no pre-
tendían entonces cultivarlas como el inga, sino destrui-
llas: pidiéronles cuanto oro^ plata tenian, piedras, es-
meraldas y toda ropa fina y ganados, las hijas y mu-
jeres hermosas demás de las del sol y del inga, que
estaban en los encerramientos, que también las he-
redaron; así que deste primer golpe dejaban barrido el
valle 6 repartimiento que les encomendaban. Y esto
no entraba en cuenta de tributo, porque de ahí adelan-
te les enseñaron á tributar el tributo ordinario que les
habian de pagar en cada un año, en esta manera: que
se informaron bien dellos así por los quipos como por
otras vías de,azotes y chamuscaduras, etc., de los gé-
neros de cosas que tributaban al inga, y por aquellos
58
Relación
iban concertándose con los caciques, pidiendo de cada
cosa la cantidad que se le antojaba; en cuanto al oro y
plata, dábanles unas piedras grandes y decían, que el
peso de tantas piedras de aquellas las habian de dar de
oro y plata cada año, y esto era una cosa imposible; y
así en la ropa y lo demás por este tono. Los caciques,
como vían que en ninguna manera podían aquello,
afligíanse, y así iba el encomendero poco á poco bajan-
do con grandes fieros y amenazas que les hacían tem-
blar, porque para atemorizallos para estas cosas, mata-
ron y quemaron á muchos y á otros encarcelaban en
encerramientos muy oscuros hasta que de desespera-
dos se ahorcaban. Al fin, por estos medios quedaban
igualados con los encomenderos en cosa que diez re-
partimientos como aquel no lo pudieran cumplir, y
buscaban cuanto podían yendo todos á las minas, y
juntaban lo que podían, y siempre faltaba, por ser la
cantidad tan excesiva '; y luego andaban los azotes á
los caciques, y después los encerraban y tenian ayu-
nando hasta que enviasen á buscar aquello que falta-
ba; y enviaban sus indios á buscar y traían más; á
otros ponían al fuego y los chamuscaban, y algunos
dejaban asarse del todo. Y hubo muchos señores que
viéndose afligidos al tiempo que habian de parecer con
el tributo ante el encomendero, viendo que era imposi-
ble poderlo cumplir, se mataban, porque tenian por me-
jor morir que pasar aquella tiranía. Lo principal por-
que entonces hacían era el oro y plata, y sobre esto era
i ¿Entonces, cómo puede ser verdad lo que dice en otros capítulos, qne sacaban
de los indios los caciques otro tanto 6 mis para si ademas del tributo del encomen-
dero?
por Femando de Santillan 59
todo el rigor; pero con todo eso, por no poner mal fue-
ro, les pusieron que tributasen de todos los géneros de
cosas que tributaban al inga, que eran de provecho,
porque las que no lo eran, como plumajes y otras co-
sas de curiosidad, no les daba mucho por ellas. Tam-
bién les pusieron todos los servicios personales que
daban al inga, y demás de todo aquello, de todas las
cosas que eran menester en casa les pusieron tributo,
aunque no las sopiesen ni hobiesen visto, porque las
que no sabían, se las mostraron á hacer y á servir en
todas las cosas que habian menester para sus hacien-
das y granjerias, y aunque después se las tasó, como
se hizo la tasa por las mismas especies, todavía, por
mucho que se quitó, queda más de lo ques razón y jus-
ticia. En resolución, ellos impusieron tributos de to-
do aquello que tenian sobre la tierra, y todo lo que
con el trabajo de sus personas podían adquirir y mu-
cho más de lo que buena y malamente podian haber,
que aun apenas les queda hoy una mísera sustenta-
ción con estar tasados. Y aun ninguna consideración
se tuvo, ni se guardó proporción en el imponer los
tributos, ni se reguló conforme á lo que pagaban á los
dichos ingas y señores naturales, salvo á satisfacer la
cobdicia desordenada de los españoles con destruicion
de los dichos naturales, y todo fué nueva impusicion
en cuanto á la cantidad, y en las especies también lo
fué en lo más.
