PEDRO GUTIERREZ SANTA CLARA. HISTORIA GUERRAS CIVILES DEL PERU (1565). Педро Гутьеррес де Санта Клара. История Гражданских Войн в Перу

Педро Гутьеррес де Санта Клара. История Гражданских Войн в Перу (1544-1548).
PEDRO GUTIERREZ SANTA CLARA. HISTORIA GUERRAS CIVILES DEL PERU (1544-1548)
Y DE
OTROS SUCESOS DE LAS INDIAS
Por
PEDRO GUTIERREZ SANTA CLARA

1565

TOMO TERCERO

MADRID
1905

CAPITULO PRIMERO
DE COMO EL MAESTRO DE CAMPO FRANCISCO DE CARA-
UAJAL SE PARTIÓ DE LA CIBDAD DE QUITO Y POR SUS
JORNADAS CONTADAS LLEGÓ Á LA VILLA DE SANT MI-
GUEL, Y DE LAS COSAS QUE EN ELLA HIZO EN SBRUI-
CIO DE GONZALO PIQARRO, Y DE OTRAS COSAS QUE
PASSARON

Auiendo Francisco de Carauajal, Maestro de
campo de Gonzalo Pi^arro, tomado todo quanto
auia de lleuar para proseguir su jornada, se partió
de la cibdad de Quito muy arrogante y soberuio,
como atrás queda dicho, con solos diez arcabuze-
ros bien armados y en buenos cauallos y muías que
les dieron, porque estos eran hombres hechos muy
a su proposito por ser muy buenos ministros y re-
boluedores. Pues yendo este hombre por sus jor-
nadas contadas y de pueblo en pueblo llego a la
villa de Sant Miguel, en donde le salieron a resce-
bir los vezinos que auia en ella, los vnos por con-
graciarsse con el y por ganalle la voluntad y por
tener su amistad, aunque el no la tenia con ningún
bueno. Y los otros de miedo que le tenían, porque
le conoscian que era hombre cruel y furioso; y
assi fue lleuado a que se apossentasse en las casas

de Juan Gines el Rubio, que estauan ya aderesca-
das para el, y ajli se apeo con los soldados que
traya, Antes que entrasse por la casa, estando en
la puerta de la calle mando con apariencia de bue-
na crianza, aunque falsa, a seis vezinos y regido-
res de aquella villa, que se quedassen alli vn rato
con el, porque les quería dezir ciertas cosas que
Goncalo Picarro su señor le auia mandado les di-
xesse. Y por otra parte despidió con buena enan-
ca y cortesía, desde la puerta, a todos los que le
auian salido a rescebir, diziendoles, con el sombre-
ro en la mano: Señores, vuestras mercedes se va-
yan a descansar y a comer a sus casas, que ya es,
tarde; y ellos se fueron, despediéndose del, y con
esto entro en la possada con los suyos. Y como era
ya tarde se assento a comer con los doze soldados
que truxo de Quito, a vna mesa, y después de auer
comido con muestra de gran plazer, mando secre-
tamente cerrar las puertas de la calle y se metió
con sus ministros en vnapossentolleuando tras si á
los seis regidores, y estando ya dentro les hablo y
dixo con vna voz ronca y braua lo siguiente:
El Gouernador mi señor tiene grandissima
quexa de vosotros los regidores, y esto es con mu-
cha razón, porque aueis sido siempre sus contra-
rios, y en todo aquello que se le ha offrescido no
le aueís querido acudir, ni a le dar fabor y ayuda,
antes os aueis mostrado por sus enemigos morta-r
les, porque quando os Uvo menester no le soco-
rristes como era justo. La principal quexa que de
vosotros tiene es por auer acogido en esta villa a
Blasco Nufiez Vela, faboresciendole y proueyen-

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dolé en todo aquello que uvo menester para engro-
ssar su exercito y para yr contra las cosas del Go-
uernador mi señor que ha deffendido y deffiende
vuestras vidas, honrras y haziendas y los reparti-
mientos que tenéis. No contentos con esto, agora
de nueuo y de poco tiempo a esta parte aueis es-
cripto muchas cartas a Blasco Nuñez Vela, que se
yntitula falsamente de Visorrey, no lo siendo, dán-
dole muchos auisos de lo que passa en la tierra,
especialmente de lo que se haze en el exercito del
Gouernador mi señor. En todo lo qual lo aueis
hecho muy mal, y esto no se esperaua de vosotros
que tal cosa no hizierades, sino que se tuuo enten-
dido que pussierades las vidas y las haziendas por
quien ponia por vosotros la persona, vida y la ha-
cienda por redemir la vexacion en que os ponían y
dexaros quietos y paciíñeos en vuestras casas.
Considerando yo estas cosas, de como lo auia-
des hecho tan mal, tenia determinado mandar se
diesse saco mano a esta villa y destruylla a fuego
y a sangre y no dexar a vida al chico y al grande,
sino hazellos matar a todos por vuestra causa, y
por ciertos respectos que no quiero dezir lo he de-
xado de hazer, en especial porque no me tengáis
por cruet y mal xpiano. Y también lo quería man-
dar hazer porque tengo creydo que la gente co-
mún y popular y los soldados que siguieron al Vi-
sorrey, no (1) lo hizieron por lo que ellos preten-
dían en auer algún ynteres, sino porque vieron que
vosotros los regidores lo haziades en seguir su

(I) Us.yne.

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partido, los quales soldados hizieron muchos daños
y males en los que seguían la buena opinión del
Gouernador mi señor. Por esto y por otras causas
y razones he determinado de perdonar a los que
poco pueden, y hazer abaxar la contumacia y co-
lera de los soberuios, que soys vosotros los regido-
res. Y también porque soys vosotros las cabecas
mas principales, meresceis por ello mucho mal y
gran castigo que sea exemplar, por vuestras tray-
ciones y maldades, el qual entiendo de os dar bre-
uemente para que sea en vosotros el castigo, y a
otros exemplo para que de aquí adelante biuan
muy bien siruiendo a Goncalo Picarro mi señor.
Dichas estas palabras mando a todos los seys
regidores que se conffessassen, porque luego auian
de morir, y ellos comentaron muy humillmente,.
aunque en vano, a desculparsse, poniéndole por
delante los muchos y grandes seruicios que auian
hecho a Goncalo Picarro antes que entrasse en la
villa, y como todos ellos tenían su buena opinión
y le eran muy afficionados. Y también le truxeron
a la memoria de quando rescibieron las prouissio-
nes de Goncalo Picarro y no quissieron ver las
del Visorrey, y en lo que tocaua a las cartas que
dezía que ellos auian escripto a Blasco Nuñez Ve-
la* que estauan ynocentes de aquel peccado, por
quanto ellos ni otros por ellos las auian escripto.
Y si agora auian seruido algunos pocos de dias a
Blasco Nuñez Vela, que no lo auian hecho de su
propia y espontanea voluntad, sino que fueron
para ello constreñidos y toreados, porque cada
día los amenazaua con la muerte, y que no se

auian huydo por no desamparar a sus mugeres,
casas y haziendas en poder de los soldados. Y
también porque tenían entendido, como era assi,
que en cosa alguna no auian herrado, porque ser-
uian a Su Magestad, como todos hazian; mas empe-
ro que por la passion de Jesu Xpo los perdonasse
con clemencia, que mejor le siruirian estando bi-
uos, con sus haziendas y personas, que no en otra
manera. Y porque vssasse con ellos de misericor-
dia le darían gran summa de dineros, para que los
soltasse sanos y libres y sin lision alguna, y assi le
dixeron otras muchas cosas de gran humillación y
puestas las rodillas en tierra, y Francisco de Ca-
rauajal como lobo rauioso y cruel no los quiso
oyr, y por esto se conffessaron con vn clérigo que
el mismo traya en su compaflia. Dende a vn rato
mando sacar a vno de los regidores y le hizo
dar garrote dentro de otra cámara donde le auian
metido, porque lo auia mandado conffesar prime-
ro, y este mismo fue el que auia dado la yndustria
y manera de como se abriesse vn sello Real con
que después el Visorrey y el Oydor Juan Aluarez
solían por Audiencia despachar las prouissiones.
Luego se divulgo por toda la villa de como el
Maestro de campo tenia encerrados seys regido-
res para les cortar las caberas porque auian se-
guido la parte de Blasco Nuñez Vela, por lo qual
muchos hombres que auian militado debaxo de su
vandera se salieron secretamente della y se fue-
ron a esconder por las huertas y heredades de los
vezinos, y otros se escondieron por otras diuersas
partes. Las mugeres destos seys regidores, quan-

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do supieron que sus maridos estauan en tan gran
peligro, fue muy grande la pena y dolor que sin-
tieron, y luego como desatinadas se fueron con
presteza al monesterio del Señor Sancto Domingo
y llamaron a dos frayles de buena vida que allí re-
sidían, para que rogassen por sus maridos. Y ellas,
cubiertas de luto, se fueron con los frayles a casa
de Francisco de Carauajal y entraron por vna
puerta falsa que hallaron abierta, porque los de la
guardia no auian mirado en tanto que por ella sa-
lto la triste nueua de lo que el carnicero quería
hazer. Subiendo las mugeres llorosas al apossento
de Francisco de Carauajal, se pussíeron de rodi-
llas delante del, suplicándole con grandes lloros y
gemidos que por amor de Dios y de Nuestra Se-
ñora se apiadase dellas y de sus hijos y concedie-
sse las vidas a sus maridos, y los frayles le habla-
ron muy humillmente suplicándole lo mismo que
concediesse las vidas de aquellos miserables hom-
bres. Dando y tomando y replicando en ello, en fin
al tin, apiadandosse de las mugeres, especialmente
teniendo respecto a los frayles, otorgo las vidas a
los cinco regidores, que se tuuo en mucho porque
tenían creydo que no les concedería cosa alguna,
y el cuerpo del difunto entrego a su muger para
que lo enterrasse, y ella y los cinco regidores le
rindieron muchas gracias [de] lo que por ellos auia
hecho, y los frayles se lo agradescieron mucho y
se fueron a su monesterio. Con tal aditamento fue
el perdón hecho, que los cinco regidores saliessen
de la villa y de toda [suj jurisdicion en perpetuo
destierro, y les quito los repartimientos que tenían

9

y condeno a cada vno dellos en quinientos duca-
dos de buen oro para la espedicion y ayuda de la
guerra que yua hazer a Diego Centeno. Estos di-
neros se cobraron luego de los cinco regidores y
de la viuda, aunque les peso dello grandemente, y
también la viuda dio los dineros porque le querían
quitar el pueblo que su marido tenia, y estos dine-
ros prestaron los mercaderes por les hazer buena
obra; de manera que fueron tres mil ducados los
que tomo y robo este salteador de campos y po-
blados. Esta era la pretenssion que Francisco de
Carauajal lleuaua para hurtar y robar por fuerza
a diestro y siniestro todo quanto dinero pudiesse
hallar; y los cinco regidores fueron a cumplir sus
destierros, porque el cruel tirano auia mandado y
auissado a las justicias que estauan puestas de su
mano, que si lo quebrantassen los ahorcassen lue-
go. Mas después boluieron a la villa quando el
presidente Pedro de la Gasea vino a recuperar es-
tos estados, y les torno los cargos del regimiento
y los repartimientos de yndios que tenian en enco-
mienda por Su Magestad, y les consolo de la gran
tiranía que auia vssado con ellos el cruel carnice-
ro. Y por no estar occioso ni quieto en sus malda-
des y carnicerías este gran Nerón, a otro dia hizo
vna donosa y diabólica crueldad; digo donosa por
lo que aqui se dirá. Estaua en esta sazón preso en
la cárcel publica desta villa vn Francisco Hurta-
do, vezino del pueblo del Guayaquil, el qual era
muy rico y valeroso en la tierra, el qual auia sido
vn poco de tiempo capitán del Visorrey Blasco
Nuñez Vela y era gran amigo deste Francisco de

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Carauajal. Hase de saber que al tiempo que Juan
de Acosta dio el alcance por la cuesta de Caxas y
por el camino de Quito al Visorrey, se quedo atrás
este Francisco Hurtado, que no le pudo seguir por
falta del cauallo, y los alcaldes desta villa que es-
tauan puestos por el tirano lo prendieron porque
estaua en la comarca, auiendo proueydo alguazi-
lespara que buscassen a todos los soldados de
Blasco Nuñez Vela. Y como era bien quisto y te-
nia allí muchos amigos no lo auian castigado las
justicias de la villa, como lo auian hecho de otros,
ni menos le auian soltado ni dado por libre, de
miedo de Gonzalo Picarro que ya sabia que estaua
preso. Mas con todo esto se andaua passeando por
la cárcel sin prisiones, porque auia dado buenas
ñangas, y algunas vezes se yua a missa, y como
supo de la venida del Maestro de campo se holgó
por ello y tuuo creydo que lo mandaría soltar sa-
biendo de su prisión, y le daría por libre, pues era
su grande amigo. Sabiendo Francisco de Carauajal
como Francisco Hurtado estaua preso, le mando
soltar luego libremente, reprehendiendo mucho a
los alcaldes hordinarios porque lo auian detenido
tanto tiempo en la cárcel, y ellos le soltaron luego
y el fue a dar las gracias a Francisco de Caraua-
jal por tan señalada merced come le auia hecho.
Quando el Maestro de campo le vido venir se fue
a el con los bragos abiertos y lo rescibio amorosa-
mente, mostrándole gran pesar de su tan larga
prisión, haziendole quedar aquel día consigo, com-
bidandole a comer con gran regalo, haziendole
muchas offertas y caricias. Francisco Hurtado se

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hinco de rodillas delante del para le besar las ma-
nos y no lo consintió, antes lo abraco aleándolo de
la mano, y el Hurtado offresciole su persona y bie-
nes y le dixo que se queria yr con él á las Charcas
por le yr siruiendo por el camino, y Carauajal le
dixo que después de auer comido se trataría de
aquel negocio. Pues auiendo ya comido y el Hur-
tado con el, a vna mesa, como amigos, Carauajal
embio a llamar al cura del pueblo, y siendo llega-
do sin saber para que lo queria, se puso ante el y
haziendo entrambos le deuida reuerencia se bol-
uio a su amigo y le dixo con mucha cortesía y bue-
na crianza, con el sombrero en la mano,lo siguien-
te: Señor Francisco Hurtado, yo he sido siempre
gran amigo y seruidor de v. m., como lo sabe muy
bien, y como a tal le saqué de la cárcel y prisión
en la qual auia estado tanto tiempo, haziendole
aquel tratamiento tan bueno que v. m. ha visto.
Hasta aqui he cumplido con la obligación que en
amistad deue Francisco de Carauajal a Francisco
Hurtado, y agora es menester que yo cumpla con
lo que deuo al seruicio del Gouernador mi señor,
y assi no puedo dexar de le hazer cortar la cabe-
ra (1) y por tanto me puede perdonar porque soy
mandado. Aqui esta, señor, el padre cura; v. m. se
conffíesse con el, porque yo no puedo hazer otra
cosa sino lo que me mandan; y el Hurtado, oyen-
do esto, se pasmo y se turbo mucho porque le co-
noscia ser hombre muy cruel, y engañóse por la
amistad que con el tenia, creyendo hallar la vida,

(l) Tachado: a v, m.

12

y hallo la muerte, y al fin dando y tomando el vno
y el otro y después de auerse conf fesado le corta-
ron la cabeca. Hecha esta crueldad salióse luego
a passear por la villa con los suyos, con vn conti-
nente soberuio, y otro dia se fue con gran hincha-
zón a oyr misa a la yglessia mayor y en saliendo
della y estando a la puerta mando apregonar di-
ziendo que el perdonaua en nombre de Gonzalo
Picarro su señor a todos aquellos que auian anda-
do en seruicio de Blasco Nuñez Vela. Y también
hizo apregonar que todos los vezinos, moradores,
estantes y habitantes en la villa, se viniessen a re-
gistrar ante el, so pena de muerte y perdimiento
de bienes, y que cada uno truxesse las armas y ca-
uallos que tenia para que hiziessen demostración
dellas, porque queria ver y saber que gente y ar-
mas y cauallos auia. Los vezinos y moradores que
auia parescieron mas de miedo que de voluntad,
porque dellos vinieron á pie, y poquitos a cauallo,
y mal armados, y todos se pusieron en medio de la
plaga como gentiles hombres. Y como era después
de comer los estuuo mirando vn rato y luego en-
tresacó de todos ellos hasta veinte soldados que le
parescio que eran buenos y abtos para la guerra,
y tomo todas las armas y cauallos que parescie-
ron, para sus soldados y para los que auia de ajun-
tar después en otras partes. Hechas estas cosas se
salió otro dia de la villa para la cibdad de Truxi-
11o con cinquenta soldados, y la vezindad con los
demás quedaron bien espantados y amedrantados,
que tuuieron creydo todos que la cosa passara
adelante y que mandara destruyr toda la villa, co-

13

mo ya se publicaua por toda ella. De manera que
todos ellos quedaron bien escarmentados, y assi
quando le nombrauan se santiguauan del como del
demonio; no me espanto de esto, porque como se
vera en estaobra el fue el mas cruel y endiablado
hombre que uvo en esta tierra, que cierto se pue-
de contar en el numero de los tiranos que*uvo en
el mundo. Partido que uvo desta villa se fue por
su camino adelante a la cibdad de Truxillo, y en-
trando por ella fue rescebido del cabildo y vezin-
dad con demostración de gran plazer y alegría,
aunque con rezelo que les haria algún mal como
lo auia hecho en Sant Miguel, que luego corrió la
nueua de lo que hizo. Lo primero que mando des-
pués de estar bien apossentado fue embiar a Ha-»
mar al capitán Melchior Verdugo, y entre otras
cosas que passaron entre ellos el Carauajal le tra-
to muy mal de palabra y lo quissiera hazer de
obra, porque se auia mostrado mucha parte con
Blasco Nuñez Vela. Y sin duda le ahorcara o le
mandara cortar la cabeca, y assi estuuo muy a
canto de se la cortar, sino le diera, a según las gen-
tes dixeron, de cohecho, dos mili ducados de buen
oro, y con esto le despidió buenamente amones-
tándole fuesse buen amigo y seruidor de Goncalo
Pigarro su señor. En saliendo Melchior Verdugo
de casa del Maestro de campo se fue a la suya y
luego a boca de noche caualgo en vn cauallo, y su
persona bien armada, se fue con vn buen criado
ue tenia a su pueblo de Caxamalca a esconderse,
como supo después que era ya passado adelan-
e, se torno a la cibdad y se aleo con ella y se fue

14

a Nicaragua, como ya tenemos dicho atrás. En
esta cibdad tomo Francisco de Carauajal todo el
oro y plata que hallo en la caxa de Su Magestad y
de los thenedores de difuntos, y tomo prestados, o
por mejor decir, robados, de los vezinos y merca-
deres, cerca de dos mili ducados de buen oro ber-
mejo, a nunca pagar, porque no los lleuasse consi-
go a la guerra, ca hizo vna demonstracion para los
Heuar. Assimismo tomo los cauallos y las muías
que hallo entre los vezinos, y saco desta cibdad
qua renta hombres, a los quales dio lo que u vieron
menester para el camino, y repartió entre ellos
las armas y cauallos que tomo de los ciudadanos.
De manera que Francisco de Carauajal yua ha-
ziendo por este camino todo quanto mal podia y
se le antojaua, como tirano cruel y soberuio, y to-
maua quanto queria sin que nadie le fuesse a la
mano que era cosa temeraria lo que hazia, y con
esto se fue 9, la cibdad de Lima. Quando entró en
la cibdad le salieron a rescebir los regidores y
muchos vezinos con demonstracion que les plazia
de su llegada, y se fue apossentar derechamente a
sus mismas casas, que las tenia muy buenas, en
donde fue muy [bien] rescebido de su muger Doña
Cathalina de Leyton. Después de apossentado, a
otro dia le fue a visitar el theniente Lorenco de Al-
dana con algunos cibdadanos principales y estuuo
alli un rato con el y con su muger, hablando en
buena conuersacion de diuersas cosas, y de alli se
fue á su possada con los que auian ydo con el.
Francisco de Carauajal determino de dar descan-
so a su cuerpo, que venia cansado del largo cami-

15

no que el y los suyos auian traydo, porque ay des-
de Quito a esta cibdad de Lima al pie de quatro-
c rentas leguas, poco mas o menos, y en el entre-
tanto hazer ciertas cosas que mucho Je conuenian
en la presente jornada que Ueuaua contra Diego
Centeno.

CAPITULO II

DE VNA BRAUOSA CARTA QUE FRANCISCO DE CARAUA-
JAL ESCRIUIO A GONZALO PICARRO, Y DE LAS COSAS
QUE EN LA CIBDAD HIZO, Y PARTIÉNDOSE DE AQUI SE
QUISO ALCAR CON ELLA EL CAPITÁN DE LA GUARDIA
DE BLASCO NUÑEZ VELA, Y DE OTRAS COSAS QUE
PASSARON

Después que Francisco de Carauajal uvo lle-
gado a la cibdad de Los Reyes y después que uvo
descansado del largo camino que auia traydo, lo
primero que hizo fue pedir a los officiales del rey
quatro mili ducados de buen oro para gastar alli
en cosas que auia menester para la guerra, los
quales se dieron luego, que no ossaron hazer otra
cosa porque el tirano lo auia escripto a ellos para
que se los diessen y que después los cobrarían de
sus rentas y tributos. Luego otro dia pidió a Lo-
renco de Aldana que le diesse diez arcabuzeros de
los que tenia en su guardia, y el se los dio luego,
y también hizo algunos soldados que auia en la
cibdad, a los quales dio algunas armas y cauallos
proueyendoles de otras cosas que uvieron menes-
ter para lleuar por el camino. Compro assimismo
mucho damasco carmesí y blanco, mucho tafetán

17

blanco, negro, azul, pardo, colorado y amarillo, y
del damasco colorado y blanco mando hazer dos
estandartes, el vno mayor que el otro, con muchos
fluecos y borlas de oro y Seda, que eran entram-
bos quadrados y de buen tamaño. Assimismo de
los tafatanes se hizieron tres vanderas quadradas,
que hasta alli no la auia aleado ni la traya por no
la lleuar enhiesta hasta llegar a la cibdad del Cuz-
co, en donde auia de reforcar su exercito de la
gente que le auia de dar el theniente Alonso de
Toro. Estauan en esta sacón en la cibdad de (1)
Lima los capitanes Alonso de Monrroy y Antonio
de Ulloa que auian venido por la mar, de la pro-
uincia del Chile, por socorro, y sabiendo Francis-
co de Carauajal a lo que venian los embio a llamar,
los quales venidos les hablo muy largo preguntán-
doles muchas cosas, y al cabo se les ofrescio mu-
cho en todo lo que uviessen menester, y ellos se lo
agradescieron mucho. Y con esto les tomo los, re-
caudos que auian traydo para lleuar ante Su Ma-
gestad, y se concertó con ellos de escreuir a Gon-
calo Pigarro, su señor, que estaua en la cibdad de
Quito, para que el le[s] diesse fabor y ayuda de
gente y armas para que lleuassen al Chile, y la
carta braua que le escribió fue de la forma si-
guiente:
Muy yllustre Señor: Yo me partiré de aqui a
mañana, mediante Dios, y lleuo conmigo cerca de
doscientos hombres con todos, y entre ellos los
:ez que v. s. me dio en Quito, con los demás que

I) Tachado: Cwue.
G. DE SANTA CLARA.—IV.—3.°

18

he allegado por el camino y los que desta cibdad
salen, que cierto por seruir a v. s. van de muy
buena voluntad; yo les he proueydo de algunas
cosas que han auido menester. Alonso de Mon-
rroy, capitán del capitán Pedro de Valdiuia, vino
aqui de la prouincia del Chile en la nao de Juan
Baptista, criado que fue del comendador Hernan-
do Pigarro, en que fue Alonso Calderón de la Bar-
ca, y vienen por socorro de gente y armas y con
buenas nueuas, y traen algunos dineros, aunque
bien pocos. Y auiendole yo encaminado al dicho
Alonso de Monrroy para v. s. y estando ya de par-
tida para essa cibdad, le dio vna enfermedad que
en tres dias murió; dizen los médicos que fue ramo
de pestilencia; yo digo que ellos le mataron no sa-
biéndolo curar, ni entendieron su enfermedad. Ago-
ra queda aqui el capitán Juan Baptista, que es el
que digo, señor de la nao en que vinieron, y vn hijo-
dalgo llamado Antonio de Ulloa, natural de Cace-
res, que vino con ellos del Chile con grandes pode-
res de Pedro de Valdiuia para negociar en Castilla
sus cosas ante Su Magestad. Y porque me ha pa-
rescido que el no vaya á Castilla ni a Borgoña sin
dar razón a v. s. de a lo que viene, se lo embio
alia para que se ynforme del y se vea lo que trae,
y después de bien ynformado no le dexe yr a parte
alguna, sino que lo detenga consigo, porque no es
menester que de parte de Pedro de Valdiuia se ne-
gocie con el rey, si no con v. s., y no aya otro que
le pueda ayudar ni valer, solo porque siempre
Valdiuia tenga fin y proposito de seruir a v. s. por
los benefficios y socorros que de las gouernacio-

19

nes de v. de cada dia le pueden yr y el recebir.
Esto que he dicho lo digo para grandes effectos y
fines que no son para escreuir en carta, y bien se
lo que digo; pero si v. s. fuere seruido de otra cosa
y mandare qué se socorra, me embie a mandar lo
que fuere seruido, que yo le daré gente quanta
v. s. me embiare a mandar. Y esto v. s. lo podra
solo entender mejor que otro alguno, porque sabe
la confianza que tiene de Pedro de Valdiuia y la
que se puede tener; pero a mi me paresce que
auiendo de yr socorro vaya vn capitán de v. s. para
que aquella gouernacion se comunique y se ate
con esta, que sera gran bien y prouechoso. Y si
acaso mañana se muriesse Pedro de Valdiuia,
puede quedar todo por de v. s., como lo estara en
poder del capitán con quien v. s. le embiare el so-
corro, y assi tememos reparado lo del estrecho de
Magallanes y serán todos estos mundos vnos y
términos de v~ s. El capitán que alia va es mi
grande amigo y conoscido y es hombre de bien y
humillde, y mas lo es Pedro de Valdiuia, pero crea
v. s. que con todas estas sus buenas costumbres
quando ya está en ayre de ser Gouernador siem-
pre lo querrá ser antes que dexar que lo sea Sant
Pedro ei/Roma. Y assi por esto como por lo que
podría venir por el estrecho de Magallanes, es
bien que v. s. mire bien lo que sobre esto del Chile
se uviere de hazer y proueer en el casso, porque
cierto es vn negocio^muy hondo, ymportante y
bien califficado y que nadie 16 entiende tan bien
como yo lo entiendo, que andando el tiempo lo
diré y me aclararé con v. s.

