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Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho


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e los agraciados se en¬cuentran establecidos.
Y en segundo lugar, tengamos en cuenta que tanto la vecindad como la condición de “señores feudatarios” de indios los autoriza a poseer armas e integrar la milicia local que organiza malocas y reparte entre sus miembros el botín conquistado, un equivalente de las entradas cas¬tellanas a tierras fronterizas de moros. “Las crueldades que algunos caudillos y soldados —de las malocas— hacen, excediendo los límites de la justicia y humanidad y pie¬dad cristianas, y causando en los indios horror y espanto de los españoles” observa en 1597 el Sínodo de Tucu-mán.
Pues bien, concretábase así el dominio sobre la tierra y sobre una población conformada mayoritariamente de indígenas sometidos, mestizos y asimismo, ya en los pri¬meros años del siglo XVII, por algunos españoles y por-

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a José Antonio Maravall, Poder, honor y élites en el siglo XVII. Madrid,Siglo XXI, 1979, p. 22. “Es -afirma- la que lla¬mamos sociedad de estamentos, de la que ha podido decir M. Weber que se trata de ‘una organización social de acuerdo con el honor’ y de un modo de vivir según las normas correlativas a esa organización”. El hidalgo, una situación heredada y en mu¬chos casos, a partir del siglo XVI adquirida por dinero, tiene im¬portantes privilegios, entre otros el de la exención del pago de tributos a la Corona.
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tugueses que gozan de aquellos beneficios. Se concreta¬ba aquí, en el Nuevo Mundo, también la razón universal de las palabras puestas por Cervantes en boca del escude¬ro de Quijote: “Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener”0, La razón, en síntesis, de una oligarquía integrada por unos pocos de los que emigran de Andalucía y de Casti¬lla huyendo del hambre o se desplazan del Alto Perú, donde lo que valía la pena poseer estaba en manos de los menos.
Todo esto es indudable. Y asimismo lo es el hecho, ad¬vertido en el tiempo, de que esas sociedades no se integran prometeicamente en la y, más especialmente, en la evolución de las estructuras sociales. Conforman, opues¬tamente, mentalidades tradicionales (la resultante de un acondicionamiento social y económico), folk para los antropólogos culturalistas. En una superficie de no me¬nos de cuatro millones de kilómetros cuadrados (parte del norte argentino, sur y sudoeste de , Uruguay, Paraguay y Río Grande del Sur, en ) residen, dis¬persos en pequeñas poblaciones, grupos de españoles y mestizos, particularmente en las proximidades de las rutas que conducen al Alto Perú, y Paraguay. So¬bre Tucumán, una gobernación que abarca entonces el centro y noreste actual de , escribirá en 1586 Ramírez de Velazco al rey, definiendo su : “No hallo en cabeza de Vuestra Majestad ninguna ha¬cienda porque como hasta hoy no se ha descubierto oro ni plata en esta gobernación no hay en ella más que la¬branzas del campo y algún algodón, que muchos años faltan”*. Pobreza y también estancamiento.
” Es esta una realidad expuesta reiteradamente a partir del lento proceso de disolución del feudalismo. A mediados del si¬glo XVI, Jorge de Montemayor en Los siete libros de la Diana (libro cuarto) afirmaba que “assaz desfavorecido de los bienes de naturaleza está el que los va a buscar en sus passados”. Un discur¬so anónimo español sobre los nobles, manuscrito de comienzos del siglo XVII, alude a la movilidad económica y social y al po¬der del dinero, más importante que los títulos (Biblioteca Nacio¬nal de Madrid, mss. n° 2364, folios 88 a 93).
^El Tucumán, papeles de los gobernadores, 1553-1600, Ma-
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En conjunto, la impresión general es de que estamos ante una marginalidad que desprecia el trabajo manual, al igual que ocurre en España, no al producto del mismo proveniente de los sometidos a servidumbre. Y también ante la tendencia de los más ricos a la acumulación de tierras aprovechando la condición de vecinos y las alian¬zas familiares. Así, si damos crédito a los contemporá¬neos, no cabe ninguna duda de que la gobernación de Tucumán poco o nada interesaba a los viajeros que por entonces recorren los desérticos caminos desde o hacia el Alto Perú. Uno de ellos, sacerdote, lo deja bien en claro al escribir sus impresiones:
