Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (39 votes, average: 3.33 out of 5)
Loading ... Loading ...
| 331 views

50 quintales de mineral.
Quizá por el frío de la región había tiendas de comestibles que ofrecían «pescado fresco», proveniente de la costa y del lago Titicaca. La ciudad contaba con 80 pulperías, 28 zapaterías, 8 tiendas de sombreros españoles y 25 tiendas con ropa y artículos para indios, además de numerosos mercados populares de coca y productos agropecuarios.
Las panaderías eran 28, las confiterías y pastelerías 12. No había ningún hotel y los forasteros dependían para alojarse de la buena voluntad y la hospitalidad de los vecinos, pero sí una veintena de pensiones donde se podía comer «carne y pescado» por treinta pesos al mes1. Los 4.000 españoles y 2.000 mujeres que indica el autor como población blanca disponían de un centenar de lavanderías que cobraban 4 reales por «lavar y almidonar un cuello llano y 8 reales por cualquiera guarnecido».
Eros
No menciona a orfebres y artesanos que trabajaban la plata, la madera, el hierro y el cuero posiblemente porque estas ocupaciones estaban en manos de indígenas y mestizos, pero se ocupa en cambio de otras dos ocupaciones inquietantes: «Hay así mismo de 700 a 800 hombres, antes más que menos, baldíos, que su ocupación es pasear y jugar y hay 120 mujeres de manto y saya que conocidamente se ocupan en el ejercicio amoroso y hay grande suma de que se ocupan en el mismo ejercicio.»
La tradición heredada del medievo español y que se aplicó en el curso de las guerras civiles entre los conquistadores fue la de indultar la vida a un condenado a muerte si es que una «mujer de amores» se le ofrecía como esposa, con el razonamiento de que era obra cristiana convertir a una prostituta en esposa y acaso madre y dejar al reo con la indignidad de haberse salvado de ese modo. No todos aceptaban y se dio el caso, contado por Francisco de Carvajal, de un reo que prefirió la muerte antes de ser rescatado por una «putana feona y muy bellaca, sucia y con la cara marcada con una cuchillada».
Los azogueros se mostraban espléndidos cuando se trataba de las dotes de sus hijas, cuyos matrimonios, con vástagos de padres igualmente opulentos, aseguraban además a las familias mayor poder económico y político. Cañete informa que la novia Plácida Eustaquia recibió de su progenitor en 1579 2.300.000 pesos, la hija de un general Mejía, en 1612, 1.000.000; Catalina Argandoña, en 1629, 800.000 pesos y una hacienda con viñedos. Hasta 1629 se contaron más de ocho dotes sobre los 200.000 pesos. Cuando refería esto, en 1791, las dotes habían bajado a menos de 50.000 pesos.
da cuenta de catorce escuelas de danza para hombres y mujeres (una de ellas regentada por un negro), en las que los directores hacían rápida fortuna pues sus alumnos, acabando cada danza, «arrojaban detrás de las sillas, al suelo 50 a 100 pesos». Había también treinta y seis casas de juego de naipes, dados y trucos, donde se jugaban hasta 100.000 pesos por noche. Las compañías de farsas hacían en una tarde unos 3.000 pesos, pues los asientos costaban de 30 a 50 pesos.
-26-
Tema recurrente y de preocupación en la correspondencia de las autoridades era el evitar que hombres casados en España u otro lugar del Reino permaneciesen solos en Charcas. En enero de 1580 la Audiencia de Charcas instruyó a Pedro de Zárate que, en vista de que no habían tenido efecto las provisiones anteriores, vaya a Potosí y «averigüe quiénes están casados en España, secuestre y remate sus bienes y envíe sus personas a para que de allí sean remitidos a hacer vida con sus mujeres en España». Incluso un teniente de corregidor en Potosí, Jiménez de Mendoza, de quien se sabía que tenía amistad con una mujer casada, se le envió a Santiago para que se reuniese con la propia. En marzo de 1605 la Audiencia de Charcas se dirigió al Virrey sobre este problema, manifestándole que «si a todos los casados se les aplicara el rigor de la ley, el distrito quedaría con mucha falta».