20

Entre tanto que este hidalgo va a besar las ma-
nos a v. s. y buelue, queda aqui el capitán Juan
Baptista, señor de la nao, y procura aderescallá
de algunas cosas que aura menester para su ñaue*
gacion; v. s. le escriua y faborezca diziendole
que v. s. le entiende honrrar y aprouechar mucho,
assi en cargos honrrosos de capitanías de la mar
y de la tierra, como en otras cosas que se offres-:
can, porque es honrrada persona y tiene platica
de la tierra y de los aguajes, ensenadas y puertos
de toda la costa del Chile. La nao de Pedro Diaz
en que van estos despachos lleua también mucha
poluora de la que se haze en esta cibdad, para la
armada, y doscientos y veinte quintales de bisco:
cho; v. s. mire mucho por ella, en especial su sa-
lud, que estas dos cosas nos ternan en pie de aquí
a mili años a pesar de reyes y aun de Papas. Núes-.
tro Señor la muy yllustre persona de v. s. conser:
ue con aquel contentamiento, prosperidad y salud
que v. s. meresce y dessea. Desta cibdad de Los
Reyes a veinte y cinco de otubre de 1546 años. Be-
sa las manos de v. s. su criado Francisco de Cara-
‘ uajal.
Muy bien le quadran a este hombre brauonel y
tan soberuio los refranes verdaderos que suelen
dezir a tales ynsensatos como el: Vno piensa el
vayo,y otro el que lo ensilla; quien todo lo quiere^
todo lo pierde; como le acontescio a este desati-
nado, que hazia la cuenta sin la huéspeda y le;
salto el agraz en el ojo por su mal, y tiro coses
contra el aguijón y le salto en la cara, como ade-
lante diremos, mediante Dios. Despachada, pues,

21

esta carta y el nauio de Pedro Diez, rescibio Fran-
cisco de Carauajal dende a pocos dias cartas pre-
surosas de Alonso de Toro, en que le embiaua a
dezir que se diesse priessa a caminar. Porque le
hazia saber que Diego Centeno yua engrosando su
exercito a mas andar, de muchos hombres que le
acudian de diuersas partes, y antes que fuessen
mas en numero era bien de procurar de lo desba-
ratar. Francisco de Carauajal, como hombre dies-
tro y guerrero y que se le entendía bien todo esto,
determino con gran presteza de partirse antes que
otra cosa sucediesse(l), poniéndose encamino por
sus jornadas contadas hasta que se fue a poner
cerca de la cibdad de Sant Juan de la Frontera,
que es en Guamanga. Después que Carauajal salió
de Lima acaescio que estaua dentro en la cibdad
Juan Velasquez Vela” Nuñez, el moco, sobrino del
Visorre>\ que auia sido capitán de guardia de su
persona. Este cauallero auia venido de la cibdad
de León en Guanuco en compañía de Pedro Man-
jarres y de otros amigos suyos y seruídores de Su
Majestad, los quales todos auian estado alli escon-
didos mientras los rebeldes y tomultuarios anda*
uan perseguiendo al buen Visorrey. Como estos
caualleros vieron que Carauajal era salido de la
cibdad, comentaron de nueuo a conuocar secreta-
mente algunos mas amigos que auian stntido esta-
ñan mal auenidos con Picarro, y según las gentes
dixeron hizieron esto solamente para matar ■>
Lorenco de Aldana y a Pedro Martin de Ceci-

22

lia que era alcalde hordinario en aquel año*
Dieronse tan buena mafia estos caualleros, aun-
que fortuna les fue muy contraria, que en bre-
ues días hallaron más de cinquenta hombres, que
todos erarf por la mayor parte jugadores y de
la vida ayrada, que no tenían que perder, y quan-
do este yndomito hombre passo se escondieron
todos del porque no los lleuasse consigo á la gue-
rra. La yntencion que tuuieron estos hombres fue,.
a Jo que dizen, matar a los dos sobredichos y to-
mar el dinero de Su Magestad y de mercaderes, y
ajuntar mucha gente, y de aqui yr en busca de
Diego Centeno por el camino que llaman de los
Llanos, porque Carauajal yua con los suyos cami-
no de la sierra. Y que en llegando ellos a la pro-
uincia de las Charcas, ajuntarse con Diego Cente-
no y dar batalla a Carauajal, en donde tenia espe-
ranza en Dios que lo vencerían y matarían y que
después yrian desde alli a dar fabor y ayuda al
Visorrey, que andaua corrido de Picarro y de sus
sequaces, yendo por la mar en nauios. No falto
quien de todas estas cosas auisasse a Lorenzo de
Aldana y a Pedro Martin de Cecilia, y como a los
dos les yua las vidas y saludes, luego el theniente
fue con sus árcabuzeros y alabarderos que eran de
su guardia a casa de Vela Nuñez el Júnior, al
qual prendió y lo Ueuo a su casa. Pedro Martin
de Cecilia hizo lo mismo por otra parte, que pren-
dió como alcalde hordinario a ciertos conjurados,
y por mejor dezir de los leales, y los hizo lleuar a
la cárcel publica y los hecho en fuertes prisiones
juntamente con Vela Nuñez el Júnior que fue pa-

23 1

ssado a ella. Y no prendieron a Pedro Manjarres*.
que fue el muñidor de todo lo sobredicho, que se
escapo de buena, que se huyo al mejor tiempo,
que vn amigo suyo le dio luego auiso de lo que pa-
ssaua. Luego como prendieron a estos caualleros
dieron muy brauos tormentos a Juan de Guzman,
cufiado que fue de Diego de Gumiel, con otros dos
hombres, y [en] lo que estos conffessaron y decía*
raron no dieron gusto a Pedro Martin de Cecilia,
que era el que les hazia dar los tormentos, Y este
desgusto fue porque no condenaron en sus conffe-
ssiones a Perucho de Aguirre, vizcayno, y a otros
que yuan con Carauajal, que los queria mal de
muerte porque se mostrauan por muy seruidores
de Su Magestad- mas en fin, al fin se hizo cabeca
de proceso contra todos los presentes y ausentes
que fueron condenados, La noche que prendieron
a estos caualleros anduuo Pedro Martín de Cecilia
velando toda ella sin dormir y traya consigo diez
arcabuceros de guarda y vn gran mulato cargado
de cabestros, y sin hazer proceso ahorcó furiosa-
mente aquella madrugada a Pedro Rodríguez y a
Juan Sánchez de la Cagadilla y a Franciscodc Pi-
neda. Pues dados los tormentos a Juan de Guarnan
con los demás, luego sin alargar mas términos fue
Juan Velasquez Vela Nuñez condenado a muerte
natural y que le coriassen primero las manos y
después le cortassen la cabeca, y el apelo ante Su
Majestad y no le fue otorgada la apelación. Publi-
cada y pronunciada esta cruel y tan dura senten-
cia, luego el obispo de la cibdad, Don Fray Geró-
nimo de Loaysa, y muchos caualleros de la vna

I

24

parte, y de la otra Doña Francisca Picarro y Doña
Ygnes, muger de Don Antonio de Ribera, roga-
ron grandemente por el al theniente Lorenco de
Al daña para que le perdonasse la vida, y el lo hizo
assi liberalmente y sin pesadumbre, que ya yua
junto a la picota que esta en medio de la plaga. Y
porque se executasse en algo la sentencia y por
espantar y atemorizar a los demás, hizo Pedro
Martin de Cecilia que le cortassen no mas de la
mano derecha, lo qual se executo, que no bastaron
ruegos ni suplicaciones de los hombres buenos de
la cibdad. Por lo qual el dicho Pedro Martin de
Cecilia daua bozes y dezia con rauia que le dexa-
ssen hazer justicia de aquel delinquente; si no, que
lo escriuiria a Goncalo Picarro su señor; y por
esto le d^xaronpassar adelante con su maluada y
peruersa yntencion. Después de cortada la mano
y auíendole curado el cirurgiano, lo lleuo al mo-
nesterio de Sancto Domingo, en donde le hizo to-
mar por íuerca los hábitos, amenazándole que le
quitada la vida si de alli saliesse, y el se lo prome-
tió y para lo assi guardar y cumplir dio fiadores
del lo; mas después se salió del monesterio quan-
do el presidente Gasea vino a la tierra.

CAPITULO 111

DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL AHORCO A TRES
SOLDADOS A YfíSTA!ÍClA DE PEDRO MARTIN DE CECI-
LIA, Y DE COMO DIO BUELTA A LIMA POR LO QUE LE
ESCRIUIO LORENZO DE ALDAtfA, EN DOLNDE SE QUISIE-
RON OESFÜES MATAR ENTRAMBOS, Y POR QUE CAUSA
En los tormentos que dieron a los sobredichos
tres hombres, como arriba queda dicho, condena-
ron a tres soldados que yuan con el Maestro de
campo, los quales dixeron que yuan tan solamente
con el para lo matar en llegando a Guárnanla, o
en el Cuzco; y como rogaron por ellos no se les
hizo cosa alguna, antes como Lorenco de Aldana
auia perdonado al vno, hizo perdonar a los demás
que estauan presos, y solamente los desterraron
de la tierra. Antes que estas cosas se concluye-
ren, Pedro Martin de Cecilia pidió a Diego Gu-
tiérrez, escríuano de la causa, vn traslado dt^ las
conflessiones de los tres atormentados. El lo dio
antes de ta ratifficacíon dellos y lo embio por la
posta a Carauajal, auísandole del motín de Juan
Velasquez Vela Nuñez y de los demás. Y también
le auiso de como Martin Zambrano, Perucho de
Aguirre y Alonso Pineda, que yuan con el, auian

26

concertado de le quitar la vida, como lo vería mas
largamente en las conffessiones de los tres que es-
tauan acá presos, y que mirasse mucho por su sa-
lud y vida. Lorenzo de Aldana le escriuio por su
parte sobre este negocio, y de como auia sabido
por nueua cierta y por via de fray Pedro Muñoz,
el mercenario, y de los amigos que tenia en la cib-
dad de Truxillo, como Melchior Verdugo se auia
aleado con la cibdad y que luego se auia salido
della lleuando mucha moneda que auia tomado de
la caxa de Su Magestad y de diffuntos y vezinos.
Y demás desto que auia tomado por fuerca vn na-
uio que estaua en el puerto, y que se auia embar-
cado en el con algunos que le auian dado fabor y
ayuda, y que no sabia el viaje que lleuaua y que le
parescia muy mal estos leuantamientos, que se
adeuinauan por ellos grandes males. Y que por
tanto, vistas sus letras, tuuiesse por bien de venir-
se a la cibdad para que con su presencia mitigasse
estos males y espantasse a los perturbadores de la
paz y animasse a los seruidores de Goncalo Pica-
rro para que no decayessen de su buena ynten-
cion. Al tiempo que Francisco de Carauajal llego
cerca de la cibdad de Sant .Juan de la Frontera,
que es en Guamanga, rescibio esta mensajería, y
luego mando secretamente a Pedro de Castañeda,
su sargento, prendiesse a los tres nombrados, y
para ello le dio veinte arcabuzeros y el fue a las
tiendas y prendió a Martin Zambrano y Alonso de
Pineda. Al tiempo que quissieron prender a Peru-
cho de Aguirre no se dexaua prender, antes hecho
mano de su espada y se deffendio con ella vahen-

27

temente, dentro de su tienda, porque era muy dies-
tro y animoso vizcayno. Y como eran muchos los
prendedores que yuan armados no aprouecho nin-
guna cosa su deffensa, porque los soldados lo hi-
rieron malamente y lo derribaron t^n el suelo, y
assi lo truxeron herido a el y a los dos ante Fran-
cisco de Carauajal que los estaua aguardando a la
puerta de su tienda. Y como los vido, luego les pre-
gunto con grande yra y enojo lo que p.nssaua acer-
ca del negocio que de Lima le auian escripto, y
porque no lo negassen les mostró los dichos y con-
ffessiones que de Lima le auian embiado, y ellos
lo negaron rezíamente, y visto esto por Carauajal,
sin aguardar otra cosa los mando ahorcar en sen-
dos palos, lo qual se cumplió luego aunque no fue-
ron confíessados. Cosa de admiración y de miste-
rio fue lo deste casso, porque en effecto los tres
nombrados y otros sus compañeros yuan conjura-
dos y determinados de matar a este cruel tirano, y
para esto salieron de Lima con el, que Vela Nuñez
los embíaua al effecto, porque otro día que auian
de entrar en la cibdad lo auian de matar en ella.
Y sin duda le mataran y salieran con ello porque
Perucho de Aguirre era valiente y muy determi-
nado y los que le auian de faborescer eran solda-
dos de grande animo y bien valientes; mas como
estauan descuydados la aduersa fortuna les fue
contraria, porque vinieron los miserables a pagar
con las vidas y personas. Al tiempo que se retil’íi-
caron los presos que estauan en Lima dixeron los
tres que no sabían nada de aquel negocio, y que lo
que auian dicho en sus conftessiones auia sido de

28

miedo de los tormentos tan rezios que les dauan, y
porque Pedro Martin de Cecilia les mando que di-
xessen que los tres que yuan con Carauajal erail
en aquel negocio, porque los queria mal, y que lo
dixeron assi porque los dexassen ya de atormen-
tar, que estauan hechos pedacos. Quando el escri-
uano miro en este hierro que auia hecho de auer
dado el testimonio antes de la retifficacion de los
presos, saco luego otro traslado signado, de las
conffessiones y ratifficaciones contrarias, [con] el
qual embio por la posta a vn español y a su costa,
a Carauajal, y quando llego no fue de ningún
effecto, que ya los tres estauan muertos. Assi
como el escriuano supo destas muertes que por su
\naduertencia se auian causado, le peso dello
grandemente y arrepentido de su gran hierro se
nielio frayle en el monesterio de Sancto Domingo;
mas dentro del año dexo los hábitos y se fue con
el presidente Gasea a la batalla contra Gonzalo
Picarro. También el dicho Pedro Martin de Ceci-
lia hizo entrar por tuerca al dicho Juan de Guz-
man en el monesterio de nuestra Señora de la
Merced, en donde tomo los hábitos, mas después
los dexo quando vino el licenciado Gasea y se fue
con el a seruir a Su Magestad. De manera que
este Juan de Guzman escapo dos vezes de la muer-
te: esta vez y otra quando Lorenco de Aldana lo
prendió en esta misma cibdad y por no hazer jus-
ticia del lo embio a la cibdad de Quito para que
por alia siruiesse a Gonzalo Picarro, como atrás
queda dicho, y después se boluió desde el camino
pa ra hallarsse en este negocio. Después que Fran-

29

cisco de Carauajal uvo ahorcado a estos tres hom-
bres, y auiendo entrado enGuamanga, en donde fue
muy bien rescebido, y auiendo rescebido los despa-
chos, sin hazer cosa alguna dio luego la buelta a Li-
ma con los suyos, yendo por la posta, y sin parar en
ninguna parte anduuo en seys días las sesenta leguas
que ay de vna parte a la otra. Llegado a la cibdad
fue muy bien rescebido de Loren9o de Aldana y de
los cibdadanos, porque vn dia antes lo auian sabido
por Francisco de Cantillaña, su apossentador, que
auia v enido adelante por la posta en vna muía muy
andadora, con su mandado. Queriendo Carauajal
passar adelante hazia la-cibdad de Truxillo para
castigar a los que hallasse culpados, rescibio car-
tas de fray Pedro Muñoz y de los alcaldes y vezin-
dad de aquella cibdad haziendole saber todo quan-
to el capitán Melchior Verdugo auia hecho en ella.
Assimismo de como el y los que le seguian se
auian ydo fuera de la tierra, por la mar, y que no-
sabían adonde yuan encaminados, y como todo el
pueblo estaua en seruicio de Su Magestad y a de-
uocion de Gonzalo Picarro, y que todos los vezinos.
estauan quietos y pacifficos, de lo qual se holgó en
gran manera este tirano. Lorenzo de Aldana le
dixo que de su voto y parescer no fuesse a Truxi-
llo, por lo que de aquel pueblo le auian escripto,.
porque no hallaría a ninguno de los culpados, pues.
se auian embarcado con Melchior Verdugo en el
nauio, y que su yda seria de ningún effecto sino-
era cansarse. Y que mejor seria seguir su buen ca-
mino con la empresa que lleuaua, que era mas ym-
portante y necesaria que la de Melchior Verdugo.,

30

porque si se tardaua podría ser que Diego Cente-
no refforcasse mas su pequeño exercito con la
gente que de diuersas partes le podían acudir, y
auria después gran dificultad en venceile. Fran-
cisco de Carauajal, que entendía todo esto muy
bien, tomo el parescer y consejo de Lorenzo de
Aldana y de otros cibdadanos que también se
lo aconsejaron que assi lo hiziesse porque con-
uenia mucho su presteza para dar buen fin a lo
que yua. Otro dia, domingo, en la mañana hor-
deno que se bendiciessen en la yglessia mayor los
estandartes y vanderas que el auia mandado hazer,
por el Reuerendissimo obispo Don fray Gerónimo
de Loaysa, y sobre si se auian de bendezir o no,
passaron entre Lorenzo de Aldana y Francisco de
Carauajal malas palabras y peores razones. Y con
todo esto estuuieron a canto de venir a las .manos
para matarsse, dentro de la yglessia mayor, por*
que auia de vna parte a otra muchos arcabuzeros
que procurauan de deffender a su capitán y offen-
der al contrario, como eran obligados a lo hazer
como agradescidos y buenos soldados. Lorenzo de
Aldana dezia que las vanderas no se auian de ben-
dezir pues no yuan contra moros ni contra otros
ynfieles, que también eran xpianos los de Centeno,
como ellos, y grandes seruidores de Su Magestad,
pues assi lo publicauan, y que el estandarte que
Diego Centeno (1) tenia se auia aleado en nombre
de Su Magestad, a quien todos pretendían seruir.
Francisco de Carauajal dezia que las vanderas se

(l) Tachado: auia altado.

31

auian de bendezir a pesar de quien le pesasse, y el
que no las consintiesse bendezir, que no era amigo
de Gonzalo Picarro, y que con justa causa y razón
podían castigar a los traydores que se auian alca-
do contra el Rey y contra Goncalo Picarro su se-
ñor, matando las justicias que tenia puestas en
nombre del Rey. Y como estas cosas yuan de mal
en peor, luego el Obispo y el regente y ciudada-
nos se pussieron de por medio, que los apacigua-
ron por aquel dia, aunque no quissieron ser ami-
gos; mas en ñn, al fin se bendicieron las vanderas
por el cura de la yglessia por agradar en algo a
este fierabrás y endemoniado hombre, de lo qual
se holgó mucho, aunque Lorenzo de Aldana no se
hallo presente. Después que todos se salieron de
missa y después que todos uvieron comido se pu-
blico aquella tarde como Lorenco de Aldana^an-
daua hordenando de matar a Francisco de Cara-
uajal aquella noche, y viniendo a noticia del car-
nicero determino de adelantarsse y matar al the-
niente, diziendo: antes que este me quiera cenar,
entiendo yo de me lo merendar. Con esto aperce-
bio a toda su gente, que eran mas de doscientos
hombres de a cauailo y arcabuzeros, para yrse a
casa de Lorenzo de Aldana, y estando ya aperce-
bidos para yr llegaron los buenos de la cibdad,
que fueron auissados, [y] no los dexaron salir el
vno ni al otro de sus casas, y assi se velaron en-
trambos toda la noche rezelandose el vno del otro;
mas en fin, ellos no se acometieron. En amanes-
ciendo torno el Obispo y muchos caualleros, y
Doña Francisca Pigarro por su parte, a quien res-

32

pectauan mucho todos quantos auia en la tierra, y
Doña Ygnes, muger de Don Antonio de Ribera, [y]
comentaron todos de los poner en paz y en buena
concordia haziendolos amigos. Lorenco de Alda-
na dixo que no se moueria de su possada contra el
Maestro de campo, mas que se fuesse de la cibdad
antes que se perturbasse la gente o antes que su-
‘ ediesse en ella otra cosa de mal, y assi dio su fee
y palabra de no hazer cosa alguna si no le yncita-
uan para ello. Francisco de Carauajal, como esta-
ña muy furioso y con gran coraje contra Lorenzo
dé Aldana, salió a vna esquina de la placa para yr
a matar a su contrario, y Lorenco de Aldana salió
también a la puerta de palacio con sus arcabuze-
ros y muchos cibdadanos y otras gentes que le
dauan fabor y ayuda. Como estaua de por medio
el Reuerendissimo Obispo y todos los buenos de la
tildad, como hemos dicho, tornaron de nueuo a los
aplacar; que si por ventura o desdicha se tirara vn
aivabuzaco de alguna de las dos partes, se tiene
por cierto que se reboluiera la cibdad y se viera
en gran aprieto. Viendo Francisco de Carauajal
al Obispo y a los buenos del pueblo que estauan
de por medio, mando luego a todos sus soldados
que se fuessen a sus casas y que con presteza en-
nhassensus cauallos y cargasscn el fardaje que
tenían, porque a la hora se queria partir, y assi se
hizo, que todos se salieron de la cibdad. El Maes-
tro de campo yua con rauia y jurando por el cami-
no que Lorenzo de Aldana se lo auia de pagar en
algún tiempo, y Lorenco de Aldana dezia otro
unto; mas nunca se vieron, qu?Francisco de Ca-

r

33

rauajal fue justiciado en el valle de jaxaguana, y
el theniente se quedo en Los Reyes; aunque entro
en Lima, como adelante diremos, Lorenzo de Al-
dana estaua entonces en Tierra Firme, como tam-
bién se dirá después.

