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de los .
Al margen de sus valores literarios, sociológicos, económicos y antropológicos la extensa obra de constituye también, con todas las citas y apropiaciones que hace de autores españoles y americanos, lo más completo que en materia histórica podía pedirse a un libro en el primer tercio del siglo XVIII. Fuera del tema específico del descubrimiento del Cerro Rico y el crecimiento de Potosí, se ocupa de la creación del mundo según el Génesis, el descubrimiento de América, la conquista del imperio incaico y las entradas y poblamientos de españoles a , el Río de la Plata, el y se detiene, aquí y allá en temas tan curiosos como los terremotos en , las misiones jesuíticas, las incursiones de los piratas ingleses, la batalla naval contra los franceses en Cartagena y hasta las batallas de Brihuega y Villaviciosa en Portugal, amén de sus numerosas anécdotas del mundo grecorromano, de las que muchas veces deriva reflexiones para sus contemporáneos.
Trascendencia de la obra
Bartolomé de Orsúa y Vela y Melchor Pérez Holguín fueron, sin duda alguna, los valores más sobresalientes de la cultura virreinal en Potosí, aunque el primero no conoció al segundo, pues nunca lo menciona. Holguín dejó en su extraordinaria obra pictórica el retrato vivo del espíritu potosino. relató magistralmente la vida cotidiana de la Villa Imperial correspondiente a dos siglos.
Si bien la voluminosa de no es un dechado de exactitud historiográfica, y por el contrario contiene una considerable dosis de imaginación, fantasía y ficción, podría, justamente por ello, y con las licencias del tiempo transcurrido, convertirse en la gran de maravillosa o fantástica, producida en el territorio del Alto Perú, hoy . Pocas novelas históricas en América Latina, podrían competir con la epopeya espectacular que fue el descubrimiento, explotación, esplendor y decadencia de uno de los mayores emporios mineros del mundo.
Nada hay, en todo caso, comparable a este libro en la literatura americana y pocas obras pueden rivalizar modernamente con ella en el continente.
Sin disputa, es creador en América del género tradicionalista cuya paternidad atribuyen los peruanos a Ricardo Palma. No solamente éste tomó prestados de los Anales de temas para sus tradiciones peruanas, sino como él, autores de ese país, la y , han acudido liberalmente al libro de Bartolomé, para arrancarle con impunidad piezas del más fino rosicler, presentándolas con algunas modificaciones cual si fuesen propias.
Por sus cuartillas (de cuyo elevado precio se queja varias veces ) desfilan españoles, criollos, mestizos, indios, negros y extranjeros de varias nacionalidades; descripciones frescas y detalladas de la ciudad, calles, iglesias, conventos, edificios, fiestas ostentosas, ceremonias, procesiones, cabalgatas, historias de aparecidos, milagros, vidas ejemplares, corridas de toros, hechos terribles y crueles, desastres naturales, asesinatos y latrocinios, pestes y enfermedades. A la vez, anota Gunnar Mendoza, esos extraordinarios hechos y relatos que se narran en la , sean o no verdaderos, se refieren a la realidad física, social y metafísica de Potosí, al medio telúrico con sus características climatológicas específicas, a los rasgos topográficos, a las gentes en sus más recónditos sentimientos, costumbres, creencias y anhelos. «Por esta permanente alusión a la realidad del lugar y de la época, la es una obra precursora de nacionalismo y de autonomismo literario en América hispana y da un paso decididamente revolucionario dentro de la creación literaria de la época meramente convencional y abstracta», afirma Mendoza.
La ofrece también datos de operaciones mineras, importaciones y mercado, cifras de producción de plata, estadísticas de la población. Pero en medio del mare mágnum de información que fluye ininterrumpidamente, dos clases de hechos sobresalen por sí mismos: la violencia y las fiestas.
«La monstruosa riqueza» obtenida del cerro provocó ciertamente la lucha interna permanente que vivió Potosí con los rasgos de injusticias, atrocidades, arrojo, que detalla , en cuya culminación se encuentran las guerras de Vicuñas y Vascongados.
