Модесто Басадре-и-Чокано. Перуанские богатства. Modesto Basadre y Chocano. Riquezas peruanas
Uncategorized November 23rd, 2005
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han hallado en varios puntos del Continente Americano.
Esas osamentas encontradas entre la Cabrería y la Rinconada, ¿no
serían despojos del pleriosaunes? Por no tenerlos a la vista no es posible
formarse un juicio cabal. En uno de mis anteriores artículos he hecho
mención de la osamenta hallada en el Canchón del señor don Domingo
Lecaros, en Cuminalla; y también he dicho que esa osamenta ha sido
remitida al Museo de Berlín por el señor Sokoloski, a quien se le regaló,
sin que se sepa aún a que animal han pertenecido esos restos. A mi juicio
son de un gran caimán, quizás un pleriosaurus peruano.
He dicho en la parte anterior de este artículo, que sólo del hombre
no se han aún hallado restos en los campos del Tamarugal. Sólo en un
punto, llamado Pintados, se hallan inscripciones muy antiguas, [211] que
no es posible descifrar en la actualidad. Pintados, son unas rocas,
existentes sobre unos cerros, al Sur de la Noria, y como a unas seis
leguas de distancia. Estas rocas se hallan casi al margen a orillas de la
Pampa del Tamarugal a su lado Oeste. Es imposible hoy poder descifrar esas
inscripciones, ni poder asegurar la remota época en que ellas han sido
estampadas en esos puntos. Ellas sin duda son muy antiguas, y han sido
allí estampadas con algún objeto muy notable, pues no es posible creer lo
contrario, atendiendo al mucho tiempo que ha debido emplearse en
elaborarlas. Andando los tiempos vendrá sin duda algún anticuario, inglés
ha de ser precisamente, que copie esas inscripciones y publique una
voluminosa descripción de ellas y de sus viajes; obras que tendrán más
protección que la que entre nosotros, han tenido siempre los estudios
científicos de nuestras antigüedades. [212]
Guayaquil
El viajero que se dirige a Guayaquil, tomando el vapor de la Compañía
Inglesa para verificar su excursión, toca en el puerto de Payta, como
primera escala de descanso. Payta posee una cómoda y excelente bahía,
protegida de los vientos del mar por las alturas del cerro de la Silla; y
no escasean buenas y abundantes provisiones. A pesar de esas ventajas,
Payta es un punto de corto vecindario; la completa aridez de los terrenos
que la rodean, la hacen presentar un aspecto triste y desagradable. Su
situación a la base de barrancos de conglomerados de conchas y arcilla
amarillenta, arrastrados y depositados allí por muy antiguas y violentas
inundaciones, no le permite gozar de la más escasa vegetación; carece,
ademas, de vertientes de agua potable, y la que se consume es traída por
aguadores especiales del río La Chira, distante como cinco leguas. Posee
dos regulares Iglesias, y una Aduana, construida de fierro, cómoda y
aparente para el comercio de esa localidad. De Payta sale una linea férrea
que debe unir el puerto a la ciudad de Piura, capital del departamento; y
[213] digo que debe unirla, porque al paso que vamos, esa unión es hoy,
quizás, una insuperable dificultad.
El río de La Chira, formado de los ríos Pilares, Alamor, Catamaya,
Quiroz y Macara, que tienen algunos, por sí o sus ramales, origen en el
territorio de Loja, departamento perteneciente a la República del Ecuador,
arrastra considerable cantidad de agua al mar, entrando a inmediaciones de
Colan, pequeño pueblo cuatro leguas al Norte de Payta. De ese río, según
contrata, debía conducirse a Payta, por cañerías de fierro, el agua
suficiente y más que suficiente, para su consumo y necesidades; como
muchas otras contratas del Gobierno, esa obra no se ha concluido, a pesar
de haber este bonachón y tonto sujeto (el Gobierno), entregado el total
importante de la obra contratada. Payta carece, pues, de agua; y hasta los
perros, al anochecer, se ven obligados en tropas a marcharse al Arenal,
pueblo a orillas del río La Chira, a amortiguar su sed.
Lo más notable de Payta hoy, según lo que yo he visto, es una enorme
concha marina que sirve para contener el agua bendita, en el bautisterio
de la Iglesia de la Merced.
