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Педро Сармьенто де Гамбоа. Путешествия к Магеллановому проливу. PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA. VIAJES AL ESTRECHO DE MAGALLANES.


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En este Puerto se vido Pedro Sarmiento más atribulado de espíritu que en todos los trabajos pasados, porque vido toda la gente tan cansada y mohina con tantas tormentas, que del todo estaban desconfiados de poder descubrir el estrecho, estando ya, como estaban, dentro dél: y como los cables que teníamos eran tan pocos y molidos y hechos pedazos, parecíales que conforme á los tiempos que hacían no podíamos dejar de peligrar por falta de cables y anclas si íbamos adelante: y en corrillos decían y tractaban que Pedro Sarmiento los llevaba á ahogar, y que no sabía donde iba, que mejor sería volverse á Chile á repararnos; pero no se lo osaba decir nadie á Pedro Sarmiento, aunque él sabía muy bien lo que pasaba, y iba puniendo remedio en ello:,y llegó el negocio á tanta desconfianza, que los dos pilotos Anton Páblos y Hernando Alonso entraron en la cámara de Pedro Sarmiento, y le dijeron: Que mírase que había hechos mas que todos los descubridores del mundo en llegar allí, y que la Almiranta era vuelta, y estábamos solos; y que si algun peligro nos subcedíese ningun remedio teniamos, si no que pereceríamos donde jamás se supiese de nosotros; y que no teníamos anclas, ni cables, ni jarcía, y que los tiempos eran de tal condición, como se había visto, que era imposible poder ir adelante, sin esperara la perdición de todos por momentos; que nos volvíésemos a Chile, y de allí avisaríamos al virréi. Esto dijo Antón Páblos en nombre de ambos; y sospecho que de todos, que se lo habrían rogado que lo tratasen: y no era de espantar, que todo lo que decían era verdad y todos los hombres del mundo temieran lo mesmo si lo vieran. Mas Pedro Sarmiento, como tenía determinado, con la confianza que tenía en Dios y en su gloriosísima Madre, de perseverar hasta el fin en acabar el descubrimiento, ú la vida en él, respondió á Anton Páblos: Que aunque se había hecho mucho en llegar allí, que todo era nada si de allí nos volviésemos; que se espantaba, que siendo hombre de tan buena determinación, agora que era menester le faltase, y más teniendo en él tan grande confianza como tenía; que mirase las mercedes que Dios nos bahía hecho, y esperase que no nos desampararía, sino que ántes nos las bahía de hacer mayores; y que estaspalabras las decía como amigo, y no le tratase él, ni nadie, más de aquel negocio. A lo cual Hernando Alonso dijo al General: Que lo mirase bien, que lo que Anton Páblos decía era lo que convenía, y querer perseverar en ir adelante era tentar á Dios. A esta palabra Sarmiento, no pudiéndolo ya disimular, le quiso castigar rigurosamente; pero porque lo dijo simplemente y con pecho de hombre llano, y con solo temor de ahogarse, lo disimuló y se reportó, diciéndole: Yo no quiero, ni pretendo tentar á Díos sinó confiar en su misericordia, haciendo de nuestra parte lo que fuera posible á nuestras fuerzas; y lo que él decía era desconfiar; y no me trate mas desta materia, que al que dello me tratare le castigaré poderosamente: y con esto no tengo mas que decir, sinó que luego nos hagamos á la vela. Y no convino entonces más rigor por muchas causas. Esto era viérnes en la noche, y por esto no nos podimos hacer á la vela.
Otro dia sábado por la mañana, por la misericordia de Dios Nuestro Señor, amaneció bonanza y salimos deste puerto, habiendo esperado los quince dias que el general habia dado por órden al Almirante para quel navío que se hobiese derrotado y llegase primero á la boca del estrecho agua roase quince dias al otro, y pasados, siguiese su camino á España, no viniendo el otro, conforme á lo mandado por el virréi del Pirú. Salidos, pues, deste puerto de Nuestra-Señora-de-la-Candelaria, seguimos la canal como una legua al sueste cuarta al leste, y en este parage hacían señas los indios que en un ancon por donde íbamos pasando habían estado los barbados que nosotros creemos ser ingleses del año pasado; y dábamos mucha priesa para que llegáramos con la nao. Llegamos cerca; no vimos mas de una ensenada la vuelta del sueste, y habiendo andado tres leguas vimos una boca de puerto limpio, y dos leguas más adelante al lesueste vimos un Puerto que entraba la vuelta del oeste, y mas adentro iba una ensenada al sur. Aquí nos dijeron los indios que llevábamos, que allí habían estado los barbudos, y habían tomado agua. En este puerto entramos á las tres despues de mediodía: las aguas corrían aquí para el noroeste á la mar del sur, y mas en el reflujo que en la creciente, y con viento fresco rompíamos con dificultad las corrientes. Nombróse á este puerto de Sancta Mónica. Tiene veinte brazas de fondo bueno, arena, y veinte y dos brazas. Es abrigado de todos vientos. Aquí tiene la canal de ancho tres leguas, que es desde este puerto la vuelta del nordeste hasta una isla que está al nordeste, que se nombró isla de Santa-Ana, que es puncta en remate de la ensenada de San-Gerónimo.
