ALONSO RAMOS GAVILÁN. HISTORIA DÉ COPACABANA. Алонсо Рамос Гавилан. История Копакабаны.


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bres, pero en ninguna manera hagan mal a las Vírgenes, miren por ellas.
En el asiento de Copacabana, en el cerro llamado Llallagua, donde
se vé hoy día la ermita de Santa Bárbara, al pie del, como bajamos a la
laguna en frente de Pomata había un cercado, que llaman Taguakouyo, don-
de recogían las Vírgenes que sacaban de la isla, señaladas para el sacrificio,
y para el tiempo que se había de hacer, las ponían en unas balsas muy com-
puestas, y las llevaban donde se había de hacer la víctima sangrienta al
Sol o a la Luna. Procuraban que no fuesen de mucha edad y las más her-
mosas, llevándolas curiosamente vestidas. Y tres meses antes del sacrificio,
las hacían los ministros ayunar, dándoles moderadamente de comer, obligán-
dolas a que se abstuviesen de sal, ají y carne, a este ayuno o abstinencia
acudían también los del pueblo, privándose de todo regalo, aguardando su
solemne fiesta del Capac Raymi, que de ordinario por lo que se ha visto,
se suele encontrar con la solemne, que nosotros celebramos del CORPUS
CHRISTI. Otro caso no menos memorable, que el que ha poco referimos, se
me ofrece para prueba de que algunos Indios Caciques, allá en sus retretes
con el secreto a ellos posible, siguiendo los pasos de sus mayores, consa-
gran y dedican vírgenes a sus falsos dioses. Por el año 1598, en el Corregi-
miento de Caracollo, distrito de Sicasica, buscando Pedro Franco, unas mi-
nas (ya tarde, cansado del trabajo) llegó a unas sepulturas para hacer noche
allí, y entre ellas vio una que se señalaba por ser mayor que las otras, y
oyó en ella un quejido lastimoso que le estremeció las carnes, y de ahí
a un rato, otro y viendo que iban en aumento, alcanzándose a otros, cono-
ciendo ser humanos se acercó a ella y hallóla recién tapiada, abrióla con
una barreta que llevaba y alió una niña hermosísima de edad de diez años,
que estaba ya en lo último, porque tres o cuatro días había (según declaró)

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que la habían puesto allí los Curacas de Sicasica, ofreciéndola a sus vanos
dioses, sacóla y regalóla de manera que volviese en sí y vivió mucho tiem-
po, de que hay gran noticia por ser público. El origen de estas Vírgenes de-
dicadas al Sol, fué desde Pachacuti Inca, y en Copacabana desde Topa
Inca padre de Guainacapac.
CAPITULO XX
DE OTRAS COSAS QUE HUBO EN COPACABANA Y DEL BUEN GOBIERNO.
QUE TUVO EL INCA, TODO A FIN DE QUE SE SIRVIESE BIEN EL
ADORATORIO DEL SOL
Era tanta la gente que de todo el reino sujeto al Inca acudía a este
adoratorio, que mandó se hiciesen hospederías públicas donde se recogie-
sen los peregrinos. A estas hospederías (que eran unos galpones grandes)
llaman acá en el Perú comunmente tambos, y a los que se hacían para los
que acudían a los adoratorios, nombraban corpaguasi, que suena lo mismo,
que en nuestro vulgar, casa de peregrinos, donde eran regalados, mientras
duraba el tiempo de su romería. Viniendo de Yunguyo, llegaban primero a
Copacabana, donde cada uno era regalado, según la calidad de su perso-
na, dándoles lo necesario de comida y bebida, y si eran pobres se les daba
algún vestido. Para esto tenía el Inca, en el lugar de Loca, media legua de
Copacabana, unas alhóndigas o graneros, que los Indios llaman coicas, don-
de se recogía toda la comida, así para el sustento de la gente de guerra
como para los ministros de los templos, y para los peregrinos que a ellos
acudían, de estos depósitos se ven alrededor de Copacabana, por las faldas
de los cerros.
Saliendo de Copacabana, en prosecución de su romería, cualquier
peregrino era fuerza, pasar por otras dos hosterías, que estaban en el ca-
mino antes de llegar a Titicaca, donde de la gente que para este ministerio
que allí estaba, eran recogidos y regalados. Es común opinión entre los In-
dios, que en todos los depósitos, se recogían gran suma de maíz y otras le-
gumbres, y mucha cantidad de charque (que este nombre tiene la cecina, a
que no acosumbran echar sal).
Para que se evitasen pecados más graves, conociendo la mala incli-
nación de los Lupacas (gente muy dada a deshonestidad) ordenó el Inca,
que en Copacabana hubiese lugar señalado para algunas mujeres hermo-
sas, puestas en custodia, para aquellos que quisiesen casarse, sin la acos-
tumbrada ceremonia, respecto de su pobreza. El Gobernador conforme los
servicios y calidad de los postulantes, les daba la mujer o mujeres que
pedían, dando orden en que se ocupasen en algún ejercicio para poder pa-
sar la vida.
Era grande el cuidado, que el Inca mandaba poner, en que se cas-
tigase aquellos que eran flojos, remisos y descuidados, en las cosas tocan-
tes al servicio y culto de sus vanos dioses. A todos aquellos que cometían
graves culpas, los ajusticiaban luego, o llevaban al Cuzco, donde tenía sus
leoneras y allí echaban a los delincuentes, para que fuesen comidos y des-
pedazados de aquellos fieros animales. Esta pena se solía también ejecutar
en aquellos que inquietaban a las Vírgenes dedicadas al Sol.