G. 8A»TA CLARA.-IV.—3.*

CAPITULO IV

DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL SE FUE POR SUS
JORNADAS CONTADAS A LA CIBDAD DEL CUZCO, Y DEL
RESC1BIM1ENT0 QUE SE LE HIZO, Y DE COMO AHORCO
A CINCO VEZINOS PRINCIPALES DELLA, Y DE OTRAS
COSAS QUE PASSARON EN EL YNTER QUE ALLI ESTUUO

Después que el Maestro de campo Francisco
de Carauajal mando apercebir a sus soldados para
caminar, y estando ya todos a cauallo con las van-
deras tendidas, a su puerta, se salió de la cibdad
con gran enojo y furia y no quiso yr por la cibdad
de Sant Juan de la Frontera, que es en Guárnan-
la, sino por el camino Real que llaman de los Lla-
nos, que es por la costa de la mar. Caminando este
furioso hombre por sus jornadas contadas llego al
pueblo de la Nasca, en donde hallo muchos basti-
mentos que los yndios le tenían ajuntados, mas de
mi’do que de voluntad, porque no los quemasse,
y aqui descanso algunos dias por lleuar las gentes
bien cansadas y las caualgaduras muy fatigadas.
Dende algunos dias se puso en camino; dexando
el de los Llanos tomo el de la sierra y fue a dar al
camino Real de la sierra, mas arriba de la cibdad
de Guamanga veinte leguas, atrauesando las sie-

35

rras de los Locumaes y de Condesuyo, que en esta
sazón estauan muy neuadas y en donde haze gran-
dissimo írio, y con mucha horden se fue por su ca-
mino adelante hasta que fue a parar a quatro le-
guas de la cibdad del Cuzco, en vn pueblo llama-
do Jaxaguana, para entrar en ella otro dia tempra-
no, a comer con todos los suyos. Estando en este
pueblo mando apercebir a sus soldados para que
fuessen armados, y repartió entre los arcabuzeros
mucha mecha y poluora fina que lleuaua en boti-
jas cargadas en yndios y muías, y les dio plomo
para que hiziessen balas, y esto hizo porque se re-
zelaua del theniente Alonso de Toro por las ene-
mistades passadas y particulares que entre los dos
auia porque le auian quitado por su causa el cargo
de Maestro de campo y por otros pundonores que
entre los dos auia. Otro dia madrugaron bien de
mañana y se fueron todos a la cibdad con las van-
deras tendidas y caminando al son de los atam-
bores; ya que estauan en el llano que llaman de
Carmenga le salieron a rescebir mas de ochenta
muchachos de diez a doze años, todos muy gala-
namente vestidos a la soldadesca y con sus arca-
buces en las manos, que a la vista de todos pares-
cian muy bien. Y al tiempo que emparejaron con
el dispararon muy gentilmente sus arcabuzes ha-
ziendole vna braua salua, y el caudillo destos mu-
chachos fue vno llamado Hernando Bachicao el
moco, hijo del gran cosario Hernando Bachicao,
|ue era ahijado deste Francisco de Carauajal, y
*uego le tomaron todos en medio. Assi como los
nuchachos dispararon sus arcabuzes, luego de re-

36

pente salieron de traues mas de cient arcabuzeros
que salieron de vna emboscada y comentaron a
tirar por lo alto con balas y perdigones que lleua-
uan, que assi les fue mandado que lieuassen los
arcabuzes cargados. Francisco de Carauajal sin-
tió bien sentido esta salua que los arcabuzeros le
hizieron, mas el lo supo dissimular lo mejor que
pudo haziendo demostración que no lo entendía, y
assi se pararon todos hasta que Alonso de Toro
llego a el con toda la vezindad y se hablaron el
vno al otro, mas no se abracaron como lo suelea
házer los buenos amigos quando se resciben en
vno. Assi como los dos capitanes se hablaron, lue-
go hizieron lo mismo los demás vezinos, que los
vnos y los otros se saludaron cortesmente, y con
esto comentaron de abaxar por la pequeña cuesta
de Carmenga y delante del yuan los muchachos
todos a cauallo, y a su ahijado lleuaua a su lado
yzquierdo, y assi entraron todos en la cibdad con
demonstracion de mucha alegría, aunque algunos
dellos tenían otro en los ánimos. Lleuaron a Fran-
cisco de Carauajal a las casas de Hernando Ba-
chicao, su compadre dos vezes, para que se apo-
ssentasse en ella, porque eran hermanos en ar-
mas, y con todo esto lleuo siempre a los mucha-
chos por delante puestos en buena hordenanca en
buenos cauallos. Después de apossentado se des-
pidieron del con mucha crianta todos los hombres
y los muchachos y se fueron a sus possadas, ecep-
to Hernando Bachicao, su ahijado, que no lo quiso
despedir y se lo tuuo consigo todos los dias que
alli estuuo y comia con el a vna mesa. Alonso de

37

Toro no llego a casa del Maestro de campo por-
que se fue por otra calle a su possada con todos
los vezinos que le quisieron seguir de buena crian-
za, y estos dos hombres si se auian de hablar des-
pués auia de ser con mal semblante y por via de
terceros. Los soldados que Francisco de Caraua-
jal metió en la cibdad los hizo apossentar a mu-
chos dellos que eran de los mas principales, en la
misma casa, que era muy grande, y a los demás
hizo apossentar en las casas de los vezinos que es-
tauan mas cerca de la suya, y como era muy tarde
se assento a comer. Otro dia por la mañana co-
mento de vssar sus acostumbradas crueldades y
para esto mando hechar en la cárcel publica a
Gregorio Setiel, Pedro de Pineda, Hernando de
Aldana, Diego Naruaez y Miguel de Estete, hom-
bre viejo que auia sido Veedor de Su Magestad
en la conquista desta tierra y de los primeros
hombres que entraron en el Cuzco a considerar
los secretos del, como adelante diremos. Estos
cinco vezinos eran de los principales hombres
desta cibdad y estauan muy ricos y hazendados, y
después de presos les embio vn clérigo para que
con el se conffessassen porque auian de morir lue-
go; sabido esto por la cibdad prestamente uvo
muchos rogadores que yntercedieron por ellos, y
no aprouecho nada, porque fue dar bozes en el de-
sierto, do no auia virtud ni bondad. Mas en fin, al
fin ellos fueron sacados de la cárcel a pie y sin
pregonero que maniffestasse sus delictos, y los lle-
uaron a la picota con mucha guarda de gente de
a cauallo y arcabuzeros, y alli fueron todos cinco

I

38

miserablemente ahorcados sin saber nadie el por
que. Quando lleuaron a Hernando de Aldana a
la picota estuuo en llegar alia mas de vna hora,
no auiendo mas de un tiro de arcabuz, porque
fue haziendo tantos estremos y cuytas, tantas
paradas, y fue tanto su llorar y gemir, que fue
cosa estraña de lo ver y considerar, porque no
auia hombre que no tuuiesse mucha compassion y
lastima del. Y assi los vezinos que yuan con el
comentaron de llorar en velle a el llorar, que no
auia hombre que no se condoliesse del y le desea-
sse dar la vida, [y] juntamente [a] los demás conde-
nados; mas en fin, por no le ver morir, de pura las-
tima se fueron algunos dellos a sus casas maldizien-
do las crueldades de Francisco de Carauajal. Un
compadre suyo que yua con el, por le consolar le
dixo que no se acuytasse tanto, que pues era viejo
de sesenta y cinco años, que no rezelasse de to-
mar con mucha paciencia la muerte, pues era cosa
natural a todos. Y que ai cabo y a la postre auia
de morir, y que se esfforcasse en Dios y se enco-
mendasse de todo coracon a Nuestra Señora para
que le ayudasse a passar este trago tan amargoso>
poniendo el anima con el que la crio y la hizo de
no nada. Hernando de Aldana respondió con gran-
des sollozos y gemidos diziendo: ¡Ha compadrel
no os marauilleis de mis cuytas, ni de mis lagri-
mas, porque soy muy gran pecador y maldito hom-
bre, que temo de passar por este transito porque
me toma muy desapercebido y en rezio tiempo.
Pues el dador de la vida la temió como hombre y
en quanto hombre, siendo sin peccado, ¿por que

39

no la temeré yo siendo tan gran peccador?; y por
esso quissiera yo que me dieran -termino dS tres
dias para que pudiera yo conffessar y llorar mis
peccados y grandes maldades; mas en fin, yo ten-
go grande esperanza en Dios que me perdonara
por [su] sancta passion. Estas palabras y otras di-
xo sin mudar tan solo vn passo, llamando a Dios
y a Nuestra Señora de todo coracon y a boca llena
hasta que llego a la picota, y rezando el Credo fue
ahorcado a la postra, que los otros estauan ya
ahorcados quando el llego. Quando ahorcauan a
estos cinco hombres se los estaua mirando el cruel
carnicero, y boluiendose hazia donde estaua Alon-
so Aluarez de Hinojosa, que estaua alli a cauallo,
que era vno de los principales hombres de la cib-
dad y le tenia por sospechoso, le dixo por via de
amenaza: Señor Alonso Aluarez de Hinojosa, ru-
guemos a Dios de buen coraron para que nos de
buenos temporales y qne se contente con aquella
migajita que le hemos dado y offrescido; apun-
tándole con el dedo a los ahorcados, de lo qual, los
vezinos, atemoricados y rezelosos se fueron de alli
a sus casas con gran pesar, con intento de no pares-
cer ante Francisco de Carauajal. La causa y razón
destas tan desastradas muertes destos cibdadanos,
vnos dizen [fue porjque se carteauan con el Viso-
rrey, y otros dixeron que con (1) Diego Centeno, y
que le vendian la cibdad, y que auia dias que an-
dauan por alearse con ella dende que Alonso de
Toro fue a las Charcas contra Centeno, y que tam-

(l) M$.a.

40

bien uiian dicho mucho mal de Picarro y de Ca-
can i:, llamándolos de cismáticos, tiranos y tray-
doivs. Otros dixeron que no fueron ahorcados por
e&tns cosas, sino por roballes los dineros que te-
nían, por quanto eran muy ricos y hazendados, y
sus re partimientos de yndios se pussieron en ca-
l de Goncalo Picarro su señor, para que los
ti iiutos que los yndios dauan fuessen para la subs-
umtaciony espedicion de la guerra. Y assi pares-
cío en alguna manera ser verdad, que mando lue-
como cudicioso lleuar destas cinco casas a la
suya todo el oro y plata que tenian y todas las ca-
icas L|ue auia, que no dexaron cauallos, armas,
colchones, yndios, negros, negras, y todo lo perte-
necí rnte á las cozinas. Y de todo este hecho no se
dio parte dello al theniente Alonso de Toro, al
qual le peso grandemente y embiole a preguntar
que por que razón auia hecho ahorcar aquellos
hombres; respondió que Goncalo Picarro lo man-
4aua y que el era no mas de executor de hazer
aquella justicia, y Alonso de Toro oyendo esto lo
disimulo por la necesidad del tiempo. Hechas es-
s en seruicio de Picarro y auiendo estado
1M lias en la cibdad, tomo la gente que Alonso
Je Toro le dio, que fueron mas de doscientos hom-
bre^ y el entresaco los mejores que le parescio
porque estauan armados, y algunos vezinos de la
Cibdad que eran aptos y buenos para la guerra, y
tomo algunos cauallos que ios vezinos le dieron.
Ue los vezinos y soldados que alli rescibio y de los
qut ri tenia hizo trescientos y veinte hombres, di-
z\\ i..lo que estos pocos de caualleros que lleuaua

41

bastauan para hazer lo que conuenia obrar, por-
que el buen capitán que era afortunado y que lle-
uaua la justicia y razón por delante, como el la lle-
uaua, yendo en seruicio de Su Magestad y de Gon-
calo Picarro, que no eran menester millaradas de
hombres, porque eran mas estoruo que prouecho
alguno. Pues rescebida esta gente y dada la hor-
den qual conuenia de se hazer, comento a hechar
fuera de la cibdad a los soldados, embiandolos po-
co a poco al pueblo de Urcos, siete leguas de la
cibdad del Cuzco, para que todos le esperassen
alli hasta que el llegasse, para desde alli conti-
nuar su jornada con la horden y concierto que
se auia de lleuar. Con esto comencaron los sol-
dados a salir de veynte en veynte y de treynta
en treynta, y se yuan derechos al dicho pueblo de
Urcos lleuando por delante todo quanto fardaje te-
nían, que ciertamente auia soldado que lleuaua
diez o doze yndios, y otros, carneros, cargados de
ropa y comida, por hazer mucho del fausto, princi-
palmente los vezinos., que lleuauan mas. Ya (1) no
faltauan sino pocos para salir de la cibdad, quando
cerca de medio dia, antes de comer, se salió
deila Francisco de Carauajal con la mayor pres-
teza que pudo ser, cauallero en su muía bermeja,
que era muy andadora, y lleuo consigo hasta vein-
tecinco arcabuzeros y fue a parar aquella noche
al dicho pueblo. Dexó mandado que los pocos que
quedauan saliessen luego tras el, porque los
aguardaría en el pueblo, y dexó a Dionisio de Bo-

(1) Ms. Va que.

42

i .ulula y a Pedro de Castañeda, su sargento, para
que ellos los hechassen fuera, porque no se le que-
d:tsse alguno escondido. Quieren muchos sentir
que Alonso de Toro le quiso matar aquella tarde
porque el mismo Carauajal le auia amenacado
malamente, ca le auian dicho malos terceros que
üezia mucho mal del, y por esto se fue tan azele-
i adámente al tiempo que se assentaua á comer,
que no comió bocado alguno. Dixo al tiempo que
so yua, que si alli tuuiera consigo toda la gente,
(|ue el matara a los toros y torillos, y que de los
i ueros dellos auia de hazer suelas y correas de
MIS capatos; mas que el lo dexaua de matar por no
dar pesar y enojo a Picarro, que lo queria mucho,
v por no reboluer la cibdad, que estaua quieta y
pacifica, porque pudiera ser que de vn mal proce-
sen otros peores. En este pueblo de Vrcos mu-
rio vn hombre que se dezia Pedro Ortiz, que hazia
vida de hermitaño en vna sepultura de yndios, y
…..sacabuche y ministril del Gouernador Vaca de
Ostro, el qual, estando tocando su sacabuche se
lo arrebato vna bala de vn tiro gruesso, de entre
las manos y la boca, sin le hazer daño ninguno.
escapándose de la cruel batalla de Chupas en
i lumle fue vencido Don Diego de Almagro el moco
P>r el dicho Gouernador Xpoual Vaca de Castro,
prometió que dentro de vna sepultura de yndios
serüiria (1) a Dios, y assi lo cumplió. Dizen que
uYspues de muerto, dende a tres dias le hallaron
hincado de rodillas, sin tener mal olor, como si

i) Ms. seruir.

43

estuuiera viuo, y tenia comido el miembro viril,
que los yndios de aquel pueblo dixeron que vn
león se lo auia comido, que auia venido de la sie-
rra, y que ellos le vieron entrar y salir. Tuuo
grandes hablas con el ángel de Dios, según que
después el Reuerendo Padre regente fray Thomas
de Sant Martín lo dixo a muchos, el qual le amo-
nesto mirasse no fuesse el demonio que lo engafla-
ua, que se transfformaria en ángel de lu2; mas, en
fin, et fue hallado hincado de rodillas y Ileuado al
Cuzco a enterrar.

CAPITULO V

DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL HIZO Y NOMBRO
CAPITANES Y ALFEREZES PARA SU EXERCITO EN EL
PUEBLO DE CHOCUYTO, Y SALIENDO DE ALLI SE FUE AL
PUEBLO DE A Y OH A YO, EN DONDE EN LLEGANDO SE LE
HUYERON VEYNTE SOLDADOS BUENOS

Auiendo Francisco de Carauajal ajuntado ya en
el pueblo de Vrcos sus soldados que auian quedado
en la cibdad del Cuzco, comenco luego sin mas tar-
dar de ponerse en camino con toda su gente, el
qual yendo por sus jornadas contadas llego a vn
pueblo llamado Puño, con muy buena hordenanga,
como lo hazia siempre que entraua en qualquier
parte. En este pueblo hallo al capitán Alonso de
Mendoza con doze arcabuzeros que auia dias que
lo estauan aguardando, el qual estaua alli como en
frontera contra Diego Centeno, que Alonso de
Toro le auia dicho estuuiesse aqui, los quales le
rescibieron muy bien, y aqui descansaron dos dias.
Estando en este dicho pueblo le dieron vnas cartas
que Goncalo Picarro le escriuia, por las quales le
hazia saber de como el auia desbaratado al Viso-
rrey, y de como el licenciado Benito Juárez de Ca-
rauajal le auia cortado la cabe£a en la batalla cam-

45

pal que se dio en los llanos de Quito, y assi le es-
criuio todo lo que auia passado en ella.’ Francisco
dé Carauajal se holgó grandemente con esta nue-
üa y todos sus soldados tuuieron gran plazer y ale-
gría, y toda aquella noche y el dia no hizieron otra
cosa sino disparar los arcabuzes por el ayre y co-
rrer sus cauallos» y dezian de quando en quando a
grandes bozes: ¡bina el Rey y él Gouernador Gon-
zalo Picarro! También hizo aqui ahorcar a vna
yndia, de los pies, y la cabeca abaxo, y la causa
fue porque se acuchillaron por ella dos hombres,
que era el vno Hernán Pérez, su herrador, y el
otro Francisco Miguel, su furriel. Al herrador hizo
enclauar la mano, y al furriel le quito el cargo que
tenia, desonrrando a entrambos mucho y braua-
mente por lo que auian hecho, y los amenazo que
si reyterauan en el cásso los auia de ahorcar; mas
después fueron los dos grandes amigos. Fue Dio-
nisio de Bouadilla y Balthasar de Cepeda, herma-
no de Diego Vaisquez de Cepeda, quondan Oydor,
a rogar por la yndia, que se estaua ahogando con
la sangre que le colgaua a la garganta, y que te-
nia las vergüenzas de fuera, y que por ser muger
la mandasse quitar de alli antes que muriesse ra-
uiando y sin conffession. Carauajal respondió con
vn remanso que la dexassen morir assi, pues ella
con sus amores mataua a dos gentiles hombres, y
que pues ella no auia tenido vergüenza en tener
dos enamorados, que no era mucho las mostrasse
agora a todos; mas dende a vn rato la quitaron sin
que el lo supiesse. Otro dia por la mañana se pu-
ssieron todos en camino para Chocuyto, pueblo de

46

Su Magestad, que en quatro jomadas llego a el,
en donde paro algunos dias aguardando a vnas es-
pías que auia embiado al exercito del capitán Die-
go Centeno. Y también se quedo por dar horden y
concierto en toda la gente que tenia, y nombrar ca-
pitanes, alferezes, sargentos y otros officiales para
ordenar (1) su exercito y alear vandera, que hasta
alli no la auia aleado. Primeramente nombro al
dicho Alonso de Mendoza por capitán de cierta
ynfanteria y arcabuzeria, y diole por alférez a vn
Alonso de Herrera, natural de Carrion, y la van-
dera que le dio fue toda negra con vn cruzero de
tafetán colorado que atrauesaua por las quatro
esquinas. De la otra tercia parte de la piquería y
arcabuzeria nombro a Pedro de Castañeda por ca-
pitán, que auia sido su sargento, y le dio por alfé-
rez a Francisco de Tapia, y la vandera fue azul
con muchas ondas de tafetán azul y blanco y el
cruzero fue de tafetán colorado. Luego nombro
por capitán a Juan de Morales y diole por alfé-
rez a Juan Velez de Gueuara, y la vandera fue
quarteada de tafetán blanco y pardo, con vna cruz
colorada que tomaua las quatro esquinas de la
vandera, y le dio el resto de la otra tercia parte de
los piqueros y arcabuzeros; de manera que cada
capitán destos fue de piqueros y arcabuzeros.
Los capitanes de la caualleria fue el mismo Fran-
cisco de Carauajal, y el otro, Martin de Almen-
dras, sobrino de Francisco de Almendras, al que
corto la cabera el capitán Diego Centeno en las

(T) MS. ornar.

47

Charcas; su alférez fue Francisco Carrillo, vezino
de la cibdad de Guamanga. El alférez mayor de
Francisco de Carauajal fue Juan Jullio de Hojeda,
vezino del Cuzco, y el estandarte era quadrado y
de damasco carmesí, con franxas de oro a la re-
donda; en la vna parte tenia las armas ymperia-
les, y en la otra las armas que los Picarros tenían.
Lleuaua este estandarte vn letrero bien grande, y
si la memoria no me engaña dezia en esta manera:
Por armas, armas gané en virtud de aquel que
me las pudo dar. Y el estandarte que tenia Fran-
cisco Carrillo era de damasco blanco, con vnas
franxas de oro y seda, que también era quadrado;
en la vna parte tenia la figura de Nuestra Señora,
y en la otra la del Señor Sanctiago, cauallero en vn
cauallo blanco y con vna espada en la mano. Nom-
bro por su Maestro de campo a Dionisio de Boba-
dilla, y sargento mayor a Balthasar de Cepeda, y
torno el cargo de furiel a Francisco Miguel, y nom-
bro por apossentador a Francisco de Cantillana,
y al cabo nombro sargentos menores y cabos de
esquadras a los soldados que le parescio que eran
diligentes para ello. Ordenadas estas cosas con
otras muchas que eran conuenientes y necesarias
a la guerra, a cabo de diez dias se puso en cami-
no, el qual yendo por sus jornadas contadas llego
al assíento de Ayohayo, pueblo de Antoño Alta-
mirano, en donde descanso dos dias porque su
gente yua cansada y por estar no mas de veinte
leguas de los leales. Dezia muchas vezes a los su-
yos que si auian de pelear contra el enemigo, que
bien era yr descansados como los contrarios lo es-

