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Хосе де Акоста. Естественная и моральная история Индий. Часть 1. José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias. Parte 1


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Estas y otras mil maneras que tienen de pasar los ríos ponen, cierto, miedo cuando se miran, por parecer medios tan flacos y frágiles; pero, en efecto, son muy seguros. Puentes ellos no las usaban, sino de crisnejas y paja. Ya hay en algunos ríos puentes de piedra por la diligencia de algunos gobernadores, pero harto menos de las que fuera razón en tierra, donde tantos hombres se ahogan por falta de ellas, y que tanto dinero dan, de que no sólo España, pero tierras extranjeras fabrican soberbios edificios.
De los ríos que corren de las sierras sacan en los valles y llanos los indios muchas y grandes acequias para regar la tierra, las cuales usaron hacen con tanto orden y tan buen modo, que en Murcia, ni en Milán no le hay mejor; y esta es la mayor riqueza, o toda la que hay en los llanos del Perú, como también en otras muchas partes de Indias.

Capítulo XIX

De la cualidad de la tierra de Indias en general

La cualidad de la tierra de Indias (pues es éste el postrero de los tres elementos que propusimos tratar en este libro) en gran parte se puede bien entender, por lo que está disputado en el libro antecedente de la tórrida zona, pues la mayor parte de Indias cae debajo de ella. Pero, para que mejor se entienda, he considerado tres diferencias de tierra en lo que he andado en aquellas partes: una es baja y otra muy alta, y la que está en medio de estos extremos.
La tierra baja es la que es costa de mar, que en todas las Indias se halla, y ésta de ordinario es muy húmeda y caliente, y así es la menos sana y menos poblada al presente. Bien que hubo antiguamente grandes poblaciones de indios, como de las historias de la Nueva España y del Perú consta, porque como les era natural aquella región a los que en ella nacían y se criaban, conservábanse bien. Vivían de pesquerías del mar y de las sementeras que hacían, sacando acequias de los ríos, con que suplían la falta de lluvias, que ordinariamente es poca en la costa, y en algunas partes ninguna del todo.
Tiene esta tierra baja grandísimos pedazos inhabitables, ya por arenales, que los hay crueles, y montes enteros de arena; ya por ciénagas que, como corre el agua de los altos, muchas veces no halla salida y viértese y hace pantanos y tierras anegadizas sin remedio. En efecto, la mayor parte de toda la costa del mar es de esta suerte en Indias, mayormente por la parte del mar del sur. En nuestro tiempo está tan disminuida y menoscabada la habitación de estas costas o llanos, que de treinta partes deben de haber acabado las veintinueve: lo que dura de indios, creen muchos se acabará antes de mucho. Atribuyen esto diversos a diversas causas, unos a demasiado trabajo que han dado a los indios, otros al diverso modo de mantenimientos y bebidas que usan, después que participan. del uso de españoles; otros, al demasiado vicio que en beber y en otros abusos tienen. Y yo, para mí, creo que este desorden es la mayor causa de su disminución, y el disputarlo no es para agora.
En esta tierra baja que digo, que generalmente es malsana y poco apta para la habitación humana, hay excepción de algunas partes que son templadas y fértiles, como es gran parte de los llanos del Perú, donde hay valles frescos y abundantes. Sustenta por la mayor parte la habitación de la costa el comercio por mar con España, del cual pende todo el estado de las Indias. Están pobladas en la costa algunas ciudades, como en el Perú, Lima y Trujillo; Panamá y Cartagena, en Tierra Firme; Santo Domingo, y Puerto Rico y La Habana, en las islas, y muchos pueblos menores, como la Veracruz, en la Nueva España; Ica y Arica, y otros en el Perú; y comúnmente los puertos (aunque poca) tienen alguna población. La segunda manera de tierra es por otro extremo muy alta y, por el consiguiente, fría y seca, como lo son las sierras comúnmente. Esta tierra no es fértil, ni apacible, pero es sana, y así es muy habitada; tiene pastos y, con ellos, mucho ganado, que es gran parte del sustento de la vida humana; con esto suplen la falta de sementeras, rescatando