Navegando hacia Guayaquil, se pasan los altos de la gran hacienda de
Mancora, propiedad de los hijos de un señor Lama. Esta hacienda era de la
Beneficencia de Piura; arrendatario era el señor Lama, en la época del
Portete; el valor del ganado que se dice dio para el Ejército que
comandaba el general La Mar, y después el general Gamarra, fue suficiente
y aún sobró, para quedarse con la hacienda, en virtud de un contrato, que
se aseguró en Piura, fue muy leonino para los intereses generales de la
República, y para los especiales de Piura, cuya Beneficencia jamás vio un
centavo, como valor de su riquísima propiedad. Mancora posee terrenos
feraces de más de cuarenta leguas de contorno; abundantes crías de [214]
ganado vacuno, cabrío y mular; posee minas de brea, azufre y kerosene, en
gran abundancia; de sus cerros se recoge la orchila y madera. La desidia,
y la vía ejecutiva, han permitido que una familia se haga rica y poderosa,
a costa de toda la población de un departamento, cuyos hijos carecen de
aquel alivio de sus hospitales, y de aquella educación para sus numerosos
niños, a que tenían pleno y absoluto derecho, y de que no podía ni debía
privarlos una mala administración.
Desde Mancora, el aspecto desierto, árido y arenoso de la costa, se
va paulatinamente cambiando; y al llegar al frente del río Tumbes, se
hallan campos cubiertos de madera, y arboleda abundante en algunas partes.
El río Tumbes al Sur, y el río Zarumilla al Norte, forman los linderos de
la provincia de Tumbes, departamento de Piura. El río Zarumilla es el
lindero, en esa parte, de los territorios de la República del Perú y del
Ecuador. El río Tumbes es grande, pueden entrar en él embarcaciones de
gran tamaño, y navegar hasta 130 millas adentro; lo forman los ríos que
bajan de la serranía de Chilla, territorio del Ecuador. Esa provincia de
Tumbes es hoy de muy poca población, y sus campos, que en la época de la
conquista eran tan fructíferos y poblados, hoy se hallan casi desiertos y
cubiertos de monte. La gran acequia de los Incas, que derramaba sus aguas
por todo ese territorio, se halla destruida en algunas partes, derrumbada
en otras, abandonada en todas; y las grandes riquezas que esos campos
pueden producir en café, en cacao, etc., se hallan sepultadas y
despreciadas. Un tiempo fue en que pretendieron unos amigos formar
compañía para refaccionar esa acequia, para cubrir de verdes vergeles esos
hoy desiertos campos, para establecer familias y colonias, en esos hoy
abandonados territorios; los hombres que sólo querían vivir de la
explotación pública, pusieron [215] tal cúmulo de dificultades, se
suscitaron tantas pretensiones y exigencias, que tuvieron esos amigos que
abandonar esos proyectos y planes, que destruir bellas concepciones, que
sepultar esperanzas y olvidar no pequeños desembolsos. La gran acequia
sigue destruida y abandonada; los campos permanecen yermos y estériles,
¿qué les importa a los especuladores del Palacio?
En lejana tierra, pasan gozosos y llenos de prosperidad, los días y
los meses en que la Patria gime aherrojada al carro de sus infortunios; no
han visto ni ven la muerte de tantos seres queridos; ellos no han visto,
no ven la degradación, el exterminio, la ruina de la madre patria; ellos
no han visto, no ven, sino su propia riqueza, su propio bienestar. El
bofetón que el francés Pradier Foderé, que el inglés Markham, que el
italiano Caivano, les han dado en la cara, ¡¡no los ha hecho ruborizarse
siquiera!!
En casi línea recta al Norte de la embocadura del Tumbes, se
distingue la isla de Santa Clara, más generalmente conocida con el nombre
de isla del Muerto o del Amortajado. En efecto, a la distancia, la isla se
asemeja a un cadáver con mortaja blanquizca, tendido de espaldas y con las
manos cruzadas sobre el pecho. Se puede distinguir a gran distancia,
situándose al lado Norte de la entrada al río de Guayaquil.
Pasando el río Tumbes, se encuentran las islas y bajos de Jambeli,
memorables por uno de esos arranques de energía y valor que tanto
enaltecían a García Moreno, Jefe Supremo en un tiempo, de la República del
Ecuador. Desde que se pasa el río Tumbes, los vapores de la compañía
llevan a bordo un piloto o práctico, para navegar el río de Guayaquil;
estos prácticos son, por lo general, naturales de Payta; tienen pleno
conocimiento de las variaciones que experimenta la navegación de este río,
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