ALONSO RAMOS GAVILÁN. HISTORIA DÉ COPACABANA. Алонсо Рамос Гавилан. История Копакабаны.


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ocioso queda para nada. Desde el principio del mundo mostró Dios la ene-
mistad que a la ociosidad tuvo, pues criando al hombre Príncipe del uni-
verso y dándole un alcázar y casa de recreación como el Paraíso fue con
condición que trabajase. "Ut operaretur, & custodiret illum" (Gen. 2). Bes-
tias ñeras llamó nuestro padre San Agustín los vicios y codicias desorde-
nadas que de vivir holgado aquel pueblo, y en descansado ocio nacerían,
que despedazacen sus almas. Y la deshonestidad su principio tuvo en el
ocio, y aun Ovidio lo conoció, así vino a decir:

"Quam platanus rivo gaudet, quam populus vita,
tam Venus otia amat".
Y no hay que dudar sino que enfrena a los vicios la ocupación, bien
lo dijo ese otro poeta Gentil en su versito: "Otia si tollas, periere Cupudinis
arcus". Y otro poeta cristiano dijo agudamente:
"Semper agas aliquid, corrumpunt otia mentem,
Desidia est causa omnis, caput; mali".
De los malos entendimientos de estos indios no hay que buscar cau-
sa, estando tan a la mano su ociosidad, en cuya compañía aún, las grandes
ingenios han peligrado. Con agudeza lo dijo Ovidio en la elegía XIII, del
lib. 5 de Tristibus.

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"Adde, quod ingenium, longa rubigine lassum
Torpet, & e multo quam fuit ante minus,
Fertilis asiduo, si non renovetur aratro,
Nil nisi cum spinis gramen habebit ager,
Vertitur in teneram rariem, rrmiso; dehiscet
Si qua diu solitis cima vacabit aquis".
Esta es sentencia verdadera, y en esto concuerda todos los doctores,
y no hay que dudar sino que en este vicio está toda nuestra perdición, bien
claramente lo dice y afirma S. Laurencio Justiniano: "Si ut aqua quae caret
decurso, aciacet in foveis putrecit, ac humano usu aliena eficitur, reple-
turq; animalibus venenatis, & noxiis, ita & corpus oüitabe confectum, concu-
piscentiam camalium parit in sanam". (Lib. 4 de perfect. graduum.). Todos
los doctores están de este sentimiento, en especial San Crisóstomo en la
homilía 16, sobre la epístola ad Ephesios, y Nuestro padre San Agustín en
el libro de vera religione cap. 35 y las letras humanas están tan mal con
la ociosidad que no acaban de condenarla y a cada paso hallamos sen-
tencias que la reprueban; volviendo pues a la llanada de Titicaca, de don-
de salimos, digo que en aquesta pampa o llanada se han hallado muchos
ídolos de oro y vasos curiosos de barro con otras menudencias del tiem-
po antiguo, vense las catas que se han dado por buscar los tesoros que en
sus sepulcros enterraban los indios, está ya la pampa con el tiempo cubier-
ta de mucha maleza, en especial de icho o el pasto de la tierra. Al lado
derecho, como a treinta pasos de la peña a lo descubierto hacia el medio
día están las casas del Sol, del trueno y del relámpago, a quien los Indios
respetaban mucho. Más adelante de ellas, en la barranca que cae en frente
del camino (entre Juli y Pomata), está la despensa del Sol, que si el tiempo
no la hubiera desbaratado, tenía la vista en que entretenerse en sus edificios,
y traza, que era como un laberinto, por los innumerables retretes que tenía,
que los Indios llaman Chingana, que quiere decir, lugar donde se pierden.
Tiene en medio un vergel con su alameda de alisos cuya continua frescura
sustenta un dulce manantial de agua, que allí revienta. A lo sombrío de es-
tos árboles labró el Inca unos curiosos baños de piedra para el Sol, y su
culto: otros edificios hay hacia las vertientes de la isla, que miran al cami-
no de Omasuyo, a todo esto se entra por aquella puerta ya dicha, Kentipun-
cu, que está doscientos pasos antes de la peña, donde el Inca se descalzó
la primera vez, que allí puso los pies y ha de advertirse, que no porque allí
hubiese puerta se descalzó, antes porque hizo aquel acto de devoción, edi-
ficaron la puerta, al lado derecho de la cual se ve ciertos caserones, que
eran en aquel tiempo casas de habitaciones de los ministros del Santuario,
y de las vírgenes dedicadas al Sol. Poco adelante (pasada la puerta) pare-
ce una peña viva, sobre que pasa la senda hacia el falso santuario; en esta
peña están los rastros de pies humanos, de que ya hemos tratado. Antes de
llegar a este adoratorio, se había de pasar por tres puertas, que distaban las
unas de las otras poco más de veinte pasos; la primera se llamaba Puma-
puncu, que suena lo mismo que puerta del León porque había allí un León
de piedra, que decían guardaba la entrada, y en ésta antes de pasar, se
hacía una expiación de pecados, confesándolos al Sacerdote que allí re-
sidía.
La segunda puerta tenía por nombre Kentipunco, por estar matizada
toda de plumas de tominejos, a quien ellos llaman Kenti, aquí volvían de