Quienes disponían de dinero suficiente podían contar con la complicidad de un galeno, como hizo Cornieles de Lamberto, mercader de Potosí, a quien en 1533 se le conminó a que volviese a hacer vida marital en Sevilla. El informe que reposa en el Archivo de señala: «Del certificado médico expedido por el médico y cirujano Marco Antonio, dice tener Lamberto varias fístulas en la ingle y en la nalga y otras en la vía del caño, entre los dos servicios, que aunque las primeras están cerradas, queda la del caño, por donde salen los orines; que por consiguiente no puede andar a caballo ni tener acceso carnal con mujer, por derramársele las simientes por las fístulas; que lleva gastado ya 20.000 ducados de oro en curación».
El «pecado nefando», que conllevaba la pena de muerte, no era sin embargo extraño a las costumbres, a juzgarse por el número de casos mencionados por las autoridades. Algunos indios posiblemente lo practicaban, pero entre los españoles, dada la condena explí del cristianismo, estaba rodeado del mayor secreto. En una de agosto de 1590 del Virrey a la Audiencia de Charcas hace referencia a un homosexual que pecaba con «hijos de personas principales de dicha Villa y con indios». Otra de Santiago de al Virrey alude nada menos que a un canónigo de la catedral que «se le sindicó con el pecado nefando y huyó por la cordillera al Río de la Plata o al Perú».
El Clero
En 1603 la ciudad ya tenía cinco conventos y catorce parroquias, trece de las cuales eran de indios y una, la iglesia Mayor, de españoles, atendida por nueve curas y dos sacristanes sacerdotes. Nueve de las parroquias de indios eran servidas por clérigos y cuatro por religiosos de los conventos. El personal del Santo Oficio estaba presidido por un Comisario de la Santa Cruzada, un Vicario, un Alguacil mayor y tres Notarios. El juzgado eclesiástico contaba con un Fiscal Clérigo, tres Fiscales legos y dos Notarios.
En un ambiente donde, por un lado, predominaba un aire conventual supérstite del medievo español, y del otro el desenfreno materialista provocado por la súbita riqueza, los potosinos se mostraban dadivosos en sus contribuciones a la Iglesia, para asegurarse un puesto en la vida eterna. Numerosos eran los donativos, bien fuese para erección de capillas y conventos o en joyas y objetos de arte para las imágenes. Antonio de la , al mencionar la casa de su Orden como la mejor de la ciudad, estimó que los agustinos habían recibido en donaciones hasta el año 1611, 535.000 pesos.
Con las excepciones de algunos santos varones dedicados exclusivamente al servicio de Dios y de los hombres, de predicadores que entraban en tierras de infieles con el único escudo de su cruz para ganar almas y convertirlas al cristianismo, de virtuosos betlemitas y juandedianos que cuidaban a los enfermos de hospitales y de incorruptibles jesuitas, la Iglesia como institución y sus representantes, individualmente, formaron parte con ventaja del círculo de explotación cuya base era sostenida por los indios.
Una del Virrey a la Audiencia de Charcas de febrero de 1591 incluye testimonios de las sumas exorbitantes que cobra el vicario de Chucuito e instruye que no se permita tanta insolencia de clérigos especializados «en chupar la sangre a los indios con mucha más codicia y ambición que lo hacen los seglares».
Aunque las Ordenanzas del Perú instruían que no se debía repartir a los curas más de tres muchachas y dos ancianos hubo iglesias como la de Sicayas en Chayanta, donde estaban obligados a trabajar 40 indígenas, ocho de los cuales eran mayordomos y cuatro mujeres solteras. Cada mayordomo estaba obligado a dar 40 pesos en monedas de plata con cargo a las misas que iban a celebrarse y un real diario para vino, incienso, harina para las hostias y jabón para lavar la ropa blanca de la sacristía. A la suma de alterados, mayordomías y priostazgos se añadía el rosario de fiestas religiosas que los curas fomentaban y en las que los indígenas contribuían con el «ricuchicu», consistente en dinero o víveres, vino, harina, azúcar, huevos, gallinas, etc. Todos los sacramentos tenían su precio y algunos variaban de acuerdo a los servicios prestados. El entierro, por ejemplo, cantado y solemne valía 14 pesos, si se usaba la cruz alta tres más, cuatro por campanas e incensario y 40 por sepultar al difunto debajo

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38


  • Текст песни Рикардо Архона. Чтобы добро или зло. Ricardo Arjona. Para bien o para mal
  • Текст песни Para Tu Amor от Juanes
  • Текст песни Bersuit Vergarabat. Un pacto
  • MOLOTOV | Molotov Voto Latino Lyrics
  • Текст песни Sin Bandera. Te vi venir

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap