Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho
Uncategorized August 4th, 2006
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os), ta-citurns, ignorant, and superstitious “.
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fortalecimiento de los controles. “En el campo —se in¬forma desde la Banda Oriental en la década de 1780— se reconoce que hay muchos gauchos. Yo estoy muy las¬timado —agrega el comandante de campaña— de una mano y estoy muy determinado. Si Vuestra Merced lleva gusto mandar a mi teniente con una partida grande al campo a fin de que se prenda y castigue alguna gente perjudicial y aquí quedan unos mancarrones flacos y quiero con permiso de Vuestra Merced repartirlos a mi gente”". Con esos caballos flacos persiguen a los gauchos que roban a los poderosos para obtener su sustento. Es, si se quiere llamarlo así, un enfrentamiento de grupos so¬ciales, y una reacción destinada a extremar el control pa¬ra que no se disuelva el orden de dominación estable¬cido. Existe, en esa realidad que venimos mencionando desde las primeras páginas, una constante perfección en los métodos, que suma las experiencias anteriores.
Proseguimos. Esos gauchos, gauderios, changadores o vagabundos (las variantes peyorativas se repiten en el tiempo) recorren los campos y cuchillas alterando el buen humor de estancieros y funcionarios. Por esos años, precisamente en 1767, el navegante francés Bougainville alude a “una tribu de brigands” que se habían converti¬do en un elemento peligroso para la tranquilidad de los propietarios de tierras y ganados.*
Son los mencionados brigands, conocidos por Bou¬gainville a través de los relatos de autoridades y propie¬tarios, los gauchos o gauderios.
Como se ha advertido en las páginas precedentes, el término gaucho, empleado ya con frecuencia a fines del siglo XVIII, designa a un sector de la población que es diestro para subsistir en un medio primitivo, sin medios de fortuna, y donde el orden técnico y cultural es prác¬ticamente desconocido y acentuada la presión de las tra¬diciones. Años más tarde, en la década previa a las inva-
a Citado en Antigüedad y significado histórico de la palabra gaucho.. .
^ L. A. Bougainville, Viaje alrededor del mundo por la fraga¬ta del rey la “Boudeuse” y la fusta la “Estrella” en 1767-1768y 1769, Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, S.A., 1954, p. 37.
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sienes inglesas al Río de la Plata, la palabra cruza a la banda occidental y se instala en la campaña bonaerense para designar a pobladores rurales sin recursos econó¬micos.’7
Las distintas acepciones del término en un mismo mo¬mento, un hecho determinado por la condición social de quienes se refieren al gaucho, causó confusión. Los acu¬sadores sistemáticos del gaucho, aquellos que con espíri¬tu de élite —las tradicionales familias autocalificadas “de¬centes”— reprimen las manifestaciones de los insumisos, extendieron en el tiempo y en las más variadas formas sus concepciones e intereses, proyectándolas al pasado. Por otra parte, se trataba de impedir el análisis crítico de la historia borrando, en lo posible, de la conciencia co¬lectiva la realidad de los hechos. Es así que, según se ha dicho, “la actitud de olvidar y perdonar todo, que co¬rrespondería a los que han sufrido de injusticia, ha sido adoptada por los que la practicaron”.
Dentro del constante e interesado proceso de reelabo¬ración de la historia, de selección de testimonios con un sentido preciso, se llega asimismo al engaño consciente. Así, pues, en una actitud que tiene muchos puntos de
a La palabra gaucho se emplea ya en la segunda mitad del si¬glo XVIII en Río Grande del Sur, Brasil. Más tarde designa a to¬dos los nativos de la región (gauchos). El término, creemos, apa¬rece impreso por primera vez en 1787 en el Diario resumido. . . de José de Saldanha. Para Antonio Alvares Pereira Coruja (Colé-fao de vocábulos de frases usados na provincia de Sao Pedro do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, n° 9, p. 141) su origen es espa¬ñol y designa históricamente a los vaqueros que faenan toros ci¬marrones e viven sin trabajar. Cf. Thales de Azevedo, Áreas cultu¬ráis do Rio Grande do Sul, en Revista do instituto Histórico e Geográfico do Rio Grande do Sul, 2° trimestre de 1944 (este au¬tor denomina a Río Grande “sub-área gaucha”). A su vez, Manoelito de Ornellas (Gauchos e beduinos. A origen étnica e a formacao social do Rio Grande do Sul, Río de Janeiro, 1956) plan¬tea y analiza las similitudes entre los árabes nómadas y los gauchos brasileños. Una tesis, es sabido, sustentada anteriormen¬te por Sarmiento en Facundo. Por otra parte, basándose en in¬vestigaciones realizadas por nosotros, Augusto Meyer (Prosa dos pagos, Río de Janeiro, Livraria Sao José, 1960) estudia proble¬mas semánticos e históricos.
