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Педро Сармьенто де Гамбоа. Путешествия к Магеллановому проливу. PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA. VIAJES AL ESTRECHO DE MAGALLANES.


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Desde el sábado al domingo 22 de mayo con viento norte fresco al oeste y al oeste cuarta al sudueste guiñando á una y á otra cuarta (el domingo á mediodía tomé el altura en quince grados y cuarenta minutos escasos) anduvimos quince leguas de leste-oeste por arbitrio. Desde mediodía fuimos al oeste cuarta al sudueste hasta media noche. A esta hora olieron la tierra desde la nao, y por no pasarla y no dar en ella, amainamos todas las velas hasta la mañana, y lúnes 23 del mes de mayo luego dieron la vela la vuelta del sur a popa, sin ver tierra, y caminando tiempo tres ampolletas, que es hora y media, por aquí descubrimos dos velas que al principio créimos ser portugueses del trato de Guinéa, y luego volvimos la vuelta dellas por hablarles, y mirándolas con atención se conoció ser una nao grande y una lancha que iba en nuestro seguimiento y demanda, de lo cual y del talle sospechamos ser de cosarios que iban amurando y á orza trabajamos de ganarnos el barlovento, y cuando venimos á reconocerlos estábamos cerca y fuimos de ló, y con el favor de Dios esta nao Nuestra Señora de Esperanza en poco espacio les ganó el barlovento, y cuando venimos á estar unos de otros á tiro de cañón, todos estábamos apercibidos cada uno en su cuartel sin parecer nadie sinó el que proveía de una parte á otra: y caminando los unos contra los otros, la lancha contraria se adelantó á reconocernos, y llegando á tiro de piedra de mano por sotavento, Pedro Sarmiento dijo al piloto-mayor hiciese señas á la lancha con un paño, á dos fines: el uno de paz, porque vimos las armas de Portugal en las banderas de la nao grande, y si fuesen ladrones entendiesen que los llamábamos, que llegasen á bordo, como quien no los tenía en nada. La respuesta fue mostrarnos una espada desnuda y tirar un arcabuzazo: respondióseles con otro arcabuzazo y pasó de largo, y la nao grande pasó así mesmo tan cerca y más que la lancha, y sin hablarnos los unos á los otros pasaron de largo, y en puniéndose en la estela de nuestro navío viraron sobre nosotros, y á orza cuanto podían procuraban ganarnos el barlovento, y nosotros y ellos fuimos regatando por caer el uno sobre el otro, y así fuimos porfiando los unos y los otros hasta más de mediodía, y los cosarios andaban mucho de la vela, mayormente la nao grande, que era hermosa y recién despalmada, y muy bien velejada con dos grandes bonetas en la vela mayor; y nuestra nao venía hecha un prado de hierba y caramujo de la larga navegación que impidía mucho el camino, y así nos entraban algo los cosarios, aunque no á barlovento, puesto que cuando viraron estaban mas de dos cuartas á barlovento. Y yendo así, la lancha se adelantó de la nao grande, y el viento refrescó, y la lancha no pudiendo sufrir vela de gabia la tomó, y así se quedó atrás la lancha; y la nao grande, visto que no podía ganar barlovento, y si lo procuraba había de quedar atrás, dió la cebada y fue descargando, y así nos vino á alcanzar; pero quedó por la banda de sotavento. Ibamos á esta hora la vuelta del norte á vista del puerto de la ciudad de Santiago de Cabo-Verde, y la nao Francesa traía su gente queran ochenta y cinco hombres, según despues supimos, y veinte y cinco en la lancha, y traía siete piezas de artillería gruesas por vanda sin versos, y mucha arcabucería, y nosotros traíamos solas dos piezas y siete arcabuces, y cincuenta y cuatro hombres, y muchos dellos enfermos, y en llegando el cosario por la cuadra de popa á tiro de piedra nos tiró una pieza, y luego se les respondió con otra. La una ni la otra no hicieron daño. El francés segundo con una ruciada de arcabucería, y desta nao se le respondió con otra en mejor órden, y mejores respuestas que las suyas porque la pólvora del Pirú á todas las pólvoras que agora se saben. Ellos nos horadaron las velas por muchas partes, y nosotros no sabemos lo que allá pasó mas de que se vido que algunos que andaban sobre cubierta se abatieron. Entonces los cosarios dispararon otras piezas y mosquetes y arcabuzazos en cuantidad que nos hicieron pedazos la vela mesana por muchas partes, y desta nao se le arrojó otra pieza y toda la arcabucería