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Este un ángulo recto se halla una hilera recta de diez columnas monolitas,
puestas como quince pies una de otra, y todas las cuales existen paradas,
excepto una, creo que es la segunda, que se halla caída hacia al Sur; ésta
es de catorce pies de largo, cinco y cuarto pies de ancho, y como tres
pies de grueso. Entre las piedras paradas la más alta es también de
catorce pies de alto, cuatro y cuarto pies de ancho, y cerca de tres pies
de grueso; la más chica es de nueve pies de alto, tres pies de ancho y dos
y medio pies de grueso. Las piedras todas son labradas y aún pulido su
frente exterior; algunas tienen la punta endentada, como si se hubiera
pensado sobreponerles umbrales u otras piedras encima; y sus costados se
hallan acanalados, como si se hubiera pensado agregarles lozas paradas,
formando una muralla sólida. Al lado Oeste y al nivel del terreno de la
Pampa, que rodea el edificio, se halla, digamos, una hoyada rectangular de
doscientos ochenta pies de largo por ciento noventa de ancho; y cuyos
contornos se habían rodeados de paredes de piedras, y en [191] sus
esquinas parece haber existido graderías que conducían al terraplén
superior como he indicado, de ocho pies de altura. Casi al centro de la
apertura de esta construcción, se halla un cuadrito de piedras paradas de
tres a cuatro pies de altura.
Más al Este del edificio, considerado como el Templo, se halla una
construcción cuadrada, que es llamada el Palacio, y que ha sido formada
por pilastras de traquita. ¿De qué volcán ha podido provenir esta
traquita, si no aceptamos la antigua existencia de los volcanes cuyos
cráteres deben existir sepultados en las aguas del Titicaca?
Lo que sobremanera llama la atención del viajero, que examina las
ruinas de Tiahuanaco, es la precisión y pulidez de la labranza de las
piedras, que cubren esas ruinas, y forman aun gran parte de las murallas,
especialmente en la construcción llamada Fortaleza. Ésta en su origen
parece haber consistido de tres cuerpos sobrepuestos uno al otro, y en su
costado aún se hallan depositadas grandes piedras, a más o menos altura,
que dan pruebas evidentes de la existencia de esos tres cuerpos de
construcción.
La muralla que rodeaba la base existe en gran parte; y es formada por
pilastras distantes una de otra, como he dicho, de quince pies, y los
intervalos son formados de paredes de piedras muy bien labradas, cuyas
cabezas tienen sus picos sobresalientes para sujetarse en los soquetes de
las otras; parecidas a la madera de pino usada en los pisos y que se
conoce en el comercio con el nombre de machimbrada. Además, las piedras
sobrepuestas tienen unos agujeritos correspondientes a los de las piedras
que forman la muralla inferior, como si hubiera habido la idea de unirlas,
echando cobre o estaño derretido por dichos agujeritos, para de ese modo
formar una sólida muralla.
La portada del cementerio de Tiaguanaco es todo [192] de una sola
piedra o monolita; tiene siete y medio pies de alto, cerca de seis pies de
ancho y pie y medio de grueso; la apertura tiene seis pies de alto y tres
pies de ancho. Al lado interior, esta portada no tiene más adornos que
unas rayas labradas en doble hilera como cenefa; al lado exterior tiene
varios cuadros, tallados en la piedra, con figuras como de cabezas
humanas, en regular estado de conservación. Sobre el ángulo norte del
edificio llamado el Templo, se halla situada la gran portada monolita,
objeto de los especiales estudios y comentarios de los visitantes de
Tiaguanaco.
Esta estupenda mole de roca ha sido rota en dos trozos, según
tradición, por un rayo, causando el que ya no formen un solo cuerpo, sino
dos, inclinados uno hacia el otro. Este monolito es el más grande y más
notable, que se conoce en el mundo; tiene trece pies y medio de largo,
cerca de siete y medio pies de alto, y la piedra tiene en toda su
extensión, como diez y ocho pulgadas de grueso.
En la parte superior tiene cuatro hileras de esculturas en relieve;
en el centro se halla, también en relieve, una figura de un hombre, con
dos cetros en la mano y con la cabeza en figura de un cóndor. La apertura
de tránsito del monolito tiene cuatro pies y medio de alto, y cerca de
tres pies de ancho.
