ALONSO RAMOS GAVILÁN. HISTORIA DÉ COPACABANA. Алонсо Рамос Гавилан. История Копакабаны.


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la fertilidad, las aguas, población y temperamento, ni porque goza la ex-
celencia, y privilegio de Rodas, que es la primera que el Sol en saliendo
baña y donde estuvo el Coloso, uno de los siete milagros del mundo, sino
por el mucho caso que de ella hicieron los Incas señores del grande y opu-
lento Perú, y la infinita sangre que allí derramaron de niños inocentes ofre-
cida vanamente, con exquisitas y extraordinarias ceremonias, que cierto
pone admiración y causa espanto lo que los antiguos afirman, si todo mere-
ce crédito. Como quiera que a mi no me pasa por el pensamiento escribir
en este libro sino aquello que muy creíble fuera, y por lo menos no se vis-
tiere de evidencia, o probabilidad, porque no pretendo con vana ostenta-
ción ni parlero lenguaje entretener gustos ajenos, ni con menoscabo de la
verdad, despertar lisonjeras lenguas, ni vender por cierto lo que no se pu-
diese empeñar por tal. Digo en la naturaleza de las cosas, que en lo que
es milagroso son sobre la facultad de ella, y en eso no se debe atender a lo
que Dios puede, y suele hacer en orden al aprovechamiento nuestro y Igle-
sia suya.
Volviendo pues al intento digo, que habiendo visto la isla, pasando
gran parte de ella, y aún rodeándola por el agua en una balsa, hallé que
podía escribir y tratar de ella como quien la ha visto, y como testigo, cual
el derecho dispone para que haga fé.
Nuestra isla tiene de longitud casi dos leguas, y otras tantas de tra-
vesía, y según las ensenadas que son muchas, tendrá toda seis leguas,
poco más o menos de box, su temple es mejor que el de Copacabana, tie-
ne en pocas partes agua, pero es bastante y buena. La arboleda que en
ella hay que es mucha dicen los Indios ser toda puesta a mano por orden
del Inca, creo se engañan en esto como en otras cosas, porque otras islas
hay que la tienen, sino es que en todas ellas se hubiesen plantado por
mandato del mismo Inca, que en esto y en otras cosas fue diligentísimo y
curioso. Acuerdóme que en la Provincia de los Omasuyos, donde la obe-
diencia me ocupó en doctrinar a los Indios en un pueblo llamado Ayri-
guanca, me mostró un Indio muy viejo una mata que daba unas hojas muy
pequeñas de las cuales usaban los Indios en lugar de tabaco, y moliéndolo
tomaban, que comunmente se suele llamar topasayre, y me certificó, que
por mandato del Inca de partes muy lejanas se había traído aquella mata,
y no se da en otra parte de aquella Provincia.
Lo que el Inca hizo plantar, y es cosa cierta son unas estacas de
molles y alisos, que aún duran hoy día, de donde y de otras experiencias
se conoce bien la mejoría y ventajas, que hace en temple Titicaca a los de-
más del Collao. Tiene fuera de lo dicho, playas muy apacibles, tanto que si

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en ellas hubiera arroyos de agua, fuera de gran recreación, porque algu-
nas hay de arena blanca tan cristalina que lleva tras sí la vista, convidán-
dola a regocijo notable. De estas playas autorizó el Inca algunos con suntuo-
sos edificios de casas, torres, y ordenados asientos, bien como manifestan-
do el gusto, y placer que su ánimo en aquellos lugares recibía.
En una de estas playas vecina a la peña Titicaca, intentó el Inca
sembrar una chacra de Coca para el Sol.
Es la Coca planta tan delicada y achacosa, que quiere temple cálido
y húmedo, junto con esto es tan vendible entre los Naturales que el trato
de ella ha enriquecido y enriquece a muchos hombres, es de tanta estima
acá entre los Naturales, la Coca, como en México el Cacao, porque tam-
bién les sirve de comida, y con el zumo de ella se sustentan, y así algunos
Indios viejos la traen en la boca. Pues para que esta planta se diese en la
Isla hizo el Inca a gran fuerza de brazos, y trabajo ahondar la tierra y dar-
le el posible abrigo, y aunque con mucha dificultad, él casi saliera con su
intento, porque la Coca prendió, mas como el artificio era tan violento no
pudo permanecer, y al mejor tiempo vino de romanía lo alto del cerro, y
soterró la mal lograda sementera, con cantidad de gente, según algunos di-
cen, con lo cual el Inca cesó de su dificultosa demanda. Sintió en el alma,
no poder salir con ella, mas suplió esta falta con sacrificar algunos niños,
y con ofrecer la sangre de los soterrados, cuyo miserable fin dio por bueno,
y lo aplicó en orden del holocausto, con que le pareció templaba aquel su-
ceso desgraciado. No he podido averiguar cual de los dos Incas intentó
hacer esta sementera, mas todo lo que es edificio se pone a cuenta de Topa
Inca, padre de Guayna Capac. Grandes patrañas y novelas se cuentan de
esta isla, como que toda ella la cercaba una monstruosa culebra, que era
guarda suya. Creo entendían por esta culebra el agua que la ciñe, o por
ventura algunas fantásticas visiones, o apariciones que el padre de la men-
tira hacía en presencia de los simples Indios, para tenerlos siempre encarce-
lados y ciegos en su ignorancia, y sujetos a su obediencia.
CAPITULO VI
EL MODO QUE GUARDABAN DE SACRIFICAR LOS NIÑOS
El Demonio, Ángel de tinieblas, que siendo en sus principios, la más
hermosa criatura que Dios había creado, y perdiendo por su culpa el bien
que gozan sus compañeros, cayó desde el cielo como rayo, y vive en tor-
mentos eternos con rabia mortal contra Dios, y contra el hombre. Contra
Dios, porque le hizo a su parecer agravio, contra el hombre porque le mira
con ojos de ocasión de su caída. Y así como opuesto de Dios camina por
pasos contrarios. Dios procura al hombre para bien y remedio del mismo
hombre; el Demonio también le procura, mas es para daño y destrucción
suya, y para dar a entender esto el glorioso San Isidro usa de la metáfora
del diamante y de la piedra imán, poniendo las propiedades de levantar el
hierro: pero de tal suerte dice el Santo, que si ambas atraen el hierro que
tocan, pero con esta diferencia, que tocada la piedra imán del diamante
queda destituida de poder levantar ni atraer a sí hierro alguno, por haber-
se alzado con toda la virtud el diamante. De donde viene a inferir el santo