1

48

tañan, porque pudiessen vencellos, y a esta causa
se detuuo en este paraje dos dias porque se herra-
ren bien los cauallos. Estando en el pueblo se le
huyeron veynte soldados; los cinco eran arcabuze-
ros, y cinco piqueros y diez de a cauallo, por lo
qual uvo gran confussion y aun turbación en el
exercito, que se tuuo creydo que se yrian muchos
mas de los ydos. Y por esto el Maestro de campo
Dionisio de Bobadilla prendió a ciertos soldados
de quienes se tuuo sospecha, a los quales amena-
zo tvn dalles tormentos y después la muerte, para
t|(i ■ 1 : dixessen lo que en el real pasaua, y no se
supo dellos cosa alguna, porque no supieron de la
huyda de los otros, o porque no lo quissieron de-
üir, y assi los soltaron libremente. Francisco de
Carauajal, como hombre astuto, lo remedio sola-
mente con hablar amorosamente á todos los suyos,
Uniéndoles que los soldados que se auian huydo
lo auian hecho por no hallarse en la batalla, de
miedo y de puro couardes. Y que los buenos y es-
i ato de agua. Y mando que todos se quedassen
puestos en esquadron como se estauan y nadie sa-
lí esse fuera del, y mando que no se pusiessen
Hondas algunas porque ninguno se acogiesse a
filas, y venida la noche mando poner en muchas
partes que le parescio sus cintinelas, guardas y
i ^cuchas, assi de a pie como de los de a cauallo.
< -JII el frió muy grande que hizo aquella noche qotssieron los soldados poner algunas tiendas en donde acogersse, mas como estauan en aquel tan peligroso trance no se atreuieron a desmandarse, y por esto se hizo vn poco de fuego solamente para callentarsse las manos, mas luego se mando o pagar. Estando todos en vela y assossegados, 59 cerca de la media noche llego el padre Vizcayno conquarenta arcabuzeros y se pussieron quanto. tres tiros de arcabuz del esquadron del tirano, en vna loma de un cerro baxo, junto a unas sepultu- ras altas de yndios. Y desde alli eomencaron todos a disparar sus arcabuzes y a dezir a grandes bo- zes: ¡biua el rey, biua el rey, y mueran traydo- res!; venios, leales caualleros, al seruicio de Su Magestad. Otros dixeron: caualleros, pues os pre- ciays ser hijosdalgo, dexad de seruir a los tira- nos, que son matadores de los hombres; venios al rey, que acá se os harán grandes mercedes; y todo esto se dixo muchas vezes, con otras cosas, para ver si auia alguno dellos que acudiesse a la boz de Su Magestad. Mas como entonces tenían vn Goncalo Picarro sellado en las entrañas y den- tro en los corazones y le guardauan toda fidelidad, no uvo ninguno de los capitanes, ni de los solda- dos, que se quissiesse passar, sino fue tan solo vno que se llamaua Alonso d'Escobar. Este soldado se fue al Padre Vizcayno y le dixo que era en vano dar tantas bozes a los sordos y traydores, pues no querían reduzirse al seruicio del rey, porque esta- uan muy constantes y firmes en seguir la falsa opi- nión de Picarro, y que nadie se huyria, porque el mismo no auia tenido tal sentimiento. El Padre. Vizcayno tuuo creydo esto ser assi, y auiendo vis- to que ninguno acudía al nombre del rey y que auia mas de dos horas o tres que andauan por alli remolinando, se fueron adonde Diego Centeno los estaua aguardando, y de alli se fueron adonde Lope de Mendoca se auia ydo y supieron por en- 60 tero de Escobar todo lo que passaua en el campo del contrario. Por estas causas y razones no qui- sieron dar la batalla, y assi eomencaron todos a caminar a la ligera teniendo que los picarristas no los alcanzarían por el gran bagaje que trayan, que por no lo dexar ni perder, que no caminarían tanto quanto ellos quisiessen, sino su poco a poco, o que se quedarian en el pueblo descansando algu- nos dias. CAPITULO VII DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL DIO UN BRAUISSI- MO ALCANCE A LOS DOS CAPITANES DIEGO CENTENO Y (1) LOPE DE MENDOCA POR EL CAMINO DEL PUEBLO DE CHAYANTA, EN DONDE HALLARON A DOS HOMBRES. DESCABEZADOS, Y DE LO DEMÁS QUE PASSO Venida que fue la mañana del Sábado Sancto. de mili y quinientos y quarenta y seys años, Fran* cisco de Carauajal llamo a todos sus capitanes y soldados a su tienda, en donde se auia recogido por amor del grandissimo frió que hizo aquella no- che, que destemplo los cuerpos a muchos de tos. picarristas, los quales venidos ante el les dixo co- mo era muy conueniente y necesario que todos ellos dexassen la ropa y fardaje que trayan, en po- der de veinte arcabuzeros para que la guardassen, porque el tenia determinado de yr tras Diégti Cen- teno y Lope de Mendoca, y no parar en mi I leguas hasta auellos a las manos. Y pues el enemigo auia comenzado a huyr, tenia creydo que no pararia ni le aguardaría en parte ninguna, como lo auian hecho, que se auian salido de todas las prouinctas. (O U*.,a. 62 del Perú quando Alonso de Toro auia ydo en se- guimiento dellos, y que se yrian a la entrada de Rojas, y que los auia de seguir hasta alia, o a don- de quiera que fuessen, aunque pasassen de la otra vanda del mundo. Sus capitanes y soldados dixeron que lo que el tenia acordado estaría muy bien he- cho y que assi se hiziesse y por tanto les man- dasse hazer todo aquello que conuiniesse al serui- cio de Goncalo Picarro, que ellos le seguirían muy de buena voluntad yendo con el hasta el cabo del mundo. Visto por el Maestro de campo la buena voluntad que todos le mostrauan tener, les torno a dezir que dexadas las cosas que les pudiessen embarazar siguiessen y persiguiessen á sus con- trarios que en tanto afán y trabaxo les ponían, y que fuessen todos a la ligera, pues tenían buenos cauallos y muías para lo hazer. Y que en las alfor- jas lleuasen alguna cosa para comer por el cami- no que auian de lleuar, porque tenia entendido y aun creydo que Diego Centeno y Lope de Mendo- ca aurian hecho a los yndios alear los bastimentos que tenían por donde ellos auian de passar, porque no se aprouechassen dellos, y los soldados, obe- descíendo el mando, lo hizieron assi y se aperce- bieron prestamente. Sintiendo Francisco de Cara- .uajal que todos estauan a punto, estando el ya cauallero en su muía bermeja los llamo a todos, los quales venidos se pussieron ante el muy bien aderescados y armados, y el, desque los vido assi (1), se holgó mucho. Y con esto comentaron (I) Tachado: mucho. 63 de caminar por la via que Diego Centeno camina- ua, lleuando sus estandartes y vanderas tendidas al viento, y el yua delante de todos y delante de si Ueuaua dos negros muy altos de cuerpo, con dos cauallos de diestro, que el vno se dezia el Boscan y el otro el Vayoelo. Yten, lleuaua veynte arcabu- zeros y otros tantos (l) de a caual lo por corredores, los quales yuan delante buen rato descubriendo el campo a vn lado y a otro porque por ventura no les tuuiessen puestas algunas celadas en algunos barrancos y quebradillas que por alli auia. Desta manera fueron caminando a toda furia tras ellos y aun no auian andado quatro leguas quando en vn recuesto en el mismo camino hallaron muertos y descabezados a Francisco de Zuñiga, natural de Seuilla y a Juan Rodríguez, granadino, los quales estauan desnudos en cueros y las cabecas arroja- das por ay. Según ¿rué después dixeron, que estos dos hombres por hazer amistad y seruicio a Gon- calo Picarro y a su Maestro de campo hordenaron de matar a Diego Centeno y A Lope de Mendoca y al padre Vizcayno, y como fueron sentidos no uvo effecto a lo que pretendían [y] los despacharon desta presente vida, dissimulando con otros que eran en el mismo negocio. Quando Francisco de Carauajal los vido uvo lastima dellos y mando a quatro soldados que alli se quedassen para que los enterrassen, y juro de vengar sus muertes en Die- go Centeno y en los suyos, y assi passo adelante y caminaron todo el dia; y los soldados que queda- (f) Tachado: arcabuzeros. 64 ron hizieron vna sepultura con las dagas y alli en- terraron a los dos diffuntos. Como los picarristas caminauan á toda furia, yuan ya sin horden ni concierto; mas como los leales yuan de priesa no aguardaron de les hazer ningún ardid, ni de poner- les algunas encamisadas para los poder prender o matar, que si por alli salieran algunos, fácilmente los pudieran desbaratar, porque el camino, como hemos dicho, era todo de quebradillas y barran- cos fy] se pudieran esconder en ellas para hazer effecto. Ya que era casi noche prendieron los corredores de Francisco de Carauajal a vn buen soldado llamado Pedro Vidal, el qual fue traydo ante el, y como era nothe lo mando atar fuerte- mente de pies y manos como a carnero, porque no se huyesse mientras el y los suyos descan- sauan, que se auian apeado en vn arroyo se- co debaxo de unas enzinas. Como hizo grandi- ssimo frió se le hincharon a Pedro Vidal las manos y bracos y los pies, por lo qual daua y dk) las mayores bozes del mundo llamando a Dios y a Sancta Maria su madre, y que Francisco de Carauajal le perdonasse, que bastaua el tor- mento que estaua padesciendo, que era mas cruel que la muerte. Y que si auia de morir, que por amor de Dios lo despenassen ya, y le dexassen conffessar primero, y no le tuuicssen puesto en aquel tan terrible tormento; que cierto, quien lo viera tuuiera del gran compassion y lastima en velle todo hinchado, causándolo el frió, y en las lamentaciones que hazia. Aun no era bien ama- nescido, que fue domingo y dia de pasqua de la 65 Sanctissima Resurrección, quando hizo poner ante si a Pedro Vidal y le pregunto muchas y diuersas cosas, el qual respondió que como era soldado po- breton no le dauan parte de lo que se auia de ha- zer, y assi no sabia nada, por lo qual le mando dar garrote y sin conffession, y alli le dexaron muerto a benefficio de los cueruos. Hecha esta gran cruel- dad mando a todos los suyos que caualgassen prestamente, y de puro friolentos no podían subir sobre sus cauallos que estuuieron toda la noche ensillados y enfrenados. Mas, en fin, prosiguiendo su camino adelante llegaron a vn cerro que tenia vn mal passo y angosto, en donde se auian puesto Diego Centeno y el Padre Vizcayno con muchos arcabuzeros aguardando a los picarristas para les estoruar el passaje con muerte de alguno dellos. Sintiendo esto Francisco de Carauajal, que fue auissado de sus corredores, hizo alto para que los suyos llegassen, porque muchos dellos se auian quedado muy trasseros por amor de los cauallos, que se les auian cansado, que ya no podían andar. Llegados que fueron, muchos luego se apearon de sus muías y cauallos y se fueron hazia donde es- taua el mal passo y angustura y alli se tiraron con furia los vnos y los otros vn rato de arcabuzacos. Y como estauan apartados tirauan a tira mas tira, y como todos vieron que no hazian effecto los ar- cabuzes soltaron las lenguas y eomencaron de tra- tarsse mal de palabra, llamandosse los vnos y los otros de hidesputas, vellacos, traydores y enemi- gos de Dios y de sus Sanctos, y de Su Magestad; de manera que los picarristas dezian estas pala- G. DR SAMTA CLARA.-IV.-3.0 5 66 bras a los leales, y en retorno, ellos les dezian lo mismo. Pues como Diego Centeno y el Padre Pe- dro Ruyz se vieron apretados y que sus contrarios les yuan ganando a mas andar el passo, lo desam- pararon luego sin daño alguno de entrambas par- tes y se fueron con la mayor presteza que pudie- ron al pueblo de Chayanta, en donde los aguarda- ua el capitán Lope de Mendoca. Francisco de Ca- rauajal, quando sintió que el mal passo y angustu- ra estaua desembarascado, atraueso por el sin nin- gún rezelo, aunque primero y ante todas cosas echo por delante mas de treynta arcabuzeros para ver lo que auia en el. En fin, Diego Centeno y el Padre Vizcayno con los demás, quando llegaron al pueblo de Chayanta no quissieron aguardar alli al enemigo, por muchas causas y razones que para ello les mouio a todos. Por tanto Lope de Mendoca mando luego a los yndios que se alcassen y se fue- ssen a los montes a esconder y que primero es- condiessen todos los bastimentos que tenian, ate- morizándolos con las crueldades del Maestro de campo, que los auia de quemar viuos, y assi se fueron todos huyendo a los montes. Assimismo el dicho Lope de Mendoca mando quemar vna gran casa en donde estauan encerradas (1) mas de diez mili hanegas de mahiz tremes, porque Francisco de Carauajal ni sus soldados no gozassen del, por- que en llegando luego lo auian de tomar todo para ellos y para sus cauallos, y esto se hizo a fin de que Carauajal, no hallando que comer, se boluie- (I) Ms. encerrados. 67 sse y no los perseguiesse tanto. Hechas estas cosas con otras muchas, otro dia por la mañana se sa- lieron todos juntos del pueblo, auiendo ante todas cosas y primero escondido todo el oro y plata y la ropa que tenían, porque los picarristas no goza- ssen de cosa alguna, y con esto se fueron por otro camino diuerso del que auian de lleuar y se torna- ron otra vez al pueblo de Paria, de donde auian salido el Viernes Sancto, que contornearon y ro- dearon vnos cerros muy grandes y ásperos de an- dar. Llegaron con Diego Centeno y Lope de Men- doca a este dicho pueblo hasta doscientos solda- dos, que los demás se quedaron atrás y se aparta- ron del camino porque Francisco de Carauajal no encontrasse con ellos, porque no los mandasse dar garrote como auia hecho de otros. CAPITULO VIII DE COMO PROSIGUIENDO FRANCISCO DE CARAUAJAL SU CAMINO ALCANZO A LOS CAPITANES DIEGO CENTENO Y A LOPE DE MENDOCA, EN EL PUEBLO DE PARIA, EK DONDE SE TUUO CREYDO QUE SE DIERA BATALLA. Y DE LO DEMÁS QUE PASSO Auiendo Francisco de Carauajal entendido y sabido que los dos capitanes Diego Centeno y Lo- pe de Mendoza y el Padre Vizcayno con todos los demás soldados eran ydos, y que se auian quitado del mal passo en donde se auian puesto, fué tras ellos con aquella furia que siempre tenia en su ani- mo yndomito, hasta que allego ya muy tarde al pueblo de Chayanta. Assi como llego con todos ios que le pudieron seguir, al dicho lugar, lo ha- llaron todo despoblado de los yndios naturales, [y\ que aquella madrugada se auian ydo de alli sus contrarios, de lo qual le peso grandemente porque quisiera de los hallar para hazer carnicería en ellos. Luego los soldados del tirano se esparcieron y derramaron por el pueblo a buscar de comer y no hallaron que sino vn poco de mahiz que estaua. escondido en vnos hoyos debaxo de la tierra, que los naturales lo auian puesto alli por mas secreto» 69 y lo que pudieron hallar derramado en el suelo en donde los leales auian dado de comer a sus caua- llos, que [de] esto auia poco, y lo demás que reco- gieron no fue nada en comparación de lo mucho que auian menester [para] la ynsaciable hambre que tenian. Dende a vna hora que Francisco de Carauajal llego al dicho pueblo se presento ante el vn soldado llamado Juan de Arjona, que se auia huydo del campo de Diego Centeno, el qual dio auiso de lo que su contrario dezia que auia de ha- zer, y del camino que auia tomado y a donde yua. Y mas le apercibió diziendole que aguijasse mu- cho, porque alcancaria a sus contrarios aquella noche quatro o cinco leguas de alli, porque no po- dían andar mucho por ser muy áspero y mal ca- mino el que lleuauan. No quisso Francisco de Ca- rauajal aguardar mas, ni parar en el pueblo, an- tes se pusso luego en camino y como era angosto y áspero y de mal pays no anduuo sino tres leguas y no alcanco a Diego Centeno ni a ninguno de los suyos, y quando amanescio llego a vn arroyo muy grande que lleuaua mucha agua. Lleuo Diego Centeno este camino solamente por desatinar al enemigo; mas si el fuera por lo alto de la sierra hallara buen camino y llano, y como no lo sabia fuesse tras su contrario, y como el arroyo era tor- tuoso y de muchas bueltas lo passaron mas de treynta vezes dándoles el agua por encima de los estribos, que lo tuuieron por gran trabajo. Al fin, passado este rio y larga quebrada llegaron los sol- dados y cauallos muy canssados a vn pueblo que estaua despoblado de yndios y de comida, dexando 70 el i\IToyó a mano derecha, y en este dia fue Fran- cisco de Carauajal en vn cauallo bien alto y muy andador, por amor del agua, porque no se le mo- jrtssen los pies. Estando en este pueblo comiendo,. que m ria a medio dia, llego a el vn yndio que des- pués se supo que era hechadizo y espia, el qual dixo a Carauajal entre otras cosas que le fueron preguntadas, de como el exercito de su contrario se auia diuidido y apartado, y que Centeno se yua al pueblo de Paria, y que Lope de Mendoca se yua a la villa de la Plata. El tirano, como experto en las cosas de la guerra, no le dio crédito, antes dixo que era hechadizo y espia y que en las palabras lo auia entendido, y mas por las preguntas que le auia hecho, porque variaua y se contradezia en ellas; al qual mando prender y (1) lleuarlo a buen nv.i ¡o porque no se huyesse, y buelto a sus ca- pitanas les dixo: Estos necios piensan que assi li- li un 1.1 mente tengo de diuidir mis caualleros y bue- -uldados, para que después nos aguarden en ii-iin mal passo para podernos desbaratar si pu- dieren; cierto ellos lo tienen mal pensado y se en- £afum en todo y por todo y muy mucho. Mas por aqueste engaño y ardid que nos quieren ellos ha- zi r, por el mismo engaño entiendo de los coger i orno Uebaxo de vna trampa, o si no yo los haré inn r Mimo liebres; vamos y caminemos para ven- cí i i los soldados sin capitán, y después boluere- riu» M>bre Lope de Mendoca, que esta sin gente,
-i es rdad que se an diuidido, lo qual yo no creo.

(1 L\uhado: mando.

J

71

No uvieron acabado de comer lo poco que tenían
quando de ymprouiso comentaron de marchar
aquella tarde y toda la noche, y como hazia gran-
de escuridad lleuauan vna guía que era estrange-
ro y llegaron a vna ciénega grande muy mala de
passar. Y queriendo la guia passar con su muía,
cayo con ella en la ciénega y le tomo vna pierna
debaxo, que se la quebró, y comenco a dar muy
grandes bozes y a deztr que la gamba tenia que-
brada, que fue gran lastima de le oyr dar tan dolo-
rosas bozes llamando a Dios y a Sancta María su
madre. Aun no era bien caydo este hombre quan-
do el capitán Juan de Morales, queriendo passar,
que yua tras de la guia, cayo también en la ciéne-
ga junto al leuantisco, y se enlodo y encharco to-
do, y como hazia grandissimo frió la guia murió
alli luego. El capitán estuuo a canto de morirse,
que assi como le sacaron, mientras le trayan ropa
limpia para vestille y en el entretanto que le da-
uan vino para que se callentasse, se le hinchió todo
el cuerpo, causado del frió, que parescio odre hin-
chado, y assi con los remedios que le hizieron es-
capo de la muerte. Con todo esto no pararon los
picarristas, sino que tomaron el camino mas arri-
ba de la ciénega y passaron a píe enjuto y assi ca-
minaron con mucha priesa lleuando consigo al ca-
pitán Juan de Morales bien arropado, y dexo dos
soldados para que enterrassen a la guia. Y con
esto passaron muchas ciénegas y malos passos,
que como la noche hazia muy escura parescieron
mas malos de lo que eran, como muchas vezes
acontesce, y Diego Centeno y los suyos como lo

72

passaron de dia no se les hizo tan difficultosso por-
que vieron por donde passauan. Quando amánes-
elo se hallaron media legua del pueblo de Paria y
desde alli vieron a Diego Centeno y a Lope de
Mendoca como tenían puesta la gente en esqua-
dron en vnalto, por lo qual mando el tirano a los
suyos que se aparejassen a la batalla porque sus
enemigos los estauan aguardando para dalla. Los
picarristas. como estauan muertos de frió JJeua-
uan los arcabuzes. langas y picas atrauesadas en
las sillas, que no las podían tener en las manos,
y OLIOS no las podían abrir; mas no por esso per-
dieron punto de animo, antes a mas andar se
yuan allegando a donde estauan los leales. Vien-
do Diego Centeno y Lope de Mendoca que Fran-
cisco de Carauajal auia andado mucho y que ve-
nía muy cerca, les peso mucho, y assi no le qui-
sieron (1) aguardar, antes dexando el lugar que te-
nían se fueron todos por el camino Real del Cuzco,
su passo ante passo, porque algunos de los solda-
dos no se fuessen. Porque en esta ora se le auian
ydo mas de ciento y cinquenta hombres de a caua-
llo y arcabuzeros a diuersas partes, por no venir
a las manos del tirano cruel que desseaua cogellos
por hartar su hambre canina de la sangre de los
leales. Dexo por corredores al Padre Vizcayno con
veinte hombres de a cauallo y arcabuzeros de
quienes se tenia gran confianca, que ciertamente
muchos dellos se apartauan del camino Real y se
yuan a esconder, solamente por no encontrar con

1.1) ‘ ís. le /eso mucho, y assi no le guiso.

73

este hombre, al qual auian cobrado gran temor
por los grandes alcances que les daua. Verdade-
ramente tengo créydo que si Diego Centeno y
Lope de Mendoca y los demás le aguardaran en
este paraje y dieran batalla a los enemigos, sin
duda que él los venciera a causa que todos sus sol-
dados estauan descansados y calientes, que auian
tenido aquella noche mucho fuegd, [y] estando, co-
mo estauan, en fuerte lugar. Los de Francisco de
Carauajal venían muy cansados y desudados y es-
tauan ademas friolentos, que no podían mandar las
armas que tenían en las manos, porque todos los
hombres de a cauallo, piqueros y arcabuzeros no
se podían apear de sus cauallos porque tenían los
pies apegados a los estribos, de puro carámbano y
frío. Y quando se apearon no pudieron andar de
tullidos y encogidas las piernas, que no las podían
enderescar, y los bracos y las manos no las podian
menear, y assi temblauan de puro frió como azo-
gados y muy temerosos; mas Diego Centeno, no
conosciendo esta buena ventura o coyuntura que
a las manos le venia, la dexo perder, lo que no
deuiera. Pues viendo Francisco de Carauajal que
Diego Centeno se auia ydo, le peso en gran mane-
ra, que quisiera concluyr alli el negocio, y que-
riendo passar adelante tras ellos le dixeron sus
capitanes que no lo hiziesse a caussa que los sol-
dados estauan muy cansados y muertos de frío y
de hambre y que auia dos dias que no comían bo-
cado, ni tenían de presente que comer. Y Que era
mejor dexalios tomar algún aliento y resuello y
/os dexasse descansar vn poco, y no mut^os cori

74

tanto caminar con el apresuramiento que lleuaua
tras los contrarios, que huyan mucho; principal-
mente lo auia de dexar por amor del capitán Juan
de Morales, que se yua muriendo de la cayda que
auia dado. Oyendo Francisco de Carauajal estos
ruegos, determino de complazer en todo y por
todo a sus capitanes y soldados, que ya desseauan
parar vn poco por descansar, y assi mando hincar
las vanderas y los estandartes en el suelo para
que todos se apeassen y descansassen por aquel
dia y la noche. Entonces los soldados eomencaron
los vnos a tendersse por los campos a dormir don-
de auia algunos reparos que el sol daua en ellos,
porque corria un viento frigidissimo y muy del-
gado que traspassaua y destemplaua reziamente
los cuerpos humanos, y al capitán Juan de Mora-
les le dieron remedios para que conualeciesse.
Otros fueron a buscar leña para callentarsse;
otros no hazian sino andar y correr de vna parte
íl otra por sudar y venzer al frió, y dellos se fue-
ron al pueblo despoblado y eomencaron a buscar
de comer; vnos lo hallaron, aunque poco, y otros
no lo hallaron. Y otros toparon con mucha plata y
oro que estaua encaxado sotilmente entre los ado-
bes y escondido dentro de las paredes, que lo
auian puesto alli secretamente los soldados, y
ciertos yndios de los de Diego Centeno lo descu-
brieron a los picarristas. Venida que fue la maña-
na del otro dia, que aun no era bien amanescido,
quando ya Francisco de Carauajal andaua a caua-
llo en su muía bermeja llamando a sus capitanes
y soldados para caminar sin tener miedo al frió

75

muy grande que hazia. que cierto corría vn viento
muy grande y terrible, que no auia hombre que lo
pudiesse sufrir. Con esto, aderescados todos, eo-
mencaron de marchar con grande furia y aquel
diallegaron al pueblo de Ayohayo, que ay catorce
leguas tiradas, en donde alcanzaron doze soldados
que de cansados se auian quedado atrás, a los qua-
les hizo luego ahorcar sin conffession, y aqui des-
canso por esta noche. Antes que amanesciesse co-
menco de marchar y de otro apretón anduuo aquel
dia doze leguas y llego ya que era noche al pueblo
de Viacha, en donde fueron presos por los corre-
dores dos mancebos, que el vno se dezia Pedro
Robledo de Oftate, vizcayno, hijo de vn vezino de
la cibdad de México, y el otro se dezia Francisco
Sánchez, natural de Seuilla, a los quales mando
luego ahorcar. Estando ya para los ahorcar enci-
ma de vnos paredones altos, llego a tiempo el pa-
dre Vrtum Sánchez, vizcayno, mayordomo mayor
del comendador Hernando Picarro, que era gran
amigo de Francisco de Carauajal, el qual le suplí*
co con gran vehemencia y ahinco los perdonasse,
y el lo hizo por le complazer, que cierto se tuuo a
mucho. Passando mas adelante llego a otro pueblo
diez leguas de donde salió, llamado Tiagunaco, en
donde sus corredores alcanzaron y prendieron
diez soldados; a los cinco dellos mando luego
ahorcar de vnas ventanas de vna casa bien alta y
grande. Al vno dellos, que se dezia Alonso de
Sancta Cruz, mando ahorcar de vna ventana mas
alta que auia en la casa, diziendo que lo hazia por
honrrallo mas que a los otros, porque auia sido vn

76

poco de tiempo su criado;, y á los demás soldados
perdono a ruego y suplicación de sus capitanes.
Desta manera yua el cruel carnicero executando
sus crueldades en los seruidores de Su Magestad,
ahorcándolos sin hazellos conffessar, y si los su-
yos le dezian que los hiziesse primero conffessar.
pues eran xpianos. respondía el que ¿por que no
andauan conffessados, pues sabían que auian de
morir si venían a sus manos?; de manera que fue
gran lastima de los ver; y esta noche descanso en
este pueblo porque ya los suyos lo desseauan
mucho.

CAPITULO IX

DE COMO EL CAPITÁN DIEGO CENTENO Y LOPE DE
MENDOZA LLEGARON A CHOCÜYTO, PUEBLO DEL REY,.
Y DE LO QUE HIZIERON EN EL, Y DESDE ALLI SE
FUERON AL PUERTO DE QUILCA PARA TOMAR VN NA-
UIO, Y NO LO PUDIENDO AUER SE ESCONDIERON DE
REZELO DEL GRAN TIRANO

El Capitán general Diego Centeno y el Maes-
tro de campo Lope de Mendoca y el Padre Vizcay-
no, con los demás soldados que yuan con ellos,.
por escapar con las personas y vidas y por no ve-
nir a manos del cruel tirano caminaron dias y no-
ches sin parar y con grande priesa hasta que alle-
garon a Chocuyto, pueblo de Su Magestad, por
descansar algún dia, que yuan muy fatigados. En
este pueblo hallaron a vn cauallero llamado Don
Martin de Guzman, natural de Utrera, que era alli
corregidor por Gonzalo Picarro, que estaua” re-
cogiendo los tributos del rey, al qual prendieron y
la noche que alli descansaron le hizieron escreuir
por fuerza vna carta para Alonso de Toro, y otras
para los regidores y alcaldes hordinarios de la
cibdad del Cuzco- Lo que en ellas se contenia era
dezir de como Diego Centeno y Lope de Mendoza

78

venían muy pujantes de gente; que el capitán Cas-
tañeda y el Maestro de campo Dionisio de Boba
dula auian dado de puñaladas a Francisco de Ca-
rauajal, los quales todos estauan determinados de
les yr a tomar la cibdad y de los prender y matar.
Y pues que Diego Centeno venia tan pujante, que
se ajuntassen con el en buena paz y concordia,
porque tenia creydo que no lefs] perjudicaría en co-
sa alguna y que serian grandes amigos y que yrian
contra Gonzalo Picarro, y que si esto no queria[n]
hazer que pussiessen sus personas en cobro. Es-
cripias estas cartas, con otras muchas cosas, le
hizieron escreuir otras para los vezinos mas prin-
cipales que auia en ella, del thenor de las prime-
ras, y tomadas las cartas por Diego Centeno y
Lope de Mendoca las despacharon por la posta
con los yndios que están puestos a trechos aquar-
to de le-ua por los caminos Reales. Después des-
tas cosas assi passadas, cerca del alúa se huyo el
dicho Don Martin de Guzman de la prisión en que
estaua, por mas guardas que le pussieron, porque
los dos capitanes auian determinado que en ama-
nesciendo le cortassen la cabeca porque seguia la
falsa opinión de Picarro y porque era mortal ene-
migo de Lope de Mendoza. Después que se vido
libre se fue a otro pueblo apartado del camino Real
dos leguas, desde donde escriuio otras cartas al
theníente Alonso de Toro y a los demás principa-
les que dicho tenemos. En las quales daua por aui-
so de toda la verdad y de lo que auia passado y de
la retirada de Diego Centeno y de Lope de Men-
doca, las quales embio por la posta con yndios, y

79

lo que acontescio por estas cartas primeras y pos-
treras, en el Cuzco, adelante lo diremos largamen-
te. En fin, al fin los dos capitanes no quisieron pa-
rar muchas horas en el pueblo, por amor de el
coco que atrás venia, que otro dia por la mañana
se salieron todos del y caminaron noches y dias y
atrauesaron por vn gran despoblado (1) de grandi-
ssimo frió, y passando junto a la cibdad de Are-
quipa se fueron a vn pueblo de yndios que esta jun-
to a ella. Los vezinos de la cibdad, como estauan
afficionados a Diego Centeno, que seguía el parti-
do de Su Magestad,y aborrescian y querían mal a
Goncalo Picarro por la tiranía en que estaua pues-
to, y abominauan las crueldades de Francisco de
Carauajal, le salieron todos a ver y a seruir. Y
alli le dieron todos el pessame de sus trabaxos y
fatigas y le consolaron lo mejor que pudieron y le
aconsejaron se apartasse de la furia y braueza de
Francisco de Carauajal, su mortal enemigo, por
quanto venia muy cerca tras el, y le proueyeron
de algunas cosas que el y los suyos uvieron me-
nester. Estos dos capitanes Diego Centeno y Lope
de Mendoca les agradescieron la muy buena vo-
luntad y amor que todos les mostrauan tener, y
alli hablaron con ellos largamente de muchas y
diuersas cosas de todo lo que auian menester de
se hazer para lo adelante. Y con esto los vezinos
se boluieron a sus casas, que estauan cerca, por-
que el Maestro de campo no sospechasse dellos al-
guna cosa quando viniesse a saber esta visita que

(l) Ms. desenfilado.