Al otro lado el monolito no tiene más adornos que unas rayas labradas
o excavadas sobre la misma roca, y como cenefas del cuadro: en este lado
además tiene el monolito en la parte superior cuatro pequeños nichos, y en
la parte inferior y a cada lado de la abertura, un nicho grande.
Ya he dicho, que un lado tiene el monolito cuatro hileras de
cuadritos, estos tienen como ocho pulgadas en cuadro; también he dicho que
al centro y en relieve, existe una figura. Esta se halla en un cuadro de
treinta y dos pulgadas de largo por veinte [193] y uno de ancho. En cada
cuadrito las figuras representan cabezas humanas informes, y cabezas de
tigre o cóndor. La figura central grande tiene cinco apéndices en la
cabeza, que parecen representar rayos, o quizás cintas de adorno; uno de
los cetros que sostiene con las manos tiene cabeza de cóndor y el otro de
tigre. La hilera de cuadritos más bajo representan copias pequeñas de la
cabeza de la figura grande.
Recuerdo haber visto hacen algunos años en la Exposición una piedra
con labores, traída del departamento de Ancachs, cuyas labores en algo se
asemejan a las anotadas en Tiaguanaco; copia de esta piedra posee el señor
Raymondi.
Hacia el noroeste del Templo existe una piedra de veintiséis pies de
largo, por diez y siete de ancho y tres y medio pies de grueso, y entre el
Templo y la Fortaleza existe otra de cuarenta pies de largo, por quince de
ancho y tres de grueso. Todas las piedras son de roca roja arenisca, igual
a la piedra empleada en la construcción de los bellísimos y casi
desconocidos templos católicos de Pomata; los monolitos son de traquita
color aplomado. Los templos de Pomata son una maravilla.
Desde las Ruinas a las Canteras, se hallan diseminadas en el camino
gran cantidad de piedras sin labrar, abandonadas en circunstancias, sin
duda alguna, de ser conducidas a las Ruinas: los indios las llaman Piedras
Cansadas.
La llamada Fortaleza se asemeja muchísimo en su construcción a los
edificios antiguos de Méjico, y muy especial al Gran Templo-Fortaleza de
Boerdor, de la Isla de Java, que acaba de ser destruido por el gran
terremoto de Agosto 26 del corriente año. Este Templo-Fortaleza tenía
cinco cuerpos, sobrepuestos el uno al otro; como el de Tiaguanaco tenía
terraplenes alrededor, con gradas en las esquinas [194] para subir a los
más altos, y con celdas en sus murallas para los sacerdotes Budistas.
Las ruinas de Timuanaco, al parecer son obra de pueblos muy
adelantados en civilización, pues han levantado edificios tan grandes y
notables para su arquitectura; demostrando a la vez, que conocían el uso
de herramientas convenientes para cortar en las canteras, y para labrar,
con exquisita precisión, las piedras necesarias para sus obras.
El uso del fierro era desconocido en las Américas; cuando abordaron a
las costas del norte los Normandos; o cuando Colón descubrió estos
continentes. Solo el chumpi, mezcla de cobre con estaño, o sea el bronce,
era usado, y quizás ese metal ha sido empleado en las herramientas usadas
en estas construcciones.
Por otra parle, para conducir esos inmensos y pesados trozos de
piedra de las canteras, han debido emplearse fuerzas de movilización,
desconocidas para nosotros.
Quizás una abundante y opulenta población ha existido en esos
contornos, hoy áridos y casi desiertos; quizás esos hoy casi improductivos
campos, han sido extensos vergeles con producciones tropicales, o a lo
menos suficientes para mantener esos innumerables trabajadores.
Hoy los campos de Tiaguanaco, con su altura de trece mil pies sobre
el nivel del mar, no producen sino escasa cebada, cortas cosechas de
papas, y quinua en reducidas cantidades; hoy, esos campos son pampas donde
predomina el hielo y el frío en muchos meses del año.
En todos esos alrededores no se notan otros restos de antiguas
poblaciones; no se hallan vestigios de su antigua existencia.
El viajero Falb, con notable ligereza nos aseguró aquí, en una de sus
extrañas conferencias, que las [195] ruinas de Tiaguanaco eran un
monumento conmemoratorio del Diluvio, que todas las figuras derramaban
lágrimas, como en señal de dolor por ese hecho o cataclismo.
Sin duda que el señor Falb, al examinar las ruinas, usó especiales
antiparras, y ha visto lo que no existe. Ni en las cabezas de los

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