y trajinando. Lo que hace estas tierras ser habitadas, y algunas muy pobladas, es la riqueza de minas que se halla en ellas, porque a la plata y al oro obedece todo. En éstas, por ocasión de las minas, hay algunas poblaciones de españoles y de indios muy crecidas, como es Potosí y Guancavelica, en el Perú; los Zacatecas, en Nueva España. De indios hay por todas las serranías grande habitación, y hoy día se sustentan y aún quieren decir que van en crecimiento los indios, salvo que la labor de minas gasta muchos, y algunas enfermedades generales han consumido gran parte, como el cocoliste en la Nueva España: pero, en efecto, de parte de su vivienda no se ve que vayan en disminución.
En este extremo de tierra alta, fría y seca hay los dos beneficios que he dicho de pastos y minas, que recompensan bien otros dos que tienen las tierras bajas de costa, que es el beneficio de la contratación de mar y la fertilidad de vino, que no se da sino en estas tierras muy calientes. Entre estos dos extremos hay la tierra de mediana altura, que, aunque una más o menos que otra, no llega, ni al calor de la costa, ni al destemple de puras sierras. En esta manera de tierra se dan sementeras bien de trigo, cebada y maíz, las cuales no se dan en tierras muy altas, aunque sí en bajas. Tienen también abundancia de pastos, ganados; frutas y arboledas, se dan asaz y las verduras. Para la salud y para el contento es la mejor habitación, y así lo más que está poblado en Indias es de esta cualidad. Yo lo he considerado con alguna atención en diversos caminos y discursos que he hecho, y hallado por buena cuenta, que las provincias y partes más pobladas y mejores de Indias son de este jaez. En la Nueva España (que sin duda es de lo mejor que rodea el sol) mírese que, por doquiera que se entre, tras la costa luego se va subiendo, subiendo, y aunque de la suma subida se torna a declinar después, es poco, y queda la tierra mucho más alta que está la costa. Así está todo el contorno de Méjico, y lo que mira el volcán, que es la mejor tierra de Indias. Así en el Perú, Arequipa y Guamanga y el Cuzco, aunque un algo más y otra algo menos; pero, en fin, toda es tierra alta y que de ella se baja a valles hondos y se sube a sierras altas, y lo mismo me dicen de Quito y de Santa Fe y de lo mejor del Nuevo Reino.
Finalmente, tengo por gran acuerdo del Hacedor proveer que cuasi la mayor parte de esta sierra de Indias fuese alta, porque fuese templada, pues siendo baja fuera muy cálida debajo de la zona tórrida, mayormente distando de la mar. Tiene también cuasi canta tierra yo he visto en Indias vecindad de sierras altas por un cabo o por otro, y algunas veces por todas partes. Tanto es esto, que muchas veces dejé allá que deseaba verme en parte donde todo el horizonte se terminase con el cielo y tierra tendida, como en España en mil campos se ve; pero jamás me acuerdo haber visto en Indias tal vista, ni en islas, ni en tierra firme, aunque anduve más de setecientas leguas en largo. Mas, como digo, para la habitación de aquella región fué muy conveniente la vecindad de los montes y sierras para templar el calor del sol. Y así, todo lo más habitado de Indias es del modo que está dicho, y, en general toda ella es tierra de mucha hierba y pastos y arboleda, al contrario de lo que Aristóteles y los antiguos pensaron. De suerte que, cuando van de Europa a Indias, se maravillan de ver tierra tan amena y tan verde y tan llena de frescura, aunque tiene algunas excepciones esta regla, y la principal es de la tierra del Perú, que es extraña entre todas, de la cual diremos agora.

Capítulo XX

De las propiedades de la tierra del Perú

Por Perú entendemos no toda aquella gran parte del mundo que intitulan la América, pues en ésta se comprende el Brasil y el reino de Chile y el de Granada, y nada de esto es Perú, sino solamente aquella parte que cae a la banda del sur y comienza del reino de Quito, que está debajo de la línea, y corre en largo hasta el reino de Chile, que sale de los trópicos, que serán seiscientas leguas en largo, y en el ancho no más de hasta lo que toman los Andes, que serán cincuenta leguas comúnmente, aunque en algunas partes, como hacia Chachapoyas, hay más.

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