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Хосе де Акоста. Естественная и моральная история Индий. Часть 1. José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias. Parte 1


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Cuando se entiende que ya el azogue ha hecho su oficio, que es juntar la plata, mucha o poca, sin dejar nada de ella, y embeberla en sí, como la esponja al agua, incorporándola consigo y apartándola de la tierra, plomo y cobre, con que se cría, entonces tratan de descubrirla, sacarla y apartarla del mismo azogue, lo cual hacen en esta forma: Echan el metal en unas tinas de agua, donde con unos molinetes o ruedas de agua, trayendo al derredor el metal, como quien deslíe o hace mostaza, va saliendo el barro o lama del metal en el agua que corre, y la plata y azogue, como cosa más pesada, hace asiento en el suelo de la tina. El metal que queda está como arena, y de aquí lo sacan y llevan a lavar otra vuelta con bateas en unas balsas o pozas de agua, y allí acaba de caerse el barro, y deja la plata y azogue a solas, aunque a vueltas del barro y lama va siempre algo de plata y azogue, que llaman relaves; y también procuran después sacallo y aprovechallo.
Limpia, pues, que está la plata y el azogue, que ya ello reluce, despedido todo el barro y tierra, toman todo este metal y, echado en un lienzo, exprímenlo fuertemente, y así sale todo el azogue que no está incorporado en la plata y queda lo demás hecho todo una pella de plata y azogue, al modo que queda lo duro y cibera de las almendras cuando exprimen el almendrada; y estando bien exprimida la pella que queda, sola es la sexta parte de plata, y las otras cinco son azogue. De manera que, si queda una pella de sesenta libras, las diez libras son de plata y las cincuenta de azogue. De estas pellas se hacen las piñas a modo de panes de azúcar, huecas por dentro, y hácenlas de cien libras de ordinario. Y para apartar la plata del azogue, pónenlas en fuego fuerte, donde las cubren con un vaso de barro de la hechura de los moldes de panes de azúcar, que son como unos caperuzones, y cúbrenlas de carbón y danles fuego, con el cual el azogue se exhala en humo, y topando en el caperuzón de barro, allí se cuaja y destila, como los vapores de la olla en la cobertera, y por un cañón al modo de alambique, recíbese todo el azogue que se destila, y tórnase a cobrar, quedando la plata sola.
La cual en forma y tamaño, es la misma; en el peso es cinco partes menos que antes; queda toda crespa y esponjada, que es cosa de ver; de dos de estas piñas se hace una barra de plata que pesa sesenta y cinco o sesenta y seis marcos, y así se lleva a ensayar, quintar y marcar. Y es tan fina la plata sacada por azogue, que jamás baja de dos mil y trescientos y ochenta de ley; y es tan excelente, que para labrarse han menester que los plateros la bajen de ley echándole liga o mezcla, y lo mismo hacen en las casas de moneda, donde se labra y acuña. Todos estos tormentos y, por decirlo así, martirios pasa la plata para ser fina, que, si bien se mira, es un amasijo formado, donde se muele y se cierne y se amasa y se leuda y se cuece la plata, y aun fuera de esto se lava y relava, y se cuece y recuece, pasando por mazos y cedazos, y artesas y buitrones y tinas y bateas y exprimideros y hornos, y, finalmente, por agua y fuego.
Digo esto porque, viendo este artificio en Potosí, consideraba lo que dice la Escritura de los justos,167 que: Colabit eos, et purgabit cuasi argentub . Y lo que dice en otra parte:168 Sicut argentum probatum terroe, purgatum septuplum. Que para apurar la plata y afinalla y limpialla de la tierra y barro en que se cría, siete veces la purgan y purifican, porque, en efecto, son siete, esto es, muchas y muchas las veces que la atormentan hasta dejalla pura y fina. Y así es la doctrina del Señor, y lo han de ser las almas que han de participar de su pureza divina.

