1956; Miguel Ángel Cárcano, Evolución histórica del
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tenor de éstas a sus eventuales ocupantes. Son tantos los fraudes e injusticias, que para silenciar las quejas se “deben adoptar en 1862 normas adicionales. Pocos ha¬bían cumplido con la obligación de poblar una estancia en las mil quinientas leguas cuadradas que se entregan (10.500.000 hectáreas). De todas maneras, el 10 de ene¬ro de 1867 se decide la venta de todos aquellos lotes a un pequeño círculo de especuladores enriquecidos en los últimos años. Iniciábase un espléndido negocio. Y, es sabido, otra de las formas de lograr una suerte de estancia es participar en los “premios militares” como miembro de una “expedición al desierto”, un problema que nos aleja del tema que nos interesa en estas páginas.
En segundo lugar, la prepotencia de la fuerza. Lo se¬ñalamos ya al referirnos a los hechos previos a 1810, el estanciero con poder político provincial o local domina en muchos casos los bienes del pequeño propietario de un rodeo y ocupante de una tierra marginal, próxima a la frontera y sin título. Un hecho frecuente en el período que estudiamos y que se hace más evidente al valorizarse la tierra y el ganado. El ganado “alzado” de los rodeos siempre va a manos de los grandes estancieros dueños de miles de cabezas vacunas. Y, por otra parte, no es menos cierto que por lo general el silencio rubrica estos robos. Por esta causa un pequeño propietario de Ensenada de Barragán le escribe al general Mitre el 11 de junio de 1860, relatándole lo que ocurre en aquel partido y tam¬bién en Magdalena donde predominaban
“cuatro o cinco hacendados que conservaban la ma¬yor parte de sus haciendas alzadas, no porque no pue¬dan sujetarlas, sino por una mera especulación bien calculada y fundada tal vez en que hay una porción de vecinos pobres, inmediatos o retirados de ellos, cuyos
régimen de la tierra pública, 1810-1916, Buenos Aires, 1917; Juan Goyena, Digesto rural y agrario. Recopilación de leyes, decretos, fallos de la Corte Federal y provincias. . ..desde 1810 a 1891, Buenos Aires, 1892. Un excelente análisis crítico de la bibliografía la realiza Sergio Bagú en Argentina 1875-1975…, obra ya mencionada.
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• ganados mansos, ya sea por los temporales o por la falta de pastos, se pasan de un lugar a otro y se mezclan con las haciendas alzadas “”.
Así las cosas, el vecino sin recursos económicos se presenta al estanciero latifundista solicitándole autori¬zación para retirar su hacienda “y éste —escribe— le da por contestación: traiga usted quince o veinte hombres que puedan juntar mis ganados y parar mis rodeos, y entonces apartarán sus pocas vacas. Y yo pregunto -agrega— ¿podrá costear un vecino que no tiene más de diez o quince cabezas, veinte o treinta hombres?”. La respuesta es obvia.
La apropiación como sistema establecido e institu¬cionalizado. Poco después de la revolución de 1890 algunos funcionarios no temen denunciar públicamente las irregularidades que se habían cometido en el reparto de la tierra*. Se refiere, entre tantos otros casos, que la ley del 5 de octubre de 1878 -que da origen a la con¬quista del desierto- autorizó el establecimiento de fron¬teras sobre la margen izquierda de los ríos Negro y Neu-quén, invirtiéndose en el proyecto la suma de un millón seiscientos mil pesos fuertes. Para concretar el deseo, carente el estado de recursos, se enajena la totalidad del territorio a “conquistarse”, siendo vendido en los meses siguientes por suscripción pública a los posee¬dores de los títulos del empréstito interno.
Así, pues, “la estupenda conquista” de las quince mil leguas de llanura pampeana, de pastos apropiados para el engorde del ganado vacuno, tendrá en poco tiempo sus dueños más apropiados. Debemos señalar en primer lugar y ante todo, que muchos se habían anticipado a la expe¬dición y compran suertes de estancias a precios bajos con la esperanza de especular más tarde. Ya a fines de
a El estanciero firmante es Francisco Rodríguez de Soas. Cf.: Archivo del general Mitre, t. XXII, Buenos Aires, Biblioteca de la Nación, 1913, pp. 51-52.
* Memoria del ministerio del Interior… 1891, Buenos Aires, 1891.
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1879 la casa comercial Huss y Cía. informa en la Revis¬ta de ganadería la rápida valorización de las tierras cer¬canas .a la línea de frontera, un hecho negado actual¬mente por ciertos teorizadores de esa entelequia que se denomina “progreso argentino”. Campos de Tres Arro¬yos vendidos poco antes por el estado a 60.000 pesos la legua cuadrada valían en esos días 120.000 de la misma moneda. Una y otra vez la prensa periódica in¬siste en mencionar hechos similares, pregonándoselo en los avisos que ofrecen estancias en venta. La “expe¬dición” de Roca había sido solicitada previamente, organizada y financiada por la clase poseedora latifun¬dista, distando mucho de constituir una empresa pa¬triótica según se viene sosteniendo con insistencia”. Si bien es posible que perjudique a determinados ha¬cendados de San Luis, Córdoba y Mendoza que se bene¬fician con los ganados que roban los indios en Buenos Aires y ellos adquieren, el hecho determina una de las etapas, tal vez la de más importancia, en el ascendente camino de los propietarios porteños6.
La primera entrega de tierras se realiza en la segunda línea de la frontera: una zona que se extiende de Bahía Blanca a Puán y de allí a los fuertes de Carhué, Guaminí y Trenque Lauquen. Se trata de los campos incorpora¬dos por Adolfo Alsina, “los más feraces —se dice—, regados por abundantes ríos y adaptables completamen¬te para la cría de toda clase de ganados”0. Es, por cierto, en conjunto, una actitud cohere
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