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TRES RELACIONES DE ANTIGÜEDADES PERUANAS.


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rables, que
aun los curacas, con cuanto les hurtan, no van en au-
mento en hacienda ni en estado, sino en vicios y bella-
querías; y si alguno alcanza alguna riqueza, aún no osan
servirse de los vasos de oro y plata que tienen, y lo en-
tierran y esconden, porque no redunde tomárselo ó
cargallo más de tributos.
73. Lo otro, porque en tiempo de los ingas habia,
como está dicho, sin comparación, mucha más gente
que agora y más tributarios, y con todo eso tributan
ahora los indios de todas las cosas que entonces tribu-
taban y otras muchas más y en más cantidad, y de-
mas deso el oro y la plata con grand exceso más que
entonces, y no le tributaban ganados y ahora sí; y
puesto que al tiempo que los sujetaba se lo ofrecían y
él lo repartía como dicho es, todo se quedaba en la
tierra y provincia y se guardaba y conservaba y se

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Relación

convertía en beneficio de la propia gente; y aunque, en
cuanto á la ropa, paresce que era la cantidad mucha
más la que entonces daban que agora, sólo se perdía
della la que se quemaba en los sacrificios, porque la
demás toda se repartía y distribuía entre los mismos
indios y la tenia en depósitos para ellos propios; y aho-
ra lo que una vez dan, jamas les viene dello provecho;
y aun con ser la ropa que daban en tanta cantidad,
dicen que solamente cabia á un atuntuna un vestido
en un año, y aquel no daba otro tributo; y si era de
ropa rica, una guaranga, que son mili indios, daban cient
vestidos,'y con ser la multitud de los indios tanta, lle-
gaba á ser la cantidad mucha. En efeto, estos ingas
eran señores que tenian buena inteligencia y se servían
de sus subditos en aquellas cosas que buenamente po-
dían con moderación, de suerte que los indios se ocu-
pasen, y mediante esto se apartasen de vicios y fuesen
conservados, y este era su- principal intento.
74. Finalmente, todo aquello que tributaban los
indios en el dicho tiempo de ios ingas, se convertía y
consumía dentro en su propio reino, sin que cosa algu-
na saliese del para otras tierras ni gentes, porque con
ninguna tenian contratación, porque tenian en su tierra
todo lo que habían menester; y después que los xpia-
nos se enseñorearon dellos, sustentan con lo que tribu-
tan y dellos se saca de ordinario, veinte ó treinta mili
ánimas españoles y otros muchos que han muerto y
salido de la tierra; y estos, no con la pasadía miserable
suya dellos ni conforme al Evangelio, edentes et bibentes
quct apiid tilos sunt, sino comiendo y bebiendo manjares
delicados y costosos y bebiendo vino de Castilla, vis-

por Fernando de Santillan 75

tiendo paños finos, sedas y holandas y otras cosas ri-
cas, en que se consume tan grand suma de mercaderías
como en cada un año se llevan á aquella tierra; y todo
sale del tributo y sudor de los dichos indios, sin que de
lo que de acá se lleva ellos gocen de cosa ninguna, ni la
han menester; y demás desto, la grandísima suma de
oro y plata que desde que la tierra se conquistó se ha
sacado y traido á estas partes y se tray cada dia, lo cual
sin comparación paresce ser mucho más tributo y más
trabajo y servicio y más carga que 00 lo de antes.
75. Al doceno capitulo de la dicha cédula, lo que
en ello pasa es que las personas que fueron nombradas
para hacer las dichas visitas, como arriba está dicho,
llegados al pueblo de indios, hacían parecer ante sí á
los caciques y principales y se informaban dellos qué
número de indios tenian en su provincia y las demás
cosas contenidas en la instrucción, y después les pre-
guntaban qué tributos podrían ellos dar de ahí adelan-
te de su voluntad y sin recibir vejación; á lo cual los
caciques respondían que lo que hasta allí habian da-
do á los encomenderos no lo podían dar y lo daban
contra su voluntad, y que de ahí adelante darían tanta
cantidad; y quitaban un poco á lo de antes, parescién-
doles que con cualquier cosa que fuese menos, queda-
ban contentos y descargados; porque tenian entendido,
segund la servidumbre en que tanto tiempo habian es-
tado, era imposible no ir siempre en aumento como
hasta allí; y asi este consentimiento fué de los caci-
ques, y á ellos no les toca nada ni les duele el trabajo
de los pobres tributarios que lo pagan, cuyo debiera
ser el consentimiento, y nunca se tomó ni creo que lo