por órden, de que se creyó recibieron daño; y los enemigos disparando metían, todos sus tiros en nuestra capitana; pero fué Dios servido que á nadie hacían mal, aunqué pasaban las balas por los hocicos: y una dió en las puntas de las barbas á Pedro Sarmiento al pasar de popa á proa, que iba ordenando, y proveyendo de municiones; y los que estaban en proa de esta nao tiraron ciertos arcabuzazos á la gente que venía en proa de los franceses, y creyóse se les hizo daño, porque súbitamente los vieron apartarse unos de otros y abatirse: y los franceses tirando su arcabucería, y de acá no durmieron, los enemigos tocaron un clarín, y Sarmiento les hizo responder con a tambor y arbolar la seña de V. M. Y con esto á toque de campana se les puso tanto temor, que al momento cazaron á popa, y huyeron con mucha más diligencia que habían acometido. No se procuro seguirlos por ser tiempo perdido, porque á popa corren más aquellos navíos que estos, y era cerca de noche, y no traía comision, y por otras muchas causas justas y necesarias, y así seguimos nuestro viage. Púsose muy bien la gente desta nao de Vuestra Magestad, y tanto, que se cree que si llegaran á las manos, aunqué fueran mas no ganaran en la mercaduria, segun lo que se pudo juzgar de los filos que la gente tenía; mayormente con el favor de Nuestro Señor Dios. Los que de la ciudad de Santiago nos estaban mirando pelear con los piratas juzgaban ser nosotros Franceses, y que aquella refriega era añagaza para que saliendo los portugueses al socorro, creyendo éramos portugueses, fuesen presos por los cosarios, y por esto estaban á la mira. Acabado de poner en huida este ladrón, llegó á nosotros un carabelon de algarabios que iba de Portugal, y nos dijo que aquel era un cosario que le había robado en el cabo Blanco en la costa de Africa, y que había robado otros cuatro, y que traía ochenta y cinco hombres en la grande, y veinte y cinco en la ancha, y que llevaban el piloto portugues; y que en la isla de Mayo cercana á la de Santiago había echado á fondo una carabela de arma la que iba á poblar á Paraiba donde los ingleses estaban poblados los años pasados, y tenían ya generación de las indias de Tapuyes. Final llegamos y surgimos en el puerto de Santiago de Cabo-Verde Lúnes en la noche segundo dia de Pascua de Espiritu-Sancto veinte y tres de mayo de 1580. Y ántes de surgir fueron barcos del pueblo á saber qué nao era, y la gente que era, y de donde venía: y como se les dijo que éramos del Pirú, y veníamos de allá por el estrecho de Magallánes, enmudecían no creyéndolo, y teniéndolo por imposible, y sin querer llegar á bordo fueron á dar por nuevas á tierra que éramos una gente de tantas faiciones y tan mal encarados, y que traíamos unos hombres de largas guedellas, que son.coletas de cabellos largos (lo cual decían por unos indios del Pirú y de Chile que traíamos); y en la de mal encarados no nos levantaban nada, porque demás de no ser muy adamados de rostros, no nos había dejado muy afeitados la pólvora y sudor de los arcabuzazos de poco ántes: y en efecto veníamos mas cudiciosos de agua que de parecer lindos. Después que hubimos surgido mártes siguiente, nos envió a visitar al gobernador Gaspar de Andrade con el juez de la salud para ver si veníamos de donde hay peste para no dejarnos salir en tierra, que era un gentil consuelo para nuestras necesidades y refrigerio de enfermos, que traíamos algunos muy necesitados de cuararse, y á vueltas de este examen vinieron á tentarnos á ver si éramos castellanos ó cosarios disimulados, porque esto pensaban ellos más, y aun decían que podía ser que cuando fuese verdad que fuésemos castellanos y no ladrones, que se habían de recatar aún entánces más, porque podría ser que de secreto fuésemos embiados por V. M. á tomar la posesión de aquella ciudad é islas por maña. Y cuando de todo esto se fueron asegurando, fue todo el pueblo á vernos, y como trataban y oían de nuestro viaje, no acababan de hacer espantos y milagros, diciendo que lo tenían por imposible, á lo menos de allá para acá. Este día se puso recado en despachar los enfermos á tierra para curallos, que muchos de ellos venían muy al cabo de las enfermedades de Guinéa: y desto decían los portugueses que tenían por más milagros haber escapado de los alfaques y banco de Guinéa, que de las tormentas del estrecho.

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