Domingo siete de febrero partímos desde puerto de Sancta-Mónica en el nombre de la Santísima Trenidad; y con viento lesnordeste y mar bonanza, navegamos por esta canal mas arrimados á la costa de la mano derecha, la cual iba al lesueste como tres leguas, hasta una punta, que llamamos puncta de Sancte-lifonso; y en medio desta distancia hace la costa ensenada en arco, y muchas caletas y abras, donde parecía haber puertos; pero no entramos en ellos por no perder tiempo. Es toda esta isla pelada y de peñascos. La primera ensenada nos dijeron estos indios que se llamaba Puchachailgua en su lengua, y la segunda ensenada se llama Cuaviguilgua. Aquí dicen estos naturales que los barbudos pelearon con ellos, y mostraban las heridas que les dieron. La tercera ensenada es grande y va la vuelta del sur, y la llaman Alguilgua. En la costa contraria de la mano izquierda al Nordeste se llama Xaultegua. Este dia hizo muy claro sol y bonanza. Tomamos el sol en cincuenta y tres grados largos. La ensenada llamada Xaultegua está en esta altura. Por esta ensenada Xaultegua entra una boca y brazo que va á raiz de la cordillera Nevada de la tierra firme; y dos leguas mas al sueste de donde se tomó el altura surgimos en un puerto que nombramos Puerto Angosto. Tiene veinte y dos brazas de fondo limpio, un ahuste de tierra. Medio cable fuera, y prois en tierra. Luego que surgimos esta mesma tarde subió el General, y con él Anton Páblos y otros dos hombres á una cordillera á descubrir la canal, y descubrieron gran quantidad de canal la vuelta del sueste cuarta al leste. Este día hizo claro y sol caluroso, y vientos bonancibles oesnoroeste: corrientes contrarias. Descubrímos otras muchas abras y caletas á barlovento y á sotavento. En lo alto de la cordillera hizo mucho calor. Pusieron aquí una Cruz en un monte sobre la mar, y Pedro Sarmiento tomó aquí Posesion por V. M., y en señal puso una gran mojon de piedras que hizo él y Anton Páblos, y en él puso una Cruz; y otra cruz hizo poner en otro monte mas alto á un hombre llamado Francisco Hernandez, que embió á descubrir. Esta noche á una hora de noche á la banda del Sueste quarta al Sur vímos salir una cosa redonda bermeja como fuego, como una darga, que iba subiendo por el cielo, ó viento. Sobre un monte alto se prolongó; y estando como una lanza alta sobre el monte, se hizo como media luna entre bermeja y blanca. Las figuras eran de esta manera.
El Lúnes ocho de febrero amaneció calma, y luego refrescó el oesnorueste claro y bonacible, con el qual hicimos vela de puerto Angosto en el nombre de la Santísima Trenidad, y navegamos por la canal de este estrecho la vuelta de sueste quarta al sur; y dende á tres cuartos de legua, por la costa de la mano derecha descubrimos una ensenada grande, que tiene una isla grande a la boca, que se llama Capitloilgua, en la costa llamada Caycayxixaisgua. Hay mucha nieve y muchos picos nevados. Tiéne por aquí la canal legua y media de ancho.
Andadas tres leguas al sueste quarta al leste, por la costa de la mano derecha, hay una gran ensenada, que entra mas de dos leguas la vuelta del oessudueste, y tiene en la boca una isla. LLamámosla Abra, porque no la vimos cerrada; y al nordeste desta abra, en la otra costa de mano izquierda hay otro puerto y playa parda, y tiene una isla que la abriga. Llamóse la playa Parda. Dentro de la abra es tierra baja y amogotada. Media legua adelante de la abra hay un ancon en la costa de la mano derecha, y al lesnordeste de este ancon en la otra costa una legua de travesía está otra caleta que hace puerto, que llaman los naturales Pelepelgua; y el ancon llaman Exeaquil.

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