80

auinn hecho, y aun con todo esto se rezelauan
mmtn> Id, porque era vn demonio que por vias
esquí si tas venia a saber de muchas cosas secretas.
Pues como el capitán Diego Centeno tuuiesse
i ropre entendido y aun creydo que Francisco de
Carauajal caminaría tanto como el, tanpoco le
quiso aguardar en este pueblo, antes se salió del
lo mas presto que pudo con algunos pocos de sol-
dado^ que le auian quedado, y se fueron todos al
puerto de Quilca, que ay diez y ocho leguas desdé
la cibdad hasta aqui. Después que el y los que
yuan caá el se vieron en este pueblo, se holgaron
en gran manera de auerse librado de las cruelen-
tas manos del auariento y cruel tirano de Fran-
cisco de Carauajal, alabando a Dios y a Sancta
María su madre por tanto bien como les auiafn]
ht/cho en librallos deste cruel carnicero. Y conside-
rando f 1 largo camino que todos auian traydo tu-
uieron entendido y aun muy creydo que llegando
Francisco de Carauajal a la cibdad y no los hallan-
n I la, que parada alli y que no passaria mas
tari te, sino que se bolueria a las Charcas a la
villa ú* la Plata. Estas cosas le auian prometido
todos los vezinos que le salieron a visitar, que ha-
i NI tal manera con Francisco de Carauajal
nucdasse en la cibdad a descansar, y que
allí stTÍ i de todos muy regalado, y dexasse ya de
r a Centeno, que tanto huya; y demás des-
eo que no le descubrirían en donde quiera que es-
tuuiessc Luego otro dia Diego Centeno embio
al eapitan Ribadeneyra que fuesse al puerto del
rio ííilo para que si uviesse alli algún nauio lo to-

81

masse y se lo truxesse, porque determinaua em-
barcarse en el para yrse a la prouincia de Nicara-
gua, y de alli a España ante Su Magestad para que
lediesse la conduta contra Goncalo Picarro. El
Maestro de campo Lope de Mendoca y el alférez
mayor Alonso Camargo y el capitán Luys Perdo-
mo,el canario, con otros diez, no quissieron aguar-
dar a cosa alguna, por el rezelo que tuuieron de
Francisco de Carauajal que llegaría hasta alli y
los mataría a todos sin redempcion alguna si los
alcancaua. Y por esto se tornaron a la prouincia
de las Charcas por otro camino, subiéndose por la
costa de lámar arriba, atrauessando por muchas
sierras y tierras despobladas y de grandes fríos, en
donde hallaron algunos soldados de los suyos que
andauan huydos de Francisco de Carauajal, fy] yen-
do mas adelante y estando ya en la prouincia de las
Charcas, con muchos soldados que salían de la go-
uernacion del Gouernador Diego de Rojas, que es
en el rio que llaman de la Plata, como adelante
mas largamente diremos. Pues estando Diego Cen-
teno en este puerto de Quilca, fue auissado por la
posta, de los vezinos de la cibdad de Arequipa,
como Francisco de Carauajal era llegado y que
determinaua passar a Quilca para le yr a buscar,
sin querer entrar en la cibdad a descansar, ni res-
cebir dellos algún seruicio en sus casas. De lo qual
Diego Centeno tuuo gran rezelo y luego mando al
capitán Francisco Negral lleuasse la gente que
auia quedado, que serian hasta cinquenta hombres,
al valle de Yca, porque tenia nueua muy cierta de
la llegada del tirano junto a la cibdad, y de como
G. DE SAHTA CLARA.—IV.—3.° 6

82

los venia a buscar. Francisco Negral y los demás
lo hizieron assi, que todos se fueron, y llegados al
pueblo se diuidieron, y vnos se fueron dissimulada-
mente a la cibdad de Lima, otros al Cuzco, otros
a la cibdad de Arequipa, y otros se tornaron a la
prouincia de las Charcas y a otras diuersas partes,
porque no fuessen presos de los tiranos. Auiendose
ya ydo Francisco Negral con los soldados y vién-
dose Diego Centeno soloy sin compañía sino con
vn criado suyo que se dezia Pedro Guaco, llamo
al estanciero del pueblo, llamado Diego Márquez,
que era criado de Miguel Cornejo, cuyo era el pue-
blo de Quilca. Venido el estanciero le rogo mucho
le diesse por alli cerca algún lugar secreto en don-
de pudiesse estar de tal manera que Francisco de
Carauajal ni los suyos supiessen del, y le prdTnetio
de le dar cient ducados de buen oro y que si con
la vida L|iicdasse le dada muchos mas. El estancie-
ro, con la cudicia del oro que luego se le dio, y por
tenar lastima deste cauallero dessamparado y por-
que Miguel Cornejo su amo se lo embio a mandar
lo escondiesse, le prometió de lo embiar a una cue-
ua muy secreta que era muy fuerte, que con dos
hombres que uviesse en ella se podían defender
de mas de dos mili hombres, teniendo que comer.
Diego Centeno le pregunto que adonde estaua la
cueua; el le dixo que en el pueblo de Condesuyo,
que era de su amo Miguel Cornejo; el qual, ponién-
dose en camino, le dio ciertos yndios del pueblo
para que lo lleuassen en vna hamaca. Y diole por
auiso que llegado al pie de la sierra se subiesse a
ella por vna senda muy estrecha y agria que los

83

yndios le enseñarían, y que llegado a la cueua ha-
llaría en ella vn grande amigo suyo y que el le
auisaria siempre de las cosas que pasassen en la
tierra y le embiaria a la contina de comer y de
beuer. Desta manera fue lleuado con su criado en
sendas hamacas, que jamas quiso dexar a su amo
por muchos y grandes peligros que tuuo, y assi
Diego Centeno se lo agradescio muy mucho por
su gran fidelidad que siempre le auia tenido, y des-
pués lo embio muy rico a España por los buenos
seruicios que le auia hecho. En ¿sta cueua hallaron
metido a vn cauallero llamado Luys de Riuera,
theniente de Gouernador que auia sido en la villa
de la Plata, que estaua escondido en ella dias auia
por las cosas que hizo contra Goncalo Picarro
quando alc;o vandera en las Charcas contra el en
nombre de Su Magestad, como en el primer libro
queda dicho. Quando los dos capitanes Diego Cen-
teno y Luys de Ribera se vieron fue muy grande
el plazer y alegría que rescíbieron; por cierto ellos
tuuieron mucha razón de holgarsse el vno con el
otro, y se abracaron muy cordialmente porque
eran grandes amigos y compañeros en los traba-
xos que auian passado por seruir a Su Magestad,
y alli se dieron cuenta de lo que les auia passado.
Los vezinos de Arequipa les proueyeron de todo lo
que uvieron menester de refresco y de otras cosas,
mientras estuuieron en esta cueua, y les auissauan
de lo que passaua en la tierra; mas andando des-
pués el tiempo salieron a seruir al rey quando el
de la Gasea vino a la tierra.

CAPITULO X

EN DONDE SE CUENTAN LOS GRANDES ALBOROTOS QUE
SE CAUSARON EN LA CIBDAD DEL CUZCO POR LAS CAR-
TAS QUE DON MARTIN DE GUZMAN ESCRIUIO AL THB-
XIENTE ALONSO DE TORO Y A LOS REGIDORES Y A LOS
DEMÁS VEZINOS DELLA

Como arriba queda dicho y apuntado que Don
Martin de Guzman escriuio por fuerca las prime-
ras cartas, aueis de saber que los dos capitanes
Diego Centeno y Lope de Mendoca las embiaron
a la cibdad del Cuzco, y como fueron lleuadas por
la posta por los yndios llegaron en breue tiempo,
que fue en dia y medio, que son cinquenta leguas
tiradas; las quales rescebidas por Alonso de Toro
y regimiento supieron las nueuas tan tristes que
les escriuieron. Por la parte del theniente, mouido
a gran compassion, embuelta con vn rauioso enojo
y rancor, de puro coraje comenco a llorar la tan
desdichada y cruel muerte de Francisco de Cara-
uajal; aunque le auia sido mortal enemigo le peso
mucho, no por lo que a el tocaua, sino que adeui-
naua que auian de susceder mili males por su falta
y ausencia. Con esta rauiosa passion se retruxo
vn poco a su cámara a pensar lo que en el caso ha-

85

ria, y no estimo mucho en ella, quando con gran
priesa salió a la sala, donde hallo a las justicias y
regimiento de la cibdad y a otros hombres princi-
pales della, que estos auian acudido a su casa.
Quando Alonso de Toro los vido se holgó mucho
con ellos, y como eran pocos luego embio a dos
criados suyos para que puestos a cauallo llama-
ssen a todos los vezinos y moradores de la cibdad,
los quales venidos y congregados en su casa den-
de a vna hora, les dixo y manifestó lo que en las
cartas se contenia (1), las quales se leyeron pu-
blicamente. De^ todo lo qual a vnos en lo ynterior
les plugo de tal muerte, y a otros, que eran afficio-
nados al gran tirano, les peso en gran manera.
porque tenian a este hombre por vn cimiento fixo,
aunque vano, para sustentar Gongalo Picarro su
vana y falsa pretensión y opinión. Auiendo habla-
do a todos se salió de su casa a cauallo, muy acom-
pañado de su guarda y de la vezindad, y se fue a la
plaga, en donde publico otra vez las nueuas que
Don Martin dé Guzman su verdadero amigo le
auia escripto, las quales no podían ser sino muy
verdaderas, pues dezia que auia hablado con los
mismos capitanes que le auian muerto. Por otra
parte comenco a dezir en alta boz a la gente cib-
dadana y popular que auia concurrido a oyr las
nueuas: ea, caualleros y señores míos, ¿ay alguno
de vuestras mercedes que sea verdadero amigo
del Gouernador mi señor, que quiera luego salir
conmigo para yr a la cibdad de Quito, adonde el

(I) Ms. contenían.

86

esta, p;ira dezille lo que passa? Luego encontinen-
te se mostraron muchos hombres que eran afficio-
nados a Goncalo Picarro y todos se le offrescieron
con sus personas, armas y bienes para yrse con el,
no so].i mente a la cibdad de Quito, mas aun hasta
el cabo del mundo, y boluerse después con el, lo
qual el theniente Alonso de Toro les agradescio
mucho por la buena voluntad que mostrauan tener
al SLTUÍCÍO de Goncalo Picarro, y por esto les man-
do que prestamente fuessen a sus casas y se aper-
cibiessen, porque se queria partir aquel dia antes
que Diego Centeno llegasse. Como sintieron los
vezinos que Alonso de Toro se queria partir y des-
amparar la cibdad, le hablaron todos diziendole
que ta! cosa no hiziesse, ni se fuesse de la cibdad,
pues auia al presente mucha gente en ella que la
deffendcrian varonilmente. Y demás desto que es-
perasse a Diego Centeno sin tener ningún rezelo
del, que los vezinos y moradores della en todo ca-
sso no le faltarian, y que si de otra manera lo ha-
zia perdería mucho de su reputación y honor,
quami mas que vernian algunos hombres con Cen-
teno que fuessen afficionados a Picarro que luego
se le passarian en estando cerca, y assi le dixeron
otras cosas. Alonso de Toro respondió que en
aquel momento que allego a la placa, y por loque
luego fue auissado, auia sentido en muchos de los
que le auian prometido de yrse con el á Quito, que
no astillan ya de aquel proposito y que se auian
holgado de la muerte de Francisco de Carauajal,
que auia sido vno de los buenos seruidores de Pi-
carro. Y que por estas cosas se queria yr, por no

S7

poner en eondiscion y en balanza la vida de mu-
cho* de sus amigos y adicionados, porque sabia
ciertamcme que de su estada o quedada no le yria
bien del lo, porque al mejor tiempo le anian luego
de desamparar todos para yrsé a su contrario. Y
que mas queria dexar libre y sana la cibdad en po-
der del enemigo, que no destruyda y asolada con
muerte de muchos cibdadanos y moradores en ella
que culpa no tenían en cosa alguna, y que este pro-
uecho y vtilidad no la entendía nadie como el. Mas
en fin, el determinaua de yrse a Quito por muchas
causas y razones que a ello le mouian, para des-
pués venir con gran numero de «4’ente a cobrar por
fuerea de armas lo que assi dexaua perdido; de
manera que el dixo estas cosas con grandissimo
rancor y braueza. Pues viendo Alonso de Toro
que no tenia tanta possibilidad quanta auia menes-
ter de buenos soldados para esperar y aguardar a
mas de seyscientos buenos soldados con seys capi-
tanes muy ferozes y brauosos, como dezian en la
cibdad que venian contra el muy ganosos de le dar
batalla, no los quiso aguardar, ver, ni oyr, por el
gran peligro que auia. Y con esto mando con pu-
blico pregón que todos los vezinos y moradores,
estantes y habitantes en la cibdad, se apercebíe-
ssen todos luego para yrse con el a la ligera den-
de a dos horas a la cibdad de Quito, so pena de
muerte y de traydores y perdimiento de bienes. Y
por otra parte dixo a su cuñado Thomas Vasquez,
que entrambos estauan casados con dos hermanas,
que su pretensión era no esperar a Diego Centeno,
ni a Lope de Mendoca, ni ponerse en sus manos,

88

porque no sabia como lo auian de tratar, ca siem-
pre les auia mostrado mortal enemiga y por esso
los auia perseguido mucho. Passadas las dos ho-
ras y viendo que no le acudian todos aquellos que
primero se le auian offrescido, se enojo braua-
mente contra ellos y luego conoscio clara y abier-
tamente lo que auia ya concebido en el animo,
que al tiempo de dar la batalla no auian de pelear
todos, sino que lo auian de desamparar al mejor
tiempo. Y assi con ma3Tor furia y braueza los tor-
no a llamar con pregones y embio a sus alguazi-
les y a sus criados a casa dellos para que salie-
ssen de sus casas, y ellos se escondieron mucho
mas por no yr con el y por no dexar a sus muge-
res, hijos y familias desamparadas, creyendo que
los soldados de Centeno darían saco mano [en] sus
casas, y por esto se quedauan por deffendellas. De
manera que eran muchos los que se escondían y
muy pocos y poquitos los que dezian vamos, y es-
tos estauan todos desarmados y a pie, que no te-
nían cauallos en que yr para lo acompañar. Alon-
so de Toro sintió esto mucho y en gran manera, y
como vido que no salían tantos quantos el queria
se estuuo quedo en la cibdad hasta otro dia, aguar-
dando si auia mas gente que se quisiesse yr con el,
y de doscientos hombres que auia de pelea no ha-
llo sino obra de cinquenta hombres de a cauallo y
arcabuzeros, que los diez hombres destos eran ve-
zinos de la cibdad que tenían repartimientos de yn-
dios y eran yntimos amigos suyos y grandes ser-
uidores de Goncalo Picarro, que determinaron de
le seguir en esta presente y trabajosa jornada.

SU

Viendo, pues, que no se allegauan mas, se salió
de la cibdad con sus cinquenta hombres, con la
mayor tristeza de todo el mundo, aunque embuelta
con gran enojo y rancor, y assi eomencaron de
caminar saliendo por la cuesta pequeña de Car-
menga, licuando todos la via para la cibdad de
Quito a donde el tirano estaua al presente. Des-
pues que se vieron dos leguas de la cibdad le[s]
parescio al theniente y a Jos demás vezinos que
eran casados, que era muy mal hecho en dexar,
como dexauan, a sus mugeres tan solas en sus ca-
sas, sin abrigo ni amparo de parientes ni de buenos
y leales amigos. Allende desto, que no sabían de
como las tratarían los soldados de Diego Centeno
y los que en la cibdad quedauan, por vengarsse
dellos, por lo qual determinaron de boluersse, y
assi como yuan caminando dieron luego la buelta
para sacallas y lleuallas por delante a la cibdad de
Guamanga o a Los Reyes. Bueltos a la cibdad
luego buscaron modos y maneras de como las 1 le-
uarian, escondiendo primero todos los dineros,
caxas, alhajas y otras cosas que tenian en sus ca-
sas, enterrándolas secretamente en los lugares
mas ocultos que auia en ellas. Auiendo hallado ya
el aderesco para lleuar las mugeres, las sacaron
de la cibdad y eomencaron con ellas a caminar
mas de priessa que de espacio, como hombres que
yuan de huyda. y aquel mismo día llegaron al pue-
blo de Jaxaguana, que son quatro leguas, en don-
le hizieron noche con gran recato y vela. Otro dia
•sor la mañana, dos horas antes que amanescies&e,
:aualgaron todos en sus cauallos, y Alonso

90

Toro mando a su cuñado Thomas Vasquez y a Vi-
llacastin, que eran alcaldes hordinarios en aquel
■ tiV>, que con veynte arcabuzeros lleuassen a las
mugeres a la puente de Aporíma y que le aguar-
daren de la otra vanda del rio, y assi se hizo. Por
otra parte dixo a los suyos como se queria boluer
a la cibdad del Cuzco a hazer ciertas cosas que
cumplían mucho al seruicio de Su Magestad val
de Goncalo Picarro y prouecho dellos, y para ver
si auian llegado Diego Centeno }\Lope de Mendo-
ca o los corredores; que luego daría la buelta. Con
esto se apartaron los vnos de los otros, con muy
gran pesar y tristeza de las mugeres en ver tornar
a sus maridos a la cibdad, y no quedaron sin lagri-
mas rogando a Dios nuestro Señor los guardasse
de peligro y de la cruel muerte que les podrían
dar sus enemigos si a sus manos venían. Pues
buelto otra vez Alonso de Toro y llegando a la
cibdad muy temprano con treynta arcabuzeros,
mando apregonar que todos los que tuuiessen ca-
uallos, muías, arcabuzes, cotas, hierro y otras ar-
mas oftenssiuas y deffenssiuas, luego las viniessen
a maniftestar, so pena de muerte y perdimiento de
bienes. Luego vinieron algunos y truxeron vnos
pocos de cauallos, arcabuzes y otras pocas de ar-
mas, porque Alonso de Toro sabia que las tenían,
que no pudieron hazer otra cosa sino darlas; y to-
das las demás armas offenssiuas y deffenssiuas y
cauallos los escondieron, adeuinando lo que podía
ser y a que causa lo mandauan. Mando a quatro
^oí Jados que luego las lleuassen en azemilas que
alli tomo, a la puente de Aporima, porque sus con-

01

trarios no se aprouechassen dellast y que llegados
alia las entregassen a los alcaldes hordinarios, que
como hemos dicho eran Tilomas Vasquez y Villa-
castin. Todas las tuncas, picas, sillas, finetas y es-
tradiotas y los fuelles que pudo hallar, mando que-
mar todo en medio de la placa porque sus contra-
rios no se aprouechassen destas cosas, y torno de
nueuo a buscar mas entrando por las casas de los
vezinos y de mercaderes, y como estauan bien
guardadas tuuo creydo que no auria mas, de lo
que se marauillo mucho de como eran tan pocas.
De manera que el tomo algunos cauallos, y muías
las que pudo hallar, aunque a la verdad no tomo
de diez partes la vna, porque se auian lleuado a
los campos a esconder porque no se los tomassen,
que ta veziudad los querían para seruir con ellos
a Su Magestad y a Diego Centeno, que ya en sus
ánimos le tenían nombrado por Capitán general
para la destruye ion de los tiranos. Hechas estas
cosas con otras muchas se torno a Salir de la cib-
dad con mas priessa que vino, porque fue auissado
que lo querían prender para lo entregar a Diego
Centeno y a Lope de Mendoza, sus mortales ene-
migos. Y también se salió porque se publican a re-
ciamente que sus contrarios estauan en el pueblo
de Quispicanche, quatro leguas de alli. con gran
multitud de soldados, y assi se salió en seguimien-
to de sus amigos que yuan adelante. Pites yendo
por su camino yua jurando a Dios y a Sane ta Ma-
ría su Madre, con gran furia y enojo, que todos
aquellos que se auian quintado en la ululad que
eran obligados a scguille en nombre de Goncalo