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P. ALONSO RAMOS GAVILÁN

glorioso que por el diamante debemos entender a Cristo, Señor nuestro, o
a la Virgen Santísima, su Madre; y por la piedra imán al opuesto Caristo,
que es el Demonio, o al mundo porque los unos, y los otros tienen virtud
de atraer almas para sí. La Sacratísima Reyna de los Angeles con sus con-
tinuas intercesiones, como Madre de pecadores intercede por ellos, y les
pide la gracia y Cristo la concede, juntamente con su gloria, "Gratiam & glo-
riam dabit Dominus" (Psalm. 83). El mundo atrae a deleites y contentos. El
Demonio a infierno y tormento. Y así viene muy bien que el hierro sea
jeroglífico del hombre, tras cuya alma andan Dios y el Demonio, pero con
tal diferencia que después que el diamante. Cristo, a guien con este nom-
bre llamó Amos, según la traslación de los 70, cuando dice que vio un Va-
rón, respondiendo a la pregunta "Quid tu vides Amos" (Amos. 7). Dijo "Vi-
rum". Veo un Varón, leen los 70: "Adamantem ego video". Veo un diaman-
te. Este pues atrajo a sí el hierro del hombre, que como pesado plomo se
iba sumergiendo en las aguas, "Sicut plumbum in aquis vehementibus"
(Exod. 15). Figurado también en aquel hierro del milagro de Helifeo (A reg.
6), que al golpe que dio un leño en las aguas donde estaba escondido, se
levantó juntándose al astil, que no fue sino una figura de lo que sucedió
a este Divino diamante con el hombre miserable, que sepultado en sus tra-
bajos, arrojándole Cristo el palo de su Cruz le sacó fuera uniéndolo y jun-
tándolo a sí. Como lo dijo por San Juan. "Cum exaltatus fuero a térra omnia
traham ad me ipsum" (S. Juan, 12). Y aún fue el traerlo a sí con aquella ma-
ravillosa diferencia, que dijimos, porque allí en la Cruz: "Mors, & vita duello
conflixere mirando", la muerte y la vida. Cristo y el Demonio se juntaron
a batalla, y se dieron toques fortísimos por el hombre, y de esta junta y
toque, resultó quedar el diamante Cristo con una inefable virtud de atraer
hombres. "Propterea quod laboravit, videbit semen longaemum", y la virtud
del demonio desflaquecida y debilitada, como lo dijo San Lucas en su un-
décimo capítulo, donde (para que entendiésemos lo mucho que el demonio
podía en el mundo, antes de la venida del Hijo de Dios, y su muerte y lo
poco que después de ella puede) lo introduce, como a un Alcaide de una
fortaleza, que con grande paz y sin contradicción la tenía enseñoreada y
a su voluntad la gobernaba, hasta que vino otro más fuerte y valeroso Ca-
pitán a combatírsela y éste le privó de su antigua posesión, le quitó des-
pojos y todas las armas y poder en que antes confiaba. Y en aquél virginal
cántico de la Magníficat, nos anuncia la soberana Virgen María, con gran
certeza, como el demonio con sus secuaces, había de ser derribado de su
silla y potestad; y que los pobrecitos figurados en el hierro habían de ser
en la iglesia de Dios ensalzados. "Deposuit patentes de sede, & exaltavit
humiles". (Luc. 7, Psalm. 33). Desde entonces, pues quedó tan rendido el de-
monio y tan sin fuerza que si los hombres no le siguen y se van tras él,

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