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Бартоломе Арсанс де Орсуа-и-Вела. Мир от Потоси. Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela. El mundo desde Potosí


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contratar reemplazante.
El otro camino era la evasión. Muchos indios preferían abandonar sus tierras, su ganado e incluso sus familias trasladándose a una de las catorce provincias que por razones climáticas o de altura habían quedado exoneradas de contribuir con mano de obra. No sintiéndose seguros ni siquiera en tales lugares, otros se internaban en la selva o en lugares recónditos de la montaña a donde no llegaban los soldados del Rey.
El crecido número de fugitivos causó en los pueblos de donde salían un efecto aun más doloroso pues los períodos de descanso previstos por el Virrey ya no eran de siete años, sino de la mitad o menos, pues persistía la obligación de cada comunidad de enviar a Potosí el número original. A mediados del se suprimieron los períodos de descanso, pero aun así los pueblos lucían deshabitados.
El tercer recurso era entrar a una hacienda en calidad de «yanacona», pues de esta manera quedaba eximido de servir en la mita y gozaba de la protección del propietario español.
Pronto en las provincias mitarias se dio un curioso fenómeno: ya no se producían nacimientos (porque los padres de familia pagaban al cura o al corregidor para que no los registrase) o los que se producían eran del sexo femenino pues así quedaban registrados, aunque fuesen varones, para evitar un eventual servicio a la mita.
Los salarios dependían del tipo de trabajo que realizaba el mitayo: los de interior mina, a quienes tocaba la parte más dura, ganaban tres reales y medio por día; los que acarreaban el mineral del cerro a los ingenios, tres reales y los que trabajaban en los ingenios, generalmente al aire libre, dos reales y tres cuartillos. Pero estaba previsto un descuento de medio real a la semana para un fondo con el que se recompensaba al corregidor por las visitas que hacía al cerro, al Alcalde de minas, a tres veedores y al protector de naturales, y otro descuento para sostenimiento del hospital. En total, el mitayo llegaba a ganar 42 pesos anuales por las 17 semanas de trabajo obligatorio, pero vivía permanentemente endeudado pues sus obligaciones por el mismo lapso alcanzaban a 100 pesos (Compárese este salario con el del Barón de Nordenflicht, contratado por la Corona española para mejorar los sistemas mineros y quien, por el alto costo de la vida en el Perú, percibía en principio 3.000 pesos anuales que se elevaron luego a 7.000).
En 1608, el Virrey Velasco propuso al Rey que para alivio de los indios de la mita se trajese a esclavos negros por Buenos Aires, propuesta que no prosperó. Había bajado tanto la producción minera en este año que los azogueros en cabildo abierto resolvieron enviar un procurador a España, para lo que solicitaron licencia al virrey de .
El Marqués de Montesclaros les contestó que concretaran los puntos que deseaban plantear. En otro cabildo, los azogueros demandaron lo siguiente: que curas y corregidores no se quedasen con los mitayos «para sus granjerías», que los mitayos no fuesen retenidos en Oruro y que trabajasen en días de fiesta, que hubiese reserva de azogue en Potosí y que se pagase no un quinto sino un diezmo de plata (lo que se logró en 1736). Cuanto más hondas las minas del cerro, más pobres, afirmaron los reunidos. El procurador elegido viajó a con un memorial que contenía estos puntos.
En 1609 volvieron a reunirse los azogueros en cabildo, reclamando por el escaso número de indios que acudían a la mita y por el hecho de que en Oruro se hallaban trabajando 400 indios «no sólo los de huelga de esta villa pero aun los de mita». En el memorial que enviaron al virrey expresan: «La mita de los indios es el nervio de la conservación de la máquina de esta villa y aun de toda la cristiandad porque pende de ella». En 1614 pidieron aprobación del Virrey para mandar a un procurador a España y en 1617 amenazaron con paralizar en definitiva las labores mineras en vista de la decadencia del servicio de mita.
Los inconvenientes y perjuicios que creaba la mita eran bien conocidos por las autoridades coloniales, pero pocos se atrevían a tocar el fondo del problema tanto por no enfrentarse con el poderoso gremio de azogueros que continuamente enviaba donativos a Madrid, donde contaba con «procuradores», suerte de embajadores en la capital española y en , que vigilaban sus intereses o planteaban sus reclamaciones, como porque podían poner en peligro los intereses de la Corona, cada vez más ávida de recursos.
se conduele de los riesgos de la mita y de la destrucción que ella lleva a las comunidades y familias .
Sin embargo, vacila frente a la posibilidad de suprimirla, pues sin indios no habría plata ni riquezas.
El Cerro Rico
Ninguna vista citadina en , país que, como reconocen todos los extranjeros que lo visitan, ofrece paisajes de impresionante belleza y dramatismo, puede equipararse a la del Cerro Rico, a cuyas faldas se extiende la ciudad de Potosí, salvo quizá el soberbio Illimani, que sirve de telón de fondo a la ciudad de La Paz.
Pero el Illimani solamente ha dado solaz espiritual a paceños y extranjeros, desde -46- cuando el capitán Alonso de Mendoza fundara la ciudad a sus pies, en 1548, por orden de La Gasca para conmemorar el fin de la guerra civil entre españoles, mientras el Cerro Rico, trastornó, en su momento, la del mundo.

