Хосе де Акоста. Естественная и моральная история Индий. Часть 1. José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias. Parte 1


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Volviendo ahora a la otra nao almiranta, que iba en compañía de la capitana, habiéndose perdido de ella con aquel temporal que dije, procuró hacerse a la mar lo más que pudo; mas, como el viento era travesía y forzoso, entendió de cierto parecer, así se confesaron y aparejaron para morir todos. Duróles el temporal sin aflojar tres días, de los cuales pensando dar en tierra cada hora, fué al revés, que siempre veían írseles desviando más la tierra, hasta que, al cabo del tercero día, aplacando la tormenta, tomando el sol se hallaron en cincuenta y seis grados, y viendo que no habían dado al través, antes se hallaban más lejos de la tierra, quedaron admirados; de donde infirieron (como Hernando Lamero, piloto de la dicha nao, me lo contó), que la tierra que está de la otra parte del estrecho, como vamos por el mar del sur, no corría por el mismo rumbo que hasta el estrecho, sino que hacía vuelta hacia levante, pues de otra suerte no fuera posible dejar de zabordar en ella con la travesía que corrió tanto tiempo. Pero no pasaron más adelante, ni supieron si se acababa allí la tierra (como algunos quieren decir que es isla lo que hay pasado el estrecho, y que se juntan allí los dos mares de norte y sur), o si iba corriendo la vuelta del leste hasta juntarse con la tierra de Vista que llaman, que responde al cabo de Buena Esperanza, como es opinión de otros.
La verdad de esto no está averiguada hoy día, ni se halla quien haya bojado aquella tierra. El virrey don Martín Enríquez me dijo a mí que tenía por invención del cosario inglés la fama que se había echado, de que el estrecho hacía luego isla, y se juntaban ambos mares; porque él siendo virrey de la Nueva España, había examinado con diligencia al piloto portugués que allí dejó Francisco Drac, y jamás tal entendió de él, sino que era verdadero estrecho, y tierra firme de ambas parte;. Dando, pues, vuelta la dicha nao almiranta, reconocieron el estrecho, según el dicho Hernando Lamero me refirió; pero por otra boca o entrada que hace en más altura, por causa de cierta isla grande que está a la boca del estrecho, que llaman la Campana, por la hechura que tiene; y él quiso, según decía, pasarle, y el almirante y soldados no lo consintieron, pareciéndoles que era ya muy entrado el tiempo y que corrían mucho peligro; y así se volvieron a Chile y al Perú sin haberle pasado.

Capítulo XII

Del estrecho que algunos afirman haber en la Florida

Como Magallanes halló aquel estrecho, que esta al sur, así han otros pretendido descubrir otro estrecho, que dicen haber al norte, el cual fabrican en la tierra de la Florida, la cual corre tanto, que no se sabe su término. El adelantado Pedro Meléndez, hombre tan plático y excelente en la mar, afirmaba ser cosa cierta el haber estrecho, y que el rey le había mandado descubrirle, de lo cual mostraba grandísima gana. Traía razones para probar su opinión, porque decía que se habían visto en la mar del norte pedazos de navíos que usan los chinos, lo cual no fuera posible si no hubiera paso de la una mar a la otra.
Ítem, refería que en cierta bahía grande que hay en la Florida, y entra trescientas leguas la tierra adentro, se veían ballenas a ciertos tiempos, que venían del otro mar; otros indicios también, refería, concluyendo, finalmente que, a la sabiduría del Hacedor y buen orden de naturaleza pertenecía, que, como había comunicación, y pasó entre los dos mares al polo antártico, así también la hubiese al polo ártico, que es más principal. Este estrecho, dicen algunos, que tuvo de él noticia aquel gran cosario Drac, y que así lo significó él cuando pasó la costa de Nueva España por la mar del sur, y aún se piensan que hayan entrado por él los cosarios ingleses, que este año pasado de mil quinientos ochenta y siete robaron un navío que venía de las Filipinas con gran cantidad de oro y otras riquezas, la cual presa hicieron junto a las Californias, que siempre reconocen las naos que vuelven a la Nueva España de las Filipinas y de la China.
Según es la osadía de los hombres y el ansia de hallar nuevos modos de acrecentarse, yo aseguro que antes de muchos años se sepa también este secreto, que es cierto cosa digna de admiración, que, como las hormiguillas tras el rastro, y noticia de las cosas nuevas, no paran hasta dar con lo dulce de la codicia y gloria humana. Y la alta y eterna sabiduría del Creador usa de esta natural curiosidad de los hombres para comunicar la luz de su Santo Evangelio a gentes que todavía viven en las tinieblas oscuras de sus errores. Mas, en fin, hasta ahora el estrecho del polo ártico, si le hay, no está descubierto; y así, será justo decir las propiedades y noticias que del antártico ya descubierto y sabido nos refieren los mismos que por sus ojos las vieron.

