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Рикардо Э. Родригес Молас. Социальная история гаучо. Ricardo E. Rodríguez Molas. Historia social del gaucho


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los sincretismos coloniales y de otros posteriores.
Prosigamos. Aludíamos al origen étnico y geográfico de la población rioplatense. Veamos, pues, resumiendo investigaciones que realizamos, algunos de los elementos que conforman a la misma en los siglos XVII y XVIII. Pues bien, es posible determinar, brevemente expuestos, los siguientes aportes; a) son pocos los indios que pueden someter en 1580 los fundadores de la ciudad de Buenos Aires; y pocos, a pesar de las reducciones que organizan, los que permanecen en las cercanías en los años posterio¬res (las etnias de los alrededores serían las siguientes: guaraníes, que con sus canoas dominan el río y cuyo ha¬bitat son las tierras del bajo Paraná; chañas, emplazados en una franja de tierra próxima a Santa Fe, viven de la
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caza y la pesca; mbeguá, pueblos del Delta del río de la Plata, emplean el arco y la flecha —canoeros pámpidas—; querandies o pampas con su habitat entre el río Lujan y el litoral, en actual emplazamiento de Buenos Aires, nó¬mades y guerreros, que emplean como arma la boleado¬ra, son auténticos pampas, sometidos en esos momentos al cacique Mbagual); b) los vecinos de sangre española y guaraní que acompañan a Garay; c) los cientos de guara¬níes del Paraguay que acompañan a los fundadores en calidad de esclavos, trasladando la hacienda vacuna y los enseres domésticos; d) la mano de obra que en el trans¬curso de los siglos XVII y XVIII arriba permanentemen¬te de Paraguay (”indio paraguay” señalan los padrones); sofocada a “sangre y fuego” a mediados del siglo XVII la rebelión calchaquí, uno de sus grupos, los quilmes, son desnaturalizados y se los instala en las cercanías de Bue¬nos Aires; f) indios charrúas y pampas que periódicamen¬te realizan trabajos en las estancias o en la ciudad, esta¬bleciéndose algunos de ellos por la fuerza o voluntaria-mentea, g) esclavos negros que trabajan en las estancias o en la ciudad, estableciéndose algunos de ellos voluntaria o compulsivamente; h) esclavos negros originarios de ‘Guinea y Angola; i) criollos y mestizos del Interior; j) indígenas provenientes de Córdoba que habían sido apre¬sados en las malocas organizadas por Garay y sus suceso¬res; k) criollos y mestizos de Corrientes; 1) españoles, criollos y portugueses propietarios de campos.
En el conjunto de todo ello, está la entrevista realidad social. No debe extrañarnos, adelantándonos a lo que luego veremos con más fuerza, que, en el plano de las relaciones sociales, a un aumento de los beneficios eco¬nómicos se le contrapone un control más estricto a los más. Es así que a lo largo de una larga experiencia, se ve siempre, bajo las más variadas formas, surgir el dominio y la rigidez. En Buenos Aires, en 1777, el virrey Cevallos determina el horario de trabajo de los peones, que se ex¬tiende a partir de las cuatro del día hasta una hora des¬pués de la puesta del sol. Descontado el tiempo del al-
a En el padrón de 1744 se puede leer que en el partido de Lu¬jan el estanciero Pedro Gómez “tiene un esclavo indio pampa lla¬mado Pedro, de edad de ocho años”.
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muerzo, más de doce horas de labor”. Estas y otras imá¬genes semejantes nos transportan a un destino impuesto.
Acentuándose un proceso delineado ya antes, en los primeros años del siglo se ordena el cierre de las pulpe¬rías durante la noche y el castigo a los que blasfemen y porten armas blancas, a los que no trabajen o tengan ocupación conocida, a los que asistan a reuniones de can¬to y guitarra (bando del gobernador de Buenos Aires Jo¬sé Bermúdez de Castro del 7 de enero de 1716). Debe¬mos advertirlo: se presta en todos los casos especial aten¬ción a las reuniones que el orden establecido no puede controlar; se reprime, en fin, la concurrencia de las muje¬res a los negocios y despachos de bebidas, condenándose todos los bailes y diversiones.
Pero esa política represiva es sólo uno de los aspectos de la realidad. Tiene la clase dominante una conciencia clara de que todo aquello que no es resultado de los sin¬cretismos inducidos debe ser materia de control, repre¬sentando las actividades naturales un peligro latente para el sistema. El pueblo, es sabido, debe estar sujeto, de acuerdo con ciertas teorías, a un permanente estado de tensión, de movilización interna y externa, encauzándose sus intereses a centros de atención precisos, a una cons¬tante y permanente racionalización de los medios de dominio. Esa empresa venía de lejos. En 1788, demos¬trándonos lo que hemos expuesto, escribe el síndico pro¬curador de Buenos Aires que en la campaña.