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contacto con la adoptada por los tradicionalistas, pero en un plano distinto de actitudes, Emilio A. Coni, inves¬tigador responsable en el análisis de numerosos temas de historia económica, falsifica la realidad, trata de colocar la línea final para borrarla0. Pues bien, al referirse al gau¬cho de la Banda Oriental en su libro sobre ese grupo so¬cial, una recopilación de conferencias y artículos, se ba¬sa, entre otros documentos, en la copia de un extenso informe de la segunda mitad del siglo XVIII y cuyo ori¬ginal se encuentra en el Archivo General de Indias, en España* .
El historiador de las vaquerías, en su afán de justificar el pasado, cita sólo algunos de los párrafos del menciona¬do documento, los que confirman su tesis y desestima el resto, los de más importancia para ubicar socialmente al gaucho en el contexto de la sociedad. Recuerda y trans¬cribe partes de un informe del funcionario español Lo¬renzo de Figueredo a José Várela y Ulloa desde la ciudad de Montevideo el 30 de abril de 1790C. He aquí las pala¬bras que importan a Coni y reproduce en su libro:
“Por último convenía mucho al servicio de Dios, del Rey y del común, el establecer una partida volante, sin mansión ni residencia alguna, aunque no fuese más que de diez de tropa (que suponen por cien paisanos según el temor que les tienen estas gentes) con un comandante recto, y celoso, y que con facultades a imitación de pre-voste, persiguiese y arrestase a los muchos malévolos, de¬sertores y peones de todas castas, que llaman gauchos o gauderios, los cuales sin ocupación alguna, sin beneficio solo andan vagueando y circulando entre las poblaciones y partidos de este vecindario y sus inmediaciones, vivien-
” Emilio A. Coni, El gaucho, Buenos Aires, Ed. Sudamerica¬na, 1945. Hay una reedición posterior de la Editorial Solar/Ha-chette, Buenos Aires, 1969, con un estudio preliminar de Beatriz Bosch.
* Copia del original en la Facultad de Filosofía y Letras, Bue¬nos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, carpeta 175 ca¬ratulada: Misceláneas. Archivos y bibliotecas de España 1540-1740.
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de de lo primero que pillan, ya en changadas de cueros, ya en arreadas de caballadas robadas, y otros insultos, para el tráfico clandestino, sin querer conchabarse en los trabajos diarios de las estancias, labranzas, ni recogidas de ganados, por cuya razón se halla todo en suma deca¬dencia, y sin temor a nadie, ni a las justicias, pues los po¬bres comisionados de dichos partidos que tienen este em¬pleo por dos años, encargados de este celo, no se atreven a inquietarlos ni perturbarlos, por los ningunos auxilios de tropa que para ello tienen, como que sus vidas corren mucho peligro, y solo tiran a parar el tiempo de su co¬misión”‘1.
Hasta este punto el texto mencionado por Coni y que figura en el documento de 1790. Simplemente, una ex¬presión de repulsa a los oprimidos. En el mismo testimo¬nio consultado y cuya copia se conserva en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, transcríbese a partir de la foja sesenta y cinco —veinte más adelante del párrafo mencionado por el autor de El gaucho— una relación en¬viada por Manuel Cipriano de Meló, comunicando al vi¬rrey Arredondo la circunstancia y el por qué de la pre¬sencia de los gauchos y gauderios. En líneas generales, el informante acusa a los estancieros de explotar a los des¬poseídos, culpables indirectos, dice, de los robos, al ha¬ber acaparado en sus manos la mayor parte de la tierra disponible; los acusa también de la apropiación de la ha¬cienda cimarrona, de la represión general. Dice:
“Pero la malicia ha trastornado esta sabia providencia porque los ricos conservan en su hacienda un corto nú¬mero de ganado en rodeo cuyos partos yerran, y a la sombra de este se hacen dueños de todo el que quieren, a pretexto de que se les ha alzado o ahuyentado una gran parte. De este pretexto nacen las correrías que hacen los pueblos de (las) Misiones, y los ricos del pueblo haciendo la corambre tan a pota costa, y en tanto número, que no viene a cuenta a ninguno que no sea rico criar una vaca.
Corresponde a la primera parte del manuscrito mencionado.
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Queda de este modo despoblada la campaña de vecinos, los ganados vagos, y la gente pobre necesitada a hacer sin licencia lo que otros hacen con títulos colorados matan¬do a diestra y siniestra para sacar cueros, y llevarlos a los ricos españoles o portugueses que les dan una bagatela por ellos. Estos son los changadores, los gauchos tan de¬cantados, unos pobres hombres, a quienes la necesidad obliga a tomar lo que creen no tiene due
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