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Relación

dieran de su voluntad; y aun el de los caciques no fué
consentimiento libre como se quena, sino respectivo
á la desorden de lo que antes les llevaban, y para dár-
selo á entender que se supiese su libre voluntad y po-
sibilidad, no se hicieron las diligencias necesarias ni
se hizo ese caso dellos; y así, no hay que hacer caudal
del consentimiento que hubiese para tasarles los di-
chos tributos, porque no lo hobo.
76. Después de hechas las diversas tasas, se en-
viaba una á los caciques y otra se daba al encomendero
por donde cobrase; y en esto tampoco puede decirse
que hubo aceptación ni consentimiento de parte de
los indios, porque no le prestaron en más que en acep-
tar lo que por virtud dellas les pedian menos de lo
que antes les llevaban, y con aquello se holgaron por
luego; y después que fueron entendiendo la intención de
S. M., que era no echarles tributos excesivos, salvo
lo que buenamente podían pagar, comenzaron á ocur-
rir con sus quejas y agravios y declarar las cosas con
que manifiestamente estaban agraviados, unas porque
era la cantidad excesiva y otras porque no las te-
nian ni alcanzaban en sus tierras, y por ellas usaban
los encomenderos de conmutaciones bien en su prove-
cho y en daño de los indios; porque aún no sabían que-
jarse ni osaban, puesto que fueron muy agraviados; y
aun ahora apenas lo hacen con el disfavor que sienten
en los que gobiernan. Y así, del agravio que por las di-
chas primeras tasas les fué hecho, siempre han reclama-
do y quejádose, y ni para él hacen dellas (sic), ni, des-
pués de hechas, ellos han dado ningund consentimiento
ni aceptación espontánea, antes han siempre sido atrai-

por Fernando de Santillan y y

dos y forzados á la paga de los dichos tributos, sin dar-
les una hora de alivio ni descanso; y aunque sea me-
nester sacarse la sangre, lo han de pagar dia dado, y so-
brtllo se les hacen grandes molestias por los encomen-
deros y las justicias, que siempre son más en favor
dellos que de los indios; y aunque se les hielen ó se-
quen los panes y otras comidas ó se pierdan, han de
pagar por entero el tributo; y si no es compadeciéndo-
se el comendero dellos y soltándoles algo, en las justi-
cias pocas veces hallan recurso, especialmente en las
presentes, que les muestran más deseo de acrescentar-
les tributos que no de descargarlos.
77. Al décimo tercio capítulo se responde, que es
asi verdad, que pagados los tributos que por las dichas
tasas se les mandan pagar á los indios, no sólo no les
queda con que socorrer las necesidades que en el dicho
capítulo se contienen, pero ninguna cosa de cuanto
tienen y pueden haber y trabajar les queda, y viven la
vida más prove y miserable que gente del mundo; y
así, en tanto que están sanos, no entienden sino en tra-
bajar para el tributo, y aunque estén enfermos, ningún
refrigerio tienen, ni osan comer un ave con darlas de
tributo á millares, y así escapan pocos de la primera
enfermedad, por liviana que sea, á causa de la mala
vida y pasadía que tienen; su dormir es en el suelo, y la
casa, si es en los llanos, un cañizo por pared, y sin co-
bertura; en la sierra las cubren con paja; su manteni-
miento es maíz y ají y cosas de legumbres; nunca co-
men carne ni cosa de sustancia, salvo algund pescado
los que están cerca de la costa, y por eso son tan ami-
gos de beber chicha, porque les hincha la barriga y les

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Relación

da mantenimiento, y si no se destemplasen con ella, les
es de mucha sustancia, como no sea una que llaman
sora, que es muy fuerte y les saca de juicio. Todo el
ajuar y omenaje (sic) que tienen en sus casas, es algu-
nos cántaros, ollas y husos y telares y otros aparejos
para trabajar; con la ropa que traen de dia duermen de
noche, y el que tiene otro vestido de respeto, es rico.
Para sus hijos apenas alcanzan con que vestillos, que
los más traen en carnes; la dote y herencia que les de-
jan al tiempo de su muerte, es el trabajo de sus manos,
porque no pueden más ni tienen qué, no porque sea
gente perdida ni de mal recaudo, antes es la más guar-
dosa y miserable del mundo, que una olla vieja 6 un
huso que se les quiebre, lloran y hacen por ello más
que otra gente por una buena joya; y si alcanzan un
tomin de plata, lo guardan en veinte ataderos para pa-
gar el tributo, y no hay mayor descanso para ellos que
cuando tienen allegada la plata que les cabe, ó cuando
acaban de hacer la manta que han de dar. Los que no
los han tratado y toman estos negocios sobre peine,
tienen por opinión que no son capaces de nada, y que
no estiman más ser ricos que pobres, y es muy grand
engaño, porque pasa muy al contrario, y yo lo he vis-
to y entendido bien, que desean tanto tener su casa pro-

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Tags: Blas, don joan, Fernando, licenciado, madrid, pachacuti, Peru, peruanas, RELACIONES, santacruz, santillan, TRES, Valera

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