Las fiestas en sus variadas formas, religiosas, profanas, de bodas, de recordación de fechas y acontecimientos importantes, parecen ser los espacios de reposo de semejante ritmo de vida.
Otro rasgo destacable en la obra es el «orgullo potosino», característico del espíritu de los que vivieron la opulencia, magnificencia y riqueza de la Villa Imperial. Este íntimo sentimiento de los habitantes, anclado en la materialidad del mineral, elevaba a la célebre montaña a los más altos niveles de veneración.
Muchos potosinos estaban conscientes de que la riqueza del cerro de Potosí constituía la base principal de la de España. Esta idea y aquella otra de que las riquezas eran infinitas proporcionaba a los ricos «azogueros», nombre que utilizaban en lugar de mineros, esa ansia de gozar de sus beneficios, de vivir espléndidamente y de magnificar y glorificar todo lo que se refiriese a la Villa y al cerro.
La «fiebre potosina», similar a la que se produjo tiempo después en México, otro centro primordial del poder español en tierra americana, en cuanto al espíritu casi imperial -74- que promovía en sus habitantes privilegiados, tiene una vertiente sumamente interesante de «americanismo naciente». Criollos potosinos y mexicanos sentían profundamente su pertenencia física a ese otro mundo que era el americano y no eran tan extrañas las hipótesis que situaban el Paraíso en el .
Esos atisbos de «identidad americana» mezclados con las desigualdades del sistema político español para con sus súbditos fueron incubando el ansia de independencia que se desataría posteriormente.
Ya el descubrimiento y conquista de América constituían de por sí hechos tan extraordinarios, que eran considerados por los españoles como los sucesos más grandes desde la venida de Cristo, y por ello estimulaban en muchos la idea de escribir la del nuevo continente.
Con mayor razón, el fabuloso pasado de Potosí despertó en espíritus inquietos el deseo de plasmarlo en letras a través no sólo de historias sino también de poemas, obras de teatro y novelas. Entre los hubo funcionarios reales y simples aficionados. La imaginación no escaseó en unos ni otros. Pero era lo que se llama en lenguaje taurino, y estoy seguro que la comparación no le molestaría, un «espontáneo». Puso en riesgo su seguridad personal al constituirse en testigo de cargo de sus contemporáneos y esto hace a su más interesante todavía pues refleja el pensamiento popular de la época. Tampoco fue un hombre de formación académica pues las únicas universidades cercanas se hallaban en y La Plata. Confiesa que ignora el latín y reconoce modestamente que hay «plumas mejor cortadas que la mía». Pero suplió ampliamente esas deficiencias con una verdadera vocación de narrador y sirviéndose de sus propios métodos y experiencia personal, lo que en términos contemporáneos vendría a ser el conocimiento del terreno y la observación participante. Utilizó extensamente otro método que desde hace unas décadas está en boga entre y etnohistoriadores de avanzada, la oral o tradición oral.
La honda preocupación que lleva al autor de la a cumplir con la inmensa empresa acometida y de inspirar credibilidad en sus narraciones lo conduce, por otra parte, a citar a otros numerosos autores y escritos, cuya existencia, ¡ay!, no parece tan evidente a los sesudos investigadores e del siglo XX, que no han escatimado esfuerzos, años, persecuciones detectivescas de pistas en archivos, bibliotecas y baúles del viejo y del , para declarar, en muchos casos, su perfecta incapacidad de determinar en definitiva la validez de tales citas y de tan misteriosos escritores cuya identidad queda en la incógnita.
En situación tan incómoda se encuentran en primer lugar el Capitán Pedro Méndez, cuya crónica es la primera en ser utilizada por . Le sigue Don Antonio de , noble lusitano que escribía en «su idioma», otro importante «testigo de vista» de muchos acontecimientos de la vida potosina. produjo, según , una de Potosí, trabajo muy respetado por nuestro historiador y citado como una fuente

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