HISTORIA DE COPACABANA

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El Gobernador que residía en Copacabana era de la casa Real del
Inca, inmediato a su persona, tema el asiento tan sujeto, que así los mo-
radores, como los forasteros y los que acudían a visitar los templos del
Sol y de la Luna y de otros ídolos, no se atrevían a embriagarse en días
particulares. Tampoco usaban hurtar ni aún cosa de muy poco valor, por-
que entre ellos el hurto era gran delito; así por la infamia en que se incu-
rría como por los grandes castigos, que contra los tales se ejecutaban, y así
cualquiera, con seguridad podía dejar, en su casa o chacra lo que tenía. No
se atrevían a reñir unos con otros, porque el castigo era, contra los pen-
dencieros, riguroso.
Andaba el Gobenador en traje de Inca, solamente se diferenciaba
del verdadero señor y Rey de ellos, en traer la borla a un lado, que solo
al Inca pertenecía traerla sobre la frente. Este cuidaba que todos viviesen
bien, sin hacer uno agravio a otro, traía siempre la gente bien ocupada y
en tiempo de sementeras, hacía que se ayudasen y esta es la causa por-
que sembraban tanto. Cada Gobernador en la Provincia, o lugar que era
a su cargo, hacía lo mismo, procurando que no estuviesen ociosos los indios.
Era orden del Inca dar comida y vestuario a los chasquis o correos,
que tenía así en Copacabana, como en otros lugares para el aviso breve
de las cosas que sucedían. Estos eran muy estimados del Inca, que por go-
zar de sus favores, procuraban desde niños, darse a los juegos Olímpicos, en
que los Gobernadores del Inca, solían ejercitar a los muchachos con pre-
mios que se les señalaban.
Sábese de cierto, que algunos de estos correos, que tenía así en Co-
pacabana, como en otros lugares para el aviso breve de las cosas que suj
cedían. Estos eran muy estimados del Inca, que por gozar de sus favores,
procuraban desde niños, darse a los juegos Olímpicos, en que los Goberna-
dores del Inca, solían ejercitar a los muchachos con premios que se les
señalaban.
Sábese de cierto, que algunos de estos correos, por ganar nombre,
señalándose en ligereza, solían ir desde Copacabana al Cuzco, (distancia
de doce a trece jomadas, en tres o cuatro días) e Indio hubo que en poca
más distancia de tiempo estando el Inca en Tiahuanacu desde el Cuzco, que
como se sabe están más distantes, que el Cuzco y Copacabana, vino a dar-
le cierta nueva de importancia, admirado el Inca de su ligereza, le mandó
sentar diciéndole, Tiay guanaco, que es como si dijera, siéntate gamo, pues
eres ligero como él. De aquí tomó nombre aquel asiento.
Conociendo el Inca, que la gente Lupaca, era lasciva, y deshonesta,
y que gustaba vestirse afeminadamente, usó de grandes castigos para redu-
cirlos a buena policía, y así muchas veces, les quitaba los ganados y co-
midas, para que la necesidad y la hambre los tuviera más oprimidos, y los
inclinase más al trabajo, que por esto dijo el poeta Plauto: "Nam illa omnes
artes perdocet, ubi quem attigit".

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CAPITULO XXI
DE LO QUE HACÍAN LOS INDIOS CUANDO CAMINABAN Y LAS
COSAS QUE ADORABAN
Cosa fue muy usada en todo el Perú, adorar los Indios, cerros, piedras,
peñascos, árboles, manantiales, y lagunas y cualquiera cosa notable que
en los caminos encontraban, y a cada cosa de estas ofrecían sacrificios.
En este pueblo de Copacabana, que fue cabeza de idolatría, y donde más
se ofendió Nuestro Señor, por ser grandes los ritos y supersticiones que en
¿1 se hallaron, hubo gran número de Apachetas, que para declarar que
sean, se ha de notar que usaban los Indios, y hoy en muchas partes no
lo han olvidado muchos, y en particular los viejos, que cuando van ca-
mino, echan en lo alto de algún cerro, o encrucijada algunas piedras donde
hallan algún montón de ellas, y antes de Ueqar a semejantes lugares,
hallan algún montón de ellas, y antes de llegar a semejantes lugares, van
con algún temor y devoción, pidiendo al cerro favor y pasaje próspero. A es-

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