Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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Buenos Aires, Imprenta de Alvarez, 1823.
El autor de este plan de reforma publica en 1823 un perió¬dico titulado Los locos son los mejores raciocinadores (Impren¬ta de Alvarez). El mismo año, y debido a opiniones sostenidas en esta hoja impresa, las autoridades lo condenan a dos meses de destierro. Incluye en el único número conocido (4 de abril), un extenso artículo sobre la Administración de justicia aristo¬crática y despótica, que se practica en la provincia de Buenos Aires y en el cual plantean los mismos puntos de vista que en la citada Reforma de la campaña.’
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Rousseau diciendo: los pueblos, lo mismo que los hom¬bres, no son dóciles sino en la juventud, cuando lle¬gan a viejos ya son incorregibles”".
En primer lugar poblar la llanura. Poblarla racional¬mente; distribuir a los posibles inmigrantes con lógica. Evitar en lo posible, opina Pablo Ramírez, que sean muy grandes las concentraciones urbanas. Otro punto de su reforma radica en la supresión del latifundio y las tierras improductivas; “todo individuo debe limi-tarse a solo el terreno que necesite para su labranza, su hacienda, su cultura o su habitación”6. Más ade¬lante agrega: “hombres hay en nuestra campaña que po¬seen cuatro leguas de terreno famoso y sólo ocupan la mitad de la cuarta”. Los pobres debían poseer tierras. Pero para que pudiera concretarse el deseo, las autori¬dades deben permitir que se “establezcan libremente”, pues los estancieros “expelen de un lugar fértil a los habitantes, sólo porque éstos no son harto ricos para comprar este lugar entero”.
Y temeroso de que lo acusen de pretender “que los grados de riqueza sean los mismos”, aclara que únicamen¬te desea para los que menos poseen una pobreza “sopor¬table”. Su reforma radica, entre otros aspectos, en au¬mentar considerablemente los impuestos a los ricos de manera que no 16 sean en un grado tan alto para “que los hombres superficiales dejen de decir que es el único medio por donde un hombre se hace respetable en la sociedad”0. Analiza Ramírez otros problemas de la campaña que necesitan una urgente reforma: en pri¬mer lugar la organización arcaica de la estancia, la edu¬cación de los hijos de los hacendados, las prácticas re-
a Opus cit., p. 23.
* Opuscit., p.’44.
c Opus cit., p. 53. Sostiene también que la riqueza de unos pocos no podrá hacer la felicidad de todos, por el contrario, ese pueblo “bien pronto será destruido por devorantes y sordas revoluciones” (p. 50). Agrega que en la campaña de Buenos Aires “un hacendado para cuidar y conservar dos mil vacas no necesita más que tres peones, para seis mil, seis son más que suficientes”. Sobre diversos aspectos sociales y económicos, especialmente aquellos referidos a la estructura ocupacional de la estancia
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ligiosas, el transporte de ganado y la medicina. Sobre este último problema, recuerda que el curanderismo, producto de tantas herencias irracionales, está pro¬fundamente arraigado (”Hay unos adivinos y profetas que curan males que Pedro, Juan o Diego de cincuenta leguas distantes les introdujo con el resuello o con el pensamiento”0).
Poblaciones que viven en un estado de total postra¬ción y en un acentuado primitivismo. Menciona Ramí¬rez repetidas veces la vivienda del gaucho, míseros ran¬chos que albergan a la familia del desposeído e idealiza¬dos posteriormente por poetas y folkloristas. En esa perspectiva, la de una realidad que no puede soslayar, claman en un periódico porteño:
“¡Pero qué triste y desconsolante es la imagen que presentan por lo general nuestras habitaciones de la cam¬paña! Un charco de agua detenida y hedionda, un pozo sin brocal, que es más bien la madriguera de los sapos que el bebedero de la familia, .un grupo de barro y paja que se dice rancho son los objetos que hieren la vis¬ta. .. ¿Por qué andan desnudos y casi sin calzones los habitantes de un país donde las majadas son inmen¬sas? ¿Por qué andan desnudos sobre esqueletos de bes¬tias muertas donde el junco se cria en abundancia, donde el sauce viene con fecundidad, y donde todo lo necesario para la vida cómoda lo produce la naturaleza casi sin cultivo? ¿De dónde viene ese enjambre de por¬dioseros que no cuentan para su alimento que otras viandas que unos andrajos de carne casi corrompida, pendiente de la choza que se les está cayendo^.
Las preguntas se pueden resumir en una sola: ¿de
bonaerense, cf.: Julián Alvarez, Las guerras civiles argentinas,. Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1966. Referente a precios y salarios en la campaña: Enrique M. Barba, Notas sobre la situación económica de Buenos Aires en la década de 1820, en Trabajos y Comunicaciones, n° 17, Buenos Aires, 1967, pp. 65-71.
