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ninguna hubiese muerto desta manera, sino siempre
lo contrario. Ni sé á dónde pudo Polo1 adivinar tal in-
terpretación, si no es que oyó decir que se sacrificaban
pasitos, y ñustas, y aellas, y huahuas; mas no entendió el
lenguaje de los indios, que á las corderas y ovejas que
se sacrificaban en nombre destas ó de otras doncellas,
i Los autores arriba citados (cap. di los sacrijiíios) son contra Polo, y la común
tradiciou de los indios y de sus quipos.
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se llamaban pos fia, chusña y ñusta, y las que en nombre
de las mismas aellas, se decian también aellas; y el cor-
derico se llamaba huahua, niño. Y quien no repara en
los tropos y ñguras que tiene esa lengua, dirá siempre
una cosa por otra, y hará errar á todos los que le si-
guieren.
Las aellas eran esentas, inviolables; y si cuando ellas
pasaban por la calle acompañadas de sus criados y
guarda, se acogia á ellas algún delincuente, no le po-
día prender la justicia, porque le valia por amparo la
presencia de las aellas, como también les valían los
templos á todos los delincuentes que se acogían á ellos;
fuera de eso, según sus leyes, estaba prohibido de que
se pudiesen casar, como queda arriba dicho; y que si
se casasen, allende que habia pena acerbísima, estaba
dado el tal matrimonio por no válido. Y cualquiera que
las maltrataba de manos y de palabra, habia de ser cas-
tigado bravísimamente. En el convite que arriba diji-
mos, no se hizo mención del gran Vilahoma, porque
nunca se hallaba en él, mas enviábanle sus presentes;
á sólo el repartir de las novicias se hallaba él ó su lu-
gar teniente Ixatun villca, que algunos llaman corrup-
tamente appopanaca, por decir aponaca, los señores, en
aymará, ó apocuna, en la quichua.
% Costumbres de los antiguos piruattos en lo civil.
Las costumbres y usos de una nación y gente y de
su república, no se han de medir por lo que algunos
particulares ó viciosos hacen, sino por lo que toda la
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Relación
comunidad guarda ó siente que se debe guardar, y por
las leyes que tienen y ejecutan. Porque aunque veamos
á cinco ó seis ladrones ó homicidas, 6 oyamos decir '
que este 6 aquel particular usó del nefando, ó que sa-
crificó á su hijo, no por eso hemos de condenar á toda
la nación y república, ni á carga cerrada hacer regla
general, si la tal nación guarda lo contrario en lo co-
mún y tiene leyes con que castiga tales delictos y las
ejecuta puntualmente. Asi que diremos de los vicios
que toda la nación piruana tuvo recebidos y puestos en
uso común y los que no eran asi, sino que uno ó dos
solamente los cometía, ó que en otro tiempo fueron re-
cebidos y en otro desechados; y también de sus loables
costumbres y leyes.
Primeramente, la embriaguez y la destemplanza en
el beber fué como una propia pasión desta gente, prin-
cipio de todos sus males y aun de su idolatría. Este
vicio no perdonó dignidades ni estados. Al principio,
cuando poblaron la tierra, por mucho tiempo no tuvie-
ron género de vino, sino sola agua fresca; y cuéntase
que en este tiempo no tuvieron vicios ni fueron dados
á la idolatría. Después buscaron invenciones para ha-
cer algún género de bebida, que fuese menos dañosa
que el agua de aquella tierra; porque, si se mira en ello,
hay provincias en que hay agua tan delgada que cor-
rompe, y en otras tan gruesa, que cria vascosidades y
piedra. Pues en los llanos, allende que la más del agua
que ahí se bebe es salobre, cuál más, cuál menos, es
comunmente caliente, como la experimentan agora los
españoles, que si no son los poderosos y que tienen
caudal, los demás claro es que lo pasan trabajosamen-
Anónima
igi
te. Pues para remediar este inconveniente y por librarse
de enfermedades, inventaron el vino hecho de grano de
maíz, el cual, si es simple, refresca las entrañas y el hí-
gado, pero no limpia del todo las vascosidades. Man-
daron los médicos que para que el vino tuviese los
efectos que se pretendía, de lavar la vegiga y deshacer
la piedra, se lindase el maíz con la saliva del hom-
bre, que es muy medicinable. De manera que de aquí
nació el mascar los niños y las doncellas el grano de
maíz, y lo mascado ponerlo en vasos, para que después
se cociese y pasase por diversos coladores de lienzo de
algodón y agua limpia, y el agua que de todo esto se
exprime, sea el vino, del cual usaron mucho tiempo; y
por ser medicinable, no hacia reparar en que podia cau-
sar asco el haber sido mascado el maíz, pues por causa
de la salud toman hoy los hombres cosas horribles,
como canina de perro, orines y otras cosas muy asque-
rosas, que en comparación dellas, es la saliva del hombre
cosa más limpia. Y cuando nos ponen vino en la mesa,
no nos acordamos de que ha sido exprimido y pisado
con los pies sucios y polvorientos del hombre.
