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Педро Сармьенто де Гамбоа. Путешествия к Магеллановому проливу. PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA. VIAJES AL ESTRECHO DE MAGALLANES.


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Desde el islote de San-Buenaventura está otro islote menor la vuelta del Norte quarta al Nordeste, media legua. Llamáse isla de Lobos, porque los vimos allí rmui grandes; y de la una Isla á la otra hai una restinga que revienta la mar en ella. Isla de Lobos demora con el Cabo de Sanctiago Nordeste-sudueste quarta de Norte-sur, y toma de la media partida, quatro leguas. Cerca de Isla de Lobos hai ocho brazas, piedras, entre muchas hierbas. La tierra que va entre Ancon de Arrecifes y la isla de San-Buenaventura (digo desde ancon de Arrecifes hasta el parage de San-Buenaventura), hace una gran anconada, y corre legua y media hasta una punta y ensenada que llamamos ensenada de San Francisco. Aquí desembarcamos en tierra por ser ya tarde para hacer noche. Y estándonos alojando, tiró un soldado un arcabuzazo á unas aves, y á la respuesta del arcabuz dieron muchas voces unos indios que estaban en una montaña en la otra parte desta ensenada: y al primer grito pensamos ser lobos-marinos hasta que los vimos desnudos y colorados los cuerpos, porque se untan estos, segun despues vimos, con tierra colorada. Y por entender lo que era, embarcámonos en el batel, y fuimos adonde la gente estaba; y llegados cerca, vimos unos en una breña entre unos árboles de montaña espesa, y entre ellos un viejo con una capa de pellejo de lobo-marino que mandaba y hablaba á los otros: y en la costa brava junto á la mar, entre unos peñascos, estaban quince mancebos desnudos totalmente; y llegados á ellos con señas de paz, nos señalaban con grandes voces é instancia con las manos acia donde dexábamos los navíos: y llegándonos mas á las peñas les señalamos se llegasen y les daríamos de lo que llevábamos. Llegáronse, y dímosles de lo que teníamos. Sarmiento les dió dos paños de manos y un tocador, que otra cosa no tenía allí; y los pilotos, y soldados les dieron algunas cosas con que ellos quedaron contentos. Dímosles vino, y derramáronlo despues que lo proaron: dímosles vizcocho, y comíanlo; y no se aseguraron con todo esto. Por lo qual, y porque estábamos en costa brava á peligro de perder el batel, nos volvimos al alojamiento primero, y les diximos por señas que fuesen allá. Y llegados al alojamiento, Sarmiento puso dos centinelas por la seguridad, y para procurar de tomar alguno para lengua; y con la buena diligencia que se puso se tomó uno dellos, y luego Pedro Sarmiento lo abrazó y halagó: y tomando de unos y de otros algunas cosillas, lo vistió y lo metieron en el batel, y nos embarcamos todos, y partimos de allí ya quasi noche, y fuimos á parar á tres Islotes que están en triángulo una legua de la Punta donde vimos esta gente; y por esto la nombramos punta de la Gente, Nornordeste-susudueste las islas con la Punta. Llamamos á estas Isletas, de la Dormida, porque fuimos allí á hacer noche y parar. La tierra que está entre la Punta de la Gente, y las islas de la Dormida hace un gran Ancon, y es costa brava de mucha reventacion. No saltamos en las islas porque llegamos mui noche. Dormimos en el batel.
Sábado 12 de Diciembre partimos destas Isletas de la Dormida, que están juntas con la Tierra grande. Desde estas Islas vimos una Sierra alta Norte-sur, quarta de Nordeste-sudeste tres leguas. A esta Sierra llamamos la Silla, porque hace una gran sillada en la cumbre: y en esta distancia hai un gran boqueron y todo lleno de Islotes y baxos y herbazales. Este día amaneció claro, y el sol salió al Sueste franco, estando el Sol en el trópico de Capricornio, y nosotros cincuenta y un grados, y fuimos á la vela con vientecillo nor-nordeste bonancible. La figura y señas de la Silla son estas.

