El juéves siguiente 18 de febrero salió Pedro Sarmiento, y llevó consigo á Anton Páblos, Piloto Mayor en el batel con ocho marineros soldados, y fueron á la vela con la corriente la vuelta del norte hasta un morro de barranca, barrial alto, como dos leguas y media del navío y tres y media de la bahía, y llegados allí descubrimos la canal que va al lesnordeste. A este morro y barranca nombró Pedro Sarmiento cabo de San-Vicente, hasta el cual hace ensenada la bahía de la Gente Grande. Desde este cabo de San-Vicente demora en la otra costa de la tierra del norte otro morro y cabo de barranca alta y barrial pardo una legua noroestesueste, y toma de la cuarta del leste-oeste. Esta es la mayor angostura que hallamos desde que llegamos á la tierra baja. Llamóse esta punta Nuestra Señora de Gracia. Aquí en estos dos cabos se pueden hacer fortalezas para defender esta entrada de ambas partes.
Desde este cabo de San Vicente pasamos con el batel adelante como una legua por la costa, que se corre lesnordeste-oessudueste que por toda ella hay playales de calláo. Aquí dejando guarda en el batel saltamos en tierra con nuestras armas: subimos á lo alto de la barranca; subimos hasta un morro de barranca la mas alta que allí hay donde muda derrota la costa. Allí marcamos la canal, cabos, puntas y costa cuanto pudimos juzgar con la vista y con dos agujas de marear; y así marcaron Pedro Sarmiento y Anton Páblos lo que allí se vido. A este morro y barranca donde nos pusimos á marcar llamamos barranca de San Simon, y desde esta barranca de San Simon parece una punta de barranca algo alta en la costa de la otra parte de la tierra del norte-nordestesudueste cuarta de norte-sur cuatro leguas. Llamóse ésta punta de San Gregorio, y en la mesma costa del norte sale otra punta delgada, que demora con la barranca de San Simon nordeste-sudueste; toma de la cuarta del leste. A esta se llamó Nuestra Señora del Valle. Desde aquí vimos muy gran boca de mar la vuelta del lesnordeste. Sobre la costa de la tierra del Sur vimos una gran vista una tierra larga y delgada: y hecha esta demarcacion, y vista esta tierra, que es como dehesas de Castilla de unas matas de hierbas de buen color como tomillos salseros de Castilla, y con muchos agujeros y bocas como ratoneras; y esta tierra es de lomas. Y notado, nos volvimos al batel: y por ambas Costas nos hicieron los naturales muchas y grandes ahumadas; y sin mas detenernos dimos vela en el batel, y con maréa creciente venimos al navío, porque comenzaba á ventar norte. Y tomamos aquí el altura en cincuenta y tres grados y tres minutos. Este dia á las tres de la tarde la maréa estuvo estóa y sin correr al estrecho ni á la mar; y en comenzando á menguar nos hicimos á la vela con la nao por probar á desembocar la angostura del Cabo de Nuestra Señora de Gracia, y el viento comenzó a variar del oeste al noroeste, y las corrientes y reservas á impedirnos, de manera que ganábamos poco: é yendo por esta bahía bordeando por salir della y meternos en la canal, los remolinos y reversas que hace por cima destos placeles nos fueron grivando de manera que nos echaron sobre unos bajos, que aunqué reventaban los mares, creían ser remolinos de corrientes, porque había muchos y por esto no se recelaban; pero en llegándonos cerca echaron la sonda y halláronse en seis brazas, y volviéndola á lanzar otra vez dió en cinco, y luego en cuatro y media, y cada vez que se echaba iba haciendo ménos fondo; y aunque arribamos á la banda para salir dellos, calmó el viento de manera que la corriente nos iba echando sobre los bajos, que aunque reventaban no parecían. Y viéndonos en tan gran peligro, encomendámonos a Nuestra Señora del Valle, y Pedro Sarmiento se ofreció de ser su romero, y se sacó ofrenda para su santa Casa en Sevilla, suplicándole nos librase de aquel peligro: y súbitamente la Reina de los Angeles Madre de Dios y de misericordia nos embió en vientecito fresco, conque la nao fue saliendo y cortando la corriente, aunque fuimos prolongando las restingas destos bajos que tienen una legua, y prolongan leste oeste, tres leguas del cabo de San Vicente. La mitad dellos está nortesur del cabo de San-Vicente, y el remate dellos del leste demora norte-sur cuarta de noroeste-sueste con el dicho cabo de San-Vicente, y el otro remate de estos bajos de parte de loeste demora con el Cabo de San-Vicente norte-sur cuarta de Nordeste-sudueste. El que por aquí viniere tenga aviso que no se llegue á las bahías de tierra baja sinó con la sonda en la mano, porque como hay bonanza no revientan los placeles, que es todo aplacelado, y en muchas partes es tan alta y mas la mar que la tierra, que sinó es estando muy cerca de tierra no se ve, y piensa el que lo mira que es todo mar hasta que se halla zabordado. Hase de navegar con tiempo concertado y con maréa, y llevar las anclas prestas, que en toda esta tierra, desde el rio de San Juan de La Posesion, en toda parte hallarán fondo, aunqué sea á media canal, que la mayor hondura no sube de cincuenta brazas. No se lleguen mucho á tierra sin sondar por aquí, y el batel por delante.