Este vino que «e hizo en el Perú desde los tiempos
antiquísimos, por vía de medicina, vino después á ser
tenido como regalo y bebida para celebrar sus fiestas;
vino á tanta gula, que por sólo beber sin pena pública-
mente, instituyeron las fiestas en que se habia de beber
á rienda suelta, porque en lo particular siempre fué ve-
dado el beberlo, si no fuese moderado, por vía de me-
dicina. De modo que los dias de triunfos por las vic-
torias alcanzadas, los dias de barbechar la tierra, los
dias de sembrar la mies, los de la siega y cosecha, los
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del Aytnoray, ques llevar el grano á la troje y despensa,
estaba la puerta abierta para que bebiesen todos cuan-
tos quisiesen, exceptos los mochachos y muchachas, y
todos los ministros del templo y las virgines vestales,
y la guarda del rey, y los soldados de presidio, y de los
magistrados, los semaneros y las mujeres que habian
de atender al servicio de las casas, y de los plebeyos y
prefectos de sus oficios mecánicos. Duraba todo un dia
el beber, y digerido el vino, se pedia licencia para el
dia siguiente para todas las personas que el dia antes
no habia (sic) bebido, exceptos los religiosos y las virgi-
nes aellas y los sacerdotes de los ídolos, que con estos
nunca se dispensaba. Para las guardas y presidios, sosti-
tuian otros soldados que ya hubiesen bebido el dia antes.
Este era el común uso de sus fiestas en tiempo del bar-
becho y del sembrar y de la siega y de llevar la mies á
la troje; porque primero hacian la labor en todo lo que
era menester, hasta acabarla de todo punto, y luego co-
menzaban los convites y banquetes en que el comer
era muy poco, tanto, que apenas se podría sustentar
uno de nosotros con la cuantidad que comían cinco de-
llos. Pero el beber era extremado; porque fuera de que
la chicha es poción verdadera, da también nutrimiento
como si fuese comida, casi al mismo modo que el cho-
colate en la Nueva España, que habiéndole dejado los
indios y dádose á su pozol, que es el vino de su maíz,
lo han tomado los españoles tan de veras, que en algu-
nas provincias, como en Yucatán y Guatimala y Hon-
duras y mucha parte de Mégico, parece vicio en ellos,
y lo es; y hay muchos que en la demasía de beber ese
chocolate (que también trastorna el juicio si se bebe
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sin medida) se igualan con los piruanos antiguos y mo-
dernos, que en su vino de maíz son demasiados.
Los dias de los triunfos que llaman el hailli, era cosa
desaforada, porque poco á poco vinieron á tanta cor-
rupción, que duraba el beber y la borrachera treinta
dias y más; pero siempre con el recato de que bebiesen
unos y guardasen el pueblo otros, y se mudasen y re-
mudasen. Habia grandes bailes y danzas, grandes re-
presentaciones de batallas, de comedias, tragedias, y
otras cosas semejantes; pero lo que más se hacia era
cosa de sacrificios, agüeros, hechicerías. A tanta diso-
lución necesariamente se ha de seguir grande corrup-
ción de vicios, particularmente de lujuria, pues estaban
mezclados hombres y mujeres, padres y hijos, herma-
nos y hermanas. De aquí nació lo que autores graves
han escrito, que no se respetaban parentescos de línea
recta, de consanguinidad ni de afinidad, y que llegaba
el negocio á tanto, que ctiam el nefando se usaba, y que
los niños no aguardaban los años siquiera de la puber-
tad; lo cual es en parte verdadero, si consideramos á
los piruanos en tiempo que los faltó el gobierno de los
ingas y no tuvieron quien los fuera á la mano en los
vicios de lujuria que la embriaguez trae consigo, sino
quien los incitase á mayor libertad en ese vicio, pues
vian que los que sucedieron en el gobierno, con profe-
sar por una parte la ley santa de la christiandad, por
otra eran tan frágiles y tan desventurados en la lujuria,
que según contaban los indios ancianos y viejos, y aun
muchos españoles, con lágrimas de sus ojos, nunca
vieron tanta corrupción de soldados cuanta en estos,
como abajo diremos. Pero en parte no es verdadero, si
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consideramos los tiempos en que los ingas tuvieron el
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