tardar en el viaje de 25 a 30 días”".
Una sociedad, qué duda cabe, aislada, arcaica, depen¬diente del trabajo servil indígena y de las comunicacio¬nes con el Alto Perú a través de la Ruta Continental. Se nos podrá preguntar entonces por qué insistimos en ana¬lizar lo que en apariencia no ha aportado nada a la histo¬ria, es decir al progreso. La respuesta la encontramos en la proyección que pretende dársele en el tiempo a esas formas de vida, en la muralla, permítase el símil, a los procesos evolutivos. Y, desde luego, en una ideología siempre renovada, más allá de los revivales folklóricos que se sustentan en la nostalgia de las sociedades arcai¬cas, similar a la propuesta en los siglos XVI y XVII (aún mucho después) de una vuelta al campo donde no se oían las voces cada día más altaneras de la burguesía en ascenso contra el poder de la nobleza feudal. “Que el grande y el pequeño / somos iguales lo que dure el sue¬ño” es la aspiración de Lope de Vega racionalizada en su “Canción a la vida del campo”. Babilonia, el pecado, ba-rroquiza en el siglo XVII Luis de Tejeda para definir a los escasos vecinos establecidos en Córdoba del Tucu-mán. Y según expone Ricardo Rojas, en artículos perio¬dísticos dados a conocer entre 1922 y 1924 y reunidos luego en Eurindia, la civilización de las ciudades es “ma¬terialista” y “enteca”. “Dejará de serlo —vaticina— sólo cuando el espíritu de la tierra haya entrado en la ciudad, extranjera por todos sus atributos”6. Pero dentro de ese
a “Relación de el gran río de la Plata, islas, bajos y surgideros que distan un cuarto de legua de la ciudad, puerto seguro”. . . 1637, en C.G.G.V., n° 4893.
6 Ricardo Rojas, Eurindia, Buenos Aires, Losada, 1951, pág. 18. En el capítulo titulado “Ley de continuidad de la tradición”, resume sus teorías nacionalistas con las siguientes palabras: “Así
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concierto de alabanzas a lo arcaico, hemos de verlo, la verdad se levanta con vigor singular.
II-LOS COMIENZOS: ‘HAY MUCHA FALTA DE ORO Y PLATA”
Al sur del dominio español, en las tierras del litoral atlántico donde Juan de Garay establece la segunda Bue¬nos Aires en 1580, la ocupación de las tierras próximas al puerto y el dominio teórico a sus pobladores natura¬les difieren al dominio y la ocupación característica del Interior. Durante años ha de persistir el desinterés por controlar las tierras aptas para la agricultura y la ganade¬ría fuera de un mínimo necesario para cubrir los requeri¬mientos de sus habitantes. En parte por carecer de un mercado para sus posibles productos y por las caracterís¬ticas que habían determinado el asentamiento humano; y en parte por no disponer de mano de obra apta para los trabajos sistemáticos. En efecto, esas feraces llanuras incluidas en el área de los 600 milímetros de precipita¬ción anual, cubiertas por un fértil mantillo de humus, serán dominadas por cazadores nómades que disputan a los “accioneros” de Buenos Aires, denominación que re¬ciben los vecinos, el derecho a vaquear el ganado cima¬rrón o salvaje.
La llanura. Son pocas, muy pocas, por cierto, las alu¬siones a la geografía bonaerense en los relatos burocráti¬cos de funcionarios y vecinos. Y menos aún al paisaje, una realidad subordinada a la distancia y a las posibili¬dades económicas. ¿No lo está acaso recién descubriendo
lo indígena, lo español y lo gauchesco —lo que creíamos muerto en !a realidad histórica- sobrevive en las almas, creando la verda¬dera historia de nuestro país o sea la conciencia de su cultura, en virtud de esa ley que he llamado continuidad de la tradición en la memoria nacional”. Lo cosmopolita, para Rojas, es la antítesis de lo nacional. En Buenos Aires, observa, “El capitalismo inter¬nacional, con todos los resortes de la banca judía, gobierna las finanzas, la industria y el comercio desde sus grandes centros de Londres o de New York”.