Las isletas de la Dormida con el cabo de Sanctiago demoran uno por otro Leste-oeste franco; y el cabo de Sanctiago con la Silla, Noroeste-sueste: toma de la quarta del Leste seis leguas.
Al Noroeste de la Silla, media legua, hai un islote que nombramos isla de Páxaros, porque tiene muchos; y entre esta Isla y la Silla hai diez y siete Islotes pequeñitos.
Desde la Silla descubrimos una isla que tiene un morro alto partido, todo de piedra, que nombramos la Roca- partida, Nordeste-sudueste quarta de Norte-sur dos leguas y media. Demora con la isla de Páxaros Norte-sur quarta de Nordeste-sudueste: toma de la media partida.
Al Sudueste quarta al Sur de la Silla, una legua hay mu- chas baxas que revienta la mar en ellas. Llegamos á la Roca-partida á mediodía, y desde esta isla descubrimos un Cabo gordo de tierra al Sudueste quarta al Sur de la Roca, cinco leguas. Llamamos á este cabo de Sancta-Lucía.
Al Oessudueste de la Roca-partida, dos leguas de la mar, están dos farallones, y desde ellos sale una andana de baxos y faralloncillos: los baxos baña la mar que revienta en ellos, y los faralloncillos hacen un arco que cercan la isla en arco por el Oeste y Norte y Nordeste, y dentro hacen un corral lleno de baxos y herbazales. Salimos á comer á esta isla á mediodía, y tomamos el Sol en tierra en cincuenta y un grados y un sexmo. Demora el cabo de Sanctiago de esta Isla Nornoroeste-susueste. Esta isla tiene por la banda del Norte buena madera para guiones de remos, yagua; y por la banda del Leste tiene Puerto razonable grande, aunque en tierra hay tumbo de mar. Hay agua dulce. No podrán entrar aquí Naos grandes, porque toda la Isla es cercada de bajos: Quatro ayustes de tierra tiene siete brazas, fondo piedra.
Desde esta Isla navegamos por la parte del Leste della la vuelta del Sudueste en demanda del Cabo de Sancta-Lucía; y en el camino es toda la mar cuajada de bajos, peñascos, islotes y herbazales: y dos leguas ántes de llegar a la tierra del Cabo, poco mas, ó ménos, parte la tierra una canal que entra Nornordeste-susudueste una legua. Llamámosla canal de San-Blas; y á la boca della hay muchos islotes altos al Sueste y al Leste y al Noroeste. Yendo á la vela por medio de los bajos comenzó á refrescar el viento con refriegas, que nos fué forzoso dejar el camino que llevábamos al cabo de Sancta-Lucía, y arribar á popa á nos abrigar; y entramos á la vela por la canal de San-Blas, por la cual íbamos alegres creyendo que habíamos hallado abrigo por donde sin peligro podríamos salir á la mar otra vez; y por esto nos dejamos ir: y una refriega que vino arrebató el mástel, y hecho pedazos, dió con él y con la vela en el agua: y metida otra vez en el batel, seguimos al remo la canal adentro; y quando creímos que salíamos á la mar nos hallamos ensenados al cabo de haber andado legua y media. Desto nos afligimos todos, porque como los tiempos eran contrarios y pesados para volver á la vela; y al remo contra mar y viento es dificultosísimo, y por allí parecía imposible á fuerzas humanas. Y para desengañarnos del todo, y ver si por alguna via había salida, por que por abajo no se discernía todo bien, saltamos en tierra; y Pedro Sarmiento y los Pilotos y otros algunos subieron á una sierra mui alta mas que todas las comarcanas, y desde arriba descubrimos la mar, y vimos que la canal no tenía salida por allí, y por menos de un tiro de piedra no se juntaban una canal que venía de la banda de Sudueste y un Ancon del Oeste. Recibimos desto mucha pena; pero encomendándonos á Dios tomamos Posesion por Su Magestad: y púsose una cruz pequeña en lo alto, y llamamos al monte de la Vera-Cruz, y bajamos adonde habíamos dejado el batel y los demás compañeros, y aquí quedamos esta noche.
Domingo por la mañana 13 de Diciembre volvimos por la canal á fuera, y en saliendo á la mar vimos tanta tormenta que nos fue forzoso arrimarnos á unas peñas para solo abrigarnos de la tempestad, sin poder salir en tierra.
Lúnes por la mañana 14 del mes trabajamos por salir á la mar y hacer nuestro camino, y en desabrigándonos de las peñas hubiéramos de perecer por la gran mar y viento: y así nos fué forzoso volvernos arribando á las peñas donde habíamos salido; y al cuarto del alba se huyó el Indio, que habíamos tomado, al que velaba: y embiándole á buscar de rama en rama, y de peña en peña; por la orilla del mar, le halló el guarda á quien se había huido; y echándole mano de una camiseta que llevaba vestida se la dejó en las manos, y se arrojó á la mar, y se le fué. Este dia, que fué mártes, hizo gran tormenta, y no pudimos salir; y á mediodía abrió el Sol y tomamos la altura en cincuenta y un grados y un cuarto. Llamamos á esta isla: Do se huyó el Indio. El mártes á la tarde pareció abonanzar la mar algo por una de las canales: y pareciendo ser mejor volvernos á los navíos que ir adelante, porque ya no teníamos mantenimientos, y por ganar algo, salimos destas peñas; y en saliendo á la mar por entre los baxos, hallamos mucha mar y viento y forzamos de ir adelante, y hubiéramos de anegar con golpes de mar: por lo qual nos fué forzoso arribar, y con grandísimo trabajo pudimos tomar el abrigo de otras peñas donde nos arrimamos por abrigarnos de la tempestad. Eran estas peñas de gran aspereza de puntas agudísimas frisadas, que no había donde poner los pies; y para hacer lumbre nos metimos en una sopeña, toda manantial sucísimo.

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