92

Picarro, que los auia de matar, y a otros destruyr,
pues le eran yngratos y desconocidos a tanto bien
como les auia hecho en dalles de comer en la tie-
rra. Assi mismo dezia que estos tales hombres eran
mas amigos del ynteres que de guardar toda fide-
lidad a Goncalo Picarro, y que por esto, como di-
cho tenia, le yua a pedir gente y armas para venir
después contra Diego Centeno y contra todos
aquellos que seguían su vellaco partido. Desta
manera se salió Alonso de Toro de la cibdad, sin
saber la certinidad de lo que en el casso passaua,
sino por vna carta que le dio vn yndio; mas, en
fin, eran ardides < }e guerra, y como yuan todos a la liLLvra huyendo llegaron de vn apretón a la me- dia noche a la puente de Aporima, que ay doze le- guas bien tiradas. Aqui hallaron a los amigos y a sus mugeres y a sus hijas, las quales estauan con gran pena de las vidas de sus maridos y padres, que como auian tardado vn poco mas, tuuieron creydo que les auria suscedido algún mal, o que los ternian los dos capitanes, presos, que serian ya llegados a la cibdad. Mas, en fin, al fin ellos fueron muy bien rescebidos con grande amor y voluntad, principalmente de sus mugeres y de sus hijas, y Alonso de Toro les dio cuenta de todo lo que auia hecho en la cibdad y de la nueua que auia de los dos capitanes, que los cibdadanos los estauan aguardando por oras y momentos para los resce- bir y entregalles la cibdad. Passados ya de la otra vanda de la puente, luego la mandaron cortar, y todas las demás puentes que estauan mas arriba del rio de Aporima hazia los pueblos de Don Pedro 93. Puerto carrero, y otras que estauan el rio abaso, por donde pudieran passar sus enemigos a cerca- líos. Hechas estas preuenciones determinaron to- dos de aguardar alli por algunos días como en castiHo fuerte ynexpugnable (1) para ver si auia otra nueua de lo que passaua en la cibdad. o de lo que Centeno uviesse hecho en ella, porque dexaua sus espias secretas para que le auisassen de todo lo que se hazia entre los dos capitanes. CAPITULO XI DE COMO LOS VEZINOS DE LA CIBDAD DEL CUZCO AL- EARON VANDERA POR EL CAPITÁN DIEGO CENTENO EN NOMBRE DE SU MAGESTAD CONTRA GONZALO PICARRO, Y COMO DESPUÉS SE HALLARON BURLADOS Y ALONSO DE TORO SE BOLUIO A ELLA Auiendo visto los vezinos y moradores que auian quedado en la cibdad que Alonso de Toro se auia ydo a la cibdad de Quito, y creyendo to- dos ellos que no bolueria mas, a causa de la veni- da de Diego Centeno, luego los mas principales hombres de ella alearon vandera en nombre de Su Magestad y eligieron en ausencia a Diego Cente- no por Capitán general contra todos aquellos que seguían el vando de los tiranos. Como no auia al- caldes hordinarios, ni regidores, que eran ydos en compañía de Alonso de Toro, para que hiziessen este nombramiento, para que fuesse valido lo que se hordenasse nombraron entre si y á boz del pue- blo ocho regidores. Estos regidores eligieron por alcaldes hordinarios a Martin de Salas y a Fran- cisco de Meló, que era thesorero de Su Magestad, y por alguazil mayor a Juan Baptista, el galán, que iodos tres eran vezinos valerosos en la cibdad 95 y muy ricos y hacendados. Todos los quales entra- dos en su cabildo, como es de vsso y costumbre, tornaron de nueuo a nombrar por Capitán general a Diego Centeno, en nombre de Su Magestad, y se hizieron y hordenaron muchos autos y juramentos que en tal casso se requerían para que tuuicsse vi- gor y Tuerca todo lo hordenado- Hecho esto y pu- blicado lo que el cabildo auia hordenado, luego parescieron muchas y diuersas armas y muchos y buenos cauallos, y todos eomencaron de aderes- carse, assi vezinos y moradores como estantes y- habitantes, aguardando á Diego Centeno por ho- ras y momentos para lo yr a rescebír, que dezian venia ya cerca. Como algunas gentes viessen des- de la cibdad por el camino Real, mirando hazia alia, que se leuantuua alguna poluoreda con el viento que hazia, buen rato de alli, luego dezian a grandes bozes que ya venia el señor Capitán gene* ral, o que eran sus corredores que venían adelan- te. Por otra parte comentaron algunos vezinos y soldados de alabar y engrandescer los méritos de Diego Centeno, y de antchilar, abatir y afear las tiranías y crueldades de Goncalo Picarro y las de Francisco (1) de Carauajal, y se holgauan mucho de su muerte y pussieron en baJanea y en paran- gón (2) las cosas de Centeno y de Picarro, dizien- do que el Capitán general Diego Centeno era hom- bre de grandes quilates, y que merescia ser Go- uernador de los reynos y prouincias del Perú por (l) Tach.ndo: Picarro. {1} Mii ¿artigan- 96 ser hombre muy magniffico y liberal, virtuoso y lleno de toda bondad y fidelidad, que siempre an- daua en seruicio de Su Magestad y acompañado de buenos y leales caualleros. Al contrario desto dezian de Gonzalo Picarro que era muy soberuio, arrogante y traydor, pues andaua fuera del serui- cio del rey, y que andaua acompañado de ladro- nes y crueles homicidas; y con esto se dexaron de- zir otras cosas con palabras ynjuriosas y muy feas. Viendo los postizos alcaldes hordinarios y el regi- miento y hombres principales que Diego Centeno se tardaua mucho en llegar, embiaron al pueblo de Quispicanche a diez cibdadanos para que en nombre de todo el cabildo y vezindad le diessen la bien vetada. Los vezinos fueron al dicho pueblo y no hallaron a Diego Centeno ni a ninguno de los suyos y tornoseles la suerte en blanco, o el sueño del perro, porque supieron de los yndios la verdad de lo que passaua en el casso, y de como Diego Centeno y Lope de Mendoca se yuan retrayendo a la cibdad de Arequipa con poca gente. Con estas nueuas se boluieron a la cibdad muy tristes y pen- satiuos y dixeron todo lo que por alia auian sabi- do y lo que auia passado entre Diego Centeno y Francisco de Carauajal. Entendido esto por todos los vezinos, de como auian sido malamente burla- dos y engañados con las cartas de Don Martin de Guzman, y como por otra parte auian negado el fabor y ayuda que el theniente Alonso de Toro les auia demandado, eomencaron todos, chicos y gran- des, a temer y a rezelarse de algún mal, arrepen- tiendosse de lo que auian hecho. Y por tanto no 97 sabian lo que se harían, o que consejo tomarían quando alguno les viníesse-a tomar cuenta y ra- zón de lo que auian hecho o dicho contra Picarro y contra Alonso de Toro, y con esto estuuieron dudosos y perplexos; mas al cabo determinaron de escreuir a Goncalo Picarro como ellos y la cibdad estauan a su deuocion, y embiaron a llamar al the- niente para que se viniesse a ella. Pues como que- da dicho arriba, Alonso de Toro estaua en la puen- te de Aporima muy triste y con pena muy cresei- da en auer dexado la cibdad desamparada, que no sabia lo que Diego Centeno haria en ella, creyen- do que por este desmán resultaría y vernia mucho mal y daño en toda la tierra, assi en sus personas y vidas como en sus haziendas, por lo qual se le redobiaua mas el pesar. Estando en esto llego vn yndio al rio, y no pudiendo passar dio bozes como traya una carta, y Alonso de Toro le dio bozes que pasasse a nado, y el lo hizo assi con gran pe- ligro de la vida y le dio la carta de Don Martin de Guzman, en la qual le contaua la verdad de todo lo que passaua, pidiéndole perdón por lo que en la primera carta le auia escrito, que no auia sido mas en su mano, por quanto Diego Centeno y Lope de Mendoca se la auian hecho escreuir por fuerca quando le prendieron, los quales todos se yuan hu- yendo a la cibdad de Arequipa, y que Francisco de Carauajal yua en su seguimiento a toda furia, que caminauan noches y dias. Y que ciertamente tenia creydo que los pocos que seguían a Diego Centeno y a Lope de Mendoca yuan todos a bus- car algún nauio al puerto de Quilca, o a otro puer- G. DE SAHTA CLARA.—IV.—3.° 7 98 lo, para embarcarse en el y de alli yrse a la Nueua España, o a otra parte,porque esto lo auia oydo co- municar entre ellos. Rescebida estacaría se holgó grandemente con ella, mas no se atreuio a boluer a la cibdad, con rezelo que tuuo que aquella carta fue- < -scriptaporDon Martin de Guzman con amena- zas que le uviessen hecho los doscapitanes Centeno y Mendoza, porque no saliesse de la cibdad, para prcndelle y hazer justicia del. Aunque el yndio le MI tíijfico por su parte lo que sabia y auia visto y entendido, no quiso mudarse de alli hasta oyr otra nueua, o segunda carta de algún amigo o de hi\s espias; mas con todo esto mando a los yndios de los pueblos comarcanos que hiziessen la puen te, o^ue en el ynter segundaria la nueua de bien o de mal, y assi se hizo. Estando haziendo la puente Ib ^ole mensajero cierto, que era vn Agustín de Castellanos, criado muy conoscido de Francisco do Carauajal, el qual truxo cartas para el y para lo* alcaldes y regidores. Y llegando a la cibdad supo todo lo que auian hecho los cibdadanos, y c<>mo los nueuos y postizos alcaldes y regidores le
vieron y entendieron del todo lo que auia passado,
lo Jcxaron yr adelante y el se fue y passo la puen-
ic Aporima. Alonso de Toro lo rescibio muy
bií a y con gran plazer y alegría, y vistas las car
las y firmas de Francisco de Carauajal, y assi-
ini-mo todos los demás, uvieron gran regocijo y
¡líégrla quanta el lector podra considerar, porque
sé vieron como hombres desterrados de sus casas
y 1 sposseydos de sus haziendas. Estando en esto
le l Segaron otras cartas de sus espias y del Reue-

99

rendissimo obispo del Cuzco y de los cibdadanos,
en las quales le pedían por merced se boluiesse a
la cibdad, pues toda ella estaua a deuocion de Gon-
zalo Picarro, y que Diego Centeno se yua huyen-
do a la cibdad de Arequipa, y con estas nueuas se
boluieron todos placenteros y alegres a sus casas.
Ya que Alonso de Toro yua para la cibdad le sa-
lieron a rescebir muchos de los cibdadanos, mora-
dores y soldados, mas de dos leguas, haziendole
muchas caricias y cortesías, y.le comentaron de
hablar con mucha y buena crianca mostrándole
grandissimo amor y buena voluntad. Otros le fue-
ron a rescebir mas adelante, ocho leguas de la
cibdad, y esto hizieron por desculparsse por allá y
por dalle algún plazer y alegría del enojo muy
grande que le auian dado a la salida del la, y le lie-
uaron muchos regalos, assi para los maridos,
como para sus mugeres. Mas con el gran enojo
que tenia en su duro pecho no le pudieron aplacar,
porque estaua muy corrido de la mala burla que
le auian hecho, y con esto entro en la cibdad y
luego assi como se apossento en sus casas mando
prender a muchos vezinos y los mando hechar en
la cárcel publica en fuertes prisiones. Y otro dia
por la mañana mando ahorcar a los que hallo mas
culpados, que auian dicho mucho mal de Goncalo
PiQarro, y porque auian aleado vandera en fabor
de Diego Centeno, porque las espias que secretos
auia dexado en la cibdad le dixeron todo lo que
auia passado. Los que ahorcaron y cortaron las
cabesas fueron Martin de Salas, Juan Baptista el
galán, Francisco Manzano, Juan Romo el viejo,

100

Hernando Díaz, Martin Hernandes y Alonso Paez
de Sotomayor, que todos estos se mostraron muy
contrarios y mortales enemigos de Goncalo Pica-
rro, nombrándose por regidores, y el vno por al-
calde mayor. A Francisco de Meló, que auia sido
el otro alcalde ordinario, por ser thesorero de Su
Magestad, fue perdonado, y por ruego del obispo
y de hombres buenos, que cierto estuuo muy a
canto de le cortar la cabeca; mas en fin tenia en su
poder la caxa del rey, que auia de dar cuenta del
thesoro que estaua en su fiel guarda. Queriendo
Alonso de Toro proseguir adelante con su dañada
y mala yntencion fue (1) rogado muy ahincada-
mente de el obispo Don fray Juan Solano que
vssasse de piedad y clemencia con aquellos mise»
rabies hombres que estauan presos en la cárcel
publica, que no tenían culpa, sino que el tan sola-
mente la tenia porque los auia ynducido para que
hiziessen lo que auian hecho. Y pues era assi bol~
uiesse su cuchillo contra el y lo matasse, y no a
los vezinos que culpa no tenían, y que si algo
auian hecho auia sido por verse desamparados
del, porque los auia dexado puestos en gran peli-
gro de sus personas y vidas y a la dudosa fortuna.
Allende desto tuuieron temor de Diego Centeno y
de Lope de Mendoca, y que todo esto se auia
hecho a fin de que no les quitassen las haziendas y
las vidas por auer seguido y seruido a Goncalo
Picarro, quanti mas que si hizieron este deuaneo

(i) Tachado: tut*y.

101

auia sido por la nueua que se dixo de la muerte
de Carauajal y porque Centeno traya mas de seys-
cientos hombres. Y le pidió por merced que por v
reuerencia de Dios y de Nuestra Señora templasse
su furia y enojo, que bastauan ya los que auia
mandado cortar las cabecas y ahorcar; y assi le
dixo otras muchas y diuersas cosas de gran co-
misseracion y piedad. Alonso de Toro respondió
y replico muchas y diuersas cosas con el-obispo,
no los queriendo perdonar; mas al cabo y a la
postre se amanso y aplaco en alguna manera,
mas dende a ciertos dias los mando libremente
soltar de la prisión en que estauan y se hizo ami-
go con ellos. Estas son las cosas que suscedieron
en la cibdad del Cuzco por la carta que hizieron
escreuir por fuerca a Don Martin de Guzman para
Alonso de Toro, de la qual resulto que toda la
cibdad estuuiesse en seruicio de Su Magestad por
algunos dias y a la opinión de Diego Centeno y de
Lope de Mendoca. Mas si como Diego Centeno
enderece a la cibdad dé Arequipa se fuera dere-
cho al Cuzco, donde estauan y auia muchos gran-
des seruidores de Su Magestad, y el tenia muchos
afficionados que estauan ocultos que lo querían
muy bien, aunque entrara con poca gente hiziera
effecto. Para mi tengo creydo que el fuera señor
de la cibdad y la posseyera en nombre de Su Ma-
gestad y alli se reforcara de gente y armas, pues
las auia muchas, y diera batalla a Francisco de
Carauajal con muchas ventajas que los leales y
cibdadanos hizieran para lo venzer y matar. Por-
que assi como Alonso de Toro se salió de la cib-

102

dad, parescieron muchos soldados y muchos ca-
uallos, arcabuzes, picas, laucas y cotas, con otra
ynfinidad de diuersas armas, y sobre todo muy
gran voluntad de reducirse al seruicio de Su Ma-
gestad; mas en fin, al fin ellos quedaron todos bur-
lados de la forma y manera que dicho tenemos.

CAPITULO XII
DE COMO FRANCISCO DÉ CARAUAJAL, PROSIGUIENDO SU
CAM1X0, LLEGO DE 1Y0CHE AL PUEBLO DE LOS FRAILES,
JUNTO A LA CIBDAD, ES DONDE SUPO SECRETAMENTE
QUE DIEGO CENTENO ESTAUA EN EL PUERTO DE QUILCA
CON CIERTA GENTEj EL QUAL LO FUE A BUSCAR

Francisco de Carauajal, sin tener ningún temor
ni rezelo de los trabaxos y fatigas del largo cami-
no que auia passado, o a la poca o ninguna comi-
da que auia tenido, ni al grandhsimo frío que
hazia, con el gran desseo y voluntad que en su
animo lleuaua, passando por el gran despoblado
en dos dias llego a prima noche al pueblo de los
Frailes Dominicos, que esta junto a la cibdad.
Como los vezinos supieron de su llegada se fue-
ron al dicho pueblo, en donde le dieron la bienve-
nida y pro de su llegada y el pésame de sus traba-
xos y fatigas, y le lleuaron algunas cosas de comi-
da y vna botija de buen vino de la tierra, que lo
limo en mucho, que ya no lleuaua que comer ni
que beuer; y como fue poco y los soldados muchos,
no les cupo a bocado. Y pregunto luego a ciertos
vezinos que a donde estauan Diego Centeno y
Lope de Mendoca, y que secretamente se lo dixc-

104

ssen si lo sabían o auian entendido en alguna ma-
nera a donde auian ydo a parar, y que yntencion
era la que lleuauan; que se lo dixessen luego, pues
auia passado por aquel mismo pueblo y muchos
dellos le auian visto y hablado largamente con
ellos. Los que querían mal a Diego Centeno por
amor de Lope de Mendoza, por los males y daños
que les auia hecho los dias atrás, le dixeron de
como se auian ydo al pueblo de Yca con obra de
cinquenta soldados, y que de lo demás no sabían
el proposito y voluntad que lleuauan. Francisco
de Carauajal se holgó mucho con esta nueua y
tuuo entendido que los podría coger alli descui-
dados y que entonces se acabarían y fenescerian
sus traba xos y cuy dados que tanto le fatigauan
con tanto caminar de dia y de noche, porque su
desseo era ya de parar, por descansar. Luejgo
mando sin dilación alguna, después de auer cena-
do lo poco que le cupo, assentado en vna silla, que
no quiso que se le pusiesse mesa, estando rodea-
do de sus capitanes y de algunos vezinos, que se
ajuntassen todos los soldados, porque andauan por
las casas de los yndios y por las sementeras bus-
cando que cenar y no hallaron otra cosa sino mu-
chas majorcas de mahiz verde que estauan aun en
leche, que comieron dellas aquella noche hasta
hartar. Pues ajuntados los soldados y llegados
ante el, les mando que todos fuessen por la vía
que vn adalid español los licuaría, que los vezi-
nos de alli se lo auian dado para que los guiasse
hasta el puerto de Quilca. Porque otros vezinos
que estauan afñcionados con las cosas de Diego

Centeno no se les dio cosa alguna que Francisco
de Carauajal fuesse en busca del, porque tenían
creydo que ya se auria escondido y puesto en co-
bro por el auisso que le auian embiado por la pos-
t;K y la horden que licuó su gente fue en esta ma-
nera- Primeramente pusso la compañía de Juan de
Morales en Ja abanguardia, y en la batalla yuan
las compañías de Pedrode Castañeda y de Martin
de Almendras, y luego yua la compañía de Alon-
so de Mendoca, y por retaguardia yua la compa-
ñía de Francisco de Carauajal, que acompañauan
el estandarte mayor que lleuaua Juan Jullío de
Hojeda. El Maestro de campo Dionisio de Bobadi-
Ha, y el sargento mayor Balthasar de Cepeda, y los
otros sargentos menores yuan corriendo de vna
parte a otra mirando como caminauan los solda-
dos, y también porque algunos dellos no se les
quedasse[nj atrás. Como la noche hizo muy escura
y el cielo de grandes nublados, no fueron por el ca-
mino derecho que va al puerto, antes se subieron
vn poco arriba hazia las Charcas porque lo mando
assi Francisco de Carauajal al adalid que lleua-
uan, porque tuuo entendido de prender a Diego
Centeno porque podría yrse por alli a las Char-
cas, y desta manera eomencaron de marchar con
grande priessa. Yendo, pues, todos caminando
juntos y apiñados, quando amanescio no auian an-
dado tres leguas, a causa que hizo aquella noche
grandissimo frió, por lo qual eomencaron cassi
todos los soldados a caer de sus cauallos y de sus
muías abaxo en el suelo, dando grandes bozes y ge •
nudos, diziendo que se morían. Causóles este mal