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la pintura europea, particularmente la holandesa y vene¬ciana? Se puede leer, por caso, sobre las tierras ubicadas en las proximidades de Sancti Spiritus, en la actual Santa Fe, en una Descripción anónima. . . del R ío de la Plata, la impresión que le había causado a su autor la inmensa planicie y sus posibilidades económicas en relación a la ganadería, una circunstancia que en los primeros mo¬mentos otros intereses han de marginar. Se dice en una parte de ese relato:
“Es muy aparejada esta tierra y comarca de Sancti Spiritus para que allí se críen y multipliquen ganados, es¬pecialmente vacas y ovejas, por ser… tierra rasa en la cual por maravilla se hallarán árboles. . . con dehesas de inmensa grandeza llena de mucha yerba tal cual conviene para lo ya dicho. . . no se perderá cuero de vaca ni vello¬cino de lana que se traiga por el dicho rio abajo para estos reinos, de manera que esta granjeria bastará a sus¬tentar aquella tierra con grande perpetuidad porque son tantos los ganados que hay en los reinos del Perú que casi para otra cosa no aprovechan sino para comer en tal manera que se podrá traer de allá y de Tucumán y de la ciudad de Asunción tanto número dellos que en diez años su multiplicación hincha toda la tierra”.”
Realidades concretas; la hacienda vacuna y caballar*. La primera, de. acuerdo con los testimonios conocidos, se introduce al Río de la Plata desde la ciudad de Asunción en 1573 y en 1580c. Y en distintas ocasiones desde Cór¬doba y Santiago del Estero para socorrer a Santa Fe. Junto al ganado cimarrón, abundante y de poco precio, encontramos en los primeros momentos la pobreza gene¬ral del ámbito pampeano, un primitivismo acentuado y
“”Descripción anónima con varias noticias del Río de la Pla¬ta” redactada poco antes de 1580, en C.G.G.V., n° 467.
A comienzos del siglo XVII observa fray Diego de Ocaña sobre las yeguas y caballos cimarrones: “Estos caballos trajeron aquí los conquistadores, que fue Cabeza de Vaca y sus compañe¬ros; y los soltaron por los campos, y han multiplicado tanto co¬mo está dicho”. Fray Diego de Ocaña, Un viaje.. ., pág. 143.
cCf.: Emilio A. Coni, Las siete vacas de Goes, en La Nación, Buenos Aires, 8 de noviembre de 1925.
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característico en el tiempo. Así lo informaba en 1611 el gobernador del Río de la Plata, luego de aludir a las dis¬tintas etnias que había sometido o esperaba hacerlo:
. . . “hay mucha caza de venados y avestruces y perdi¬ces, que es muy gustosa, y las perdices tan bobas que se dejan tomar desde el caballo con una caña y lacillo. Hay notable falta de moliendas por ser la tierra tan llana con que viene el pan amasado a muy excesivo precio respecto de que la fanega de trigo que es fanega y media de Espa-ña vale a seis y ocho reales y este año se halla a cuatro. Hay grande abundancia de ganado vacuno y vale muy ba¬rato, tanto que el obligado de la carne deste año da un cuarto de buey, que ordinariamente pesa más de setenta libras carniceras en tres reales y medio. Hay muy grande ‘falta de todo género de ropa y no porque la tierra no dé lino y cáñamo ni la haya de ganado ovejuno y carneros sino porque la gente no es amiga de trabajar ni las muje¬res de hilar. Hay mucha falta de plata y oro en todas estas provincias, tanto que en ninguna se halla plata sino es en este puerto por la comunicación del y toda es poca”.
Y también, por último, la vida cotidiana, los indios y las costumbres de esa tierra nueva:
“En toda esta gobernación no se acostumbra vender cosa ninguna en las plazas sino es en este puerto, que hace dificultoso el comercio y también por no hallar los forasteros indios ni otra persona en quien servirse por su dinero porque los pocos indios que hay con sus mujeres y hijos sirven los encomenderos y son tan pocos los cris¬tianos reducidos que en muy poco tiempo se acabaran y con ellos las haciendas del campo y el sustento de los españoles, los cuales han sido y son tan pobres en todas estas gobernaciones que no han podido ni pueden com¬prar negros. Hay grandísima multitud de yeguas y caba¬llos silvestres con que han dado ocasión a los indios an¬dar a caballo y están ya tan diestros que no les da cuida¬do silla ni aparejo. Todos los indios cristianos y de servi¬cio son. . . ocho mil cincuenta y los infieles ciento no¬venta y nueve mil doscientos sin las mujeres e hijos. Con los infieles no hay ocupados sacerdotes ningunos sino
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dos descalzos, el uno gran lengua y gran siervo de Dios muy antiguo y seis padres de la Compañía también len¬guas ocupados en tres provincias.. . Hay en esta goberna¬ción generalmente en hombres y mujeres un vicio abomi¬nable y sucio que es tomar algunas veces en el día la yer¬ba con gran cantidad de hierba caliente para hacer vómi¬tos con grandísimo daño de lo espiritual y temporal por¬que quita totalmente la frecuencia del santísimo sacra¬mento y hace a los hombres holgazanes, que es la total ruina de la tierra y como es tan general t
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