Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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aun¬que sin hacer impopular la causa de la independencia”0.
Resumiendo lo expuesto. Gauchos, mestizos del in¬terior, negros ubres y esclavos son reclutados por me¬dios compulsivos para que defiendan al nuevo sistema político. Por una parte, los africanos y sus descendien¬tes los adquiere el estado (rigurosamente pagados a los propietarios) para que integren la milicia y, se dice, “bajo la condición de darles la libertad después de dos años de servicio”6. Los envían a todos ellos a la infan¬tería —”no son inferiores a ninguna tropa del mundo” opina Brackenridge—, superando la cuarta parte del to¬tal de las dotaciones. Precisando más: los esclavos y los gauchos cubren al parecer los claros que deja el en-
a E. M. Brackenridge, La independencia argentina, Buenos Aires, Editorial América Unida, 1927, 2 volúmenes. La edi¬ción príncipe es de 1822.
* Cfr.: Ricardo Rodríguez Molas, Negros libres rioplaten-ses, en Buenos Aires, año I, aro. 1, pp. 99-126.
En referencia a las expropiaciones de esclavos para el ejér¬cito, Belgrano le escribe el 5 de abril de 1816 a Ignacio Alvarez Thomas, en una carta donde se alude a la situación de su cuerpo militar, que nadie quiere dar un caballo “porque los dueños es-, tan cansados de Patria y de auxilios y de servicios y quieren pro¬bar la vía de alzamiento, a ver si les sale mejor”. Rosario, 5 de abril de 1816 (Publicada en el Epistolario de Belgrano, edición de la Academia Nacional de la Historia…, p. 274).
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tusiasmo, al parecer no muy fervoroso, de los ciudada¬nos. Habida cuenta de lo anterior, pasamos a exponer otros aspectos de esa trágica realidad.
II - LAS LEVAS DURANTE LAS GUERRAS
DE LA INDEPENDENCIA Y EL PEONAJE OBLIGATORIO
Agüero, que ya citamos, mucho más lúcido en sus expresiones que el término medio de su generación, es partidario de sistemas sociales liberales que permitan superar las diferencias externas del Antiguo régimen, realidades que a su entender producían una “enemis¬tad irreconciliable” entre las distintas clases de la socie¬dad (”no haber sido otro que introducir entre las dife¬rentes clases de la sociedad, una enemistad irreconci¬liable”). Es decir, sustrayéndonos de términos técnicos, impedían la posibilidad de un dominio por otros cami¬nos que no fuesen los de la fuerza impuesta al despo¬seído, la jerarquización del dinero y del trabajo para racionalizar el poder.
Pues bien, en relación a las levas y dentro del men¬cionado contexto social, son frecuentes los excesos de las partidas militares que recluían a los “volunta¬rios”. Lo señalan en un extenso informe sobre el estado social y económico de Chascomús —similar por sus ca¬racterísticas al de otras regiones— que remiten en 1811 a Cornelio Saavedra, presidente de la Junta de Gobier¬no. Su autor es el alcalde del pueblo cabecera del parti¬do0. En él se queja de lo que considera graves exce¬sos y perjuicios que causa al vecindario una partida del cuerpo de caballería enviada por las autoridades para detener a “vagos y reclutas”. Y no son, por cierto, mar¬ginados. Escribe entre otras cosas que
“No ha sido suficiente contener los desórdenes de los citados oficiales (reclutadores) con los peones de los
” Juan Lorenzo Castro. Firmado el día 24 de octubre de 1811.
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hacendados y labradores, sacándolos del trabajo y condu¬ciéndolos amarrados a esta frontera y a la de Ranchos, como ha sucedido a un peón mío a quien la partida le hizo soltar el arado de la mano y lo condujo a la fron¬tera de los Ranchos por vago “a
Gente de trabajo, asalariados. La preocupación del alcalde radica, más que en un interés por la condición del desposeído, en la falta de mano de obra. En la in¬justicia que convierte en marginados, haciéndolos huir a sitios apartados, a los gauchos. De acuerdo a lo que expone, quien sepa entregar algún bien de su propie¬dad puede, sin mayor problema, salir airoso del reclu¬tamiento. Uno de sus subordinados debió entregar a cambio de la libertad “dos caballos de estima”. El cua¬dro que presenta el atribulado alcalde es simplemente desolador:
“tenían de ese modo las partidas solas por las estan¬cias y causaban una desolación de peones, trayéndolos amarrados de las casas de sus amos, saqueando cuanta friolera encontraban de noche en los ranchos como se prueba por quejas puestas a este Comandante y perju¬dicando a los amos en sus labores pues tenían que venir a hacer presente al señor Gomales ser sus verdaderos peones pues lo acreditaban sus papeletas. ”
Todo esto fue así y sin embargo no está todo ex¬puesto. San Martín, en Mendoza, recibe periódicamente contingentes de “vagos” que le envían las distintas pro¬vincias. Estos y los esclavos integran masivamente su ejército de los Andes. Gerónimo Espejo, un calificado testigo de los aprestos bélicos previos a la campaña de Chile, recuerda que al mismo tiempo que se inducía al patriotismo a la población mendocina, los funcio¬narios de las provincias realizaban las levas entre los menos pudientes. “Este arbitrio —escribe— y el de re-clutar los vagos y malentretenidos que hubiese en los distritos, produjo el admirable efecto de ver un núme-
? Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Establecimientos públicos, 1811.
