Бартоломе Арсанс де Орсуа-и-Вела. Мир от Потоси. Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela. El mundo desde Potosí
nota March 11th, 2006
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Dado que las imágenes del Nazareno, de la Virgen y los santos eran pasaportes seguros a la bienaventuranza eterna, los ricos potosinos se aseguraban su favor mediante costosos obsequios a las iglesia desde andas de metal blanco que «ni siquiera catorce hombres podían cargar con ellas» como las que obsequió el Corregidor de Potosí, don Fernando Conde de Belayos a la Virgen de Rosario (el dato correspondiente a 1701 es hoy mismo verificable (1999) pues las andas de la Virgen del Carmen pesan más de una tonelada y la imagen es cargada por 16 hombres de una cofradía de «andaderos» que se turnan en cada cuadra al llegar al límite de sus fuerzas), hasta retablos, coronas, cruces, sagrarios, nichos y sepulcros, tronos, carrozas, láminas, arcos, candeleros y lamparas, custodias, relicarios, tabernáculos, copones, diademas, limosneros, etc., todo labrado primorosamente por legiones de hábiles orfebres indígenas, en plata pura, con piezas de oro y también incrustaciones de piedras preciosas. Tanto se desarrollaron la pintura, la escultura y la orfebrería en Potosí que con el tiempo empezaron a exportarse desde la ciudad obras de arte para iglesias de diversas partes de la Real Audiencia, particularmente al norte argentino.
El Demonio
En el otro polo de la Corte Celestial, según la mentalidad potosina, se encontraba el demonio, representante del mal y todas sus formas de materialización.
Algunos cronistas presentan al demonio más bien de una forma teórica, mientras que Arzans lo pinta terriblemente cotidiano, encarnado en seres humanos preferentemente, pero también en animales, insectos, perros y aun en otras formas.
En una historia el demonio aparece tranquilamente en la casa de un joven libertino, quien al volver la vista hacia el patio vio «que desde la mitad de su espacio lo llamaba y lo desafiaba a batalla un danzante armado y con alfanje y rodela en las manos, y como era de arriesgado espíritu el mozo, y el suceso instrumento de la justicia divina, salió al patio como un león y fuese para el danzante. Éste se retiró al brocal de un profundo pozo que en aquel patio estaba, y desde allí lo tornó a desafiar con señas y ademanes de bravo. Ardiendo en iras el mozo acometió furioso al danzante. Entrose éste al pozo y tras él se arrojó aquel hombre, y desapareciendo el danzante cayó al agua el miserable, y aunque acudieron dos españoles que habían visto este suceso fue en vano porque en un momento se ahogó, y luego se entendió ser el demonio».
Es curioso cómo en la imaginación popular ambos mundos, celestial e infernal, pueden en ocasiones reunirse y relacionarse casi diplomáticamente para defender lo que cada cual cree que le pertenece en la tierra. Esto ocurre en otra historia de Arzans: «Vivía este desdichado mozo en el paraje que llaman Cuatro Esquinas, y como hubiese venido toda la calle derecha desde Munaypata le era preciso pasar por el cementerio de San Agustín. Era ya media noche, y llegando a él comenzó de nuevo a blasfemar y maldecirse, pero reparando en que la iglesia estaba abierta y que había en ella mucha luz, extrañando la hora quiso ver y saber la causa. Entrose debajo del coro, y aplicando la vista al altar mayor vio en él (cosa admirable) un trono majestuoso y en él a Cristo Nuestro Señor rodeado de ángeles. Luego aparecieron muchos demonios, y uno de ellos comenzó a relatar un horrible proceso que mostraba todos los malos moradores de Potosí: de cada uno dijo sus abominaciones, y entre ellos las del pobre mozo que estaba debajo del coro».
«Aquí fue el punto de su mayor temor, aquí el erizársele el pelo y dar diente con -81- diente. El demonio, después de haber relatado los vicios de aquel hombre diciendo sus torpezas, la costumbre de jurar, blasfemar y otros graves pecados, levantando la voz dijo (por último) al justo juez: ‘Señor, por todos estos pecados es digno de muerte eterna. Yo lo encaminaba ahora a su casa para que quitase la vida a la compañera de sus torpezas, y que después se la quitase él a sí mismo, llevarlos a entrambos, pues son míos; y pues vuestra majestad ha formado este tribunal y sabe que por sus pecados merece el infierno, entrégueseme luego para llevarlo en mi compañía’».
Iglesia de Jerusalén.
Iglesia de San Benito. Vista general.
Iglesia de Santa Teresa.
«Apenas hubo el demonio acabado estas palabras cuando el atemorizado mozo dando un terrible grito y arrojándose en la tierra dijo: ‘Madre de Dios de la Soledad, socorredme’. Al momento salió de una de las capillas esta soberana madre de pecadores y puesta ante su santísimo Hijo le pidió por aquel pecador».
Con el fin de conseguir efecto en la prohibición y persecución de los ritos y creencias de las religiones nativas, la iglesia difundió la especie de que todas ellas estaban relacionadas con el demonio.
Sufrieron este estigma no sólo las practicas sagradas de los indios sino también sus principales manifestaciones sociales y culturales, como la bebida local, la chicha, la hoja ritual de la coca, los bailes indígenas en los que se decía que participaba el diablo. En la vida potosina aparecen también elementos de hechicería, agorería y astrología. Había practicantes de todas estas especialidades y tenían bastante crédito. Un adivino, Marcelo Facino, «grande filósofo extranjero», según Arzans ofrecía «pronósticos ciertos» hacia 1674, basándose en las estrellas, causantes también del permanente malestar social que reinaba en Potosí. Abundan las historias de aparecidos, de «almas en pena» que junto con los duendes han sobrevivido en Potosí hasta el siglo XX.
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Fuentes bibliográficas y documentales
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