Бартоломе Арсанс де Орсуа-и-Вела. Мир от Потоси. Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela. El mundo desde Potosí
nota March 11th, 2006
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tanto.»
Describe a su vez Arzans la vida cotidiana de los indios en las minas:«En las espantosas cuanto ricas entrañas de este admirable monte resuenan ecos de los golpes de las barretas, que con las voces de unos,gemidos de otros,gritos de los mandantes españoles, confusión y trabajo intolerable de unos y otros, y espantoso estruendo de los tiros de pólvora,semeja tanto ruido al horrible rumor de los infiernos: noviciado parece de aquel centro formidable». Innumerables son los que han perecido en sus entrañas: cada paso que dan en una de sus minas llegan a los umbrales de la muerte, sirviéndoles a cada uno de vela para morir aquella que traen en la mano para poder andar. Unas veces se los traga la misma tierra donde pisan, porque ignorantes de los huecos que debajo pasan, se abren y los sepultan; otras se hallan enterrados de los sueltos que sobre ellos caen; otras se caen en aquellos pozos y lagunas de mucha profundidad que hay allí dentro y se ahogan. Veréislos unas veces trepar por las sogas cargados del metal, sudando y trasudando, otras veces los veréis descender por unos palos muy delgados 200, 300 y más estados; y a veces los veréis, por desmandárseles un pie, bajar por esa escala hasta llegar a la muerte.
«También los veréis algunas veces asemejarse a las bestias caminando en cuatro pies con la carga a las espaldas, y otras arrastrándose como gusanos.»
La plata de los monarcas
El inca Atahuallpa,que bien pronto se dio cuenta de la codicia que movía a sus captores, les ofreció un cuarto lleno de oro y dos -49- de plata a cambio de su libertad y de inmediato sus emisarios se movieron por el territorio llevando a Cajamarca sinnúmero de objetos y piezas de ambos metales, con los que atiborraron las tres habitaciones. Los españoles no cumplieron su palabra y lo sometieron a un juicio de horas ejecutándolo en la plaza de la ciudad en julio de 1533. Procedieron después a fundir todas las piezas y hacer un reparto equitativo de los 5.720 kilos de oro y 11.000 kilos de plata real para el monarca (equivalente a un 20%). Posteriormente cuando se apoderaron del Cuzco vaciaron los palacios y templos de todos sus ornamentos de metales preciosos.
Las cifras fueron creciendo geométricamente y el caso del clérigo Don Pedro de la Gasca es ilustrativo. Había sido enviado por el rey para someter a Gonzalo Pizarro, quien tentado por los encomenderos que se negaban a aceptar las Leyes Nuevas (1542) que conferían dignidad humana a los indios y limitaban su explotación, abandonó sus minas de Porco, encabezando la rebelión y proclamándose gobernador del Perú. La Gasca llegó a territorio peruano en 1546 sin recursos y poco a poco fue ganando partidarios y convenciendo a los encomenderos sublevados con la promesa de que se respetaran sus privilegios. En control de la armada del mar del sur desembocó en Tumbes y avanzó hasta Lima derrotando a Pizarro y a su lugarteniente Francisco de Carvajal, siendo ambos ejecutados en el campo de batalla en 1548. La expedición militar de La Gasca costó 900.000 pesos que éste tomó en préstamo en el Perú. A su retorno el astuto sacerdote se apoderó de todos los recursos que halló a mano, no solamente los metales secuestrados a los rebeldes, provenientes de las minas de Porco y algo de Potosí, sino incluso del botín que los conquistadores se habían repartido a la muerte de Atahuallpa, llevándose a España, previo paso de las deudas adquiridas, 567 millones de maravedíes, o sea más de dos millones de pesos de ocho reales.