105

ñor auer comido aquella noche muchas macorcas
de Tn:ihiz verde y crudo, que como auia dias que
no comían sino vn poco de mahiz tostado, tenían
tos estómagos vazios, que fue este mal a manera
L]C torocon que da a los cauallos quando han co-
mido mucho mahiz, y assi se tendieron muchos
delloS en el suelo, que no pudieron passar mas
idr lante. Después que entro el dia y la calor, eo-
mencaron de aliuiarse corriendo de vna parte a
Otra a pie, y como sudaron se les quito vn poco el
mal, y assi continuaron su camino en seguimiento
dr sü capitán que a la media noche se auia ade-
lantado con veinte y cinco de a cauallo y arcabu-
z-i ros, Francisco de Carauajal auia hecho alto tres
l< - u as de alli por aguardar a sus soldados, que fue ui sado de lo que les auia acontescido y del mal que les auia dado, por lo qual tuuo rezelo que sal- di jan por alli algunos hombres de Diego Centeno, si ío sabían, por hazelles todo el mal y daño que pudíessen. Que cierto si por alli salieran Diego Imumoo Lope de Mendoca con veinte arcabuze- verdaderamente digo que no quedara hombre i no fuera preso, o muerto a puñaladas, que ninguno dellos se deffendiera, por el mal que te- r ; in, y aquel dia se perdiera el nombre de Fran- ■ de Carauajal y aun no estuuiera bien sanea- do el de Goncalo Picarro. Este trance y el del Cuzco y el del pueblo de Paria se perdieron los ,i( l \ ando de Diego Centeno; mas en fin, al fin como el vn exercito no sabe muchas vezes lo que ' i ¡. ntrario haze, por falta de auisos y buenas es- i ; se pierden muchas vezes buenas coyunturas, 107 como se perdió aqui tan buena por no querer pa- rar vn poco, sino yr de corrida. Después que todos los soldados llegaron adonde Francisco de Cara- uajal estaua, descansaron por aquella noche, aun- que no tuuieron que cenar; antes se morían de hambre y de frió, porque no hizieron fuego para callentarse, ni tuuieron frecadas con que cubijar- sse, sino eran las cotas que trayan acuestas, que los enfriauan mucho mas. No era bien amanescido quando todos estauan ya a cauallo y assi tornaron a marchar en seguimiento de Diego Centeno, lle- uando por delante la guia español que los lleuaua por senderos no sabidos ni trillados por los espa- ñoles, y caminaron de vn apretón aquel dia y la noche siguiente hasta otro dia. Ya que serian las nueue de la mañana llegaron a la costa de la mar del Sur, desde donde vieron vn nauio que andaua en calma sobre aguas de la mar, porque el capitán Ribadeneyra lo auia tomado en el puerto del rio Nilo vna noche con doze arcabuzeros que auia lle- uado, con vnas balsas de caña que hizieron para el effecto. Y tomado el nauio se yua con el al puerto de Quilca, como estaua concertado con Diego Centeno, y auianle tomado las calmas en aquel paraje y a esta causa se estaua alli hecho boya, sin poder llegar al puerto de Quilca como el lo desseaua. Francisco de Carauajal se holgó mu- cho de lo ver, no porque supiesse a donde yua en- caminado, ni que derrota lleuaua; y assi llegaron a vn pueblo de yndios pescadores que estaua junto a vn arroyo de agua y junto a la playa de la mar. Aqui hallaron mucho mahiz, gallinas y puercos 166 de Castilla que tenia la carne sabor de pescado, que no comían otra cosa porque se metían nadan- do dentro en la mar a cogello, y aqui sacaron to- dos el vientre de mal año y se refrescaron y des- cansaron hasta quanto tres horas, que mas tiempo ni lugar no les dieron. Entre tanto que descansa- uan, muchos de los soldados eomencaron de rehe- rrar sus cauallos, que venían desherrados y des- peados, porque adeuinauan que auian de yr tras Diego Centeno hasta la cibdad de Lima según que lleuauan la priesa en caminar. Otros se hecharon - a dormir encima del arena al sol, que venían muy friolentos y bien fatigados del largo camino que auian lleuado y del poco dormir (1) con las cotidia- nas velas que auian hecho caminando desde el dia que eomencaron desde el pueblo de Paria a dar este alcance a Diego Centeno y a Lope de Mendo- ca, como atrás queda dicho. (\) Tachado: que auian hecha. I CAPITULO xin DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL CONTINUANDO SU CAMINO LLEGO AL PUERTO DE QUILCA, Y DE LAS PA- LABRAS QUE DIXO AL PASSAR DEL RIO Y DE LAS COSAS QUE LE DESCUBRIÓ VN ESTANCIERO ACERCA DE CENTE- NO, Y DE OTRAS COSAS QUE PASSARON EN EL YNTER Ya que auian descansado y refrescado todos los soldados en aquel pueblo, como queda dicho, luego Francisco de Carauajal, sin aguardar tan solo vn punto ni a cosa alguna, passadas ya las tres horas caualgo en su muía bermeja y mando a los suyos hazer otro tanto, lo qual se cumplió prestamente y se vinieron luego a ponerse delante del todos puestos á cauallo. Y con esto les hablo amorosamente apercebiendoles caminassen con * gran priesa sin quebrar el hilo de la horden en la qual los auia puesto, por quanto el queria yr ama- nescer sobre Diego Centeno y Lope de Mendoca, que tenia entendido estarían en el pueblo de Quil- ca bien descuydados de su repentina (1) llegada. Yendo, pues, caminando todos en vna hilera, vno en post del otro, por ser el camino angosto y es- (Ij Tacbftdo: c*ydm+ 110 trecho en partes, anduuieron todo aquel dia sin descansar ni cortarse el hilo que lleuauan, porque se yuan aguardando los vnos a los otros. Ya que serian dos horas de la noche comento de hazer grandissimo frió, por lo qual eomencaron poco a poco muchos de los soldados a quedarsse en cada barranco que hallauan; los vnos por lleuar los ca- uallos muy cansados, y los otros por yr ademas so- ñolientos. Y otros, por el gran frío que hazia, no pudiendo passar mas adelante, se hecharon a dor- mir detras de vnas peñas muy grandes, tomando- las por reparo del viento muy frió y delgado que corría que les traspassaua el cuerpo, que ya no lo podian sufrir. Francisco Carrillo, alférez del capi- tán Martin de Almendras, como yua mal dispuesto y porque el sueño y el frió le fatigauan mucho se apeo de su cauallo, y otros que le acompañauan, los quales se metieron con el estandarte de damas- co blanco en vn corral de ouejas mansas de las desta tierra que alli cerca del camino estauan. Verdaderamente digo que no lo sabré dezir, que no se que cuerpos tenian estos hombres, assi los de Diego Centeno como los de Francisco de Cara- uajal, ni que sufrimiento les bastaua, ni con que paciencia podian tolerar tanto frío, trabaxo y ham- bre como passaron en este tan fastidioso camino, sin descansar, que cierto no uviera otro cuerpo humano que lo pudiera comportar. Francisco de Carauajal, como soldado viejo, y antigo que sa- bia suffrir y passar por estos trabaxos y otros ma- yores, no paro en ninguna parte, antes anduuo to- da la noche sin parar con setenta hombres de a ca- uallo y arcabuzeros que le pudieron seguir; por mas frió que hizo no le dexaron, y assi fueron ama- nescer al río grande de Quilca, de donde tomo nombre el pueblo y el puerto. Antes de llegar al dicho rio fue auissado de vn yndia espía de como Diego Centeno se auia ydo y escondido con los hombres que alli auian llegado con e1, de lo qual le peso en gran manera de su tardanea, y entran- do por el rio, ya que estaua en medio del, estando su muía bermeja beuiendo, dixo a los que estauan cerca del: Córtenme la cabeca, y mirad lo que digo: que Diego Centeno esta por aqui cerca es- condido, y lo tienen ¡boto a Diosl encubierto los que van aqui conmigo, para hazernos después todo + el mal y daño que pudieren. Y estas cosas dixo por cienos vezinos de la cibdad de Arequipa que yuan con el; especialmente lo dixo por Miguel Cor- nejo y Diego de Orgoñez, que estauan alli presen- tes, de los quales se tuuo grandissima sospecha, principalmente de Miguel Cornejo, por ser aquel pueblo suyo. Dicho esto dio d'espuetas a su muía y se fue a los aposentos del pueblo, y luego Diego Márquez, el estanciero de alli, le fue a hazer reue- rencia, y el le pregunto secretamente con buen semblante, diziendole: Señor Diego Marques;, dí- game agora adonde están Diego Centeno y Lope de Mendoca y los demás hombres que aqui llega- ron con ellos. El estanciero, con mas temor que con vergüenza, porque ya te conoscia que era vn hombre endiablado que a diestro y siniestro hazia matar y ahorcar a los hombres sin ninguna occa* ssion y aun sin conffession, le dixo las cosas si- 112 guien tes: Señor, lo que yo sabré dezir en este ca- sso es que Francisco Negral es ydo hazia la cibdad de Lima por el camino de los Llanos con mas de cinquenta hombres de a cauallo y arcabuzeros; y [ liego Centeno no se del, ni adonde es ydo, mas de que vna noche desaparescio deste pueblo con su criado Guazo; y Lope de Mendoca, señor, me pa- resce que es ydo por la costa arriba con vnos pocos de arcabuzeros, y a lo que después oy dezir a cier- tos soldados, que se yua a meter en la prouincia de las Charcas, o a la villa de la Plata, para tornarse ale-ar otra vez con ella. Y el capitán Diego de Ri- badcneyra es ydo por el nauio que paresce en la mar. para ciertos respectos que entre ellos se auran comunicado; y entonces dixo otra vez Fran- cisco de Carauajal: córtenme la cabeca sino esta por aqui cerca Diego Centeno, pues el vergantin no se va. Embio a. llamar otra vez al estanciero, que ya se auia ydo de alli, que lo auia embiado a Llamar su amo, y le pregunto con furia y gran eno- jo por Diego Centeno y por los demás, y que en todo caso le dixesse la verdad; si no, que botaua a tantos y a quantos que lo mandaría luego ahorcar; v tí estanciero respondió, con temor que tuuo del, drckndo: Señor, yo no se mas que dezir mas de aquello que tengo dicho de los capitanes; que Fran- cisco Negral se yua a Lima, y Lope de Mendoca era ydo hazia las Charcas, y que Diego Centeno se auia desaparescido vna noche d'entre sus solda- dos, y que no sabia del mas cosa alguna. Como su- po que Lope de Mendoca era ydo a las Charcas con otros, embio luego tras ellos a Diego de Al- 113 mendras, hermano del capitán Martin de Almen- dras, con veinte y cinco arcabuzeros en buenos cauallos y muías andadoras. Y por otra parte, te- niendo creydo que Francisco Negral se yua á Li- ma, tuuo gran rezelo que podía causar en la cibdad alguna controuersia de algún mal ynfortunio, de lo qual le peso en el alma y luego determino de yr alia antes que Francisco Negral llegasse a la cib- dad. Y assi como yuan llegando los soldados poco a poco, mando a sus capitanes que se apercebiessen para yr a la cibdad de Lima en seguimiento de Francisco Negral, pues Diego Centeno quedaua en el ynter alli escondido, y que luego darían labuel- ta en busca del, y esto tuuo siempre encasquetado en la cabeca. El capitán Juan de Morales, viendo que los soldados estauan cansados y bien fatigados del largo camino que auian traydo, le dixo que mi- rasse atentamente lo que mandaua hazer, porque ya no auia soldado de quantos le auian seguido que estuuiesse para caminar tan solo un passo, que muchos dellos estaban (1) enfermos y a esta causa no auia quien le pudiesse seguir tanto, y que mira- sse muy bien que todas las muías y cauallos que trayan estauan muy cansados, matados y desherra- dos, y que no podrían caminar quatro leguas, quanti mas llegar a la cibdad de Lima, que auia ciento y quarenta leguas de camino arenoso y pe- dregoso y mucha calor, que desmayarían en el camino las bestias y se quedarían los soldados en el camino, como lo auian hecho los demás que se (!) Ms. esta*. G. DE SANTA CLARA.—IV.-3.- 8 114 auian quedado atrás. Y que mejor fuera y mas acertado y aun fácil de hazer (1) embiar vn men- sajero por la posta para que diesse auiso a Loren- co de Aldana, que estaua en Lima (2) de lo que pa- ssaua, y que de alli passasse mas adelante a las otras partes para que hiziesse lo mismo para que todos estuuiessen aduertidos. Y que de presente no desamparase aquella tierra hasta prender a Diego Centeno, pues estaua por alli libre y escon- dido, y no sin causa, y que con su libertad podría causar muchos males y daños peores que los pa- ssados, si se tornaua a las Charcas, pues Lope de Mendoca yua por alia; y assi le dixo otras muchas cosas. A Francisco de Carauajal le parescio bien lo qjie Juan de Morales le auia dicho y viendo la mucha razón que tenia propuso de lo hazer assi, y porque también vido que auian caminado sin parar cassi al pie de ciento y cinquenta leguas en doze dias. Yten, conoscio que muchos soldados estauan enfermos de cámaras y callentaras, por la mucha agua frigidissima que auian beuido muchas vezes, que los auia corrompido, sin comer cosa alguna sino vn poco de mahiz crudo, como cauallos, que no auian tenido lugar de lo tostar, por solo cami- nar. Por estas cosas y por otros respectos deter- mino embiar mensajero y escriuir a Goncalo Pica- rro haziendole saber todo lo que passaua, y para que de camino fuesse auisando a todos los thenien- tes que residían en todas las cibdades, villas y lu- co Ms. hazer que era. (») Tachado: para que le dt'esto aniso. J 115 gares por donde auia de passar, y para esto nom- bro al mismo Juan de Morales para que fuesse con esta mensajería, y el lo acepto. Mientras escriuian las cartas y el mensajero se aprestaua, determino de tomar el nauio antes que de alli se fuesse, que aun estaua en calma, casi vn quarto de legua del puerto, y viendo que no podia por no tener en que yr allá, se dexo por este dia, por ser ya muy tarde y la noche que so venia mas acercando. En el ynter mando a (1) sus arcabuzeros, que ya auian llegado todos, que hiziessen medias pelotas apegadas a las puntas de vna vara de alambre, y muchos perdigo- nes y balas, que serian mucho menester, y les pro- ueyo de mucha poluora que traya siempre por delante en vnas azemilas, porque quería yr a conv batir otro dia el nauio y a los soldados que estauan en el, lo qual se hizo assi por estar todos prestos y aparejados. (I) Tachado: todos. CAPITULO XIV DE COMO FRA.NCISCO DK CARAUAJAL SUPO LAS SEÑAS QUE AUIA ENTRE DIEGO CENTENO Y RIBADENEYRA PARA QUE EL NAUIO VINIESSE A TIERRA, Y PROPUSO DE LO TOMAR, Y AL FJN NO UVO EFFECTO, Y DÁNDO- LE EL VIENTO EN POPA SE FUE DE ALLI A LA NUE- UA ESPAÑA Aun no era bien amanescido quando Francisco de Carauajal andaua ya leuantado, y viendo el na- uio que tan cerca estaua, que las corrientes lo auian traydo hazia el puerto, se holgó dello en gran manera, porque todauía andaua en calma, y porque también el capitán Diego de Ribadeneyra no se quería yr sin lleuar a Diego Centeno y sin los demás capitanes y soldados que con el auian quedado en tierra. Y luego con gran presteza y diligencia mando al estanciero que hiziesse venir en su presencia muchos yndios, para que hizie- ssen muchas balsas de madera liuiana y de cañas secas, porque auia muchas por alH en aquel rio, y que assimismo truxessen muchas canoas, que las ay por aqui como las a y en ta laguna de la Nueua España. El estanciero, queriendo seruir^n algo a Francisco de Carauajal que le andaua amenacan- 117 do con la muerte, y porque el y los demás de sus capitanes no sospechassen del alguna cosa, por que a crudos tormentos le harían dezir por fuerza lo que sabia de Diego Centeno, y assi se fue a el y le dixo con palabras muy humilldes: Señor, pa- resceme que sin balsas, ni canoas, y sin meter- se v. m. en la mar, se podra tomar fácilmente el nauio, y esto se puede hazer a poca costa y sin riesgo alguno; y luego le dixo las señas y contra- señas que auia entre Diego Centeno y Diego de Ribadeneyra, diziendole que el las auia oydo pla- ticar y concertar entre ellos dos solos en secreto vna noche, estando el detras de vn seto de cañas, porque hablauan vn poco alto, sin que dellos fue- sse visto ni sentido; de lo qual Francisco de Cara- uajal se holgó mucho y le prometió de se lo gra- tifficar muy bien por el auiso que le auia dado. Pues sabidas ya las señas y contraseñas que se auian de hazer de entrambas partes, tomo consigo a Juan Jullio de Hojeda, su alférez mayor, y los capitanes y cinquenta soldados y se subieron en- cima de vn otero o cerro pequeño que estaua ape- gado al puerto, los quales todos se pussieron enci- ma del para que fuessen vistos de los que estauan en el nauio. Desde alli el alférez Juan Jullio de Hojeda, que estaua vestido de grana como lo anda- ua siempre Alonso Camargo, alférez mayor de Diego Centeno, comengo de campear el estandar- te, que era de damasco carmesí, que desde lexos se parescia mucho al estandarte de Diego Cente- no, como atrás queda dicho. El capitán Diego de Ribadeneyra, viendo esta seña que era la primera» 118 tuuo creydo que era el alférez Alonso Camargo y que Diego Centeno y sus amigos estarían alli aguardándole; respondieron luego con otra seña, que fue tirar un arcabuzaco, y los de tierra tira- ron assimismo otro arcabuzapo. En fin, los del na- uio hizieron vna seña con vn Heneo blanco dando a entender de como el barco venia a tierra, y los de Francisco de Carauajal hizieron otra seña con otro liento blanco para que se viniessen. Y con es- to Diego de Ribadeneyra embio él barco con cier- tos arcabuzeros los quales venían auissados de su capitán que mirassen bien que no fuessen engaña- dos si eran de los enemigos, y para que viessen si estaua en tierra Diego Centeno y lo que man- daua que se hiziesse, que alli le estauan aguardan- do. Quando Francisco de Carauajal vido venir el barco se holgó en gran manera, creyendo de auer- lo en su poder, por lo qual mando a veinte arca- buzeros que luego se abaxassen y que ninguno de- llos les habiasse, sino que todos se escondiessen detras de vnas peñas grandes que a la redonda del puerto estauan. Este puerto esta hecho a ma- nera de vna herradura, que por de dentro esta bien ancho y [en] la boca esta vn poco angosto, y en las puntas del vn cabo y del otro mandó Francisco de Carauajal que se pusiessen los arcabuzeros. Yten, les mando que entrando el barco se mostra* ssen luego, porque de miedo dellos no se boluie- ssen ni se saliessen a la mar haziendose a lo largo, deffendiendoles la salida a puros arcabuzacx>s y
que assi serian presos, porque tuuo creydo que
Diego de Ribadeneyra venia alli y que entraría

Í19
prestamente en el puerto sin preguntar cosa algu-
na. Los soldados que venían en el barco, como
eran arteros y no nada nescios, quando estuuieron
junto a las puntas de la tierra quanto dos tiros de
arcabuz [de] donde los de Francisco de Caraua-
jal estauan escondidos, y viendo que ninguno de
los soldados que estauan en el otero alto ni los que
estauan en lo baxo no les dauan el parabién de sus
venidas, sospecharon mal. Y con esto tuuieron co-
noscimiento luego que no eran de los amigos, sino
que eran de los traydores picarristas sus mortales
enemigos, y disparando sus arcabuzes a lo alto del
otero contra los que estauan en el y contra los que
estauan en lo baxo, eomencaron a dezir a grandes
bozes: ¡A traydores, cismáticos, enemigos,de Dios
y de sus sane tos y de Su Magestad! no penséis que
con asechanzas y traydoramente nos aueis de
prender; a Tuta, a Tuta, que es tierra de vellacos
como vosotros; y assi les dixeron otras cosas feas
y de gran baldón y con esto dieron la buelta mas
de priesa que despacio y se fueron al nauio. Los
picarristas quedaron afrontosamente burlados y
aun bien corridos de las palabras ynjuriosas que
ios leales les auian dicho, principalmente el gran
tirano, que bramaua como vn toro acosado viendo
que no auian hecho ningún effecto en tomar el
nauio y a los que venían en el. Pues viendo Fran-
cisco de Carauajal que los del nauio se yuan con
el barco, mando que los arcabuzeassen los del
otero y los de abaxo, y como ya yuan lexos de
alli no les hizieron ningún mal ni daño como el
carnicero lo desseaua. En fin, como vido que no

120

auia podido prendellos se torno con gran enojo a
tos apossentos y con gran furia mando al estancie-
ra que las canoas y las balsas fuessen luego tray-
das, porque el quería yr alia en persona a dar
combate al nauio y prender al capitán Diego de
lí.hiideneyra ya los soldados que venían con el.
Mientras se trayan las balsas y las canoas escri-
uiü vna carta a Diego de Ribadeneyra con dos yn-
dios del pueblo, los quales fueron en vna balsilla,
vi” que en ella breuemente se contenia era: Que
n „ i -.ia con gran vehemencia a todos los caualle-
ros qué estauan en el nauio se diessen al seruicio
de Su Magestad y al de Goncalo Picarro su señor,
pues sabían que era Gouernador jurídicamente de
todos los reynos y prouincias del Perú en nombre
deí rey, que el como buen señor les gratifficaria
i -i aofuicio que le harían, con hazimiento de mu-
ehas y señaladas mercedes. Y de sí les embio a
Üe£ir que si ellos se dauan y se ponían en sus ma-
nos, les prometía y daua su fee y palabra, como
i Mero hijodalgo, que no les haria el, ni otro
piíi 11, ningún mal ni daño, sino que antes les
sería muy gran amigo y buen tercero para con
ellos, como por la obra lo veria. Y que el haria de
tal manera con su señor Goncalo Picarro para que
los p rdonasse en todo lo ciuii y criminal, y les ha-
ria dar de comer en la tierra el que no lo tuuiesse,
Y ‘ l qué lo tuuiesse seria amercendeado y gratiffi-
cado de otra manera, de que les diesse gusto y
gran contento. Quando vido Diego de Ribadeney-
ra esta carta no hizo casso della y a los yndios dio
braoos tormentos preguntándoles quantos hom-

121

bres estauan con Carauajal; ellos respondieron que
eran muy poquitos; mas después con los tormentos
dixeron que eran muchos, mas que no sabían quan-
tos eran, que no los auian contado. Y con esto des-
pacho a los yndios atormentados, sin responder a
la carta cosa alguna, antes embiaron con ellos vna
gran multitud de bulas de la Cruzada que lleuauan
a la prouincia del Chile, gouernacion que fue des-
pués de Pedro de Valdiuia, con vn escripto sin ti-
tulo ni firma que desta manera dezia: Estas bulas
de la Cruzada hallamos en este nauio, que las lle-
uauan á la prouincia del Chile; a v. m. suplicamos
las mande entregar al Comisario ó Vicario que
estuuiere en la cibdad de Arequipa, porque no se
pierdan, sino que tan sanctas cosas como en ellas
se contienen se distribuyan entre los xpianos, o se
pongan en la caxa de la yglessia o en la de Su Ma-
gestad. Venidos que fueron los yndios a tierra con
aqueste recaudo, sintiólo mucho Francisco de Ca-
rauajal y tomólo por afrenta viendo que no le
auian respondido a su voluntad, ni lo que el qui-
ssiera que se hiziera: que luego se dieran con las
manos atadas al seruicio de Goncalo Picarro; y de
no lo auer hecho grunia y rauiaua como vn des-
esperado. También se enojo brauamente porque
auian (1) dado trato de cuerda y azotado á los tris-
tes de los yndios que el auia embiado, sin tener
para ello ninguna razón ni occassion, siendo men-
sajeros y vnos yndios bocales que no sabrían res-
ponder a lo que les preguntauan; por lo qual man-

CO lis. auitndo.

122

do a grandes bozes y con gran furia que las balsas
y canoas se truxessen antes que el nauio se fuesse.
Ya que se comencaua a traer todo recaudo, y es-
i ando ya todos los soldados puestos a la lengua del
aa para embarcarse en las balsas y canoas, abi-
no reciamente el viento y el nauio se fue de alli con
mucha ligereza lleuando viento en popa, que en
pocas [horas] le perdieron de vista. Y con esto fue-
ron a parar todos a la Nueua España, como después
andando el tiempo se supo, que no se atreuieron
\: j Tierra Firme a causa que estaua por alia Pe-
dro Alonso de Hinojosa con toda la flota, y porque
tod \ aquella tierra estaua a deuocion de Goncalo
! ‘i^arro, como atrás queda dicho. En este viaje que
hizieron Diego de Ribadeneyra y los suyos descu-
hrieron las siete yslas Perdidas, que ellos llama-
ron de los Patagones, que según fama son muy ri-
ca; mas de oro que de plata, y están enfrente del
pueblo de Yca, que es en las tierras del Perú,
¡unto a la linea equinocial, hacia el norte. Y están
us yslas pobladas de hombres medio gigantes y
de grandes y disformes pies, y Diego de Ribade-
iu-\ ra por esta razón los llamo patagones, según
que U>s yndios de Yca lo dizen, porque tuuieron
■ >fi ellos grandes contrataciones antes que los es-
pañoles viniessen a conquistar estas tierras, como
LíJclante diremos.

CAPITULO XV

DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL, DESPUÉS QUE SE
FUE EL CAPITÁN DIEGO DE RIBADENEYRA DEL PUERTO
CON SU NAUIO Y NO AU1ENDO HECHO NINGÚN EFFECTO,
SE BOLUIO CON SUS CAPITANES A LA CIBDAD (1), Y DE
LAS COSAS QUE HIZO EN ELLA

Como el Maestro de campo Francisco de Cara-
uajal vido que el capitán Diego de Ribadeneyra
era ydo con el nauio, le peso en gran manera; mas
viendo que no auia podido ni auia sido mas en su
mano, que harta diligencia auia puesto en todo, se
dio mucha priesa en despachar al capitán Juan de
Morales con las cartas que escriuia, las quales es-
criptas las despacho y embio con breuedad. El
mensajero que las lleuaua, como hombre cuyda-
doso y diligente, caminando dias y noches llego a
la gran cibdad de Los Reyes, que es en la prouin-
cia de Lima, que ay ciento y treynta leguas tira-
das, en nueue dias, que fue por el camino Real
que llaman de los Llanos o de la Costa. Caminaua
vnas veces en vna hamaca, que los yndios a re-
muda lo lleuauan en hombros, corriendo, y otras

(I) Tachado: de Quilca.