Capítulo XIII

De los ingenios para moler metales, y del ensaye de la plata

Para concluir con esta materia de plata y metales restan dos cosas por decir: una es de los ingenios y moliendas, otra de los ensayes.
Ya se dijo que el metal se muele para recibir el azogue. Esta molienda se hace con diversos ingenios: unos que traen caballos, como atahonas, y otros que se mueven con el golpe del agua, como aceñas o molinos; y de los unos y los otros hay gran cantidad. Y porque el agua, que comúnmente es la que llueve, no la hay bastante en Potosí, sino en tres o cuatro meses, que son diciembre, enero y febrero, han hecho unas lagunas que tienen de contorno como a mil y setecientas varas, y de hondo tres estados, y son siete, con sus compuertas; y cuando es menester usar de alguna, la alzan y sale un cuerpo de agua, y las fiestas las cierran. Cuando se hinchen las lagunas, y el año es copioso de agua, dura la molienda seis o siete meses, de modo que también para la plata piden los hombres ya buen año de aguas en Potosí, como en otras partes para el pan.
Otros ingenios hay en Tarapaya, que es un valle tres o cuatro leguas de Potosí, donde corre un río, y en otras partes hay otros ingenios. Hay esta diversidad, que unos ingenios tienen a seis mazos, otros a doce y catorce. Muélese el metal en unos morteros, donde día y noche lo están echando, y de allí llevan lo que está molido a cerner. Están en la ribera del arroyo de Potosí cuarenta y ocho ingenios de agua, de a ocho, diez y doce mazos; otros cuatro ingenios están en otro lado, que llaman Tanacoñuño. En el valle de Tarapaya hay veintidós ingenios, todos éstos son de agua; fuera de los cuales hay en Potosí otros treinta ingenios de caballos, y fuera de Potosí otros algunos; tanta ha sido la diligencia e industria de sacar plata. La cual finalmente se ensaya y prueba por los ensayadores y maestros que tiene el rey puestos, para dar su ley a cada pieza.
Llévanse las barras de plata al ensayador, el cual pone a cada una su número porque el ensaye se hace de muchas juntas. Saca de cada una un bocado y pésale fielmente; échale en una copella, que es un vasito hecho de ceniza de huesos molidos y quemados. Pone estos vasitos por su orden en el horno u hornaza, dales fuego fortísimo, derrítese el metal, todo, y lo que es plomo se va en humo, el cobre o estaño se deshace, queda la plata finísima, hecha de color de fuego. Es cosa maravillosa que, cuando está así refinada, aunque esté líquida y derretida no se vierte volviendo la copella o vaso donde está hacia abajo, sino que se queda fija, sin caer gota. En la color y en otras señales conoce el ensayador cuando está afinada; saca del horno las copellas, vuelve a pesar delicadísimamente cada pedacito, mira lo que ha mermado y faltando de su peso, porque la que es de ley subida merma poco, y la que es de ley baja, mucho. Y así, conforme a lo que ha mermado, ve la ley que tiene, y esa asienta, y señala en cada barra puntualmente.
Es el peso tan delicado, y las pesicas o gramos tan menudos, que no se pueden asir con los dedos, sino con unas pinzas, y el peso se hace a luz de candela, porque no dé aire que haga menear las balanzas, porque de aquel poquito depende el precio y valor de toda una barra. Cierto es cosa delicada y que requiere gran destreza, de la cual también se aprovecha la divina Escritura en diversas partes,169 para declarar de qué modo prueba Dios a los suyos, y para notar las diferencias de méritos y valor de las almas, y especialmente donde a Jeremías, profeta, le da Dios título de ensayador,170 para que conozca y declare el valor espiritual de los hombres y sus obras, que es negocio propio del Espíritu de Dios, que es el que pesa los espíritus de los hombres.171 Y con esto nos podemos contentar cuanto a materia de plata, metales y minas, y pasar adelante a los otros dos propuestos de plantas y animales.

Capítulo XIV

De las esmeraldas

Aunque será bien primero decir algo de las esmeraldas, que así por ser cosa preciada, como el oro y plata de que se ha dicho, como por ser su nacimiento también en minas de metales, según Plinio,172 no viene fuera de propósito tratar aquí de ellas.
Antiguamente fué la esmeralda estimada en mucho, y, como el dicho autor escribe, tenía el tercer lugar entre las joyas, después del diamante y de la margarita. Hoy día, ni la esmeralda se tiene en tanto, ni la margarita, por la abundancia que las Indias han dado de ambas cosas, sólo el diamante se queda con su reinado, que no se lo quitará nadie: tras él, los rubíes finos y otras piedras se precian en más que las esmeraldas Son amigos los hombres de singularidad, y lo que ven ya común no lo precian. De un español cuentan que, en Italia, al principio que se hallaron en Indias, mostró una esmeralda a un lapidario y preguntó el precio; vista por el otro, que era de excelente cualidad y tamaño, respondió que cien escudos; mostróle otra mayor, dijo que trescientos. Engolosinado del negocio, llevóle a su casa y mostróle un cajón lleno de ellas; en viendo tantas, dijo el italiano: Señor, éstas valen a escudo. Así ha pasado en Indias y España, que el haber hallado tanta riqueza de estas piedras les ha quitado el valor.

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