61. Cuanto al onceno capítulo, la orden que se tuvo
en él hacer de las tasaciones de los tributos que los
naturales de aquellas provincias han de dar á sus en-
comenderos, fué visitar primeramente todos los dichos
6o
Relación
repartimientos y provincias por personas que para ello
se diputaron. Las primeras visitas que para este efeto
se hicieron fué las que mandó hacer el obispo de Si-
güenza x, siendo presidente en aquel reino, y para ello
dividió el término de cada ciudad en partidos, y á cada
partido envió dos vecinos del mismo pueblo á visitar,
dándoles instrucciones buenas y acertadas y con solé-
nidad de juramento y otras convinientes para que se
hiciese fielmente. Mandóles, en sustancia, que visita-
sen todos los pueblos personalmente y viesen la dispo-
sición de la tierra y los frutos y ganados y otras cosas
que en ella se daban, y que averiguasen el número de
los indios tributarios que habia, y la cantidad de tribu-
to que daban al inga y los que habian dado á los enco-
menderos que habian tenido y lo que buenamente po-
drían ahora dar; y que sobre todo, demás de la infor-
mación, diesen su parescer. Y con esta instrucción se
visitó la tierra, y algunos visitadores que acertaron á
ser hombres diligentes y curiosos, hicieron buenas vi-
sitas, y otros hobo que se apartaban poco de los cami-
nos reales, y así las hicieron ciegas muchas dellas. Por
virtud de estas visitas se hizo la tasa general primera,
después de la cual, algunos indios se agraviaban della
ante la audiencia, y si revista la visita, constaba el
agravio, se deshacía, y sino, mandábase hacer otra en
esta manera: que el encomendero nombrase una perso-
na, y por los indios el audiencia nombrase otra, y los
dos visitaban de nuevo el tal repartimiento, y se acla-
raba el agravio. Y desta manera se hicieron muchas
I El licenciado Pedro de la Gasea.
por Fernando de Santillan 61
visitas en aquel reino por mandado del audiencia real á
pedimento de los indios, y otras por virtud de la pro-
visión de S. M. en que mandó quel audiencia enten-
diese en las dichas retasas; y estuviera todo acabado
de retasar, si no cortara el hilo dello la alteración de
Francisco Hernández. Hechas las dichas visitas por la
orden susodicha, el dicho presidente cometió el hacer
de las dichas tasas al arzobispo de los Reyes y al maes-
tro Fr. Tomás de San Martin, que fué obispo de los
Charcas, y al maestro Fr. Domingo de Santo Tomás,
que ahora es obispo del dicho obispado. Después, por
ausencia de algunos dellos, entendieron en las dichas
tasas el licenciado Cianea y el licenciado Santillan, oi-
dores, y por ellos se hicieron las tasas de todo aquel
reino; y como en aquella sazón estaba tan en su fuerza
la desorden y exceso en llevar á los indios todo cuanto
los encomenderos querían y podían sacarle, sin más lí-
mite ni tasa que sus cobdicias, mediante lo cual esta-
ban los tributos puestos tan en la cumbre, que no ha-
bia repartimiento por flaco y pobre que fuese que no
sacaban del grandes sumas de pesos de oro, tomándo-
los á los indios sus haciendas y sudores, echándolos á
las minas, llevándoles grandes cacillas, y á otros en la
coca, á otros acarreando cargas de comida de la costa
y llanos á Potosí y á otras tierras, en que moría grand
cantidad de indios; y de ningund trabajo, ni exceso, ni
riesgo habia cuenta ni escrúpulo de conciencia, salvo
en acrecentar sus aprovechamientos. Y demás de la li-
bertad que para ello se tenian, ninguno de los goberna-
dores les habia puesto tasa y limite, antes con las
alteraciones de D. Diego de Almagro el mozo y de
62
Relación
Gonzalo Pizarro se acrescentó el exceso con la libertad
que la guerra tray consigo; y también con color de
que lo habian menester para servir en la guerra, unos
á S. M. y otros á los tiranos, todo llovía sobre los po-
bres indios. Y después con el castigo de Gonzalo Pi-
— zarro quedó la tierra sin alteración y los españoles que
en ella habian servido quedaron tan vitoriosos y orgu-
llosos, que les parescia poco darles los indios por tribu-
tarios y querían tenerlos por esclavos, encaresciendo que
quedaban gastados y adeudados por servirás. M., y
que todo lo habian de pagar los indios.lriBstaba la tier-
ra con aquellas libertades tan penada, que se vivía
con cuidado de temporizar y no apretarla por en-
tonces. Y en esta coyuntura se hicieron las primeras
tasas; y consideradas bien por los comisarios dellas to-
das estas cosas, y que si quisieran poner de la primera
vez y con aquella coyuntura las tasas en el fiel de lo
que era justo y razonable, fuera tan grande la despro-
porción dello á los que les llevaban á los indios, que
paresciera á los encomenderos cosa insufrible; y con el
descontento dello, junto con la libertad en que estaban
habituados, se presumía venir mayor dapño, y que todo
cargaba sobre los naturales, y por evitar esto paresció
no apretarlo de una vez y bajar en las dichas tasas una
buena parte de lo que les llevaban, aunque no fuese
todo lo que era justo bajar, porque ya quedaba puesto







Post a Comment