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nuevo a confesarse con otro Sacerdote que guardaba aquella puerta, este
aconsejaba a los peregrinos fuesen con devoción si querían ser favoreci-
dos del Sol a quien iban a adorar.
De la tercera puerta era el nombre, Pillcopuncu, que fuera puerta de
esperanza, estaba adornada con plumas verdes de un pájaro muy estimado
que se trae de los Chunchos llamado Pilleo, que hace muchos visos, en
esta puerta que era la última, el Sacerdote que custodiaba ella, persuadía con
gran eficacia al peregrino, hiciese muy riguroso examen de conciencia, por-
que no había de pasar teniéndola agrabada, y sí hacía otra reconcilia-
ción con el Sacerdote para esto dedicado. Buena lección para los indevotos
caminantes y peregrinos, que ni aún en días de precepto quieren oír la
misa, y qué afrenta general para aquellos que de año en año y esto forza-
dos hacen su confesión a vuela pie, gastando mucho tiempo en cuentas de
dos maravedís de hacienda recanteando un rato para ajusfar las de su alma.
CAPITULO XIV
DE LOS SACRIFICIOS QUE USO EL INCA Y DE COSAS MUY NOTABLES
ACERCA DE LA IDOLATRÍA
Los ídolos más conocidos entre los Indios, fueron el Sol, Luna y estre-
llas, truenos, rayos y las aguas, pareciéndoles tenían poder supremo sobre
la naturaleza, y acontecióles a aquestos miserables lo que dice el glorioso
Santo Tomás, suele a los rústicos que van a la corte, con deseo de ver al
Rey, y entrando en palacio, no ven Príncipe acompañado y lucido que no
piensen que es el Rey. Así mirando aquestos Indias al Sol, Luna, estrellas,
al mar, a la tierra, truenos y relámpagos como a supremos señores los ve-
neraban y adoraban con sacrificios. Han sido tan dados estos a la Idolatría
que hasta hoy tienen bien en que entender los Sacerdotes, y curas de ellos
porque apenas hay quien no quiera favorecer sus antiguos ritos, persuadi-
dos algunos que tienen cumplido con la ley santa, bautizándose, tomando
la ceniza a su tiempo y guardando otras ceremonias de la Iglesia Santa,
y que cumpliendo con esto pueden acudir sin escrúpulo de consciencia a
cosas de su antigüedad, para lo cual no faltan dogmatizadores que con ce-
lo de sus paternales leyes pretendiendo la conservación de ellas, acriminan
la impiedad que a su parecer cometen los que de golpe las olvidan, pues
las heredaron de sus progenitores y mamaron a los pechos de sus madres
y aprobando la ley cristiana no reprueban la de su antigüedad aunque es
verdad que en público la condenan, pero en sus bailes siempre se acuer-
dan de ella, dando a entender que así les conviene acudir a ésta, de cuan-
do en cuando, como siempre a la observancia de aquella. Esto se descu-
brió mucho en la ocasión pasada de la peste de viruela del año de mil
y quinientos y ochenta y nueve pues como bárbaros y no bien enterados
en las cosas de nuestra Santa Fe Católica, acudían con ceremonias y sacri-
ficios a encomendarse a los ídolos, deseando alcanzar remedio de sus ma-
les. En esta peste general cierto Religioso del Orden de nuestro Padre San
Agustín, cerca de la Ciudad de Guanuco descubrió muchos ídolos a quienes
acudían en aquellos trabajos, este fue negocio público y bien sabido en
la real audiencia de Lima, donde estimaron en mucho aquellos señores los
males que nuestro Religioso atajó con su predicación, desengañándoles del

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error que estaban, persuadiéndoles que a solo Dios habían de acudir para
alcanzar el remedio que pretendían como el mismo Señor lo dice en el libro
cuarto de los Reyes, (4 Reg. cap. I) y en otras partes de las divinas letras.
Por ventura falta Dios en Israel? por qué acudir a consultar los Dioses de
Accaron? Acertados andaban los cristianos, que con procesiones y sacri-
ficios procuraban aplacar la ira de Dios, que es el verdadero camino (como
dijo su Majestad) en los que buscaban de otra parte la salud. "Numquid re-
sina non est in Gallaad? aut medicus non est ibi? (Hiere. 8). Por ventura no
hay resina en Galaad? o falta médico allí?
Todos aquellos lugares que están distantes de Copacabana, duran
en sus idolatrías; esto consta por lo que sucedió poco antes que se dividiese
el Obispado del Cuzco, cerca de Castrovirreina, en unos pueblos que lla-
man Chupamarca (en la Provincia de los Yauyos). Y en Guacra, donde
el Reverendísimo Señor Don Fernando de Mendoza, Obispo del Cuzco, me

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