Capítulo XIII

De las propiedades del estrecho de Magallanes

El estrecho, como está dicho, está en altura de cincuenta y dos grados escasos al sur; tiene de espacio, desde un mar a otro, noventa, o cien leguas; donde más angosto, será de una legua, algo menos; y allí pretendían que el rey pusiese una fuerza para defender el paso. El fondo en partes es tan profundo, que no se puede sondar; en otras se halla fondo y en algunas no tiene más que dieciocho, y aun en otras no más de quince brazas. De las cien leguas que tiene de largo de mar a mar, se reconoce claro que las treinta va entrando por su parte la mar del sur, y va haciendo señal con sus olas: y las otras setenta leguas hace señal la mar del norte con las suyas.
Hay empero esta diferencia, que las treinta del sur corre entre peñas altísimas, cuyas cumbres están cubiertas perpetuamente de nieve, y, según son altas, parece que se juntan; y por eso es tan difícil reconocer la entrada del estrecho por la mar del sur. Estas mismas treinta leguas es de inmensa profundidad, sin que se pueda dar fondo en ellas; pero puédense varar los navíos en tierra, según es fondable su ribera. Las otras setenta leguas, que entra la mar del norte, se halla fondo, y tiene a la una banda y a la otra grandes campos y zabanas, que allá llaman. Entran en el estrecho muchos ríos y grandes de linda agua. Hay maravillosas arboledas y algunos árboles de madera escogida y olorosa y no conocida por acá, de que llevaron muestra los que pasaron del Perú. Hay grandes praderías la tierra adentro; hace diversas islas en medio del estrecho.
Los indios, que habitan a la banda del sur, son pocos, chicos y ruines; los que habitan a la banda del norte son grandes y valientes, de los cuales trajeron a España algunos que tomaron. Hallaron pedazos de paño azul y otras insignias claras de haber pasado por allí gente de Europa. Los indios saludaron a los nuestros con el nombre de Jesús. Son flecheros, andan vestidos de pieles de venados, de que hay copia por allí. Crecen y descrecen las aguas del estrecho con las mareas, y vense venir las unas mareas de la mar del norte y las otras de la mar del sur claramente; y en el lugar donde se encuentran, que, como he dicho, es treinta leguas del sur y setenta del norte, parece ha de haber más peligro que en todo el resto.
Pero cuando pasó la capitana de Sarmiento, que he dicho, no padecieron grave tormenta, antes hallaron menos dificultad de lo que pensaron. Porque demás de ser entonces el tiempo bonancible, vienen las olas del mar del norte muy quebrantadas, por el gran espacio de setenta leguas que entran; y las olas del mar del sur, por ser su profundo inmenso, tampoco muestran tanta furia, anegándose en aquella profundidad. Bien es verdad que en tiempo de invierno es innavegable el estrecho por la braveza de los vientos e hinchazón de los mares que allí hay, y por eso se han perdido algunas naos que han pretendido pasar el estrecho, y de la parte del sur sola una le ha pasado, que es la capitana que he dicho, de cuyo piloto mayor, llamado Hernando Alonso, tuve yo muy larga relación de todo lo que digo, y vi la verdadera descripción y costa del estrecho, que, como la iban pasando, la fueron haciendo, cuya copia trajeron al rey a España, y llevaron a su virrey al Perú.

Capítulo XIV

Del flujo y reflujo del mar océano en Indias

Uno de los secretos admirables de naturaleza es el flujo y reflujo del mar, no solamente por la extrañeza de su crecimiento y disminución, sino mucho más por la variedad que en diversos mares se halla en esto, y aun en diversas playas de un mismo mar.

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