“hay un número considerable de pulperías donde se venden al menudeo todas las especies de comestibles y bebidas más usadas por la gente del país y se tiene adver¬tido de que en ellas acaecen diariamente riñas entre las gentes que concuurren. . . entretenimiento de esclavos que abandonando el servicio de sus dueños ocurren a la bebi¬da, diversión de guitarras, juegos de naipes”.
Y, días más tarde, como expresión de aquellos deseos, el gobernador de Buenos Aires ordena que los comer¬ciantes, de allí en más, no admitan, bajo pena de multa y cárcel, “juntas de gentes ni de guitarras”, obligándose
a Archivo General de la Nación, División Colonia, Sección Gobierno, Bandos, 1777-1790, n° 4.
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al mismo tiempo a los concurrentes a que consuman los alimentos en la calle, prohibiéndose el ingreso y perma¬nencia en el local. Hasta muchos años después —poco sabemos de la caducidad de aquella medida represiva— permanece en vigencia.
Pues bien, llegados a este punto debemos abordar el por qué de la designación de gaucho, al igual que otras previas, que recibe el poblador rural sin bienes de fortu¬na; un problema cuya importancia en sus aspectos exter¬nos es secundaria, pero no lo es tanto en el contenido que en cada momento histórico se le asigna. A ello nos referiremos seguidamente.
II - LOS NOMBRES QUE RECIBE EL DESPOSEÍDO
El origen de la palabra gaucho, como el de tantas otras del Nuevo Mundo, ha dado pie a las más variadas y no pocas veces alucinantes teorías filológicas. Se trataba, por cierto, de idear etimologías, coleccionándolas como si se tratase de sellos de correos, sin ubicar, insistimos, al grupo designado con ellas en su contexto social y econó¬mico. Se olvidaba y se olvida la esencia del problema: saber cómo y por qué había evolucionado hacia el últi¬mo sentido y cómo había penetrado el todo en el cono¬cimiento de cada caso particular.
Ahora bien, la voz gaucho, lo señalamos hace ya años en un detenido análisis, que en un comienzo se aplica a vaqueros al servicio de los más variados intereses, adquie¬re a principios del siglo XIX un significado más amplio que el primitivo y originarioa. Es decir, se le da, en un
a Cf.: Ricardo Rodríguez Molas, Antigüedad y significado histórico de la palabra gaucho (1774-1805), en Boletín del Insti¬tuto de , Buenos Aires, 1956, año 1, t° I, pp. 144-164. Augusto Meyer en “Gaucho, de una palavra” (capítulo del libro Prosa dos pagos, Río de Janeiro, Livraria Sao José, 1960) estudia detenidamente los distintos significados que tuvo el vocablo desde sus comienzos en . Fernando Assun-cao (Nacimiento del gaucho en la Banda Oriental, en Boletín Histórico, n° 77-79, Montevideo, julio-diciembre de 1958, pas-
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proceso lento, el contenido que era antes exclusivo de otros términos. Ya a fines del siglo XVIII, peyorativa¬mente, propietarios y funcionarios denominan gauchos a los pobladores rioplatenses sin «cursos económicos que faenan, por cuenta de otros, animales vacunos para obtener sus cueros0. Provenientes de diversas regiones, del interior y del litoral rioplatense (Entre Ríos, Santiago del Estero, San Luis, Córdoba y Santa Fe, entre otras), trabajan por cuenta de intermediarios y estancieros esta¬blecidos en Río Grande del Sur (), Uruguay, Bue¬nos Aires y Santa Fe.
Como pronto veremos mejor, el significado de la pala¬bra evoluciona lentamente incorporándosele otros conte¬nidos. En una comunicación enviada en 1794 al virrey Arredondo desde el fuerte de Santa Tecla, en la Banda Oriental, advertimos el cambio. Se le informa entonces sobre una leva compulsiva de gauchos con el fin de obte¬ner mano de obra para ciertos trabajos oficiales, desig¬nándose ya no a contrabandistas sino a pobladores sin re¬cursos económicos, diferenciados de estancieros y mili¬tares. Poco más tarde, el cronista Miguel de Lastarría considera gauderios o gauchos a pobladores de la Banda Oriental que denomina hacendados —no significa que po-
sim) siguiendo la misma documentación investigada por nosotros analiza diversos aspectos desde el punto de vista tradicional. Una guía bibliográfica del tema en los siguientes trabajos eruditos: Er¬nesto Quesada, El ciclo cultural de la colonia, en Boletín del Ins¬tituto de Investigaciones Históricas, Facultad de y Le¬tras, t° II, Buenos Aires, 1924, pp. 370-414; Madaline Wallis Ni-chols, El gaucho, Buenos Aires, Peuser, 1845; Félix Coluccio, Bibliografía del gaucho, en Biblioteca, n° 5, La Plata, 1951, pp. 66-77; Augusto Raúl Cortázar, Guía

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