” Opus cit.,p. 62.
” Boletín de la Industria, Buenos Aires, miércoles, 29 de agosto de 1821, n° 3, p. 1.
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dónde provienen tantos males? Del ejercicio ilegal, res¬ponde, del derecho a adquirir tierras: “efectivamente, todos saben que nuestra campaña es habitada por cien propietarios y setecientos que no lo son: éstos son los pordioseros, éstos son los que forman ese enjambre de familias miserables”. Vagos, nos dice, son para las autoridades quienes “no tienen la propiedad del terre¬no que habitan”, los que “forman su choza a las inme¬diaciones de un hacendado para comer sus despojos”. Y agrega que no trabajan la tierra pues “les falta el estí¬mulo de la propiedad y la sospecha bien fundada de que serán lanzados de un día a otro si llega a amosta¬zarse el propietario más cercano”. Y nos recuerda asi¬mismo que la justicia sólo escucha “los clamores de los hacendados para que se extirpen esas poblaciones (para ellos) de tentadoras”. Y la mendicidad y el robo son las dos resultantes lógicas de aquella desproporción .en la riqueza.
El decreto del 9 de noviembre de 1821, ya men¬cionado, y por el cual Bernardino Rivadavia impone la pena de azotes, es remitido a los partidos bonaeren¬ses para su ejecución. Algunos pobladores frente a esa inquietud y a otras similares —por lo general estan¬cieros, alcaldes y jueces de paz—, contestan enviando sugerencias sobre leyes que permitan ampliar las me¬dias represivas y solucionar fácilmente los problemas. Son, desde luego, totalmente opuestas a los conceptos vertidos por Pablo Ramírez.
Debemos destacar que en la correspondencia envia¬da a Rivadavia puede claramente advertirse el enfren-tamiento de dos tipos de explotación primaria: agri¬cultura y ganadería; enfrentamiento clásico en todas las áreas pastoriles y que llega a su máxima tensión con el arribo de inmigrantes extraños al medio, inqui-linos o propietarios de pequeñas parcelas. Un pobla¬dor, apesadumbrado, informará a Bernardino Riva¬davia:
“Yo me he ^prometido sostener la agricultura con espada en mano, haciendo sacar todas las haciendas demás que se hallen en este partido de chacras. Yo tengo en venta hace seis meses mi chacra porque ya he visto prácticamente que el echar la alma trabajando
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no es más que para provecho de haciendas dañinas, siguiéndose lo expuesto que se halla un vecino hon¬rado si trata de hacer respetar sus propiedades”0.
Afirman: un vecino propietario de ganado puede causar más de tres mil pesos de daños al mismo tiem-pob. Ellos son los que se oponen al trabajo metódico y sedentario del agricultor. Pero también otras solicitu¬des llegarán hasta las manos de Bernardino Rivadavia. Son las de los hacendados que remiten sugerencias para controlar algunos aspectos económicos y sociales. Rue¬gan que se tomen severísimas medidas contra los pulpe¬ros: no podrán abrir sus negocios los días de fiesta, com¬prar cueros vacunos o caballares, botas de potro o de yegua, y lazosc.. Han de señalar al mismo tiempo la ne¬cesidad de suprimir los juegos de cartas, pato y otros similares6′. El deseo expuesto ‘y las numerosas sancio¬nes que se solicitan son —podemos afirmarlo sin temor a error— la más pura realidad dentro de sus respectivas jurisdicciones.
a Carta a Bernardino Rivadavia enviada por Leonardo Do¬mingo Gándara, fechada en el partido de Morón el 23 de febrero de 1823. (Archivo General de la Nación, División Nacional, Sección Gobierno, Estado Mayor General. Reforma Militar, Oficinas Públicas, Sala 10,C. 12, A. 10, N° 1).
^ “Pueden alcanzar a 3.000 pesos los daños hechos por sólo un vecino a varios labradores que hoy los veo lamentarse en’ mis puertas” (Ibídem).
c “Todo pulpero de esta villa como los de la capilla de Merlo tendrá precisamente su pulpería cerrada en los días Domingo y en todos los de obligación de Misa desde el principio del toque tercero de la primera Misa hasta la conclusión de dicha y lo mis-mo sucederá en la Misa parroquial” {Ibídem).
^”Quedan privados desde este día todos los juegos de baraja, taba, bolos, etc., en donde medie el interés de cuatro reales en dinero ya sea en casas de pulpería o en otras cualesquiera par¬ticulares sin distinción alguna al que fuese pillado jugando, como el dueño de casa que hubiese consentido el juego o dan¬do naipes para hacerlo.” . .. “Queda absolutamente privado el juego de pato tanto en las chacras como en las estancias y el que fuese pillado en dicho juego será reputado como vago con aplicación a las pe
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