Salidos que fuimos deste peligro de los bajos, fuimos con viento oeste fresco amurados destribor: y porque la noche vino y la maréa comenzaba á estoar, surgimos á media canal en quince brazas entre dos islas pequeñas, que la una por la otra están nodeste-sudueste una legua la una de la otra. A la del sudueste llamamos la Madalena, y á la del nordeste Santa-Marta. La Madalena es redonda; tendrá media legua de box y Santa-Marta prolonga de noruestesueste media legua, y á la parte del sueste tiene una punta baja con la mar que sale mucho como restinga.
Entre estas dos islas sale una punta de tierra-firme de barranca algo alta que llamé punta de San Silvestre, entre la cual y las islas hay gran Canal de mar. La tierra-firme que está entre el cabo de San Antonio de Padua y punta de San-Silvestre, hace gran ensenada de tierra baja, y nombramos ensenada de Santa-Catalina, y entre la punta de San-Silvestre y la de Nuestra Señora de Gracia hace la tierra-firme otra ensenada muy grande la vuelta del oesudueste. Llamámosla bahía de San-Bartholomé: y en la boca desta bahía hay un placel que revienta la mar en él. Guárdense dél. Después que esta noche surgimos, en anocheciendo calmó el oeste, que había frescado, y toda la noche hizo calma.
Otro dia viérnes por la mañana diez y nueve de febrero en comenzando la maréa nos hicimos á la vela con un vahage de viento leste llevando el batel delante á la vela, y en él el piloto Hernando Alonso con marineros sondando: y siempre fuimos por veinte y cinco y treinta brazas, algunas veces poco más, y otras algo ménos: y á las nueve del día, llegando cérca de la angostura, nos calmó el viento, y llamamos al batel para que remolcase la nao, y así la llevó buen rato hasta entrar por la angostura, por que aquí son los peligros grandes por las corrientes cuando calma el viento. E yendo por el embocamiento, comenzó á frescar el leste, y dejamos el remolque: y porque la maréa acababa de vaciar nos arrimamos hacia la costa de la tierra del norte sobre un ancon que hace á aquella parte, que nombró Sarmiento ancon de Sancta-Susana; y allí surgimos en ocho brazas de baja mar, buen fondo, media legua de tierra. Toda la canal de esta angostura tiene fondo de treinta y cuarenta brazas. Es piedra, aunque las costas y barrancas y las playas, callao. Con la maréa de montante frescó el viento leste templado y caliente, y con él llovió poco. Este viento vienta pocas veces. En la otra costa del mar del sur por donde anduvimos desde que entramos en la bahía de la Trenidad, lo que hace el norte es ser caliente y humido, y llueve con él. Eso hace aquí el leste, aunque allí siempre fué tormentoso, y estotro bonancible.
Desde la barranca de San-Simon arriba, nombrada en la tierra del sur, vuelve la costa al leste quarta al sueste. Está una punta baja y delgada que llamamos punta de San-Isidro.
La punta de Nuestra Señora de Gracia con la punta de San Gregorio demoran la una por la otra lesnordeste-oessudueste.
Sábado veinte del mes de febrero nos levamos por llegarnos más en tierra de la banda del norte, porque aquí estábamos en medio de las fuerzas de las corrientes de las maréas; y dende á una hora surgimos en ocho brazas como una legua al oeste de la punta de San-Gregorio; y creyendo que estábamos bien surtos estábamos alegres, y en un instante que se echó la sonda nos hallamos en tres brazas de agua, y la maréa iba menguando, que nos dio pena; pero con la buena diligencia pilotos y marineros y soldados se echó una toa hacia la canal, por la cual nos fuimos halando hasta que nos pusimos en quince brazas, y allí dimos fondo á dos anclas, y allí nos pareció que estábamos seguros, aunque peligrosa por las corrientes.
Педро Сармьенто де Гамбоа. Путешествия к Магеллановому проливу. PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA. VIAJES AL ESTRECHO DE MAGALLANES.
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