1

124

vi / ^ \ na en su muía, que era muy andadora, que
a según las gentes dixeron que andaua quinze le-
gua* por dia y que le auia costado ochocientos pe-
sca di buen oro por ser tan buena. Pues llegado a
I a c i K l a d de Los Reyes sin que en el camino le aui-
n i ow alguna controuersia, dio las cartas al the-
mejitc Lorenzo de Aldana dándole cuenta y razón
de ioda lo que se auia hecho, de lo qual el y todos
los aficionados a Goncalo Picarro se holgaron
muy mucho por tan buen suceso y auiso. Passan-
do mas adelante, yendo por todas las cibdades, vi-
llas y ] ligares fue dando el mismo auisso a todos
los theníentes de los dichos pueblos, de todo lo que
auia suscedido, hasta que allego a la cibdad de
Qtiíto, en donde hallo a Gonzalo Picarro que esta-
ua hordenando de partirse para Lima. Llegado
qm iMt- ante el le dio las cartas, y después de
.un -i i .1-3 mandado leer se holgó mucho con el buen
MI de Francisco de Carauajal, y mas con el
desbarate de Diego Centeno, aunque mas quissie-
r¡i qti< lo prendiera, y tambienaLope deMendoca, \ as■ j mando hospedar muy bien a Juan de Mora- les habiéndole dar todo el recaudo que uvo menes- ter. V por otra parte mando á sus capitanes y sol- dad os principales que se regozijassen e hiziessen Lj-un LS fiestas por estas nueuas que tan buenas oran para ellos, y assi se hizo, que aquella noche uvo ma xcaras y hachas encendidas y grandes lumi- n it ¡i-, por toda la cibdad, y el domingo siguiente uvo Loros y juego de cañas. Después que Francis- Carauajal uvo embiado al mensajero y vien- do que alli de presente no auia mas que hazer, de- J 125 termino yrse a la cibdad de Arequipa por derecho camino, por descansar en ella de tantos trabaxos y fatigas y de tan largos caminos como auian to- dos passado, assi de hambre como de fríos muy yntollerables. Assimismo, viendo las grandes y diuersas enfermedades que los suyos tenían, que del camino se les auiafn] recrescido del caminar de dia y de noche y de beuer agua muy fria en ayu- nas, lleuando las armas acuestas yendo muchas vezes a pie, y lleuando la comida encima de si, si la hallauan, quando estauan los cauallos cansados y fatigados. Entrando, pues, estos perseguidores de los leales por la cibdad, lleuauan todas las van- deras tendidas con los estandartes que yuan tre- molcando por el ayre, y al son de los atambores y pifaros yuan marchando con buena hordenanca, de tres en tres, puestos en hilera, como hombres triumphantes por la Vitoria que auian alcancado, y los arcabuzeros lleuauan sus arcabuzes cargados con dos balas porque assi les fue mandado. Todos quantos vezinos auia en la cibdad le salieron a rescebir y a dalle la buena pro de su llegada y el pésame de sus trabajos, y assi le metieron en ella con demonstracion de mucho plazer y alegría y lo apossentaron en las casas del marques Don Fran- cisco Picarro, que caen en la placa. Los capitanes y soldados fueron apossentados por el Maestro de campo Dionisio de Bobadilla y por el apossenta- dor mayor Francisco Miguel, por sus quarteles, en casa de los cibdadanos, repartiéndolos a como cada uno dellos tenia de renta de los repartimien- tos de los yndios que tenían en encomienda, y se- 126 gun su possibilidad. Aunque otros fueron aposen- tados en algunas casas que estauan vazias y des- pobladas, que los vezinos se auian huydo y se auian ydo a diuersas partes, de miedo de Francis- co de Carauajal, y estos soldados que se apossen- taroii en estas casas vazias comieron a costa de los merendantes y de los tratantes. Después que uvo llegado a la cibdad, dende a dos dias comento hazer muchas cosas, las quales todas fueron en seruicio de Gonc;alo Picarro, diziendo y coloran- do que las hazia en seruicio de Su Magestad. Y por otra parte pidió a todos los vezinos que auia le die- ssen algunos dineros de los que tenian de sobra, para socorrer a sus soldados, que venían muy ne- cesitados, los quales se le dieron, aunque pocos, y de la caxa de Su Magestad saco mucho dine- ro a nunca pagar, que los officiales no le ossa- ron contradezir de miedo. Todos los pueblos de yndios que estauan vacuos y los que teníanlos ve- zinos que se auian ydo con Diego Centeno los pu- en cabeca de Su Magestad, para que con este titulo y nombre siruiessen a Goncalo Picarro, co- mo después le siruieron. Otro si, mando a los ma- yordomos de Goncalo Picarro que tenia en diuer- -1 - partes, que recogiessen y tomassen todos los ir i hu tos que los yndios dauan, assi en oro y plata como en las demás cosas, y se los embiassen con buen recaudo adonde quiera que el estuuiesse, porque auian de ser para los gastos y espedicion Je la guerra. A Xpoual Beltran nombro por algua- cil mftyor de la cibdad en nombre de Goncalo Pi- carro, y lo hizo rescebir en el cabildo por tal, pa- 127 ra que siempre se hallasse en los cabildos que los Regidores hiziessen, y tuuiesse voto en el; lo qual todo se assento en el libro de cabildo con la mer- ced que se le hizo. Hecho esto le caso con vna viuda hermosa y honrrada que tenia repartimien- tos de yndios, y esto lo hizo sin consentimiento de sus parientes, que no querían casalla con el; mas en fin, el matrimonio passo aunque les peso, de manera que el le puso en buen estado, que lo que- ría mucho. Assimismo caso en esta^ibdad a cinco soldados de los principales de su exercito con otras cinco viudas muy honrradas, y les dio los ¡ repartimientos de yndios que auian tenido sus ma- ridos en encomienda por los gouernadorés passa- dos en nombre de Su Magestad. Supo dende a ciertos dias, de sus espias que en muchas partes tenia, como ciertamente Diego Orgoñez y Miguel Cornejo, vezinos de la cibdad, tenían escondido a Diego Centeno, de lo qual se enojo brauamente contra ellos, porque se dezia que lo tenían en las sierras de los Andes o de Condesuyo, mas no sa- bían en que parte o lugar estaua. Y por no matar a estos hombres, que bien pudiera, y por no poner en conffussion ni escándalo al pueblo, que estaua quieto y paciffico, y por ser estos cibdadanos de los mas principales que en ella auia, disimulo con ellos y los dexo estar por entonces. Mas después de todo esto los embio con gran disimulación con cartas a la cibdad de Los Reyes para que las die- ssen a Goncalo Picarro y al licenciado Diego Vas- quez de Cepeda, quondan Oydor, que era theniente sobre todos los thenientes y justicia mayor de toda 128 la tierra. Y les embio por auiso con Agustín de Castellanos, que ya era buelto de la cibdad del Cuzco, diziendoles de como les embiaua aquellos vezinos para que alia los detuuiessen en el entre- tanto que el andaua apaciguando por acá la pro- uincia de las Charcas, o si no, que hiziessen de tal manera que en toda la vida no boluiessen mas a sus casas, porque cumplía muy mucho hazer esto. Por quanto estos hombres tenían escondido mali- ciosamente a Diego Centeno y a Luys de Ribera, y que no los escondían sin proposito ni causa al- guna, que algún misterio auria en el casso, y que fuessen para ello atormentados para que dixessen la verdad en donde los tenían escondidos, y que si no la dixessen les diessen garrote vna noche. Y que si todo esto (1) se hazia, fuesse hecho muy secreta- mente sin que persona alguna lo entendiesse que el daua este auiso, para lo que adelante se auia de hazer, porque ymportaua muy mucho a sus vidas, personas y saludes. Goncalo PÍ9arro rescibio estas cartas y por mostrarse humano y gran amigo de- llos, y por consejo que para ello le dio el licencia- do Benito Juárez de Carauajal, fueron perdona- dos, aunque fueron mansamente preguntados que adonde estauan Diego Centeno y Luys de Ribera, que se lo dixessen; ellos negaron reziamente y con juramento que no sabían dellos. Y por estas cosas y por ciertas causas y respectos no les quiso hazer mal, ni matar, antes los embio dende a cierto tiem- po a sus casas, haziendoles muchas promessas y (i) Tachado: no. 129 caricias con demonstracion de grande y verdadera amistad. Ellos no entendieron entonces a que pro- posito los auia Francisco de Carauajal embiado a la cibdad de Lima, mas de quanto Goncalo Picarro los embiaua a sus casas líberalmente, por lo qual le besaron las manos por la merced que les hazta y le prometieron de prender o matar a Diego Cen- teno y a Luys de Ribera si los hallauan, o si no, que le auisarian si ellos alcancauan á saber donde estauan, y con esto despedidos se fueron a sus ca- sas. Después, dende a muchos días, estos hombres supieron ciertamente de como Francisco de Cara- uajal Jos auia embiado a la carnicería, y que ellos mismos auian llenado los cuchillos con que auian de ser degollados por Gonzalo Picarro ó por Die- go Vasquez de Cepeda, su theníente general, como adelante lo diremos. Estando Francisco de Cara- uajal en esta cibdad tembló la tierra reciamente después de medio dia, de que pusso gran temor y escándalo a todos los cibdadanos, principalmente los que se hallaron en esta hora en casa de Fran- cisco de Carauajal, que todos se salieron huyendo a la calle porque se cayo vn pedazo della. A todo esto nunca el tirano se leuanto de vna silla en don- de estaua assentado» mientras turó el temblor, que fue buen rato, de lo qual quedaron todos admira- dos del quando lo supieron, y no pudieron adeuinar a que causa no quiso salir al patio como todos lo auian hecho los que estauan en sus casas. A Juan Alcayde y a Francisco (^amorano se les quebra- ron las piernas por saltar por vnas escaleras aba- xo, de miedo que no los tomasse la casa debaxo, O. i» SANTA CLARA.—IV.—3.° 9 130 porque temblaua mucho, y por escapar de la muerte vinieron a dar en ella, porque dende a dos dias vinieron a morir conffessados y comulgados .como buenos xpianos. Y lo que se cayo de la casa de Carauajal, que fue un gran pedaco de vna cá- mara, mato miserablemente a quatro pobres yn- dios y vn negro del dicho Francisco de Carauajal que se auian arrimado por aquella parte, y en toda la cibdad no se cayo ninguna casa. CAPITULO XVI DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL SALIÓ DE LA CIBDAD DE AREQUIPA Y SE FUE A CHOCUYTO, PUE- BLO DE SU MAGESTAD, Y DE LO QUE ALLI DIXO A SUS CAPITANES Y SOLDADOS PORQUE SE QUERÍAN YR, DIZIENDOLE TODOS QUE LA GUERRA ERA YA ACA- BADA Después que Francisco de Carauajal uvo des- cansado en la cibdad de Arequipa y auiendo hecho lo que tenemos dicho y viendo que de presente no auia mas que hazer en ella, determino de yrse a la prouincia de las Charcas, por dos causas y ra- zones que le mouieron a yrse con mas breuedad de lo que el tenia pensado. La vna fue, y lo mas principal, por no dar lugar a que Lope de Mendo- ca se alcasse otra vez con la villa de la Plata; y la otra fue por repartir toda aquella prouincia entre sus soldados y capitanes, como ya lo auia dicho y prometido muchas vezes que les dada los yndios que estauan vacuos, para hazer nueuos vezinos en ella. Con aqueste acuerdo embio adelante cassi la mayor parte de los soldados al pueblo de Chocuy- to, que es de Su Magestad, en donde tenían todos la ropa y fardaje que auian dexado atrás, y les 132 mando que le aguardassen alli hasta en tanto que el Uegasse con la demás gente, lo qual se hizo assi. En este pueblo estauan muchos soldados que se auian quedado atrás, los vnos de cansados y en- fermos, y los otros por no tener cauallos ni muías para poder seguir a su capitán, que en el camino se les auian muerto, o cansado, con tanto caminar de dia y de noche. También se quedaron otros por guardar el oro y la plata y gran cantidad de ropa y mercaderías que Francisco de Carauajal tenia, y la que sus soldados auian dexado, que todo auia venido a parar a este pueblo, que los yndios que la lleuauan no pudieron andar tanto como sus amos, que caminaron por la posta. Estos soldados cagueros tuuieron creydo que Diego Centeno y Lope de Mendoca auian de boluer por otro cami- no a este dicho pueblo para yrse a las Charcas, y por esto y por otros respectos elegieron entre si a vn soldado llamado Diego de Guzman de Lara por caudillo en nombre del cruel tirano, porque los capitanes que eran se auian ydo con el a la cib- dad de Arequipa, que ninguno auia quedado atrás. Hecho esto luego embiaron a llamar a todos los caziquez y principales yndios de aquella gran pro- uincia para que truxessen muchos bastimentos pa- ra la sustentación de los soldados, y assi truxeron muchos carneros, mahiz y papas, con otras mu- chas cosas de comer. Pues venidos ya los yndios les mandaron hazer una casa fuerte con quatro cubos y sus troneras, en donde se metieron todos, y se velauan de dia y de noche como si estuuieran en alguna frontera de enemigos, hasta que en fin 133 supieron ciertamente el desbarate total de Diego Centeno y de Lope de Mendoca. Los soldados que se adelantaron desde la cibdad de Arequipa, lle- gados a este pueblo, muchos dellos no hallaron los yndios de carga ni de seruicio que atrás auian de- xado, porque se les huyeron lleuandoles la ropa y las yndias que tenían y se fueron a sus tierras y a otras partes con ellas a esconderse. Por lo qual eomencaron todos estos soldados a brauear y aun derrenegar, quexandose brauamente de Francis- co de Carauajal, diziendo a grandes bozes que por seruir a Goncalo Picarro auian perdido lo que te- nían, y que si en viniendo el no los remediaua y les socorría con dalles algún dinero o ropa, que se auian de yr y dexalle porque se anduuiesse solo. Dexado esto aparte, Francisco de Carauajal se partió de Arequipa con los demás soldados que con el auian quedado, y viniéndose por sus jorna- das contadas llego al pueblo de Chocuyto y le sa- lieron a rescebir todos los soldados con dos vande- ras y dos atambores que auian llegado antes. Y al tiempo que emparejo con ellos, los alférez abaja- ron las vanderas ante el, y Francisco de Caraua- jal les quito el sombrero, y assi se ajuntaron todos y se tornaron al pueblo con las vanderas tendidas como triumphadores, y el se apossento en la ygle- ssia. Los soldados qne llegaron de nueuo con Fran- cisco de Carauajal eomencaron también de bramar y aun de rauiar porque assimismolesfaltaua a ellos la ropa y el seruicio, como a los otros, porque se la auian lleuado furtiblemente sus mismos yndios a diuersas partes. Los otros soldados que hallaron 134 su ropa, por ser sus yndios fíeles se holgaron mu- cho, y luego se apossentaron por las casas de los naturales, que auia muchas vazias; de manera que vnos desesperauan rauiandoy otros se holgauan con gran plazer y alegría en auer hallado lo que tenían que no les faltaua. Los desnudos, que_ eran muchos, eomencaron todos juntos y cada vno de por si en secreto y en publico, de gruñir y bramar y de maldezir a Francisco de Carauajal, derrene- gando de la aduersa fortuna por tanto,trabaxo y affan como auian passado y aun passauan, y que no tenían que vestirse, porque andauan todos des- nudos y descalcos. Y que Francisco de Carauajal, que a su noticia auia venido todo esto, que se lo auian ya dicho, no hazia mincion ni casso de les dar algún socorro para vestirse; y assi comenta- ron a dezir que se querían yr a do bien les pares- ciesse, pues tan mal se hazia con ellos, porque no les dauan lo que auian menester. Algunos, por te- ner algún buen comedimiento pidieron licencia a su General para yrse a sus casas, o a otras partes, pues la guerra ya era acabada y que no auia con quien competir, ni menos con quien batallar, por- que lodos los enemigos estauan huydos y escondi- dos de temor, y que la tierra estaua pacifica y a deuocion de Goncalo Picarro. Francisco de Cara- uajal, desque vido que tantos le pedían licencia pa- ra yrse, no la quiso conceder a ninguno; antes les dixo con semblante muy ayrado que agora mas que nunca estaua muy encendida la guerra y que ningu- no se atreuiesse de yrse sin su licencia, so pena que lo mandaría castigar; y porque ninguno pretendie- 135 sse y inorancia lo mando apregonar en su real. Oyendo los soldados el pregón que se auia dado se amohinaron mucho mas, y assi se fueron a Caraua- jal y le dixeron que auia mucho tiempo que anda- uan con el sufriendo grandes fatigas y muy pesados trabaxos déla destemplanza del tiempo y de las muchas lluuias y grandes tempestades que auia y la crueldad del tiempo frigidissimo que los fati- gaua estando desnudos y descalcos. Porque todas estas cosas no las podian ya sufrir, a causa que muchos dellos estauan muy cansados y quebran- tados del mucho caminar y velar, y por esto an- dauan muy descontentos, que ya no podían hazer de sus personas lo que deuían contra los grandes trabaxos que se les o frese i an de cada dia y de cada noche. De manera que muchos dellos. per- dido el temor y la verguenca, dauan a entender con palabras soberutosas que no estauan allí de su voluntad, a causa que no se les gratíl'rlcaua luego su deuido seruicio, sino que disimulaua con ellos sin lo querer remediar sino era con vanas esperanzas. Otros uvo que sin pedir licencia se la tomaron ellos y se salieron vna noche del exer- cito y se fueron a sus casas, como fue el bachiller Pedro Altamirano, el de cobre, que por andar siempre armado de vnas armas de cobre le pussie- ron este nombre, y Juan Gutiérrez y Pedro Velas- quez con otros seis soldados. Por lo qual pusso á los demás en voluntad y gana de yrse también, y assi se platico entre algunos para lo hazer, pues Francisco de Carauajal no se le auia dado nada por la y da de los otros, ni menos auia embiado tras 136 ellos como lo suelen hazer en yéndose alguno, que tampoco yrian agora- tras ellos si se fuessen; cierto, el lo hizo por no embiar la soga tras el cal- dero. Al General le peso mucho de la yda destos hombres, por lo qual mando al Maestro de campo Dionisio de Bobadilla mandasse hechar vando con vn a tambor por todo el exercito para que todos vinicssen ante el, el qual estaua apossentado en la yglessia de aquel pueblo, porque les queria ha- blan y congregados todos les hizo esta platica con semblante y aparencia muy graue: Yo no puedo pensar que sea la causa que assi os aya mouido y acouardado a quereros apartar de mi compañía y dexarme a tal tiempo, estando la guerra mas encendida y trauada que nunca jamas la estuuo, y en esto veo la gran ceguera y desatino que tenéis, sin mirar lo adelante, sabien- do que Lope de Mendoca es ydo a las Charcas con los demás que aueis oydo. Paresceme, según me han dicho, que algunos de vosotros os queréis yr poi no andar vn poco de camino que nos falta de aquí a la villa de La Plata, y del rezelo del pro- pio orficio del tiempo que se nos haze tan áspero y tan erizado; y pues Dios lo embia y a el le plaze, conformémonos con su diuina voluntad. Y para dezíros esto os embie a llamar, no tanto para re- prehenderos quanto para amonestaros por el affi- cion que me aueis mostrado y por el amor entra- ñable que en general a todos tengo en aprouecha- ros; no queráis dar lugar a que por falta de vn poco de zufrimiento perdáis lo que aueis ganado con tantos trabaxos y fatigas, assi en el alcance 137 que alguno[s] de vosotros distes al Visorrey, como agora contra Diego Centeno y Lope de Mendoca. Y por (1) este trabaxo tan pequeño que al pre- sente nos queda, no permitáis que con poco animo se amanzillen y abatan vuestras personas y hon- rras, sino que como hombres esforzados y animo- sos passeis adelante con vuestro honor, haziendo el deuer que mas os conuiene. Pero, mirad, caua- lleros, que todo esto que tengo dicho no ha sido por estar del todo seguro de aquellos que por las causas susodichas se querían yr, porque a la ver-. dad mucho mas se deue presumir dellos que por no passar un poco de trabaxo y fatiga caminando desde aquí a la villa de La Plata, se quieren que- dar sin ver el premio y galardón que alia les espe- ra e yo entiendo de les dar. Mas porque entiendan que no siento lo que deuo sentir, digo que se va- yan los que se quissieren yr en cuyos ánimos esta apossentado el temor y la couardia, y no el (2) es- fuerzo y zufrimiento para tollerar y comportar los trabaxos zencillos que nos quedan, ni aun atre- uerse a poner en ellos. Estas cosas no las digo á los que son de grande animo y valor, ni a los vir- tuosos y esforzados hombres, sino á los que se muestran de poco animo y son temerosos y couar- des, porque estos tales no podran ya zufrir vn poco de tiempo el affan, ni menos sabrán conoscer los premios y galardones que suele traer consigo la virtud del trabaxo, porque con la solicitud y (I) Ms. Y porque. (3) \l*.quee¿. 138 diligencia que se pone, se alcanza. Y con todo esto, si quissierdes prefferir de aqui adelante el trabaxo al reposo, hazed lo que os paresciere y lo que por bien tuuierdes, que no por esso dexare de faboresceros y ayudaros en todo aquello que os cumpliere, pues aueis militado debaxo de mí van- dera. Por tanto querría mucho saber por entero quien son los que se quieren yr, y quales sean sus yntendones y voluntades, pues la mia ya la sabéis, y esto digolo porque no querría viuir sospechoso ni engañado con vosotros, ni vosotros lo estuuie- ssedes conmigo, porquesi algún mal os viniere no hecheis la culpa a mi, sino a vosotros mismos, que me daréis occassion para lo mandar hazer y sal- dré de medida para os castigar muy bien casti- gado^]. Con esto acabo su platica y arenga, como hom- bre que estaua medio ayrado, y como calló res- pondió dende vn ratillo el Maestro de campo Dio- nisio de Bobadilla, en nombre de todos aquellos soldados que querían hazer ausencia, porque se lo rogaron para que respondiesse por ellos a Fran- cisco de Carauajal, que lo sabría hazer mejor que otro alguno, desculpandolos de la culpa que les ymponia, diziendole lo que se sigue. RTIO DEL Y EN EL •ADOS DE li LA PLA- 1 BRIÓ AL :1 que sus » para ca- ído elfar- jaedado a ichos yn- ■>n con el
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on el ser-
lieron se-
s y de vo-
io digo, a
ido. pues.
u gente a
tuuo seys
10

140

del mundo si fuere menester. Esto me atreuo a
dezir porque tengo bien entendido que lo harán
assi como yo lo digo, aunque sepan passar por los
mayores y mas graues peligros que en el mundo
se puedan ymaginar, pues ya conoscen y lo tienen
bien entendido que todo quanto hazen es en serui-
cio del Gouernador mi señor. Y aun mas digo.
afirmándome en ello y sin poner duda, que todos
los soldados que aqui están presentes que dezian
se querían yr por no seguir a v. m. en esta breue
jornada, estén agora arrepisos dello y de otro yn-
tento, proposito y voluntad. Por tanto ¿quien sera
aquel que tenga temor a vn poco de trabaxo?
¿quien es aquel que esté tan oluidado de su honrra?
¿quien sera el que esté tan desacordado de su es-
ffuerc;o y valentía y de lo que deue al officio mili-
tar? ¿Pues quienes serán aquellos tan couardes y
de tan poco animo que teman y se rezelen desta
lluuiosa tempestad de agua, y del frío, no auiendo
tenido temor de los arcabuzes ni de los fuertes
enemigos que siempre han tenido por delante? Es-
pecialmente agora, que estando como están en vis-
peras de conseguir el premio y el galardón de sus
trabajos, se quiera yr y ausentar sin recebillo, de-
xando en el campo a su capitán solo y desampara-
do. Por lo qual torno a dezir que teniendo como ten-
go esperimentadas y conoscidas (1) de largo tiem-
po las voluntades de todos ellos y de cada vno de-
llos, osso prometer y affirmar que ninguno dellos

(I) Ms. experimentados y conoscidos.

141

faltara a do quiera que v. m. fuere, aunque sepan
perder sus personas y vidas. Bien tengo creydo
que el trabaxo yntollerable y el tiempo tan lluuio-
so y ericado y con la destemplanza demasiada
que haze ajumándose las vnas con las otras, les
ha quebrantado el brio y las fuercas y voluntades
de algunos enfermos que en el exercito vienen
[que] ya no las pueden zufrir. Alas por estos tales
hombres digo y me offrezco y salgo por fiador que
ninguno faltara de vuestro seruicio, ni dexaran de
cumplir con lo que deuen a sus honrras y a buenos
soldados. En todo aquello que de mi propia perso-
na puedo colegir, puedo seguramente asegurar
y saluar a todos y a cada vno dellos en parti-
cular que ninguno se atreuera hazer cosa en con-
trario de Jo que tengo dicho. De manera que no
solamente pagare con mi cabeca la culpa en que
ellos uvieran yncurrido, mas aun me sometere con
mi persona a la pena y castigo que merescieren
por el descomedimiento de aquellos que antes de
dar fin y cabo de su jornada y de su comencado
trabaxo se fueren y no quisieren seguir a su capi-
tán. Por tanto a v. m. suplico con aquel acatamien-
to que deuo que no mire ni tenga atención a lo que
algunos presumptuosos querían hazer con vana
pretenssion y locura en apartarse y ausentarse
del seruicio del Gouernador mi señor. Sino que se
tenga atención y se mire a los muchos y grandes
seruícios que a su señoría y a v, m. han hecho en
esta presente jornada, passandoj como han passa-
do, tantos trabaxos, y que cada vno dellos sea per-
donado y consigan vuestra clemencia para que

142

con ella puedan de aqui adelante seruir mucho
mejor fyie de antes.
Después que el Maestro de campo Dionisio de
Bobadilla uvo acabado su platica, luego enconti-
nente boluio los ojos en contorno hazia donde los
soldados estauan, de aquellos que se querían au-
sentar y amotinarse, que de los otros que se que-
dauan firmes no dijo (1) nada, y ellos, como vando-
leros lo entendieron luego. Y boluiendose todos a
Francisco de Carauajal aprouaron todo quanto el
Maestro de campo auia dicho en su deffenssion,
prometiéndole en fee de sus palabras que le segui-
rían en todo tiempo y no le faltarian en toda la
vida hasta la muerte. Oyendo Francisco de Cara-
uajal esta platica de Dionisio de Bobadilla dio
muestra y señal de auer rescebido plazer y mucho
contento, y tornando en mansedumbre la graue-
dad y mal semblante que poco antes auia mostrado
en su platica, comenco de mirar á todos quantos
alli estauan con amor y buena gracia. De manera
que auiendo passado estas cosas los despidió a to-
dos con buen talante, para que se fuessen á sus
toldos y casas, con muchas caricias y prometimien-
tos, agradesciendoles la buena voluntad que mos-
trado auian, y assi se fueron todos haziendole pri-
mero la reuerencia y deuida cortesía que le áeuian.
Aun no era bien deshecho este ayuntamiento quan-
do mando proueér por todas las esquadras y com-
pañías mucha copia de bastimentos y de prouissio-
nes que Francisco de Cantillana su furriel tenia

0) Mua-tf*.

143

guardados y tapiados en vna gran casa por su
mandado. Al qual le hizo quedar en este pueblo
quando passo por el, para que ajuntasse todos
quantos bastimentos pudiesse hallar en toda la co-
marca, assi de mahiz, papas y chuflo como de car-
neros y ouejas, para vender en las minas de Porco
y de Potos: a los españoles y a los yndios que alli
estauan sacando plata para sus amos. Con esto,
los soldados, y con el prometimiento que se les
auia hecho que en tas Charcas les auia de dar de
comer y los repartimientos de yndios que estuuíe-
sseu vacuos, y que a otros daría muchos dineros y
otras grangerias por las qua les ganassen de comer,
pues con esta esperanca, aunque vana y larga, se
contentaron los querellantes. Dende a ciertos dias,
mientras estuuo en el pueblo, viendo la razón que
para ello auia embio a sus casas a ciertos vezinos
de la cibdad del Cuzco y de Arequipa que auia
dias que militauan debaxo de su vandera, dándoles
licencia para que se fuessen a descansar, con tal
condiscion que dexassen las armas ofí’enssiuas y
deffenssiuas que tenian. Los vezinos que embio al
Cuzco fueron Juan Jullio de Hojeda, su alférez ma-
yor, y diose el estandarte a Pedro Alonso de Ca*
rrasco, vezino del Cuzco y hombre rico, y a Lope
Martin, portugués, Pedro de Busüncia, vizcayno,
Francisco de Argote^de Segouia, Alonso deCaxas
y Francisco de Villavicencio, con otros tres o qua-
tro. Los vezinos de Arequipa fueron Diego Her-
nández, Juan de Auiles, alcayde, Alonso Puerta,
Alonso de Auila, Vicente Ramírez, Francisco de
Noguerol y Xpoual Beltran, con otros quatro o

144

cinco vezinos; de manera que fueron por todos los
que embio a estas dos cibdades hasta veinte y cin-
co vezinos que tenian en ellas repartimientos de
yndios. y a otros sin ellos. No solamente embio a
sus casas a estos hombres, mas embio de los sol-
dados mas viejos en hedad que de la cibdad de
Quito auia traydo y que Gongalo Picarro auia lle-
uado alia desde la cibdad del Cuzco la primera vez
que fue contra el Visorrey, que como andauan fa-
tigados y enfermos los embio a diuersas partes,
que serian hasta ocho dellos, y les dio cartas para
que alia les diessen de comer, y les proueyo de di-
neros para el camino. Auiendo despachado a estos
hombres mando hechar vando en todo su exercito,
con todos los atambores, para que todos estuuie-
ssen prestos y aderescados para partirse dende a
tres dias a la prouincia de las Charcas, adonde era
su principal yntento llegar. Y los soldados lo hizie-
ron assi y pussieron por la obra lo mandado, con
mucho contento, haziendo muchas cosas y aderes-
candose para el camino, y herraron sus cauallos y
muchas muías que tenian, con herraduras de cobre,
que son muy buenas, que turan muchos dias, con
clauo hechizo, que no se quiebran.

CAPITULO xvni

DE COMO FRANCISCO DE CARAUAJAL SE PARTIÓ DEL
PUEBLO DE CHOCUYTO PARA LAS CHARCAS Y EN EL
CAMINO SUPO DE LA SALIDA DE LOS SOLDADOS DE
LA ENTRADA DE DIEGO DE ROJAS, DEL RIO DE LA PLA-
TA, Y CUENTA QUIEN FUE EL QUE LO DESCUBRIÓ AL
PRINCIPIO

Auiendo visto Francisco de Carauajal que sus
capitanes y soldados estauan ya a punto para ca-
minar, luego, vn lunes, de mañana, aleando el far-
daje y la ropa que tenian y que les auia quedado a
los dichosos, salieron del pueblo con muchos yn-
dios cargados, y los soldados que fueron con el
eran doscientos y veynte y cinco, porque de tres-
cientos y mas que eran, a los vnos embio a sus ca-
sas, como queda dicho. Y los otros se quedaron
atrás, los quales se apartaron del camino Real y
se fueron a diuersos pueblos de yndios con el ser-
uicio y ropa que tenian, que como no pudieron se-
guir a su capitán por falta de sus cauallos y de vo-
luntad que ellos tuuieron, se fueron, como digo, a
diuersas partes a buscar de comer. Yendo, pues,
por su camino adelante, llego con toda su gente a
vn pueblo llamado Cepita, en donde se de tuuo seys
G. DE SANTA CLARA.—IV.—3.° lo

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dias por falta de yndios. que no uvo tantos quan-
tos el auia menester para lleuar su ropa y merca-
durías y el fardaxe de los soldados, por lo qual
rescibio muy grande y ra y enojo contra los cazi-
quez y principales yndios de aquel pueblo, y arre-
batando furiosamente a dos dellos les mando dar
garrote. Estando aun medio biuos mando hechar
encima dellos mucha paja seca y fuego, y assi los
quemaron como quien chamusca puercos, y en
esta muerte acauaron los miserables y desuentu-
rados yndios de morir con esta crueldad tan mala
y endemoniada. Los (1) demás caziques y princi-
pales yndios que estauan presentes fueron amena-
zados terriblemente, diziéndoles que si no le dauan
luego muchos yndios, que los auia de quemar bi-
uos, como auia hecho de los otros; y si este hom-
bre endemoniado queria tantos yndios de carga
era para lleuar las mercadurías que tenia, para
vender en Potosí, como era ropa de Castilla, ma-
hiz, papas y chuño; de manera que era capitán y
mercader. Amedrentados, pues,