(.. .)”es pobre de oro y plata, que no corre moneda en ella por no haberla. Y de toda ella no hay que hacer caso, porque todo fue pesadumbre y trabajo cuanto en ella pasó. Recíbelo Dios en descuento de mis culpas, por¬que no sé qué pestilencia del desierto se puede comparar con caminar cinco meses, de día y de noche, sin dormir y comiendo bollos de maíz, y cada hora con la muerte al ojo por los muchos indios de guerra que hay, en más de quinientas y más de seiscientes leguas que hay en todo aquesto que he dicho, desde el Paraguay hasta Potosí, donde hice asiento por descansar del prolijo y penoso camino”0.
El peyorativo “tantas cosas malas tiene esta tierra” de Martín González se completa y conjuga con la aprecia¬ción de fray Ocaña “es pobre de plata y oro”, una reali¬dad siempre presente. Y lo demuestra, por cierto, la esca¬sa densidad demográfica de toda el área (sur de Potosí, gobernaciones de Tucumán, Buenos Aires y Paraguay): cinco mil habitantes en 1583 y quince mil en 1626b. Desde luego, todas estas cifras son elocuentes y es asi¬mismo elocuente el desinterés en la ocupación del es-
drid, 1920, t. I,pág. 181.
“Fray Diego de Ocaña, Un viaje fascinante por la América his¬pana del siglo XVI, Madrid, 1969, pág. 157.
Resumimos investigaciones realizadas en un trabajo en pre¬paración sobre la sociedad y la de América meridional en los siglos XVI y XVII.
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pació. Fijémonos, confirmando lo expuesto, que las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y San¬tiago del Estero reúnen en sus respectivas jurisdiccio¬nes aproximadamente las tres cuartas partes de los quin¬ce mil habitantes, concentrados en su mayor propor¬ción en pequeños centros urbanos que dominan las tie¬rras próximas. Paralelamente, y a partir del sometimien¬to de las etnias indígenas, los vecinos encomenderos se dispersan en sus haciendas latifundistas o colocan al frente de los pueblos sometidos a representantes suyos, capataces o mayordomos que reciben el nombre de po-bleros. Es así que dos o tres décadas después de la con¬quista, repartida la tierra y los naturales, encontramos a los hijos de los conquistadores, con fuerte predominio de mestizos, establecidos en Río Cuarto, Calamuchita, Pu-nilla, Tilcara, Salavina, Sumampa, Manogasta, Humahua-ca, Loreto, Tulumba y otros pueblos. Se estaban confor-mando en las conductas y las acciones, en los estilos de vida, según señalamos luego, las sociedades folk arcaicas características de las “culturas tradicionales” propias del irracionalismo, del sistema colonial primitivo. Pobreza, soledad y aislamiento. Y lo confirma con las siguientes palabras Lizárraga al describir el camino que cruza aquel territorio:
“(de la ciudad) de Santiago del Estero a la de Córdo¬ba, que la última de esta provincia, hay poco menos de 90 leguas, todas llanas, sin encontrar una piedra, y casi todas despobladas, porque en saliendo de un pueblo de indios, a 15 leguas andadas de Santiago, hasta Córdoba, no se pida más poblado, sino es pueblecillo, de obra de 12 casas, 10 leguas poco más de Córdoba”.”
Y poco más tarde, en 1635, funcionarios de la Corona observan las características de la tierra que se extiende entre Buenos Aires y Córdoba. He aquí sus palabras:
“De este puerto (Buenos Aires) la tierra adentro está
“Reginaldo de Lizárraga, Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y , Madrid, B. A. E., 1968, pág. 187.
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poblada la ciudad de Córdoba, gobernación del Tucu-mán, 120 leguas de distancia todas ellas sin ningún géne¬ro de monte sino campaña rasa excepto algunos árboles que hay en los ríos como son Lujan, Areco, Arrecifes y río Tercero, que todos estos se pasan para ir a la ciudad de Córdoba y tal vez con las aguas llovedizas están creci¬dos los ríos y para pasarlos es necesario balsas, hay pan¬tanos penosos de andar y como tragín con carretas de bueyes se suele

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