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ro de más de 1.200 reclutas en el espacio de cien días, poco más o menos”". En ese sentido, un año antes, es decir en 1814, le comunican a San Martín desde Río IV (Córdoba) que ya no se podía hallar a nadie más pues “todos andan guídos (sic) al monte, que para merecer un hombre cuesta mucho””. Estos hechos, repetidos al infinito, definen una realidad. No debe extrañarnos que los realistas que en el Norte se enfrentan al ejér¬cito patriota tengan una opinión sobre los gauchos no muy distinta a la de los patricios de la tierra. La Serna, el conocido jefe, había tratado infructuosamente de seducir al comandante Uriondo con promesas y amena¬zas para que abandonara las filas porteñas. Luego, in¬sulta a sus soldados y los denigra en una carta que le envía el 14 de diciembre de 1816, transcripta por Mitre en la Historia de Belgrano: “¿Cree usted por ventura —le dice— que un puñado de hombres desnaturalizados y mantenidos con el robo, sin más orden, disciplina ni instrucción que la de unos bandidos, pueda oponerse a unas tropas aguerridas y acostumbradas a vencer a las-primeras de Europa, y a las que se haría un agravio comparándolas a esos que llaman gauchos, incapaces de batirse con triplicada fuerza, como es la del enemi¬go?”. De todos modos, aquellos gauchos “desnaturali¬zados” demuestran poco más tarde, guiados por el cau¬dillo latifundista Martín de Güemes, que sí sabían ha¬cerlo.
Pero eso no es todo. El espíritu colonial mantiene sin cambios dentro del nuevo sistema la vieja legisla¬ción, adaptada a otras circunstancias cambiantes. El arcaísmo persiste y también la miseria, el analfabetis¬mo de los más. Y no podemos dejar de advertir que es un despropósito sostener, según se ha hecho, que en 1816 no existen analfabetos en Buenos Aires y menos que en el pueblo existiera una movilización popular a favor de los hechos de 1810 (”es difícil encontrar en 1816 a un muchacho de diez años que no sepa leer”
” Gerónimo Espejo, El paso de los Andes, Biblioteca de Mayo, t. XVI, primera parte, Buenos Aires, 1963, p. 13791.
b Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, t. VI, Mendoza, 1937, pp. 250-251.
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escribe Halperín Donghi en su obra ya mencionada). Una opinión que, de ninguna manera, coincide con lo siguiente. En las disposiciones de Olinden, 30 de agosto de 1815, las autoridades porteñas legitimizan las nor¬mas españolas de policía rural. Y establecen por las razones bien conocidas que todos los pobladores de la campaña sin “propiedad legítima” deben ser consi¬derados de la “clase de sirviente”, pudiendo los inte¬resados apelar a tal denominación sólo por una vezc. Así denominado y calificado, el peón debe permanecer munido siempre de su “papeleta” firmada por su amo y el juez del partido, “sin cuya precisa calidad será invá¬lida”, debiéndola renovar trimestralmente. “Todo in¬dividuo de la clase de peón que no conserve este do-cumento será reputado por vago”, ordenan; y se agre¬ga: “quien transite por la campaña aunque posea su papeleta, pero sin la autorización o licencia del Juez de Paz, será reputado por vago”. Los derechos más ele¬mentales, como lo es el de libre circulación, son con¬siderados graves delitos.
Teniendo en cuenta las disposiciones de las levas, vagos fueron los soldados de los ejércitos de la Inde¬pendencia. Y mientras la hacienda aumenta siguien¬do su natural proceso biológico, los gauchos acusados de “vagos” son detenidos y destinados al servicio de las armas “por cinco años en la primera vez y en
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