El imperio católico
S. C. Fernández, «Historia de España». Editorial Calleja, Madrid, 1876.
Después de los primeros embarques de metal amarillo encontrados en ornamentos, objetos de culto y estatuas en los templos de México y el Perú -fundidos enseguida causando irreparable pérdida a la cultura universal-,los galeones se dedicaron casi exclusivamente al transporte de plata a Sevilla en cantidades cada vez mayores, sobre todo a partir de 1571 cuando se aplicó el mercurio para la amalgama de plata en Potosí. La gran época del imperio «donde no se ponía el sol» coincide precisamente hasta 1630 con los mayores embarques de plata potosina, que llegaban a un país que acababa de lograr su unidad nacional al precio de expulsar a las minorías de judíos y moriscos y renunciar con ese gesto político a la ciencia, la agricultura moderna y el capitalismo. Anclada férreamente en el medievo católico y en la convicción de que la vida eterna en el Cielo restaba sentido al progreso en la Tierra, la España de Carlos V asumió la responsabilidad de luchar contra el Imperio Osmanlí en el Mediterráneo y contra la herejía protestante en Europa. Tal empresa habría sido imposible sin el Tesoro Americano que a su vez provocó tanto en España como en el resto de Europa el fenómeno -50- que Fernando Braudel califica como la «revolución de los precios» y Lord Keynes como «la inflación de los precios».
Al apreciar el impacto que tuvo el Tesoro Americano y en particular la plata de Potosí sobre la economía europea, es indispensable considerar el grado de pobreza en que se desenvolvía el viejo mundo.
Fray Antonio de la Calancha (1638) asienta: «Para que se vea cuánto debe España a estas Indias hágase cotejos de las grandezas que hoy tiene y las pobrezas que tuvo, de las realezas que ostenta y las miserias que sufría» y añade que en la Historia de España escrita por el rey don Alfonso IV se registra la anécdota de la guerra que hizo el rey Alfonso IX de León contra su hijo don Fernando el Santo por la exclusiva razón de que éste le debía 10.000 maravedíes a cuyo pago cesó la guerra, suma equivalente a 36 pesos. «Un padre contra un hijo y un reino católico contra su vecino» -comenta Fray Antonio de la Calancha- «tratan de matarse por 36 pesos que hoy los gasta un palanquín en dar un almuerzo.»
La celebración del matrimonio de Isabel de Castilla de 18 años y de Fernando de Aragón de 17, fue posible gracias a que un prestamista judío facilitó a la novia los 20.000 sueldos (alrededor de USS 30.000 de hoy) necesarios para la celebración y fiesta, suma que Isabel recién pudo restituir al ocupar el trono de Castilla, seis años después.
No fueron tanto las compensaciones que parecían ciertamente altas, exigidas por Colón las que desanimaron a Juan II de Portugal, Enrique VII de Inglaterra y Carlos VIII de Francia, sino la propia escualidez de las arcas reales. En España la negociación con la Corte demoró seis años, hasta llegar a la firma de las capitulaciones de Santa Fe, por las que la Corona dio su patrocinio y aceptó las condiciones planteadas por el navegante genovés. Tanto él como la Reina tenían entonces 35 años y a ambos corresponde la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo que, medido en términos económicos, hoy día luce como una pigricia, pues el primer viaje de Colón demandó apenas dos millones de maravedíes mientras el quinto correspondiente al Rey,según estimación de Pierre Vilar por el rescate de Atahuallpa y por el saqueo de los templos del Cuzco y otros lugares alcanzó a más de veintiséis millones de maravedíes.
No fue la decisión de Isabel ni el empeño de sus joyas, como quisiera hacer creer la leyenda romántica, los factores que precipitaron la hazaña de Colón, sino el empeño del ministro de hacienda de Fernando, Luis de Santander, quien sedujo a la soberana con la idea de una conversión de Cipango (Japón) y otros reinos asiáticos al cristianismo y le manifestó su voluntad y de otros amigos, también conversos, de sufragar la expedición; Santander tomó en préstamo 1.400.000 maravedíes de la cofradía donde desempeñaba funciones de tesorero, suma a la que añadió 350.000 de su peculio. El resto lo consiguió Colón también en préstamo.
Dentro de la sociedad feudal, basada en la explotación de la tierra, la moneda era solamente un término de referencia, pues las operaciones entre señores y siervos o en las ferias campesinas se hacían a base de trueque. Los comerciantes para sus transacciones entre ciudades acudían a la emisión de letras de cambio o pagarés a la orden y los monarcas a los «asientos» que eran préstamos a corto plazo hechos por hombres de negocios. El florecimiento de las ciudades y del comercio en las postrimerías de la Edad Media y la avidez europea por las especias, perfumes, sedas y joyas del Oriente, hicieron más patente y dramática esta falta de numerario que algunos historiadores han calificado como
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