La famosa laguna de Tarapaya. Dibujo de .

-45-

Hállase como desprendido de la cordillera de los Andes y el hecho de que la ciudad se encuentre en su falda NO lo hace aparecer como única montaña en el entorno, lo que no es evidente, pero en todo caso tiene una posición dominante sobre las demás. Su forma de cono se eleva a 4.890 metros sobre el nivel del mar y la circunferencia abarca siete kilómetros.
En sus flancos llegaron a horadarse cinco mil bocaminas. Sus cuatro vetas principales que corren en dirección norte-sur fueron bautizadas como la Descubridora o Zenteno (por Diego), la Rica, la Estaño y la Mendieta.
En los primeros años, los propietarios recompensaban a sus yanaconas con trozos de metal que no fuera tomado directamente de la veta y que éstos vendían después en el mercado libre, con gran beneficio personal.

Del libro Hydrographia Universalis, de Philip Lea, Londres, 1700.

Hacia 1556, debido al proceso de empobrecimiento del mineral,se hizo evidente que el método de fundición mediante los hornos indígenas ya era insuficiente y, en efecto, no quedaban más que doscientas guairas en el cerro. En 1573 se introdujo el mercurio con el que se podían fundir minerales de baja ley, lo que significó un repunte extraordinario de la minería potosina.
La primera veta, conocida como «La Descubridora», fue naturalmente de propiedad de Juan de Villarroel, beneficiario principal del extraordinario hallazgo de Diego Huallpa. La de la minería, aquí y en cualquier parte del mundo, está acompañada de querellas judiciales movidas por la codicia y así también sucedió con la «Descubridora», disputada a Villarroel por Diego de Zenteno, su antiguo socio. La Corona falló en favor del primero convirtiendo a Villarroel en uno de los hombres más ricos de Potosí. En menos de medio siglo, de 1545 a 1690, la «Descubridora» produjo un chorro de plata equivalente a 62 millones de pesos. En 1551, los mitayos de Villarroel hallaron una enorme muestra de plata blanca en forma de pino, con estrías de rosicler cual si los gnomos de la montaña andina hubiesen modelado, en milenios de trabajo subterráneo, la imagen de ese árbol característico de los bosques europeos. Villarroel envió de obsequio la notable muestra al Carlos V.
La bocamina «Descubridora» o De Zenteno, también fue conocida como La Cueva, pues allí «existía una especie de cueva de treinta varas de largo sobre diez de ancho y ocho de altura en la que podían caber cómodamente quinientos hombres de a pie y la veta que se descubrió por encima era de colores tan variados que parecía esmaltada artificialmente».
Hubo preferencia entre los propietarios por dar nombres femeninos a las hendiduras de la montaña que guardaban los filamentos -47- de plata «en hebras tan gordas como el dedo» al decir de . Bautizo de amor lujurioso y violatorio. Las denominaron «Margarita», «Buscona», «Moladera», «Flamenca», «Zapatera», «Antoña», «Ruiseñora», «Cautiva», «Emperatriz», «Hallada», «Rosario», «Pedrera».
Otros más piadosos prefirieron acudir al santoral cristiano: «San Juan de la Pedrada», «Santa Rosa de Viterbo», «Santa Catalina», o «Vera Cruz», «Tres Cruces», etc.
El mineral mezclado con la roca era dividido en trozos que pudieran ser guardados y transportados en bultos cargados a la espalda. Se llamaba «labor a pozo» cuando se perforaba directamente hacia abajo; «labor a frontón», cuando se perforaba de frente, «labor a chinón», cuando se perfor

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